Sangrado libre: la práctica menstrual que desafía décadas de tabúes

No hay mayor empoderamiento que tener control sobre mi cuerpo
Una divulgadora menstrual reflexiona sobre lo que significa para ella practicar el sangrado libre.
Mark

¿Cómo es posible que alguien pueda menstruar sin usar nada? ¿No es peligroso?

Mimi

No es peligroso si tu cuerpo aprende a comunicarte cuándo necesitas ir al baño. Es como cuando tienes ganas de orinar y te aguantas: tu cuerpo te avisa. Con la menstruación funciona de manera similar.

Luke

Pero el estudio dice que solo el 3,7% lo practica. ¿Eso significa que es muy difícil o que simplemente la mayoría no quiere intentarlo?

Mimi

Probablemente ambas cosas. Requiere una conciencia corporal muy alta, y hemos sido educadas para bloquear esas sensaciones, no para escucharlas.

Mark

¿Y qué pasa con las personas que tienen mucho sangrado, como las que mencionas con endometriosis?

Luke

Exacto. El artículo es claro: para ellas sería impracticable. Pero eso significa que el sangrado libre no es una solución universal, es una opción para algunas personas en algunas circunstancias.

Mimi

Y eso está bien. No se trata de que todas hagan lo mismo. Cada cuerpo es diferente, cada situación es diferente.

Mark

¿Entonces cuál es el verdadero cambio aquí? ¿Es político, es de salud, es simplemente personal?

Mimi

Creo que es todo eso junto. Para algunas mujeres fue necesidad económica. Para otras, fue descubrir que podían tener una relación diferente con su cuerpo.

Luke

Pero hay que ser honesto: el estudio no dice nada sobre cuántas de esas personas que no usan productos lo hacen por elección versus por pobreza menstrual. Ese 12% que reportó problemas financieros podría estar dentro de ese 3,7%.

Mimi

Tienes razón. Y eso importa, porque cambia la narrativa. No es lo mismo elegir que verse obligada.

Mark

¿Crees que esto podría crecer? ¿Podría ser una tendencia?

Mimi

Depende de si las condiciones lo permiten. Necesitas acceso a baños, necesitas un trabajo que te deje tiempo para conectar con tu cuerpo, necesitas no estar en crisis económica. No todos tenemos eso.

  • La práctica desafía décadas de condicionamiento cultural que enseñó a las personas menstruantes a 'olvidar' que menstrúan mediante el uso de productos absorbentes.
  • Las historias de quienes la practican revelan una tensión real entre entornos laborales exigentes —un avión a 49.000 pies, un campo donde el jefe prohíbe alejarse— y la necesidad de acceso frecuente al baño.
  • La fisioterapeuta especialista en suelo pélvico advierte que la práctica no es universal: quienes padecen endometriosis o adenomiosis enfrentan un sangrado tan intenso que el sangrado libre resultaría inviable.
  • Quienes la han adoptado —algunas por accidente económico, otras por curiosidad deliberada— describen un proceso gradual de escucha corporal que transforma la relación con el propio ciclo.
  • La reacción social oscila entre el rechazo y la incomprensión, pero las practicantes coinciden en que la sensación de control sobre el propio cuerpo supera cualquier desaprobación externa.

Desde tiempos inmemoriales, la menstruación ha sido gestionada con productos externos que separan al cuerpo de su propio ritmo. Hoy, un pequeño pero creciente número de personas menstruantes en España elige prescindir de tampones, compresas y copas, aprendiendo a escuchar las señales internas de su cuerpo para controlar el flujo de manera consciente. Esta práctica, conocida como sangrado libre o 'free bleeding', no es una moda reciente ni un gesto puramente simbólico: es, para quienes la adoptan, una forma de reconciliación con la propia corporalidad en una cultura que históricamente ha enseñado a ignorar —o suprimir— las sensaciones menstruales. Un estudio español de 2022 reveló que el 3,7% de las más de 22.800 personas encuestadas ya menstruaba sin ningún producto, por elección o por necesidad.

