El padre está enamorado de la idea, no del futuro de su hijo
Cada año, las festividades comerciales dejan huellas más profundas de lo que sus promotores anticipan. En el Perú, el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil ha documentado cómo el Día de San Valentín ha influido en algo tan íntimo y duradero como el nombre de una persona: desde los miles de Valentinas y Valentinos hasta los escasos pero memorables portadores de 'Beso', 'Loverman' o 'Mi Amor'. Lo que estos registros revelan no es solo excentricidad, sino la manera en que el romanticismo colectivo —amplificado por el calendario comercial— puede convertirse en una decisión que acompaña a un ser humano toda su vida.
- El Reniec expuso una lista que oscila entre lo poético y lo desconcertante: nombres como 'Amante', 'Pasión' o 'Loverman' fueron inscritos legalmente en documentos de identidad peruanos.
- La tensión es clara: la intención romántica de los padres choca con la realidad escolar y social que enfrentarán sus hijos al presentarse con nombres como 'Beso' o 'Cariñosa'.
- Mientras los datos del Reniec circulan, la municipalidad de Comas convierte San Valentín en espectáculo público con un concurso del beso más largo, donde el amor se mide en minutos y se premia con electrodomésticos.
- El fenómeno apunta a una tendencia más amplia: las festividades comerciales no solo moldean el consumo, sino también las decisiones de identidad más permanentes que una familia puede tomar.
El Registro Nacional de Identificación y Estado Civil del Perú reveló, justo antes del 14 de febrero, una lista de nombres vinculados al Día de San Valentín que sus ciudadanos han inscrito para sus hijos. El espectro va desde lo familiar hasta lo francamente sorprendente.
En un extremo, nombres como Valentina —con casi 175,000 registros— o Valentino y Valentín muestran una tradición arraigada. Pero conforme avanza la lista, aparecen decisiones más audaces: Amor, Idilio, Love, Corazón, Cariño, Beso, Pasión, Ternura. En los márgenes más alejados figuran Friend, Loverman, Kiss, Cupido y Mi Amor, cada uno con apenas uno o dos registros, pero existentes y legales.
Lo que estos datos documentan es una colisión entre el impulso romántico del momento y las consecuencias cotidianas que esos nombres acarrean. Un niño llamado Pasión o Amante cargará con preguntas incómodas mucho después de que el calendario haya olvidado la festividad que inspiró su nombre.
En paralelo, la municipalidad de Comas organizó su propio homenaje a San Valentín: un concurso del beso más largo en la explanada del Centro Cívico, con refrigeradora, microondas y electrodomésticos como premios. Las parejas solo debían inscribirse y resistir. Ningún tiempo mínimo, solo la voluntad de convertir un gesto íntimo en espectáculo público.
Juntas, ambas historias dibujan un retrato de cómo una festividad comercial penetra la vida peruana en capas distintas: algunas efímeras, como un concurso de un día; otras permanentes, como el nombre que una persona llevará toda su vida.
El Registro Nacional de Identificación y Estado Civil peruano sacó a la luz una colección de nombres que padres han inscrito para sus hijos, todos ellos vinculados de alguna manera con el Día de San Valentín. La revelación llegó justo cuando se aproximaba la festividad, y lo que emergió fue un espectro que iba desde lo convencional hasta lo francamente inusual.
En el extremo más accesible de la lista figuran nombres que cualquiera reconocería: Valentina encabeza con 174,939 registros, seguida por Valentino con 59,672 inscripciones y Valentín con 28,315. Luego vienen Amador, Amado, Julieta y Romeo, todos ellos nombres que tienen raíces históricas o literarias profundas. Pero conforme la lista avanza, la convención cede paso a decisiones parentales que desafían la lógica.
