Paz destaca avances en diálogos pero persisten bloqueos en zonas afines a Morales

Al menos 16 fallecidos, incluidas 13 personas que no recibieron atención médica oportuna por bloqueos de carreteras.
Trece personas no pudieron recibir atención médica porque los bloqueos las dejaron aisladas
El costo humano del conflicto en Bolivia ha alcanzado dieciséis muertes, muchas prevenibles si las carreteras estuvieran abiertas.
Mark

¿Por qué Paz celebra victorias parciales cuando los bloqueos siguen siendo masivos?

Mimi

Porque necesita mostrar movimiento, algún signo de que su estrategia de diálogo funciona. Pero es un acto de prestidigitación política: gana en el sur, pierde en el centro. El número total de cortes sigue siendo catastrófico.

Mark

¿Qué explica que Morales y sus sectores refuercen justo cuando otros negocian?

Mimi

Son dos coaliciones distintas con objetivos distintos. Los sindicatos fabriles tienen demandas económicas concretas. Los productores de coca tienen una agenda política más profunda: recuperar poder. Negociar con uno no desactiva al otro.

Mark

¿Cómo se explica que trece personas murieran por falta de atención médica?

Mimi

Los bloqueos no son abstractos. Cuando cierras una carretera durante semanas, los hospitales no pueden recibir suministros, las ambulancias no pueden circular. La gente muere de cosas que normalmente serían tratables. Es la violencia silenciosa de la parálisis.

Mark

¿Qué significa que la COB convoque una asamblea?

Mimi

Significa que la coalición se está fracturando. Si todos estuvieran unidos, no necesitarían reunirse para decidir qué hacer. Algunos quieren seguir, otros ven que el diálogo abre posibilidades. Paz está ganando tiempo, no ganando la batalla.

Mark

¿Puede esto escalar más?

Mimi

Sí. La amenaza de cortar agua y energía en El Alto y La Paz es una escalada seria. Si eso sucede, el conflicto entra en territorio completamente distinto. Paz necesita que esa asamblea del domingo no vote por intensificar.

  • Con 77 cortes de ruta activos y 30 de ellos concentrados en Cochabamba, Bolivia sigue fragmentada en su geografía más vital, impidiendo el tránsito de este a oeste del país.
  • Trece personas murieron sin poder recibir atención médica de emergencia porque los bloqueos las dejaron aisladas, convirtiendo las rutas cortadas en una sentencia para los más vulnerables.
  • Los productores de coca vinculados a Morales intensificaron sus acciones el mismo día en que Paz celebraba avances, revelando que el conflicto no retrocede uniformemente sino que se desplaza.
  • Paz firmó acuerdos con sindicatos fabriles y recibió señales de centrales obreras departamentales dispuestas a negociar, abriendo una posible fractura en la coalición que lo enfrenta.
  • La COB convocó para el domingo una asamblea nacional de dirigentes en La Paz, un momento que podría definir si el movimiento escala, negocia o se divide ante la presión del diálogo.

Bolivia atraviesa una de sus crisis más prolongadas en años recientes: seis semanas de bloqueos de carreteras convocados por campesinos, sindicatos y sectores afines al expresidente Evo Morales han paralizado el país y exigido la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Mientras Paz celebra acuerdos parciales que liberaron rutas en el sur, la geografía del conflicto se redistribuye hacia el centro y el norte, recordándonos que en las crisis políticas profundas, cada avance en un frente suele revelar la resistencia que persiste en otro. El diálogo ha abierto grietas en la coalición movilizada, pero el costo humano —dieciséis muertos, miles de millones en pérdidas— ya no puede borrarse con ningún acuerdo.

El presidente Rodrigo Paz eligió el sábado las redes sociales para anunciar lo que describió como un quiebre en la parálisis: los bloqueos en Chuquisaca y Potosí habían cedido tras semanas de protestas que exigían su renuncia. Agradeció a esas regiones por su disposición a negociar y habló de cambiar la forma en que Bolivia hace las cosas.