Cuando la cantante Russian Red reveló en un podcast que llevaba siete años practicando la 'menstruación libre', su anfitriona reaccionó con sorpresa, imaginando algo cercano al mito. La realidad es más cotidiana: se trata simplemente de menstruar sin tampones, compresas, copas ni ningún otro producto, aprendiendo a identificar las señales del cuerpo para saber cuándo ir al baño y soltar el flujo de manera consciente.

Un estudio español de 2022, realizado con más de 22.800 participantes, encontró que el 3,7% no usaba ningún producto menstrual. Las razones son diversas. Leticia Chamorro, divulgadora menstrual con miles de seguidores en redes sociales, llegó a la práctica por accidente: un domingo sin comercios abiertos y sin salvaslips disponibles la llevó a descubrir, mientras hacía ejercicios de suelo pélvico, que podía controlar voluntariamente cuándo sangrar. Ona, artista de 31 años, llegó por necesidad económica a los 16, cuando no podía permitirse productos menstruales; su cuerpo, sin que ella lo supiera, aprendió solo a comunicarle cuándo tenía sangre.

El entorno importa. Chamorro, que trabajaba como azafata de vuelo, desarrolló una rutina precisa para evitar derrames en momentos en que no podía alejarse. Ona, que vive en una comunidad rural, recuerda haber bajado los pantalones delante de un jefe que le impedía alejarse unos metros para descargar sangre. Dos contextos opuestos, la misma necesidad de negociar el propio cuerpo con el mundo exterior.

Esher de la Fuente, fisioterapeuta especialista en suelo pélvico, subraya que la práctica exige un nivel elevado de conciencia corporal que resulta difícil de alcanzar en entornos urbanos acelerados, y que no es viable para quienes padecen endometriosis o adenomiosis. Aunque la vagina carece de esfínter, la práctica constante permite aprender a percibir cuánto tiempo queda antes de necesitar ir al baño.

Para quienes la han adoptado, el balance es positivo. Chamorro lo describe como no cargar con productos por el mundo y simplemente continuar. Ona recuerda su primer año como frustrante, marcado por la precariedad, pero el momento en que dejó de comprar esos productos porque ya no los necesitaba fue, dice, liberador.

Hace unos meses, la ilustradora Raquel Córcoles invitó a la cantante Russian Red a su podcast para hablar de la crisis de los cuarenta. Durante la conversación sobre maternidad y partos, surgió un concepto que muchos desconocen a pesar de llevar décadas existiendo: Russian Red reveló que practicaba lo que ella llamaba "menstruación libre". Córcoles reaccionó con sorpresa, admitiendo que pensaba que se trataba de un mito, algo así como mujeres danzando desnudas bajo la luz lunar. Pero la realidad es mucho más sencilla: se refiere a personas menstruantes que no bloquean ni recogen el flujo menstrual, que sangran sin usar tampones, compresas, copas o ningún otro producto.

Russian Red lleva siete años practicando el sangrado libre, comenzó casi por curiosidad, simplemente para ver qué sucedería. No es la única. Un estudio realizado en 2022 por investigadores españoles de diferentes universidades encuestó a más de 22.800 personas menstruantes y encontró que el 3,7% no utilizaba ningún producto para retener la menstruación. Las razones son variadas: algunas practican el sangrado libre voluntariamente, mientras que otras llegaron a él por necesidad económica. El mismo estudio reveló que el 12,1% de participantes reportó problemas financieros para acceder a productos menstruales durante el año anterior.

Leticia Chamorro es una de las menstruantes libres más conocidas en España. Divulgadora menstrual con 27.300 seguidores en Instagram, publicó en 2025 una guía titulada "Vaginas libres". Su descubrimiento fue accidental. En 2013 o 2014, mientras vivía en un piso compartido, le vino la regla un domingo cuando todos los comercios estaban cerrados y ninguna de sus compañeras tenía un salvaslip disponible. Enrolló un trozo de papel y se lo colocó en las bragas. Pero durante esa tarde, algo cambió: descubrió que no estaba sangrando constantemente. Luego, mientras realizaba ejercicios de suelo pélvico en el baño, notó que caía una gota de sangre. La pregunta que se hizo entonces fue fundamental: si podía controlar voluntariamente su menstruación en ese momento, ¿podría hacerlo durante toda su menstruación? Esa reflexión la llevó a investigar la retención consciente de sangre menstrual, un tema que ahora explica regularmente a su comunidad en redes sociales.

