En las calles de Zaragoza, unos 250 ciudadanos alzaron la voz contra Amazon y Microsoft en lo que supone la primera protesta de España dirigida específicamente a los grandes centros de datos. La manifestación, convocada por la plataforma 'Zaragoza no se vende', refleja una tensión antigua entre el progreso económico prometido y los recursos naturales que ese progreso consume. Como en otros momentos de la historia industrial, una comunidad se pregunta si el beneficio anunciado justifica el coste silenciado.
Primera manifestación en España contra centros de datos: 250 personas protestan en Zaragoza
Cajas de zapatos que consumen agua y energía sin traer beneficios reales
¿Por qué la gente se moviliza ahora contra los centros de datos? ¿Qué cambió?
Durante años, estos proyectos se negociaban en despachos sin que la mayoría supiera qué eran. Pero cuando la gente empezó a conectar los puntos—sequía, consumo de agua, empleos que no llegaban—decidió que era hora de hablar.
¿Realmente consumen tanta agua como dicen?
Los tres que ya funcionan tienen un apetito de recursos que es difícil de justificar en una región que sufre estrés hídrico. No es una cifra exacta que hayan publicado; es la sensación de desproporción la que asusta.
Pero el gobierno dice que traerá 300 millones en impuestos al año. ¿Eso no importa?
Importa, claro. Pero la pregunta es si vale la pena el precio ambiental. Y si esos impuestos realmente llegan a los servicios públicos o si desaparecen en otra parte.
¿Qué pasó en Holanda que mencionaron?
Consiguieron echar los proyectos. Pero el daño ya estaba hecho en algunos lugares: comunidades sin agua para sus campos, pozos contaminados. Eso es lo que Zaragoza quiere evitar.
¿Esto va a crecer?
La marcha fue la primera, pero probablemente no será la última. Una vez que la gente ve el problema, es difícil que deje de verlo.
Le Pouls
- La primera protesta española contra centros de datos de Amazon y Microsoft sacudió el centro de Zaragoza, llegando incluso a interrumpir parcialmente la línea del tranvía.
- Los manifestantes denuncian que tres instalaciones ya operativas devoran agua y energía de forma desproporcionada mientras generan escaso empleo real para la región.
- La opacidad del gobierno regional irrita a los vecinos: hasta hace pocos meses, la mayoría desconocía qué eran estos centros de datos y qué implicaban para su territorio.
- Precedentes en Estados Unidos y Holanda, donde comunidades agrícolas perdieron acceso al agua o sufrieron contaminación hídrica, alimentan el temor local y legitiman la resistencia.
- El debate ha abandonado los despachos técnicos para instalarse en la calle, obligando a replantear si 300 millones de euros anuales en impuestos justifican los riesgos ambientales y sociales.
En las calles de Zaragoza, unos 250 ciudadanos alzaron la voz contra Amazon y Microsoft en lo que supone la primera protesta de España dirigida específicamente a los grandes centros de datos. La manifestación, convocada por la plataforma 'Zaragoza no se vende', refleja una tensión antigua entre el progreso económico prometido y los recursos naturales que ese progreso consume. Como en otros momentos de la historia industrial, una comunidad se pregunta si el beneficio anunciado justifica el coste silenciado.
El sábado pasado, unas 250 personas recorrieron el centro de Zaragoza en la primera manifestación de España convocada específicamente contra los grandes centros de datos. La marcha, organizada por la plataforma 'Zaragoza no se vende', reunió a colectivos sociales y representantes políticos como Álvaro Sanz, portavoz de Izquierda Unida en las Cortes de Aragón. La intensidad del descontento quedó patente cuando los manifestantes cortaron parcialmente la línea del tranvía.
Fátima Ruberte, portavoz de la protesta, resumió el malestar con una imagen contundente: los tres centros de datos ya operativos en Aragón son como cajas de zapatos gigantes que devoran agua y electricidad sin generar empleo real ni beneficios tangibles para la región. Su crítica apuntaba también a la opacidad institucional: las autoridades habrían extendido la alfombra roja a grandes fondos tecnológicos sin analizar las consecuencias reales, y buena parte de la población apenas conocía la existencia de estas instalaciones hasta hace pocos meses.
