Chile y México resisten mejor los terremotos: normas estrictas y décadas de aprendizaje sísmico

Aproximadamente 200 personas quedaron atrapadas entre escombros, 2.227 familias resultaron damnificadas y miles enfrentan riesgo de derrumbes en sus viviendas.
Los desastres los construimos todos los días
Advertencia de una geógrafa venezolana sobre cómo la construcción en terrenos inestables y la debilidad institucional crean vulnerabilidad.

Venezuela reporta 200 personas atrapadas, 2.227 familias damnificadas y 250 estructuras afectadas tras terremotos que devastaron especialmente La Guaira. Chile adoptó tempranamente sistemas constructivos con muros resistentes a sismos desde 1906-1910, permitiendo que terremotos de magnitud 8,4 y 8,8 causaran daños mínimos comparativamente.

  • Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron Venezuela el miércoles
  • Aproximadamente 200 personas atrapadas, 2.227 familias damnificadas, 250 estructuras afectadas
  • Chile adoptó sistemas constructivos con muros resistentes desde 1906-1910
  • Terremoto de 8,4 en Chile (2015) causó daños mínimos comparativamente
  • La Guaira, ciudad costera a 30 km de Caracas, fue declarada zona de desastre

Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 causaron el colapso de cientos de edificios en Venezuela, reabriendo el debate sobre construcción antisísmica. Chile y México demuestran que normativas estrictas y sistemas constructivos adecuados reducen significativamente los daños.

El miércoles pasado, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte de Venezuela en cuestión de minutos. Las imágenes llegaron a los medios de comunicación casi instantáneamente: torres desplomadas, fachadas desprendidas, estructuras colapsadas. Alrededor de 200 personas quedaron atrapadas entre los escombros. Más de 2.200 familias perdieron sus hogares. En la ciudad costera de La Guaira, a unos 30 kilómetros de Caracas, el Gobierno declaró una zona de desastre. Aproximadamente 250 estructuras fueron afectadas o perdidas completamente. Lo que sucedió en Venezuela en esas horas reabrió una pregunta incómoda: ¿por qué algunos países resisten mejor los terremotos que otros?

La respuesta no es misteriosa. Chile y México han demostrado durante décadas que la magnitud de un sismo, por sí sola, no determina cuánto daño causa. El 16 de septiembre de 2015, un terremoto de magnitud 8,4 golpeó el centro norte de Chile. Las viviendas destruidas fueron relativamente pocas. Cinco años antes, el 27 de febrero de 2010, un sismo de 8,8 sacudió la zona centro sur del país. En Concepción, solo un edificio se desplomó como consecuencia directa del movimiento telúrico. Estos números contrastan radicalmente con lo que sucedió en Venezuela esta semana, donde terremotos de menor magnitud causaron un colapso masivo de estructuras.

Los arquitectos, ingenieros y expertos en sismología coinciden en los factores que explican la diferencia: normativas estrictas, fiscalización rigurosa y sistemas constructivos diseñados específicamente para absorber la energía de los terremotos. Rubén Boroschek, profesor del Departamento de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile, explica que la principal ventaja chilena tiene raíces históricas profundas. Entre 1906 y 1910, después de vivir terremotos devastadores, Chile adoptó tempranamente sistemas constructivos pensados para resistir sismos. El país comenzó a construir con muros estructurales resistentes, no con vigas y columnas. La diferencia es fundamental: si cortas un muro en la base de un edificio chileno, la estructura muy probablemente seguirá en pie. Si haces lo mismo con los edificios de pórticos, el tipo predominante en Venezuela, el colapso es casi seguro.

Pero la magnitud no lo explica todo. Sergio Barrientos, director del Centro Sismológico Nacional de la Universidad de Chile, señala que otros factores influyen decisivamente: la distancia entre las poblaciones y la falla que origina el sismo, y las características del suelo sobre el que se levantan las construcciones. El epicentro de los terremotos venezolanos estuvo entre los estados de Yaracuy y Carabobo, pero La Guaira, la ciudad más dañada, está ubicada en la costa. El terremoto fue muy superficial, lo que significa que los sitios poblados estaban muy cerca de la fuente sísmica. Las ondas sísmicas se atenúan a medida que se alejan; cuanto más lejos se está, más débil es el impacto. En Venezuela, no hubo distancia que amortiguara el golpe.

