Recesión mundial y temores impulsan alza del dólar en Perú

Mientras pasa el temporal, se compran dólares por considerarse un activo que no pierde valor
Los inversionistas buscan refugio en dólares ante la incertidumbre de una recesión mundial inevitable.
Mark

¿Por qué el dólar sube en Perú si el problema está en China, Estados Unidos y Europa?

Mimi

Porque cuando hay incertidumbre global, los inversionistas dejan de confiar en sus propias monedas y economías. Buscan dólares como un activo seguro. Es como cuando hay tormenta y todos corren al mismo refugio.

Mark

¿Pero el Banco Central peruano no puede simplemente vender dólares para mantener el precio bajo?

Mimi

Puede intervenir, sí, pero no indefinidamente. No tiene una meta cambiaria. Si vende dólares artificialmente para mantener el precio bajo mientras el mundo entero quiere comprar dólares, eventualmente se queda sin reservas.

Mark

¿Qué hace que Perú sea especialmente vulnerable?

Mimi

Dos cosas. Primero, cuando la Reserva Federal sube tasas, el dinero sale de países como el nuestro. Segundo, somos productores de cobre, y cuando hay recesión global, el cobre cae. Eso golpea nuestras exportaciones y genera más demanda de dólares para protegerse.

Mark

¿Entonces no hay nada que hacer?

Mimi

El BCR puede amortiguar los movimientos más bruscos. Pero no puede detener una tendencia global. Lo que importa es que la economía mundial se estabilice. Mientras eso no ocurra, el dólar seguirá bajo presión.

Mark

¿Cuándo podría cambiar esto?

Mimi

Cuando China resuelva su crisis inmobiliaria, cuando Estados Unidos logre controlar la inflación sin entrar en recesión profunda, o cuando Europa encuentre alternativas al gas ruso. Ninguno de esos escenarios es inminente.

  • Las tres mayores economías del planeta enfrentan simultáneamente señales de recesión, creando una tormenta perfecta de incertidumbre financiera global.
  • La Reserva Federal de EE.UU. ha subido sus tasas tres veces consecutivas en tres cuartos de punto, enviando ondas de choque que deprimen mercados emergentes como el peruano.
  • China crece apenas un 3.3% en medio de una crisis inmobiliaria cuyo verdadero alcance nadie puede calcular aún, evocando el fantasma de 2008.
  • Los inversionistas huyen del riesgo y acumulan dólares como activo refugio, empujando el tipo de cambio al alza en países como Perú.
  • El Banco Central de Reservas del Perú puede suavizar los saltos bruscos del dólar, pero no tiene ni el mandato ni los recursos para sostener artificialmente una moneda a contracorriente del mundo.
  • El horizonte de 2023 se dibuja con recesión global, presión cambiaria persistente e incertidumbre creciente, justo cuando Perú aún no termina de recuperarse de la pandemia.

Cuando las tres locomotoras de la economía mundial —China, Estados Unidos y la Eurozona— comienzan a perder vapor al mismo tiempo, el mundo entero siente el frío. En Perú, ese frío llega con un nombre concreto: el dólar sube. No porque Lima haya cambiado, sino porque en tiempos de tormenta global los inversionistas buscan refugio en la moneda más conocida del mundo, y esa demanda tiene un precio que ningún banco central puede ignorar indefinidamente.

El dólar sube en Perú, pero la explicación no está en Lima. Está en Washington, Pekín y Bruselas, donde las tres economías que representan cerca de la mitad del producto mundial atraviesan momentos de profunda fragilidad.

China crece este año apenas un 3.3%, golpeada por el colapso de una burbuja inmobiliaria cuyas consecuencias globales aún son inciertas. Estados Unidos combate una inflación superior al 8% con alzas agresivas de tasas: la Reserva Federal las subió tres veces consecutivas en tres cuartos de punto, y su presidente Jerome Powell ha dejado claro que no se detendrá. La Eurozona, atrapada entre tasas bajas y dependencia del gas ruso, camina hacia una recesión que en países como Alemania ya parece inevitable.

