Durante casi una década, Santander confió en fondos de inversión estadounidenses para sanar las heridas que la crisis financiera de 2012 dejó en su balance inmobiliario. Hoy, con la liquidación de sus alianzas con Cerberus y Blackstone, el banco cierra ese capítulo con más de 4.700 millones de euros en pérdidas acumuladas entre ambas sociedades. Es el coste visible de una estrategia que, concebida como solución de urgencia, revela ahora sus límites: la prisa por limpiar el balance no siempre produce los resultados que promete.
Santander cierra sus alianzas inmobiliarias con Cerberus y Blackstone tras casi una década
Seis ejercicios consecutivos en pérdidas, con números rojos acumulados de más de 4.500 millones
¿Por qué Santander decidió crear estas alianzas con Cerberus y Blackstone en primer lugar?
Después de 2012, el banco tenía un balance lleno de inmuebles que no podía vender rápidamente. Los fondos estadounidenses tenían el dinero y la experiencia para gestionar carteras grandes de activos dañados. Era una forma de traspasar el problema a otros mientras el banco se enfocaba en su negocio principal.
Pero las pérdidas fueron enormes. ¿Cómo es posible que Santander no viera venir esto?
Las pérdidas se acumularon lentamente, año tras año. Promontoria Manzana nunca tuvo un ejercicio rentable. Quasar fue aún peor. Probablemente Santander esperaba que los inmuebles se revalorizaran con el tiempo, pero el mercado no se recuperó como se anticipaba.
¿Y ahora por qué se retira? ¿Porque los fondos también quieren salir?
No sabemos exactamente quién propuso la liquidación. Lo que es claro es que Santander decidió que era mejor tomar las pérdidas de una vez y empezar de cero con sus propias filiales, donde tiene control total.
¿Eso significa que Diglo, RetailCo y LandCo van a funcionar mejor?
No necesariamente. Pero al menos Santander no tendrá que compartir decisiones ni esperar a que un fondo estadounidense esté de acuerdo. Puede actuar más rápido y ajustar la estrategia según lo que aprenda.
The Pulse
- Santander abandona en abril su participación del 20% en Promontoria Manzana, la sociedad creada con Cerberus en 2018, sin revelar los términos de la salida.
- Project Quasar Investments, la alianza con Blackstone heredada del banco Popular, acumula 4.500 millones en pérdidas en seis ejercicios consecutivos, de los que 1.500 millones corresponden directamente a Santander.
- Entre ambas sociedades conjuntas, las pérdidas totales superan los 4.700 millones de euros, una cifra que expone el verdadero precio de la estrategia de saneamiento post-crisis.
- El banco refuerza ahora sus propias filiales inmobiliarias —Diglo, RetailCo y LandCo— apostando por el control directo frente a la gestión compartida con fondos externos.
- El cierre de estas alianzas equivale a un reconocimiento tácito de que la fórmula elegida hace una década no funcionó como se esperaba.
Durante casi una década, Santander confió en fondos de inversión estadounidenses para sanar las heridas que la crisis financiera de 2012 dejó en su balance inmobiliario. Hoy, con la liquidación de sus alianzas con Cerberus y Blackstone, el banco cierra ese capítulo con más de 4.700 millones de euros en pérdidas acumuladas entre ambas sociedades. Es el coste visible de una estrategia que, concebida como solución de urgencia, revela ahora sus límites: la prisa por limpiar el balance no siempre produce los resultados que promete.
Santander ha puesto fin a dos alianzas inmobiliarias que construyó hace casi una década con fondos de inversión estadounidenses para limpiar su balance tras la crisis de 2012. El cierre de ambas sociedades conjuntas marca el final de una estrategia que, en su momento, parecía la vía más rápida para desprenderse de activos deteriorados.
La primera ruptura afecta a Promontoria Manzana, creada en 2018 junto a Cerberus. Santander vendió entonces una cartera de activos inmobiliarios valorada en casi 2.800 millones de euros con un descuento del 45%, conservando el 20% de la sociedad. En abril pasado, el banco abandonó ese accionariado y su consejero representante dejó el órgano de administración. Desde su fundación, Promontoria Manzana ha acumulado pérdidas superiores a 275 millones de euros y aún mantiene en balance inversiones y existencias inmobiliarias por encima de los 350 millones.
La segunda alianza liquidada es Project Quasar Investments, constituida con Blackstone hace ocho años para gestionar la cartera inmobiliaria del extinto banco Popular, absorbido por Santander. El banco llegó a controlar el 49% del capital, aunque esa participación se había reducido al 2,94% en los últimos años. El resultado ha sido aún más gravoso: más de 4.500 millones en pérdidas acumuladas en seis ejercicios, de los que 1.500 millones correspondieron directamente a Santander.
