Cada año, cuando julio llega a su fin, Santiago de Cuba convierte sus calles en un acto de memoria colectiva: miles de personas recorren la misma ruta que en 1957 acompañó los restos de Frank País García y Raúl Pujols Arencibia hasta el cementerio Santa Ifigenia. En su 69 aniversario, esa peregrinación no es solo duelo, sino un ritual de continuidad —la manera en que una sociedad sostiene vivos a quienes murieron antes de ver el mundo que ayudaron a construir.
Santiago de Cuba conmemora 69 aniversario del sepelio de Frank País y Raúl Pujol
Las flores vuelven cada año. Las calles se recorren de nuevo.
¿Por qué estas dos muertes en particular siguen siendo tan centrales en la memoria colectiva de Santiago?
Porque murieron en el momento exacto en que la resistencia clandestina necesitaba símbolos. No fueron los únicos asesinados, pero su muerte fue pública, fue sentida como un golpe directo al corazón de la ciudad.
¿Y la ruta que recorren cada año? ¿Qué importancia tiene que sea exactamente la misma?
Es la diferencia entre recordar algo y revivir algo. Cuando caminas por las mismas calles, cuando ves los mismos balcones, el tiempo se comprime. Setenta años se vuelven un instante.
¿Quiénes son las personas que realmente asisten? ¿Es obligatorio, o la gente va porque quiere?
La fuente no lo especifica, pero la presencia de autoridades y organizaciones sugiere que hay una estructura oficial. Pero miles de personas no caminan solos por obligación. Algo en esa historia los toca.
¿Qué pasa con Raúl Pujols? Parece que Frank País es el nombre que más se recuerda.
Tienes razón. La historia tiende a concentrarse en una figura. Pero ambos fueron asesinados, ambos fueron enterrados ese día. El olvido selectivo es parte de cómo funcionan los monumentos.
¿Crees que esta conmemoración seguirá siendo igual en otros 69 años?
Los rituales cambian cuando pierden su propósito. Mientras haya una razón política o emocional para mantenerlos vivos, las flores seguirán llegando.
Der Puls
- El asesinato de Frank País y Raúl Pujols en 1957 sacudió a Santiago de Cuba con tal fuerza que su sepelio se convirtió en una de las mayores manifestaciones populares contra la dictadura de Batista.
- Casi siete décadas después, miles de santiagueros volvieron a recorrer las mismas calles, con banderas del Movimiento 26 de Julio y pétalos de rosas lanzados desde los balcones, rehaciendo el duelo original paso a paso.
- La marcha no fue un acto espontáneo: la encabezaron la primera secretaria del Partido Comunista provincial, el gobernador de Santiago y representantes de las Fuerzas Armadas, el Ministerio del Interior y organizaciones de masas.
- En el cementerio Santa Ifigenia, ofrendas florales enviadas en nombre de Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel sellaron el vínculo entre el sacrificio de 1957 y la legitimidad del Estado cubano actual.
- El acto aterriza como un ritual de reafirmación institucional y popular: la narrativa revolucionaria se renueva cada 30 de julio, convirtiendo a dos combatientes caídos en símbolos permanentes de resistencia.
Cada año, cuando julio llega a su fin, Santiago de Cuba convierte sus calles en un acto de memoria colectiva: miles de personas recorren la misma ruta que en 1957 acompañó los restos de Frank País García y Raúl Pujols Arencibia hasta el cementerio Santa Ifigenia. En su 69 aniversario, esa peregrinación no es solo duelo, sino un ritual de continuidad —la manera en que una sociedad sostiene vivos a quienes murieron antes de ver el mundo que ayudaron a construir.