Marcelo Lagos, académico del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, añade que las normas de construcción chilenas están pensadas para resistir terremotos de magnitud superior a ocho. Esos eventos ocurren típicamente frente a las costas chilenas, donde una placa oceánica se introduce bajo una continental en lo que se conoce como terremotos de subducción. Son intensos, acompañados de tsunamis, pero tienen una particularidad crucial: no ocurren debajo de los asentamientos humanos. En Venezuela sucedió lo opuesto. Las ondas sísmicas se atenúan con la distancia, por eso los niveles de exigencia para construir en Chile son especialmente altos en las zonas costeras.

La normativa chilena es el resultado de un proceso de aprendizaje acumulado durante más de un siglo. Cada gran terremoto ha generado nuevas exigencias técnicas y un fortalecimiento de los mecanismos de fiscalización. Chile registra el terremoto de mayor magnitud jamás documentado en el mundo: un 9,5 en Valdivia en 1960, que mató a 1.655 personas y dejó a 2 millones sin vivienda. Ese desastre fue el punto de partida para una transformación profunda en cómo el país construye y se prepara. Eso ha permitido construir lo que Lagos llama una gobernanza sísmica: la capacidad de convivir con el peligro de los terremotos sin que cobren víctimas en la magnitud que se observa en otras partes del mundo.

Venezuela tiene una historia sísmica importante, pero los terremotos superficiales como el de esta semana no ocurren con la frecuencia que vemos en Chile. Esa misma rareza puede convertirse en un enemigo. Cuando los sismos son infrecuentes, el riesgo se invisibiliza. La gente construye sin pensar en terremotos. Las instituciones no aplican normas rigurosas. En 2019, Virginia Jiménez Díaz, geógrafa de la Universidad Central de Venezuela, advertía que La Guaira estaba en la misma situación de riesgo que dos décadas antes, después de la tragedia de Vargas en 1999. "Los desastres los construimos todos los días", dijo, refiriéndose a las personas que edificaban vivienda en quebradas, laderas y terrenos inestables. "Esto ocurre porque la institución es débil. La construcción de la vulnerabilidad tiene mucho que ver con la ineficiencia del Estado". Paola Rodríguez, de 24 años, estaba en Catia La Mar cuando las estructuras comenzaron a desplomarse. "Yo pensaba que me moría", relató después de horas incomunicada. "Pero lo que más me impresionó fue ver el desastre que había quedado".

Nuestros edificios están llenos de muros resistentes a sismos. Uno puede cortar el muro en la base y el edificio muy probablemente siga en pie. Si hace lo mismo con los edificios de vigas y columnas, el colapso es muy probable.
— Rubén Boroschek, profesor de Ingeniería Civil, Universidad de Chile
Los terremotos superficiales necesitan largos periodos para acumular energía. Esa misma rareza puede convertirse en un enemigo porque invisibiliza el riesgo y genera una sensación de falsa seguridad.
— Marcelo Lagos, Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué un terremoto de 8,4 en Chile causa menos daños que uno de 7,2 en Venezuela?

Model

No es solo la magnitud. Es dónde ocurre el terremoto, qué tan profundo es, y cómo están construidos los edificios. Chile aprendió hace más de cien años a construir con muros que absorben la energía sísmica. Venezuela construye con columnas y vigas, que colapsan más fácilmente.

Inventor

Entonces, ¿Chile simplemente tuvo suerte de aprender temprano?

Model

No fue suerte. Fue necesidad. El terremoto de 1960 en Valdivia mató a 1.655 personas. Eso obligó al país a cambiar fundamentalmente cómo construye. Cada terremoto posterior reforzó esas normas. Es un proceso de décadas.

Inventor

¿Qué hace que el terremoto de Venezuela sea diferente?

Model

Fue muy superficial. Las ondas sísmicas golpearon directamente a las ciudades sin atenuarse. Además, Venezuela no tiene la frecuencia de terremotos que tiene Chile. Eso genera falsa seguridad. La gente construye sin pensar en sismos. Las instituciones no fiscalizan.

Inventor

¿Entonces la geografía es el destino?

Model

No completamente. La geografía presenta el desafío, pero la respuesta es política y técnica. Chile decidió invertir en normas estrictas y fiscalización. Venezuela no lo hizo. Eso es lo que explica la diferencia.

Inventor

¿Puede Venezuela cambiar esto ahora?

Model

Sí, pero requiere tiempo y voluntad política. Necesita adoptar normas de construcción rigurosas, fiscalizar su cumplimiento, y reconstruir con criterios sísmicos. Lo que Chile hizo en décadas, Venezuela tendría que hacerlo en años.

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