Pero los números contaban una historia más complicada. Ese mismo día, la Administración Boliviana de Carreteras reportó 77 cortes de ruta activos. Treinta de ellos estaban en Cochabamba, donde los productores de coca vinculados al expresidente Evo Morales habían decidido reforzar sus movilizaciones, bloqueando el eje que conecta el este con el oeste del país. Veintiuno más permanecían activos en La Paz, en algunos de los niveles más altos registrados durante el conflicto.

La semana anterior había dejado señales contradictorias. Campesinos aimaras reunidos en un mitin masivo amenazaron con cortar el suministro de energía y agua en El Alto y La Paz. Pero Paz también firmó acuerdos con sindicatos fabriles, y centrales obreras de Cochabamba y Chuquisaca comenzaron a presionar al líder de la COB, Mario Argollo, para que considerara negociar con el gobierno sobre las demandas económicas. La COB convocó para el domingo una asamblea en La Paz con dirigentes de todas las centrales departamentales.

Lo que el presidente omitió en su mensaje fue el costo acumulado: al menos dieciséis muertos, trece de ellos sin acceso a atención médica de emergencia por culpa de los bloqueos, y pérdidas económicas que superan los dos mil quinientos millones de dólares. Paz hablaba de recuperar la tranquilidad y dejar atrás la confrontación. En Cochabamba y en las rutas cortadas, esa confrontación seguía su curso.

El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, se permitió el sábado un momento de optimismo público. En las redes sociales celebró lo que describió como un quiebre en la parálisis que ha asfixiado al país durante seis semanas. Los bloqueos de carreteras en Chuquisaca y Potosí, dos departamentos del sur, habían cedido gracias al diálogo. Paz agradeció explícitamente a esas regiones por su disposición a negociar, por estar dispuestas, como dijo, a cambiar la forma en que Bolivia hace las cosas.

Pero el cuadro que emerge de los números es más complejo que el relato presidencial. Mientras Paz celebraba avances en el sur, otros sectores del país intensificaban sus acciones. Los productores de coca vinculados al expresidente Evo Morales decidieron reforzar los bloqueos precisamente en Cochabamba, la región central, impidiendo el movimiento de este a oeste del país. La Administración Boliviana de Carreteras reportó 77 cortes de ruta activos ese sábado. Treinta de ellos estaban en Cochabamba. Veintiuno más en La Paz. Estas cifras representaban algunos de los niveles más altos registrados durante el conflicto.

La tensión se había acumulado durante semanas. Campesinos y sindicatos, movilizados por la Central Obrera Boliviana y la Federación de Campesinos Tupac Katari, exigían la renuncia de Paz. El viernes anterior, un mitin masivo de campesinos aimaras había decidido escalar. No solo mantendrían los bloqueos en la ruta hacia Perú, sino que amenazaban con cortar el suministro de energía y agua en El Alto y La Paz, ciudades que ya soportaban las consecuencias más severas de las interrupciones de tránsito.

Paz había firmado acuerdos el viernes con sindicatos de trabajadores fabriles, un movimiento que parecía abrir una grieta en la coalición de sectores movilizados. Las centrales obreras departamentales de Cochabamba y Chuquisaca habían comenzado a pedir al líder de la COB, Mario Argollo, que considerara negociar con el presidente sobre las demandas económicas. La COB convocó para el domingo una asamblea en La Paz con dirigentes de todas las centrales departamentales para evaluar cómo proceder.

Lo que el presidente no mencionó en su mensaje de reconciliación fue el costo humano acumulado. Al menos dieciséis personas habían muerto durante el conflicto. Trece de ellas no pudieron recibir atención médica de emergencia porque los bloqueos de carreteras las dejaron aisladas. Las pérdidas económicas alcanzaban los dos mil quinientos millones de dólares. Paz hablaba de recuperar la normalidad y devolver tranquilidad a las familias, de dejar atrás el viejo orden de confrontación y conspiración. Pero en Cochabamba, en La Paz, en las rutas cortadas, la confrontación seguía intensificándose. El diálogo había funcionado en algunos lugares. En otros, apenas había comenzado.

Por medio del diálogo, los puntos de bloqueo desaparecen
— Rodrigo Paz, presidente de Bolivia
Dejemos atrás el viejo orden de la confrontación y la conspiración, y avancemos hacia un nuevo orden basado en la reconciliación
— Rodrigo Paz
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