En el Golfo Pérsico, meses de confrontación militar y tensión diplomática han llegado a un punto de declaración formal: el presidente del Parlamento iraní Mohamad Baqer Qalibaf afirmó ante la prensa que Irán ha salido victorioso —tanto en el campo de batalla como en la mesa de negociaciones— frente a lo que Teherán describe como una agresión conjunta de Estados Unidos e Israel iniciada el 28 de febrero. La historia que Irán narra es la de una nación que resistió, respondió con fuerza sin precedentes y condicionó el retorno a la normalidad regional a concesiones sustanciales de sus adversarios.
Qalibaf: Irán salió victorioso ante EE.UU. e Israel en frentes militar y político
Fracasaron en todos ellos a todos los niveles
¿Cómo puede Qalibaf afirmar una victoria tan categórica cuando el conflicto parece haber dejado cicatrices profundas en ambos lados?
Porque en su marco, victoria no significa ausencia de daño. Significa que los objetivos que el adversario se propuso no se cumplieron. Irán resistió, respondió, y luego negoció desde una posición que consideraba de fortaleza.
¿Qué tan real es ese memorando de entendimiento que menciona? ¿Es realmente un acuerdo duradero o una pausa táctica?
El hecho de que Estados Unidos lo haya roto unilateralmente en julio sugiere que nunca fue tan sólido como Qalibaf lo presenta. Pero para la audiencia doméstica iraní, el acuerdo mismo importa menos que lo que representa: que Irán pudo sentarse a negociar como igual.
Los ciento sesenta días de manifestaciones populares que menciona, ¿fueron espontáneas o movilizadas por el Estado?
Probablemente ambas cosas. El Estado iraní tiene capacidad para convocar, pero también es cierto que cuando un país se siente bajo amenaza existencial, la gente sale a las calles sin necesidad de órdenes. La línea entre movilización estatal y resistencia popular es borrosa en estos contextos.
¿Por qué cierra Irán el estrecho de Ormuz? ¿Eso no daña también su propia economía?
Sí, pero es un arma que tiene. El estrecho es vital para el comercio global de petróleo. Cerrarlo es costoso para Irán, pero es también la única palanca que tiene para forzar negociaciones. Es un acto de defensa que se parece a la autosabotaje, pero que funciona como presión.
¿Qué pasa si Estados Unidos simplemente ignora las condiciones que Irán establece para reabrirlo?
Entonces el bloqueo continúa, la tensión se mantiene, y ambos lados siguen pagando un precio. Pero Irán ha dejado claro que no cederá sin obtener lo que pide. Es una postura de largo plazo, no de corto plazo.
The Pulse
- Irán ejecutó al menos cien operaciones con misiles y drones contra objetivos israelíes y bases estadounidenses en la región, una respuesta de escala sin precedentes desde el inicio del conflicto el 28 de febrero.
- En julio, la ruptura unilateral del memorando de entendimiento por parte de Washington y la reanudación de ataques en el sur iraní elevaron la crisis a su punto más crítico, llevando a Teherán a cerrar el estratégico estrecho de Ormuz.
- El cierre del estrecho —arteria vital del comercio petrolero mundial— convirtió el conflicto bilateral en una perturbación de alcance global, aumentando la presión sobre todas las partes involucradas.
- El Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní fijó condiciones no negociables para reabrir Ormuz: cese de agresiones, levantamiento de sanciones, devolución de activos congelados e indemnización por daños.
- Qalibaf presentó el memorando de entendimiento alcanzado como un 'documento de orgullo', señal de que Irán busca consolidar su narrativa de victoria tanto en lo militar como en lo diplomático antes de cualquier normalización.
En el Golfo Pérsico, meses de confrontación militar y tensión diplomática han llegado a un punto de declaración formal: el presidente del Parlamento iraní Mohamad Baqer Qalibaf afirmó ante la prensa que Irán ha salido victorioso —tanto en el campo de batalla como en la mesa de negociaciones— frente a lo que Teherán describe como una agresión conjunta de Estados Unidos e Israel iniciada el 28 de febrero. La historia que Irán narra es la de una nación que resistió, respondió con fuerza sin precedentes y condicionó el retorno a la normalidad regional a concesiones sustanciales de sus adversarios. En el fondo, lo que se disputa no es solo territorio o acuerdos, sino el relato mismo de quién venció y quién cedió.
El sábado por la noche, Mohamad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento iraní, se reunió con periodistas para trazar el balance de meses de enfrentamiento en el Golfo Pérsico. Su veredicto fue categórico: Estados Unidos e Israel habían planteado nueve objetivos concretos al lanzar su ofensiva, y ninguno se cumplió. Qalibaf lo calificó como «la mayor derrota absoluta» para ambas potencias y «una gran victoria» para la República Islámica.
