La invasión que se vendió como necesaria para la seguridad está dejando desprotegido el interior de Rusia
Rusia crea brigadas móviles como BARS-Moscú con 2.500 voluntarios para patrullar y derribar drones, pagando entre 1.100 y 5.500 euros por objetivo abatido. Los ataques de drones ucranianos se extienden a ciudades profundas como Kazán, Samara y Ufa, alcanzando instalaciones petroquímicas a más de 1.300 kilómetros de Ucrania.
- Brigada BARS-Moscú busca 2.500 voluntarios, pagando entre 1.100 y 5.500 euros por dron derribado
- Ataques de drones alcanzan Ufa, a más de 1.300 kilómetros de Ucrania, en instalaciones petroquímicas
- Ciudades como Kazán, Samara y Cheboksary viven alertas de drones una o dos veces por semana
- Rusia ha trasladado sistemas Pantsir y radares al frente, dejando retaguardia desprotegida
Rusia recurre a voluntarios pagados y milicias populares para defender infraestructuras críticas contra ataques de drones ucranianos, ofreciendo recompensas de hasta 5.000 euros por dron derribado ante la insuficiencia de sistemas de defensa aérea profesional.
En la fachada de la escuela Miguel Hernández de Moscú, la más conocida institución española en la capital rusa, cinco pequeñas estatuas de niños con abrigos largos portan fusiles al hombro. El edificio se alza a pasos de la calle Nikitskaya, una de las vías principales que conducen hacia los muros del Kremlin. Hace pocas semanas, Vladimir Putin rindió homenaje en ese lugar a las víctimas de la invasión alemana, cuyo inicio se remontaba a 85 años atrás, el 22 de junio. Ese mismo día, Rusia sufrió un ataque masivo de drones contra Moscú, Voronezh y otras regiones. La guerra, que durante décadas había permanecido confinada en los libros de historia, volvía a tocar la puerta de la retaguardia rusa.
El país ya no puede confiar únicamente en sus sistemas Pantsir ni en la defensa aérea profesional. Semanas después del gran ataque, Rusia ha montado una defensa territorial de baja tecnología contra los drones ucranianos. El régimen recurre a voluntarios pagados por el Ministerio de Defensa, ofreciendo primas por cada dron derribado para proteger ese "cielo tranquilo" que las generaciones rusas han celebrado desde la derrota del invasor nazi. La realidad es simple: no hay suficientes sistemas de defensa aérea para cubrir el vasto territorio ruso. Hay que buscar soluciones económicas.
La Segunda Guerra Mundial fue un trauma doméstico que tocó a casi todas las familias rusas: 19.000 muertes diarias, 13 muertes por minuto. El recuerdo de esa guerra está tejido en el lenguaje cotidiano. Los rusos, especialmente en las conmemoraciones, se desean mutuamente "un cielo en paz sobre tu cabeza". Pero en estos días, la prensa de la capital y las provincias vuelve a usar expresiones propias del tiempo de guerra como "alerta aérea", términos que durante décadas pertenecían solo a los libros. Putin ha señalado que los ataques ucranianos buscan desestabilizar la sociedad, argumentando que con el apoyo occidental, los drones vuelan en grandes cantidades para generar incertidumbre. Las imágenes de elevadores con hombres armados en las calles de Moscú, compartidas en redes sociales rusas y ucranianas, muestran una defensa improvisada: no solo hay misiles en tejados, sino también grupos móviles intentando detectar y abatir drones de baja cota.
La brigada BARS-Moscú quiere crear hasta 500 grupos móviles para proteger la capital, la región de Moscú y zonas vecinas como Tula, Riazán y Kaluga. Buscan unos 2.500 voluntarios de 18 a 50 años, dando preferencia a cosacos, personas con experiencia y oficiales de reserva que aún conserven "pólvora en la recámara". El régimen utiliza el término "milicia popular", que evoca los aluviones de voluntarios que enfrentaron a Napoleón en 1812 y a los nazis en 1941. Es una estrategia de marketing histórico para una carencia nueva. Los voluntarios no irán al frente ni tendrán estatus de combatientes, sino que patrullarán bosques y accesos en los límites de la región moscovita. Cobrarán primas de entre 1.100 y 5.500 euros por cada dron derribado, una recompensa equivalente a entre uno y tres salarios mensuales medios en Rusia.
