Cuando las rutas del petróleo se interrumpen, el mundo reordena sus alianzas comerciales. China, privada de sus fuentes habituales en el Golfo Pérsico e Irán por las tensiones en el Estrecho de Ormuz, ha vuelto su mirada hacia el Congo, Brasil y Canadá, elevando las primas de esos crudos a niveles que hace poco habrían parecido impensables. Sin embargo, este giro geopolítico no es una señal de apetito renovado, sino una maniobra táctica dentro de una economía energética que ya anticipa su propio declive en el consumo de petróleo.
Repunte de compras chinas de petróleo dispara precios del crudo africano y latinoamericano
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