Mientras cierra estas alianzas, el banco apuesta por reforzar sus propias filiales inmobiliarias: Diglo, para la gestión de activos improductivos; RetailCo, especializada en oficinas vacías; y LandCo, orientada al suelo. El giro sugiere que Santander ha concluido que el control directo es preferible a compartir riesgos con fondos externos, y que el coste total de la estrategia post-crisis —más de 4.700 millones en pérdidas entre ambas sociedades— justifica ese cambio de rumbo.
Santander ha decidido cerrar definitivamente dos alianzas inmobiliarias que el banco constituyó hace casi una década con fondos de inversión estadounidenses, un capítulo que se abre precisamente cuando la entidad intenta dejar atrás los estragos de la crisis financiera de 2012. La salida del banco de estas sociedades conjuntas marca el fin de una estrategia que, en su momento, parecía la mejor manera de limpiar rápidamente un balance dañado por la explosión del mercado inmobiliario español.
La primera de estas rupturas afecta a Promontoria Manzana, la compañía que Santander creó en 2018 junto con el fondo estadounidense Cerberus. El banco mantenía una participación del 20% en la sociedad desde su origen, pero en abril pasado decidió abandonar completamente su accionariado. La decisión coincidió con la salida de Jesús Rodríguez Franco, el consejero que representaba al banco en el órgano de administración de la inmobiliaria. Santander no ha querido revelar los detalles de cómo ejecutó esta desinversión ni los términos en que se produjo.
La historia de Promontoria Manzana es la de un negocio que nunca funcionó como se esperaba. Cuando nació en septiembre de 2018, Santander vendió a Cerberus una cartera de activos inmobiliarios deteriorados valorados en casi 2.800 millones de euros. El fondo estadounidense compró estos inmuebles con un descuento del 45% sobre la tasación contable, lo que redujo el precio final a 1.535 millones. En el acuerdo, Cerberus se quedó con el 80% de la compañía y el contrato de gestión de los inmuebles, mientras que Santander conservaba el 20% restante. A lo largo de los siguientes dos años, la sociedad fue incorporando 35.700 inmuebles en distintas tandas. Pero desde su creación hasta hoy, Promontoria Manzana no ha dejado de perder dinero. Las pérdidas acumuladas superan los 275 millones de euros. Aún mantiene en su balance inversiones inmobiliarias por 204 millones y existencias de viviendas, garajes y trasteros por otros 154 millones.
Al mismo tiempo que cierra su participación en Promontoria Manzana, Santander también ha pactado la liquidación de su alianza con Blackstone, otro gigante de los fondos de inversión estadounidenses. Este acuerdo databa de hace ocho años y surgió con el mismo propósito: dar salida a la cartera inmobiliaria dañada del extinto banco Popular, que Santander había absorbido. La compañía conjunta se llamaba Project Quasar Investments. Santander llegó a controlar el 49% de su capital, aunque en los últimos años esa participación se había reducido al 2,94%. Como en el caso anterior, el banco no ha especificado si vendió su participación o utilizó otra vía para desinvertir.
Project Quasar Investments ha sido un fracaso aún mayor que Promontoria Manzana. Desde su creación, ha acumulado pérdidas de más de 4.500 millones de euros a lo largo de seis ejercicios consecutivos. De esa cantidad, Santander ha absorbido un quebranto de 1.500 millones, que era el capital que el banco había comprometido para poner en marcha la compañía. En total, ambas alianzas han generado pérdidas superiores a 4.700 millones de euros, una cifra que ilustra el costo real de la estrategia de limpieza de balance que Santander adoptó tras la crisis.
Mientras cierra estas alianzas con fondos oportunistas, Santander está reforzando sus propias filiales inmobiliarias. En los últimos años, el banco ha creado y potenciado tres compañías: Diglo, que actúa como servicer de activos improductivos; RetailCo, especializada en la gestión de oficinas vacías; y LandCo, que funciona como gestora de suelo. Esta reorientación sugiere que Santander ha decidido que es mejor mantener el control directo de sus activos inmobiliarios que compartir riesgos y decisiones con fondos externos. El cierre de estas alianzas representa, en cierto modo, el reconocimiento de que la estrategia de hace una década no produjo los resultados esperados.
Notable Quotes
Santander ha encajado un quebranto de 1.500 millones, el capital que comprometió para poner en marcha la compañía— Cuentas anuales de Project Quasar Investments