Patatas más pequeñas y caras: el clima extremo golpea la producción española

Con esta patata tenemos que tirar hasta finales de abril
El presidente del comité de patata de Fepex resume la presión de conservar una cosecha reducida hasta la próxima primavera.
Mark

¿Por qué importa tanto que la patata sea más cara? Es solo un tubérculo.

Mimi

Porque es uno de los alimentos básicos más baratos que hay. Millones de familias dependen de ella para comer. Cuando sube un 41 por ciento en tres años, eso golpea directamente el presupuesto de la gente.

Luke

Pero espera. El artículo dice que España importa el 70 por ciento de lo que consume. Entonces, ¿el precio que pagamos aquí no depende más de lo que pase en Francia que de lo que pase en nuestros campos?

Mimi

Sí, pero eso es exactamente el problema. Si Francia también tiene menos producción por el clima, no hay de dónde traer patatas baratas. Estamos todos en el mismo barco.

Mark

¿Y por qué no simplemente importar de otros países más lejanos?

Luke

Ahí está la cosa. Las normas fitosanitarias lo impiden. Dicen que es por proteger contra plagas, pero eso significa que cuando hay escasez en Europa, no hay alternativa.

Mimi

Es una decisión de seguridad. Una plaga como la podredumbre parda podría destruir toda la producción europea si entra. Pero sí, tiene un costo: menos flexibilidad cuando hay crisis.

Mark

Entonces, ¿qué pasa en abril cuando se acabe esta cosecha?

Luke

Eso es lo que nadie sabe. Sáenz de Cámara dice que tienen que "tirar hasta finales de abril", pero no dice a qué precio. Podría haber patatas, pero podrían ser muy caras.

Mimi

O podría no haber. Si la conservación falla, si hay pérdidas en el almacenamiento, la situación se complica más.

Mark

¿Esto es un problema solo de este año o es algo que va a seguir?

Luke

El ministerio dice que ya no deben esperarse "campañas normales". Eso sugiere que esto es el nuevo patrón. Pero el artículo no especifica si es por cambio climático permanente o solo volatilidad temporal.

Mimi

Lo que está claro es que la superficie de cultivo en España se ha reducido a una quinta parte desde 1990. Aunque recuperemos algo de terreno, no es suficiente para ser autosuficientes.

  • Los precios de la patata han subido un 41% desde 2022 y un 58% desde 2018, convirtiendo un alimento básico en uno de los principales motores del encarecimiento de la cesta de la compra.
  • Las lluvias extremas del invierno y las sucesivas olas de calor del verano redujeron la cosecha entre un 8 y un 10%, con caídas de hasta el 15% en las regiones del norte donde las noches ya no son suficientemente frías para que el tubérculo se forme.
  • España importa el 70% de las patatas que consume, principalmente de Francia, pero toda Europa sufre la misma presión climática, cerrando la puerta a soluciones regionales rápidas.
  • Las estrictas normas fitosanitarias impiden importar del hemisferio sur o de terceros países, lo que obliga al sector a conservar la cosecha actual hasta abril sin válvula de escape.
  • El primer simposio internacional de la patata celebrado en Madrid esta semana dejó un mensaje claro desde el Ministerio de Agricultura: las 'campañas normales' son ya cosa del pasado, y la volatilidad extrema de precios es la nueva regla.

Durante décadas, la patata española ha sostenido silenciosamente la mesa de millones de hogares; hoy, el clima y el abandono del campo la convierten en un bien escaso. Este año, entre lluvias invernales que retrasaron la siembra y olas de calor que impidieron que los tubérculos crecieran en las noches frías del norte, la cosecha cae entre un 8 y un 10 por ciento, y los precios acumulan ya un alza del 41 por ciento desde 2022. En un mercado sin regulación europea y con fronteras fitosanitarias que impiden importar libremente, España deberá estirar esta cosecha hasta abril, navegando una incertidumbre que el propio sector ya reconoce como la nueva normalidad.

La patata española lleva tres años encareciéndose sin pausa. Desde 2022, su precio ha subido un 41 por ciento; desde 2018, un 58 por ciento. La cosecha que termina ahora ha caído entre un 8 y un 10 por ciento respecto a lo previsto, según Fepex, y los tubérculos que llegan al mercado son más pequeños. Los precios seguirán subiendo.

Esta caída es el último capítulo de un declive más largo. En 1990, España cultivaba patatas en más de 271.000 hectáreas; en 2023, apenas en 59.000. Aunque la superficie se recuperó ligeramente en 2025 hasta las 66.660 hectáreas, más tierra no se tradujo en más producción. El clima se encargó de frustrar esa esperanza.

