Los secretos científicos de los superancianos: qué tienen en común quienes envejecen mejor

No nos desplomamos. Vivimos cada día al máximo
Edith Renfrow Smith, de 111 años, describe cómo los superancianos enfrentan el envejecimiento.

En los márgenes del tiempo ordinario, un pequeño grupo de personas mayores de 80 años conserva una mente tan ágil como la de alguien de 50, desafiando lo que la ciencia creía inevitable sobre el envejecimiento. Investigadores de la Universidad de Chicago los estudian con rigor y esperanza, buscando en sus cerebros, hábitos y vínculos sociales las claves de una vejez que no renuncia a la plenitud. Lo que emerge no es un secreto único, sino una constelación de elecciones sostenidas en el tiempo: moverse, descansar, comer con cuidado y, sobre todo, permanecer conectado a los demás.

  • Menos del 10% de quienes se postulan como superancianos cumplen los criterios científicos, lo que revela cuán excepcional es este fenómeno dentro de una población ya de por sí longeva.
  • El cerebro típico se adelgaza con la edad y pierde capacidad cognitiva, pero el de los superancianos muestra una corteza cingulada anterior más gruesa incluso que la de personas 30 años más jóvenes.
  • La sociabilidad resulta ser el único rasgo de personalidad compartido por todos los superancianos estudiados, según un seguimiento de 25 años de la Universidad Northwestern, desplazando a la genética como factor exclusivo.
  • Historias como las de Edith Renfrow Smith —voluntaria comunitaria hasta los 90 años— o Sel Yackley —quien cambió de carrera a los 80— ilustran que el propósito activo parece ser tan vital como cualquier medicamento.
  • Los hallazgos apuntan hacia estrategias preventivas concretas contra el Alzheimer y enfermedades crónicas, convirtiendo el estudio de estos individuos en una hoja de ruta potencial para millones de personas.

Hay personas que envejecen de una manera que la ciencia todavía no termina de explicar. Con más de 80 años, conservan una memoria comparable a la de alguien entre 50 y 60, y sus cerebros no muestran el desgaste que se considera inevitable. Los investigadores los llaman superancianos, y la Universidad de Chicago les dedica hoy un centro entero de estudio.

El programa reúne a unas 400 personas en Estados Unidos y Canadá, aunque los criterios de ingreso son estrictos: edad mínima de 80 años y rendimiento cognitivo propio de alguien dos o tres décadas más joven. La doctora Emily Rogalski, directora del proyecto, combina resonancias magnéticas, análisis genéticos e historiales de vida para buscar patrones. Uno de los hallazgos más llamativos es estructural: la corteza cingulada anterior de estos individuos, clave para la atención y la memoria, es más gruesa que la de personas mucho más jóvenes.

Pero la biología no lo explica todo. Rogalski observa que casi todos los superancianos se mueven a diario, aunque no de la misma forma: algunos nadan, otros esquían, algunos simplemente hacen estiramientos desde una silla de ruedas. El sueño de calidad y una alimentación cercana a la dieta mediterránea también aparecen de manera recurrente. Y quizás lo más revelador: un estudio de 25 años de la Universidad Northwestern encontró que la sociabilidad es el único rasgo de personalidad que todos comparten.

Las historias individuales dan carne a los datos. Edith Renfrow Smith, de 111 años, fue voluntaria en museos y preparaba comidas para personas sin hogar hasta los 90. Lajuana Weathers, de 89, medita, camina y participa en su iglesia y en un coro. Sel Yackley se reinventó como agente de viajes a los 80. William Scott, tras 50 años enseñando, sigue activo como coordinador de programas culturales para adultos mayores.

Los investigadores son cautelosos: no existe una fórmula única. Pero los patrones se repiten con suficiente consistencia como para alimentar la esperanza de que estos hallazgos puedan traducirse en herramientas preventivas para la población general, frenando enfermedades como el Alzheimer antes de que comiencen.

Hay un grupo pequeño pero notable de personas que desafían lo que creemos saber sobre el envejecimiento. Mientras la mayoría experimenta un declive gradual después de los 80 años, algunos mantienen una agudeza mental que rivaliza con la de personas tres décadas más jóvenes. Los científicos los llaman superancianos, y durante años han estado estudiándolos con la esperanza de descubrir qué los hace diferentes.

La Universidad de Chicago alberga ahora un centro dedicado exclusivamente a esta investigación. Aproximadamente 400 personas en Estados Unidos y Canadá participan en estos estudios, aunque ese número representa apenas una fracción de quiénes realmente califica. Para entrar en el programa, los candidatos deben tener al menos 80 años y demostrar una memoria comparable a la de alguien entre 50 y 60 años. Menos del 10 por ciento de quienes se consideran superancianos cumplen realmente con los criterios. La doctora Emily Rogalski, directora del proyecto, explica que buscan personas verdaderamente excepcionales. El objetivo es claro: si este grupo tiene algo en común, ese descubrimiento podría beneficiar a millones de personas que envejecen de manera ordinaria.

Los investigadores no buscan una solución única. En cambio, recopilan datos de múltiples ángulos: imágenes cerebrales por resonancia magnética, análisis de sangre para identificar marcadores genéticos, historiales médicos completos, patrones de vida, antecedentes familiares y factores psicosociales. Lo que han encontrado hasta ahora es revelador. Mientras que el cerebro típico se encoge con la edad, afectando la cognición, el cerebro de los superancianos no experimenta este adelgazamiento. De hecho, en una región específica llamada corteza cingulada anterior, crucial para la atención y la memoria, sus cerebros son más gruesos que los de personas 30 años más jóvenes.

