En medio del caos que siguió al terremoto de magnitud 7.4 que sacudió Colombia el 10 de agosto de 2026, el periodista Rafael Poveda recibió en Cali una advertencia que lo obligó a interrumpir su transmisión en directo: había una fuga de gas, y su celular podía convertirse en la chispa de una tragedia mayor. El gesto, pequeño en apariencia, revela una verdad más profunda sobre los desastres naturales: los peligros más letales no siempre son los que se ven a simple vista. La obediencia inmediata de Poveda ante el protocolo de seguridad se convierte así en un recordatorio de que, en ciertos momen
Periodista recibe advertencia por usar celular en zona con fuga de gas tras terremoto en Cali
El teléfono celular dejó de ser herramienta de comunicación para convertirse en un riesgo
¿Por qué un celular representa un riesgo real en una fuga de gas? Parece algo que la gente no se imaginaría.
Porque el teléfono puede generar una descarga eléctrica muy pequeña, pero suficiente. Cuando el gas se acumula en cierta concentración, cualquier chispa se convierte en una fuente de ignición. No es que el celular explote por sí solo, sino que actúa como el detonador.
¿Y por qué Poveda obedeció tan rápidamente? ¿No tenía presión de seguir transmitiendo?
Probablemente sí. Pero cuando alguien de los organismos de socorro te dice que apagues el celular porque hay una fuga de gas, entiendes que no es una sugerencia. Es una cuestión de vida o muerte para las personas que están removiendo escombros a tu alrededor.
¿Esto es algo que sucede frecuentemente en terremotos, o fue una situación particular de Cali?
Las fugas de gas después de terremotos son comunes cuando se dañan las tuberías. Lo que fue particular fue que un periodista estuviera transmitiendo en directo cuando sucedió, lo que permitió que la gente viera cómo funcionan realmente estos protocolos.
¿Qué hubiera pasado si Poveda no hubiera apagado el celular?
No lo sabemos con certeza. Depende de muchos factores: cuánto gas había acumulado, a qué distancia estaba, si su teléfono generaba una descarga en ese momento. Pero el riesgo era real, y por eso la advertencia fue tan directa.
¿Esto cambia cómo deberían prepararse los periodistas para cubrir desastres naturales?
Debería. Los periodistas necesitan entender que en ciertas emergencias, sus herramientas habituales se convierten en peligros. La comunicación es importante, pero no más que la seguridad de quienes están en el terreno.
The Pulse
- Un sismo de 7.4 derrumbó edificios en Cali y dejó a equipos de rescate buscando sobrevivientes entre escombros mientras el peligro seguía activo bajo tierra.
- Una fuga de gas detectada en la zona convirtió cada dispositivo electrónico presente en una amenaza potencial de explosión, añadiendo una capa invisible de riesgo a la emergencia.
- Una trabajadora de los organismos de socorro interrumpió la transmisión en vivo de Poveda con una orden directa: apagar el celular de inmediato y retirarse del área.
- El periodista obedeció sin dudar, explicó la situación a su audiencia y continuó reportando desde una distancia segura, demostrando que el protocolo y el periodismo pueden coexistir.
- El incidente expone una brecha en la preparación colectiva: en zonas de desastre con fuga de gas, periodistas, voluntarios y rescatistas deben conocer de antemano las restricciones sobre dispositivos electrónicos.
En medio del caos que siguió al terremoto de magnitud 7.4 que sacudió Colombia el 10 de agosto de 2026, el periodista Rafael Poveda recibió en Cali una advertencia que lo obligó a interrumpir su transmisión en directo: había una fuga de gas, y su celular podía convertirse en la chispa de una tragedia mayor. El gesto, pequeño en apariencia, revela una verdad más profunda sobre los desastres naturales: los peligros más letales no siempre son los que se ven a simple vista. La obediencia inmediata de Poveda ante el protocolo de seguridad se convierte así en un recordatorio de que, en ciertos momentos, callar y alejarse es el acto más responsable que un ser humano puede realizar.
El lunes 10 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7.4 sacudió Colombia y dejó edificios colapsados en Cali. En medio de las operaciones de rescate, el periodista Rafael Poveda transmitía en directo desde la zona cuando una integrante de los organismos de socorro se acercó con una advertencia urgente: había una fuga de gas y debía apagar su celular de inmediato. Sin cuestionamientos, Poveda interrumpió su transmisión, explicó a su audiencia lo que ocurría y se alejó a una distancia segura para continuar reportando desde allí.