Cuando el mundo se acerca a la recesión, los inversionistas dejan de buscar oportunidades y empiezan a buscar refugio. El dólar es ese refugio: una moneda que, en tiempos de tormenta, se percibe como segura. A mayor incertidumbre, mayor demanda de dólares, y mayor su precio.

El Banco Central de Reservas del Perú puede intervenir para evitar saltos bruscos en el tipo de cambio, pero no puede sostener artificialmente un dólar bajo cuando las fuerzas globales empujan en sentido contrario. El BCR no tiene una meta cambiaria; actúa ante fluctuaciones abruptas, no para revertir tendencias estructurales. Hay un patrón que se repite: cuando la Fed sube tasas y el precio del cobre cae, el tipo de cambio en Perú sube.

Lo que se perfila para 2023 es una combinación difícil: recesión mundial, incertidumbre creciente y presión sostenida sobre el dólar. Para un país que todavía se recupera de los golpes de la pandemia, el momento no podría ser más exigente.

Los últimos días han traído una tendencia clara: el dólar sube en Perú, y la razón no está en Lima sino en los despachos de los bancos centrales de Washington, Pekín y Bruselas. Para entender qué está pasando con nuestro dinero, hay que mirar primero lo que ocurre en las tres economías que representan aproximadamente la mitad del producto mundial.

China crece este año apenas un 3.3%, una cifra que refleja el colapso de una burbuja inmobiliaria que ha generado una crisis financiera de proporciones aún inciertas. Nadie sabe si tendrá alcance global como la de 2008, pero el riesgo existe. Estados Unidos, por su parte, ha decidido combatir una inflación que supera el 8% mediante aumentos agresivos de tasas de interés. La Reserva Federal subió su tasa hace poco más de una semana en tres cuartos de punto porcentual por tercera ocasión consecutiva, y su presidente Jerome Powell dejó claro que continuará haciéndolo. La Eurozona enfrenta un dilema distinto: mantiene tasas bajas para no frenar el crecimiento, pero depende del gas ruso en formas que la hacen vulnerable a una recesión que ya es casi inevitable en economías como Alemania.

El cuadro que emerge es el de una economía mundial en camino hacia la recesión, con una incertidumbre que crece cada día. Cuando eso ocurre, los inversionistas y los ahorristas dejan de buscar oportunidades en el sector productivo. En su lugar, buscan refugio. El dólar se convierte en ese refugio: un activo que, en tiempos de tormenta, se considera seguro porque no pierde valor. Mientras el mundo espera a que la situación se aclare, la demanda por dólares aumenta, y con ella, su precio.

En Perú, el Banco Central de Reservas puede intervenir vendiendo dólares para evitar saltos bruscos en el tipo de cambio. Pero esa intervención tiene límites. No se puede mantener artificialmente bajo el precio del dólar cuando las fuerzas globales empujan hacia arriba. El BCR no tiene una meta cambiaria; solo actúa cuando hay fluctuaciones abruptas, no para "bajarlo cuando está subiendo". Hay un patrón histórico que vale recordar: cada vez que la Reserva Federal sube sus tasas y el precio del cobre cae, el tipo de cambio en Perú sube. Cuánto suba depende de cuánto intervenga el banco central, pero hasta ahora ha logrado mantenerlo relativamente estable.

Lo que se perfila para 2023 es una combinación difícil: recesión económica mundial, incertidumbre creciente, y presión al alza sobre el dólar. Estos tres factores complican cualquier proyección sobre la economía peruana en el año que viene. Es una situación complicada para un país que aún se recupera de los golpes de la pandemia.

No hay reducción de inflación sin costos
— Análisis sobre la política de la Reserva Federal
El BCR no tiene una meta cambiaria y solo actúa para enfrentar fluctuaciones bruscas del tipo de cambio, pero no para bajarlo cuando está subiendo
— Caracterización de la política del Banco Central de Reservas peruano
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