Pero la biología es solo parte de la historia. Rogalski ha observado que prácticamente todos los superancianos comparten un rasgo: la actividad física consistente. No todos hacen lo mismo. Algunos practican aeróbic acuático de alta intensidad, otros esquían o andan en bicicleta. Algunos usan silla de ruedas o andador pero realizan estiramientos regulares. Lo que importa es que se mueven todos los días. Un investigador de longevidad en la Universidad de Illinois comparó el ejercicio con un cambio de aceite para el motor: es mantenimiento básico que mantiene todo funcionando.

La calidad del sueño emerge como otro factor crítico. No se trata solo de pasar horas en la cama; la calidad del descanso parece influir tanto como la cantidad. Los superancianos también tienden a seguir patrones dietéticos saludables, aunque no existe una dieta única que todos compartan. Sin embargo, la investigación científica respalda consistentemente que la dieta mediterránea y la dieta DASH reducen el riesgo de enfermedades cardíacas, cáncer y otras condiciones crónicas. Quizás lo más sorprendente es lo que un estudio de 25 años de la Universidad Northwestern reveló: la sociabilidad es el único rasgo de personalidad que todos los superancianos parecen compartir.

Los propios superancianos cuentan historias que ilustran estos patrones. Edith Renfrow Smith, de 111 años, fue la primera mujer negra en graduarse de Grinnell College. Trabajó como voluntaria en museos y organizaciones comunitarias hasta los 90 años, preparaba comidas para personas sin hogar y transmitía sabiduría a las generaciones más jóvenes. Su hija describe a su madre como un ejemplo de resiliencia. Lajuana Weathers, de 89 años, comienza cada día con jugo de apio, medita regularmente y aspira a caminar 10.000 pasos diarios. Asiste a terapia ocupacional dos veces por semana, participa en su iglesia local y en el coro, y sigue una dieta principalmente basada en plantas. Sel Yackley, de 85 años, cambió de carrera a los 80 para convertirse en agente de viajes, explorando el mundo y ayudando a otros a hacer lo mismo. William Scott, de 84 años, se jubiló después de 50 años enseñando en las escuelas públicas de Chicago pero continúa trabajando como activista comunitario y coordinador de programas de arte para adultos mayores.

Rogalski es clara: aún no existe una receta única para el superenvejecimiento. Pero los patrones son consistentes. La actividad física regular, el sueño de calidad, una alimentación saludable y conexiones sociales sólidas aparecen una y otra vez. Lo que los investigadores esperan es que estos hallazgos se traduzcan en estrategias preventivas que puedan aplicarse a la población general, potencialmente frenando enfermedades como el Alzheimer y otras condiciones debilitantes. Por ahora, los superancianos continúan viviendo sus vidas plenas, y los científicos continúan buscando las claves que expliquen su excepcionalidad.

Si esta población excepcional tiene algo en común, podría traducirse en un beneficio para la población general. Si se encuentra un factor protector, entonces uno se pregunta: ¿Cómo podemos activar este factor protector en la población general?
— Doctora Emily Rogalski, directora del proyecto de investigación
La actividad física es como un cambio de aceite para el coche. Dedique tiempo a alguna actividad física todos los días: la ciencia ha demostrado que el ejercicio es notable para mantener el funcionamiento físico y cognitivo
— Doctor S. Jay Olshansky, profesor de epidemiología en la Universidad de Illinois en Chicago
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué los científicos se enfocaron específicamente en personas mayores de 80 años con memoria excepcional?

Model

Porque a esa edad es cuando típicamente vemos el mayor declive cognitivo. Si alguien mantiene una memoria de alguien 30 años más joven a los 80, eso es tan inusual que vale la pena estudiarlo. Es como encontrar un automóvil con 200.000 millas que funciona como si tuviera 50.000.

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¿Qué sorprendió más a los investigadores cuando miraron los cerebros de estos superancianos?

Model

Que la corteza cerebral, la capa externa que típicamente se adelgaza con la edad, simplemente no se adelgazaba en ellos. Y en una región específica para la memoria, sus cerebros eran más gruesos que los de personas mucho más jóvenes. Es como si el tiempo no hubiera pasado de la misma manera.

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Pero si es genético, ¿qué pueden hacer las personas ordinarias con esta información?

Model

Eso es lo interesante. No parece ser solo genética. Todos estos superancianos comparten comportamientos: se mueven todos los días, duermen bien, comen de manera saludable y tienen relaciones sociales fuertes. Esos son factores que la mayoría de las personas puede controlar.

Inventor

¿Hay algo que todos los superancianos hagan exactamente igual?

Model

La sociabilidad. Un estudio de 25 años encontró que era el único rasgo de personalidad que todos compartían. No todos hacen el mismo ejercicio, no todos comen exactamente lo mismo, pero todos tienen conexiones sociales significativas.

Inventor

¿Entonces el secreto es simplemente vivir una vida activa y social?

Model

No es tan simple como eso. Es la combinación. Actividad física consistente, sueño de calidad, alimentación saludable y conexiones sociales. Pero lo importante es que ninguno de estos factores requiere un gen especial. Son cosas que las personas pueden comenzar a hacer hoy.

Inventor

¿Qué sucede con los cerebros de estos superancianos después de que mueren?

Model

Algunos han donado sus cerebros a la investigación. Cuando fallezcan, los científicos podrán estudiar el tejido cerebral directamente para entender qué, a nivel celular, los mantiene saludables. Es la siguiente frontera de esta investigación.

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