El conflicto, según la narrativa iraní, comenzó el 28 de febrero cuando Washington y Tel Aviv lanzaron lo que Teherán describió como una segunda guerra no provocada. En respuesta, las fuerzas iraníes ejecutaron al menos cien operaciones con misiles y drones, golpeando objetivos en territorios israelíes y bases estadounidenses distribuidas por la región, en una escala de respuesta sin precedentes.
La crisis alcanzó su momento más agudo en julio, cuando el presidente estadounidense anunció unilateralmente el fin del memorando de entendimiento previamente pactado y reanudó ataques en el sur de Irán. Teherán respondió atacando instalaciones militares estadounidenses y tomó una medida de impacto global: el cierre del estrecho de Ormuz, ruta crítica para el comercio mundial de petróleo.
Para Qalibaf, el memorando de entendimiento finalmente alcanzado representaba un logro tan significativo como cualquier victoria en el campo de batalla. Lo describió como prueba de que Irán podía prevalecer también en la mesa de negociaciones. Atribuyó estos resultados al pueblo iraní, que según él salió a las calles durante más de ciento sesenta días consecutivos, y rindió homenaje a los caídos, incluyendo al ayatolá Jamenei.
A principios de agosto, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional estableció las condiciones para reabrir Ormuz: cese definitivo de la agresión, levantamiento del bloqueo naval y de todas las sanciones, devolución de activos congelados y pago de indemnizaciones. Teherán dejó claro que no normalizaría la situación sin obtener concesiones sustanciales, convirtiendo el estrecho en la palanca central de su posición negociadora.
El sábado por la noche, el presidente del Parlamento iraní Mohamad Baqer Qalibaf se reunió con periodistas para hacer una declaración que resumía meses de tensión militar y negociación diplomática en el Golfo Pérsico. Su mensaje fue directo: tanto Estados Unidos como Israel habían fracasado completamente en sus objetivos durante lo que él caracterizó como una agresión contra Irán, y que la República Islámica había salido victoriosa en los frentes militar y político.
Según Qalibaf, Washington y Tel Aviv habían planteado nueve objetivos concretos al lanzar su ofensiva. Ninguno se cumplió. "Fracasaron en todos ellos a todos los niveles", afirmó el legislador iraní, describiendo el resultado como "la mayor derrota absoluta" para ambas potencias y "una gran victoria" para su país. El tono de sus palabras reflejaba la convicción de que Irán no solo había resistido, sino que había prevalecido.
La escalada que Qalibaf describía había comenzado el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron lo que el funcionario iraní caracterizó como su segunda guerra no provocada contra la República Islámica. En respuesta, las Fuerzas Armadas iraníes ejecutaron al menos cien operaciones utilizando misiles y drones, golpeando objetivos en territorios ocupados por Israel así como bases y activos militares estadounidenses distribuidos en países de la región. La magnitud de la respuesta iraní fue sin precedentes en escala.
La situación se complicó aún más en julio. El 7 de ese mes, el presidente estadounidense anunció unilateralmente el fin del memorando de entendimiento que había sido pactado previamente con Irán, y reanudó ataques contra varias localidades en el sur iraní. Teherán respondió atacando bases estadounidenses en la región, causando daños en instalaciones militares, y luego tomó una medida de alcance regional: anunció el cierre del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más críticas del mundo para el comercio de petróleo.
Para Qalibaf, sin embargo, el memorando de entendimiento que finalmente se alcanzó representaba un logro diplomático tan significativo como cualquier victoria militar. Lo describió como "un documento de orgullo" y lo caracterizó como una victoria que consolidaba los logros alcanzados en el ámbito de la diplomacia. Este acuerdo, en su narrativa, demostraba que Irán no solo podía defenderse militarmente sino también prevalecer en la mesa de negociaciones.
El legislador iraní atribuyó estos logros al pueblo iraní, que según él había salido a las calles durante más de ciento sesenta días consecutivos desde finales de febrero para defender su patria. También rindió homenaje a los mártires caídos, mencionando específicamente al ayatolá Seyed Ali Jamenei, a quien describió como el líder mártir de Irán que había enseñado al pueblo a luchar contra lo que llamó "la arrogancia mundial".
A principios de agosto, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán estableció condiciones claras para la reapertura del estrecho de Ormuz. Exigía el cese definitivo de la agresión estadounidense contra Irán y sus aliados regionales, el levantamiento del bloqueo naval ilegal y de todas las sanciones contra la República Islámica, la devolución de los activos congelados del país, y el pago de una indemnización por los daños causados por la agresión. Estas demandas dejaban claro que Teherán no estaba dispuesto a normalizar la situación sin obtener concesiones sustanciales.
Notable Quotes
Lo digo con toda convicción: en esta guerra salimos verdaderamente victoriosos, tanto en el plano militar como en el político— Mohamad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento de Irán
Esta fue la mayor derrota absoluta para Estados Unidos y el régimen sionista, y una gran victoria para nosotros— Mohamad Baqer Qalibaf