El telón de fondo es el ambicioso plan de inversión del presidente regional Jorge Azcón, que promete 58.000 millones de euros en dos años y proyecta más de 300 millones anuales en impuestos procedentes de los centros de datos. Para los manifestantes, esa ecuación oculta más de lo que revela. Ruberte citó casos en Estados Unidos y Holanda donde proyectos similares dejaron a comunidades agrícolas sin agua para el riego o forzaron a vecinos a depender de cisternas por la contaminación hídrica.
Lo que la marcha dejó claro es que el debate ha cambiado de naturaleza: ya no es una discusión técnica entre expertos y funcionarios, sino una pregunta política y social que resuena en las calles. ¿Qué está dispuesta a sacrificar Aragón por esos 300 millones de euros anuales?
Doscientas cincuenta personas recorrieron las calles del centro de Zaragoza el sábado pasado gritando consignas contra Amazon y Microsoft. Fue la primera manifestación en España organizada específicamente contra los grandes centros de datos, y la ciudad se convirtió en el escenario de una protesta que llevaba tiempo gestándose en las redes de activismo local.
La marcha fue convocada por la plataforma Zaragoza no se vende, que reunió bajo sus banderas a varios colectivos sociales preocupados por el impacto ambiental y económico de estos proyectos. Entre los asistentes había representantes políticos como Álvaro Sanz, portavoz de Izquierda Unida en las Cortes de Aragón. Los manifestantes llegaron a cortar parcialmente la línea del tranvía, una acción que subrayaba la intensidad de su descontento.
Fátima Ruberte, portavoz de la manifestación, fue clara en su diagnóstico: las autoridades estaban rodando la alfombra roja a grandes fondos de inversión y empresas tecnológicas sin analizar las consecuencias reales. Su preocupación central giraba en torno al consumo de agua y energía. Los tres centros de datos ya en funcionamiento en Aragón, explicó, tienen un apetito de recursos que ella calificó de desproporcionado. Ruberte comparó estas instalaciones con cajas de zapatos gigantes: estructuras masivas que devoran agua y electricidad sin generar beneficios económicos significativos ni empleo real para la región.
La protesta surgía en el contexto del plan de inversión anunciado por el presidente de Aragón, Jorge Azcón, que prometía 58.000 millones de euros en apenas dos años. Los centros de datos, según las proyecciones del gobierno regional, dejarían más de 300 millones de euros anuales en impuestos, dinero que Azcón argumentaba podría destinarse a reforzar servicios públicos. Pero para los manifestantes, esta ecuación era engañosa. La opacidad informativa los irritaba: hasta hace pocos meses, la mayoría de la población ni siquiera sabía qué eran estos centros de datos ni cuáles eran sus implicaciones.
Ruberte citó precedentes internacionales que alimentaban la inquietud local. En Estados Unidos y Holanda, movimientos similares habían conseguido frenar o expulsar proyectos de este tipo. En algunos pueblos, los centros de datos habían dejado a las comunidades agrícolas sin agua suficiente para riego. En otros, la contaminación hídrica fue tan grave que los residentes tuvieron que depender de cisternas para obtener agua potable. Estos casos no eran anécdotas lejanas; eran advertencias sobre lo que podría ocurrir en Aragón si el desarrollo continuaba sin regulación ni transparencia.
Lo que quedaba claro después de la marcha era que la conversación sobre los centros de datos en Aragón había cambiado de escala. Ya no era un debate técnico entre expertos y funcionarios. Era una cuestión política, ambiental y social que estaba ganando visibilidad en las calles. La pregunta que los manifestantes planteaban era simple pero fundamental: ¿qué estaba dispuesta a sacrificar Aragón por estos 300 millones de euros anuales en impuestos?
Citations marquantes
Se está poniendo alfombra roja a grandes fondos de inversión y grandes tecnócratas para que vengan al territorio a hacer lo que quieran— Fátima Ruberte, portavoz de la manifestación
Está habiendo una total opacidad con la información. De hecho, hasta hace unos meses, la gente no sabía lo que era— Fátima Ruberte