Cada 30 de julio, Santiago de Cuba regresa a las calles para recordar a Frank País García y Raúl Pujols Arencibia, dos combatientes de la lucha clandestina asesinados en 1957 cuyo sepelio se convirtió en una de las expresiones más poderosas de resistencia popular contra el régimen de Fulgencio Batista. Este jueves, en el 69 aniversario de aquel entierro, miles de santiagueros recorrieron desde el Parque de Céspedes hasta el cementerio Santa Ifigenia la misma ruta que recorrieron hace casi siete décadas, con banderas cubanas y del Movimiento 26 de Julio en mano, mientras desde los balcones vecinos lanzaban pétalos de rosas rojas y blancas.
La procesión estuvo encabezada por Beatriz Johnson Urrutia, primera secretaria del Comité Provincial del Partido Comunista, y Manuel Falcón Hernández, gobernador de Santiago, acompañados por jefes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, funcionarios del Ministerio del Interior, combatientes veteranos, estudiantes y una amplia representación ciudadana. Al llegar al cementerio patrimonial, se depositaron ofrendas florales en el panteón de Frank País en nombre del general Raúl Castro y del presidente Miguel Díaz-Canel.
Más que una conmemoración, el acto funcionó como un ritual de reafirmación: la manera en que generación tras generación una ciudad vuelve a caminar por donde caminaron quienes no vivieron para ver el cambio que ayudaron a forjar. Las flores regresan cada año. Las calles se recorren de nuevo. Y los nombres de País y Pujols permanecen como recordatorio del precio más alto que pagaron quienes lucharon en la clandestinidad.
Cada 30 de julio, Santiago de Cuba vuelve a las calles para recordar a dos hombres cuya muerte marcó un punto de quiebre en la historia de la isla. Este jueves, miles de santiagueros caminaron desde el Parque de Céspedes hasta el cementerio Santa Ifigenia, siguiendo la misma ruta que recorrieron 69 años atrás, cuando el pueblo acompañó los restos de Frank País García y Raúl Pujols Arencibia en lo que se considera una de las manifestaciones más significativas de resistencia popular contra el régimen de Fulgencio Batista.
La peregrinación fue más que un acto de memoria. Fue un retracing de pasos históricos. El 30 de julio de 1957, cuando ambos combatientes de la lucha clandestina fueron enterrados, la ciudad entera pareció detenerse. Ahora, casi siete décadas después, esa misma ruta se recorría nuevamente, con banderas cubanas y del Movimiento 26 de Julio ondeando en las manos de los asistentes. Desde los balcones de las casas, vecinos lanzaban pétalos de rosas rojas y blancas, un gesto que transformaba las calles en un corredor de duelo y solidaridad.
La marcha no fue espontánea ni pequeña. Beatriz Johnson Urrutia, primera secretaria del Comité Provincial del Partido Comunista, y Manuel Falcón Hernández, gobernador de Santiago, encabezaron la procesión. Con ellos caminaron jefes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, funcionarios del Ministerio del Interior, miembros de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, representantes de organizaciones políticas y de masas, estudiantes, y una amplia representación del pueblo santiaguero. Era una demostración de continuidad institucional y popular.
Al llegar al cementerio patrimonial Santa Ifigenia, se depositaron ofrendas florales en el panteón que guarda los restos de Frank País. Estas flores llegaban a título del general de Ejército Raúl Castro Ruz y del primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel. El acto convertía a dos hombres asesinados en 1957 en símbolos vivos de la narrativa revolucionaria cubana, sus nombres invocados cada año como recordatorio de quiénes pagaron el precio más alto en la lucha clandestina contra la tiranía.
Lo que sucedió en Santiago el jueves pasado no fue simplemente una conmemoración histórica. Fue un ritual de reafirmación, una manera de decir que ciertos nombres, ciertos sacrificios, no se olvidan. Las flores vuelven cada año. Las calles se recorren de nuevo. Y el pueblo, generación tras generación, sigue caminando por donde caminaron aquellos que no vivieron para ver el cambio que ayudaron a forjar.
Bemerkenswerte Zitate
Considerado una de las más trascendentales manifestaciones de rebeldía popular contra la tiranía de Fulgencio Batista— Descripción oficial del acto conmemorativo