Pero los analistas militares advierten sobre los riesgos. Ilya Abishev señala que las armas ligeras convencionales suelen ser ineficaces contra los drones. Para combatirlos con éxito se necesitan radares capaces de detectar objetivos pequeños a baja altura, redes de sensores acústicos, drones interceptores y sistemas automáticos de gran calibre. La pregunta fundamental es quién decidirá qué objetivo puede ser abatido y cómo se coordinarán con la aviación civil para evitar desastres.
La defensa ya no es solo en Belgorod o Kursk, cercanas al combate. Kazán, Cheboksary, Izhevsk, Samara y Saratov viven alertas de drones o misiles una o dos veces por semana. Incluso en la lejana Perm, en los Urales, se han creado unidades BARS. El 25 de junio, drones de largo alcance alcanzaron instalaciones de la petrolera Bashneft en Ufa, a más de 1.300 kilómetros de Ucrania, uno de los golpes más profundos contra el corazón petroquímico ruso. En Tatarstán, la fábrica de tanques ofrece cursillos de dos semanas para estos nuevos vigilantes del cielo.
Rusia heredó un sistema de defensa aérea estratificado del modelo soviético, escalonado con muchas etapas diferentes y una red de estaciones de radar terrestres. Pero fue diseñado para hacer frente a misiles balísticos, de crucero y aeronaves grandes. El problema es que estas líneas de defensa son densas alrededor de Moscú y San Petersburgo, pero la red en el resto del país es escasa. La destrucción constante de sistemas Pantsir-S1 y Tor, así como de grandes estaciones de radar fijas, ha obligado al Ministerio de Defensa ruso a trasladar sus recursos restantes al frente. La invasión que se vendió como necesaria para la seguridad está dejando desprotegido el interior de Rusia.
En Chuvashia, una pequeña república rusa a unos 600 kilómetros al este de Moscú, la creación de la unidad BARS ha sido recibida con escepticismo. Semion Kochkin, fundador del canal de Telegram Serditaya Chuvashia, asegura que la gente no cree que estas unidades puedan hacer frente realmente a los ataques. El temor de muchos es otro: que esos voluntarios no terminen defendiendo la ciudad, sino sean enviados al frente en Ucrania. Mientras tanto, la estrategia ucraniana de atacar gasolineras genera tensión social en Rusia, con peleas en las estaciones de servicio. La guerra de la retaguardia apenas comienza.
Notable Quotes
Las armas ligeras convencionales suelen ser ineficaces contra los drones— Ilya Abishev, analista militar
La gente no cree que estas unidades puedan hacer frente realmente a los ataques— Semion Kochkin, fundador de Serditaya Chuvashia
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué Rusia no simplemente refuerza su defensa aérea profesional en lugar de recurrir a voluntarios pagados?
Porque no tiene suficientes sistemas. Los Pantsir y los radares fijos están siendo destruidos constantemente, y los recursos que quedan se necesitan en el frente. Es un problema de escasez, no de falta de voluntad.
¿Qué tan efectivos pueden ser realmente estos voluntarios con armas ligeras contra drones?
Probablemente no muy efectivos. Los analistas militares dicen que necesitas radares sofisticados, sensores acústicos, drones interceptores. Armas convencionales contra drones pequeños es casi artesanal. Pero es lo que pueden permitirse ahora.
¿Por qué el régimen usa el término "milicia popular" en lugar de simplemente decir que contrata guardias?
Porque evoca 1812 y 1941, momentos en que los rusos se levantaron contra invasores. Es una forma de vestir una carencia con épica histórica. Ayuda a reclutar cuando la gente está cansada de la guerra.
¿Qué temen realmente los ciudadanos en ciudades como Cheboksary?
Que estos voluntarios no defiendan sus ciudades, sino que terminen siendo enviados al frente en Ucrania. Ya pasó con la movilización de 2022. La gente no confía en que el gobierno cumpla su palabra.
¿Cuál es el alcance real de estos ataques de drones?
Están llegando muy lejos. Ufa está a más de 1.300 kilómetros de Ucrania, en el corazón petroquímico ruso. Ciudades como Kazán y Samara, profundas en la retaguardia, viven alertas varias veces por semana. La guerra ya no tiene frontera clara.
¿Qué ganan los ucranianos atacando gasolineras?
Quieren complicar la vida cotidiana de los rusos. Restricciones de gasolina, colas, precios altos. Los videos de peleas en las estaciones de servicio muestran que el plan está funcionando. Es guerra de desgaste psicológico.