Ona, una artista de 31 años que vive en el Maresme cerca de Barcelona, llegó al sangrado libre por una ruta completamente diferente. A los 16 años, después de marcharse de casa, dejó de poder comprar productos menstruales porque eran demasiado caros. Durante un año usó papel de váter, pero gradualmente su cuerpo aprendió a comunicarle cuándo tenía sangre. De manera intuitiva, descubrió que podía controlar cuándo ir al baño para soltarla. Ni siquiera sabía que existía el suelo pélvico ni que lo que estaba haciendo era una práctica reconocida. Simplemente, su cuerpo supo qué hacer.

Los entornos en los que viven estas mujeres han moldeado sus experiencias de formas distintas. Chamorro trabajaba como azafata de vuelo cuando decidió abandonar los productos menstruales. A 49.000 pies de altura, si la sangre se le escapaba y se manchaba, no había forma de cambiarse. Aprendió a priorizarse: antes de que llegaran los pasajeros, iba al baño, soltaba lo que tenía que soltar y realizaba ejercicios de suelo pélvico para descargar todo lo que no caía por su propio peso, evitando así derrames involuntarios en momentos que no podía controlar. Ona, que vive en una comunidad rural en medio de un bosque, enfrentó desafíos diferentes. Recuerda haber trabajado en el campo cuando un jefe le impidió alejarse unos metros para descargar sangre porque "tenía que producir". Así que se bajó los pantalones delante de él y la soltó.

Esther de la Fuente, fisioterapeuta con máster en Suelo Pélvico y sexóloga, explica que la práctica requiere un nivel muy alto de conciencia corporal. Los espacios rurales, dice, tienden a ser más tranquilos y lentos, mientras que los urbanos son más rápidos, más inmediatos. Ella misma ha practicado el sangrado libre y ha notado que puede hacerlo sin fugas en casa, pero le resulta muy difícil cuando va a trabajar porque no está conectada con las sensaciones de su cuerpo. El problema es que hemos sido educadas para ponernos algo —una compresa o un tampón— y olvidarnos de que menstruamos. Si duele, nos dan un fármaco para no sentir, para estar igual que cualquier otro día. Después de años menstruando, llegar a esa conciencia corporal parece casi imposible.

De la Fuente también advierte que el sangrado libre no es viable para todas las personas. Quienes tienen endometriosis o adenomiosis enfrentan tanto dolor como una cantidad significativa de sangrado, lo que haría que estuvieran en el baño constantemente. El sangrado libre es una manera de sangrar, de reconciliarse con el cuerpo, de aumentar sensaciones, pero no es para todo el mundo ni para todo el tiempo. Aunque la vagina no tiene un esfínter como la uretra o el ano, sí se pueden controlar las sensaciones: según se practica, la persona aprende a notar cuánto tiempo tiene antes de necesitar ir al baño, dependiendo de lo que sienta.

Tanto Chamorro como Ona coinciden en que sus vidas mejoraron después de adoptar el sangrado libre. Las reacciones iniciales fueron mixtas: desaprobación, asco, comentarios como "no seas rata y gástate el dinero en tampones". Pero ambas están seguras de haber tomado la decisión correcta. Chamorro lo resume así: no carga con tampones ni compresas por el mundo, va al baño, descarga y continúa. No hay mayor empoderamiento que tener control sobre el propio cuerpo. Ona describe su primer año como frustrante, porque estaba conectando con un mensaje de precariedad. Pero después, cuando conscientemente dejó de comprar esos productos porque simplemente no los necesitaba, fue liberador: hacer su vida sin pensar constantemente en si le vendría la regla fue transformador.

Ahora me sorprende cuando me piden un producto para la regla
— Ona, artista que practica sangrado libre
Para llegar a practicar un sangrado libre completo se necesita un punto de conciencia corporal muy alto
— Esther de la Fuente, fisioterapeuta y sexóloga
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