Ahí es donde aparecen los nombres que generan perplejidad. Amor, con 401 registros, es apenas el comienzo. Le siguen Idilio con 147 inscripciones, Love con 96, Corazón con 52, Cariño con 39. Luego vienen opciones aún más extremas: Beso aparece 26 veces, Amoroso 21 veces, Mi Cielo 15 veces, Pasión 14 veces, Ternura 12 veces. En los márgenes más alejados del buen juicio figuran Friend con apenas tres registros, Cariñosa con uno, Amante con 16, Loverman con uno, Kiss con 18, Cupido con dos, y Mi Amor con dos inscripciones.
Lo que esta compilación revela es una tensión entre la intención romántica de los padres y las consecuencias prácticas que estos nombres acarrean. Un niño llamado Beso o Pasión enfrentará preguntas incómodas en el aula. Un adolescente inscrito como Loverman cargará con un nombre que suena más a personaje de película de acción que a identidad genuina. Estos registros documentan el momento en que la nostalgia por una festividad comercial se convierte en una decisión que marcará a una persona de por vida.
Mientras el Reniec compilaba estos datos, la municipalidad de Comas estaba organizando su propio tributo a San Valentín. El 14 de febrero, la comuna realizaría un concurso del beso más largo en la explanada del Centro Cívico. El evento estaba diseñado para premiar a las parejas que demostraran mayor resistencia y, aparentemente, mayor devoción a través de la duración de un beso. Los ganadores recibirían electrodomésticos: una refrigeradora para el primer lugar, un horno microondas para el segundo, y un pack que incluía plancha y waflera para el tercero.
Las inscripciones estaban abiertas para cualquiera que quisiera participar. El proceso era simple: proporcionar nombres, números de DNI, correos electrónicos, direcciones y edades. No había un tiempo mínimo establecido para el beso, solo la regla de que quien aguantara más sería el ganador. La municipalidad no especificó cuántas parejas se esperaba que participaran ni cuál era el propósito más amplio del evento más allá del entretenimiento festivo.
Lo que emerge de estas dos historias paralelas es una imagen de cómo una festividad comercial permea la vida cotidiana peruana en múltiples niveles. Algunos padres la expresan a través de nombres que sus hijos llevarán para siempre. Otros la celebran a través de competencias públicas que transforman un gesto íntimo en espectáculo municipal. En ambos casos, San Valentín deja su marca, para bien o para mal.
Notable Quotes
Los nombres se van poniendo cada vez más extraño conforme la lista va avanzando y algunos son increíbles de creer— Reniec
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué crees que los padres eligen nombres tan extremos como Beso o Loverman? ¿Es realmente amor o algo más?
Creo que es una mezcla de impulso romántico y falta de perspectiva sobre lo que significa vivir con ese nombre durante treinta años. El padre está enamorado de la idea de San Valentín en ese momento, no necesariamente pensando en el niño de dieciséis años que tendrá que presentarse en una entrevista de trabajo.
¿Crees que estos nombres afectan realmente a los menores cuando entran a la escuela?
Sin duda. Un nombre es la primera presentación que haces de ti mismo. Si ese nombre es Pasión o Cariño, estás comenzando cada interacción con una explicación implícita. Los compañeros notarán, los maestros notarán, y el niño lo sentirá.
¿Y el concurso del beso más largo? ¿Qué dice eso sobre cómo celebramos San Valentín en Perú?
Dice que hemos convertido la intimidad en competencia. Una municipalidad está ofreciendo electrodomésticos para que parejas se besen en público el mayor tiempo posible. Es la comercialización de la festividad llevada a su conclusión lógica.
¿Hay algo de tradición cultural en esto, o es puramente importación comercial?
Probablemente ambas cosas. San Valentín no es peruano, pero la forma en que lo celebramos refleja cómo los padres quieren expresar amor, aunque a veces de maneras que no envejecen bien. Los nombres como Valentina tienen raíces más profundas; los nombres como Friend son puro impulso del momento.
¿Qué pasará con estos niños cuando crezcan y descubran por qué sus padres los llamaron así?
Algunos probablemente lo entenderán como un acto de amor, aunque mal ejecutado. Otros querrán cambiar de nombre. Y algunos simplemente vivirán con ello, llevando la marca de una festividad que sus padres amaban más de lo que pensaron en las consecuencias.