En los últimos compases de su mandato, el presidente colombiano Gustavo Petro ocupa el decimocuarto lugar entre dieciocho líderes latinoamericanos, con una aprobación de 36,5 por ciento y un rechazo que roza el 61. Lo que comenzó el año con un repunte cercano al 49 por ciento —alentado en parte por un aumento histórico del salario mínimo— se ha ido diluyendo mes a mes, hasta dejar a Petro en el umbral de los mandatarios menos respaldados del continente. Es el arco familiar de los gobiernos que agotan su energía transformadora antes de agotar su tiempo: la promesa inicial se mide, al final, con
Petro's approval plummets to 36.5%, ranking among Latin America's five worst-rated leaders
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Impacto Geopolítico
Colombian President Petro's approval rating collapsed to 36.5%, placing him among Latin America's five worst-rated leaders, signaling domestic political instability in a major regional economy.
Petro's declining domestic legitimacy weakens Colombia's regional influence and negotiating position on issues like drug trafficking, migration, and trade. His lame-duck status (nearing term end) reduces his ability to shape regional agendas, potentially creating a power vacuum that neighboring countries or internal factions may exploit.
Similar to Dilma Rousseff's final months in Brazil (2016) or Mauricio Macri's declining approval in Argentina (2019)—weak presidents facing institutional challenges and reduced capacity to govern effectively, sometimes leading to political crises or policy reversals.
Sesgo y Encuadre
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Lente Económico
Colombian President Petro's approval rating dropped to 36.5%, placing him among Latin America's five worst-rated leaders, signaling potential economic policy uncertainty and investor concern ahead of his term's end.
Low approval ratings typically precede policy instability and reduced consumer confidence. Households may increase precautionary savings, reduce consumption, and delay major purchases due to economic uncertainty. Currency depreciation risks could increase import prices, affecting household purchasing power.
Declining approval weakens Petro's political capital for implementing economic reforms or securing congressional support for fiscal measures. Potential for policy reversals or gridlock. Central bank may face pressure regarding monetary policy independence. Successor administration could reverse current economic policies, creating transition uncertainty.