La advertencia tenía fundamento técnico preciso. Según explicó la empresa energética Naturgy, en presencia de gas acumulado cualquier fuente capaz de generar una descarga eléctrica —incluyendo un teléfono celular— puede actuar como catalizador de una explosión. El riesgo no es automático ni constante, sino que depende de la concentración del gas, la proximidad del dispositivo y las condiciones del entorno. Pero cuando las autoridades detectan una fuga, ese cálculo de probabilidades cambia radicalmente y justifica medidas preventivas inmediatas.
Lo ocurrido en Cali trasciende la anécdota periodística. Ilustra un protocolo que debería ser estándar en cualquier operación de rescate con riesgo de fuga de gas: comunicar las restricciones a todos los presentes, incluidos periodistas y voluntarios, y exigir que los dispositivos de comunicación sean apagados o retirados. La respuesta de Poveda —rápida, sin resistencia y transparente con su audiencia— ofrece un modelo de conducta para futuras emergencias donde la seguridad colectiva exige, paradójicamente, desconectarse.
El lunes 10 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7.4 sacudió Colombia. En Cali, mientras los equipos de rescate trabajaban entre los escombros de un edificio colapsado, el periodista Rafael Poveda transmitía en directo desde la zona. Lo que comenzó como una cobertura de emergencia rutinaria se convirtió en una lección sobre los peligros invisibles que acompañan a los desastres naturales.
Mientras decenas de personas removían escombros y buscaban señales de vida bajo las ruinas, una mujer que formaba parte de los organismos de socorro se acercó a Poveda con una advertencia urgente. Le pidió que apagara su teléfono celular. La razón era clara y preocupante: había una fuga de gas en la zona. Poveda, sin cuestionamientos, interrumpió su transmisión, apagó el dispositivo y se alejó del área afectada. Durante la cobertura, explicó a la audiencia lo que estaba sucediendo: "Nos han pedido que apaguemos los celulares. Vamos a estar un poquito más lejanos, pero lo vamos a hacer". Continuó reportando desde una distancia segura mientras los rescatistas proseguían con su trabajo.
La advertencia no era arbitraria. Una fuga de gas en un espacio cerrado o semicerrado crea una condición extremadamente peligrosa cuando existe cualquier fuente capaz de generar una chispa o descarga eléctrica. El grupo energético multinacional Naturgy explicó que en estas situaciones, acciones que normalmente parecen inofensivas pueden convertirse en catalizadores de una explosión. El teléfono celular, aparato cotidiano de comunicación, entra en esa categoría de riesgo. La empresa señaló específicamente que el peligro radica en la posibilidad de que el dispositivo genere una descarga eléctrica. Cuando el gas se acumula en una concentración suficiente, incluso una pequeña chispa puede desencadenar un incendio o una explosión devastadora.
Esto no significa que cada vez que exista una fuga de gas, un celular cause automáticamente una explosión. El riesgo depende de varios factores: la concentración del gas acumulado, la proximidad del dispositivo a la zona de mayor concentración, y la capacidad del teléfono de generar una descarga en ese momento específico. Sin embargo, cuando las autoridades de emergencia detectan una fuga, el cálculo cambia. La posibilidad de una catástrofe se vuelve lo suficientemente real como para justificar medidas preventivas inmediatas.
Lo que sucedió en Cali durante la cobertura del terremoto ilustra un protocolo que debería ser estándar en cualquier operación de rescate donde exista riesgo de fuga de gas. Los organismos encargados de controlar la emergencia tienen la responsabilidad de comunicar estas restricciones a todos los presentes en la zona, incluyendo a periodistas, voluntarios y trabajadores de emergencia. El teléfono celular, herramienta de comunicación esencial en tiempos normales, debe ser retirado o desactivado cuando el entorno lo exige. Poveda comprendió esto inmediatamente y actuó sin demora.
La situación en Cali dejó una lección que trasciende ese evento específico. En futuras emergencias donde se detecten fugas de gas, las personas presentes en el área afectada deben estar preparadas para seguir instrucciones que pueden parecer contradictorias con la urgencia del momento: apagar los dispositivos de comunicación, alejarse de la zona, esperar a que los expertos controlen la situación. La seguridad de quienes trabajan en el rescate y de los posibles sobrevivientes bajo los escombros depende de que todos en el lugar comprendan y respeten estos protocolos, por incómodos que sean.
Notable Quotes
Necesitamos que apaguen los celulares porque hay una fuga de gas— Mujer de los organismos de socorro a Rafael Poveda
Ante una emergencia, ciertas acciones pueden aumentar de forma inmediata el riesgo de incendio o explosión— Grupo energético Naturgy