El invierno fue más lluvioso de lo normal, retrasando la siembra en Andalucía y dañando la cosecha temprana. Luego llegaron las olas de calor del verano. Alfonso Sáenz de Cámara, presidente del comité de patata de Fepex, lo explica con precisión: las patatas necesitan noches frías para formar el tubérculo, y sin ese descanso nocturno, no crecen. En el norte, la caída de producción ronda el 15 por ciento.

La patata es un alimento estratégico, pero no está regulada por la Política Agrícola Común europea, lo que significa que sus precios responden directamente a la oferta y la demanda. España, deficitaria desde hace años, importa cerca del 70 por ciento de las patatas que consume, principalmente de Francia. Pero toda Europa enfrenta el mismo problema climático, y no hay excedentes regionales que compensen la escasez.

Tampoco es posible recurrir al hemisferio sur. Las normas fitosanitarias son severas: plagas como la podredumbre parda o el escarabajo de la patata podrían ser devastadoras si llegaran a Europa, y solo se permiten importaciones puntuales de países como Egipto e Israel. El sector sabe que debe estirar la cosecha actual hasta abril, cuando llegue la siguiente. A qué precio, es la pregunta que nadie puede responder todavía.

La patata española está encarecida y escasa. Desde hace tres años, el precio ha subido un 41 por ciento. Desde 2018, ha subido un 58 por ciento. Este año, la cosecha que termina ahora mismo ha caído entre un 8 y un 10 por ciento respecto a lo previsto, según Fepex, la federación que agrupa a los productores. Los tubérculos que llegan al mercado son más pequeños. Los precios seguirán subiendo.

Esta caída de producción es solo el último capítulo de una historia más larga de declive. En 1990, España cultivaba patatas en 271.281 hectáreas. Para 2023, esa cifra se había desplomado a 59.219 hectáreas, una reducción de cinco veces. Otros cultivos, como la remolacha, ocuparon ese terreno. En 2025, la superficie se recuperó ligeramente hasta 66.660 hectáreas, gracias principalmente al cultivo de patata de verdete, una variedad de invierno tradicional del sur que los agricultores usan como segundo cultivo después de la cosecha estival. Pero más tierra no significó más patatas. La producción en 2023 fue de 1,92 millones de toneladas y en 2025 apenas llegó a 1,94 millones. Este año caerá más.

El culpable es el clima. El invierno fue más lluvioso de lo normal. Las lluvias en Andalucía retrasaron la siembra y dañaron la cosecha temprana de patata. Luego vinieron las olas de calor del verano, una tras otra. Alfonso Sáenz de Cámara, presidente del comité de patata de Fepex y productor él mismo, explica que el calor ha reducido drásticamente la producción en las regiones del norte. "Las patatas necesitan descanso por la noche para formar el tubérculo," dice. Sin esas noches frías, no crecen. En el norte, la caída de producción ronda el 15 por ciento. Murcia ha salido mejor parada, pero también ha sufrido.

La patata es un alimento estratégico para la seguridad alimentaria española, pero no está regulada por la Política Agrícola Común de la Unión Europea, a diferencia de otros cultivos. Eso significa que sus precios responden directamente a la oferta y la demanda. Junto con los huevos y las legumbres, la patata es uno de los productos básicos que más está tirando hacia arriba del precio total de la cesta de la compra. Ha subido un 41 por ciento desde 2022 y un 58 por ciento desde 2018.

España no puede resolver este problema importando. El país es deficitario desde hace años e importa cerca del 70 por ciento de las patatas que consume, principalmente de Francia. Pero toda Europa enfrenta el mismo problema. La producción comunitaria ronda 55,6 millones de toneladas, pero sequías en buena parte del continente, junto con los precios altos de los fertilizantes y la energía, han golpeado a todos los productores. Esta semana se celebró en Madrid el primer simposio internacional de la patata, donde el sector compartió sus preocupaciones. Alejandro Lorca, subdirector general de Frutas, Hortalizas y Vitivinicultura del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, advirtió que ya no deben esperarse "campañas normales" de recogida. El año pasado hubo exceso de producción y los precios cayeron. Este año hay escasez y los precios suben. La volatilidad es ahora la norma.

Hay un problema adicional que hace todo esto más complicado. Las patatas no pueden importarse fácilmente desde el hemisferio sur ni desde terceros países fuera de Europa. Las normas fitosanitarias son severas porque la patata es mercancía de alto riesgo. Plagas como la podredumbre parda o el escarabajo de la patata, si llegaran a Europa, podrían ser devastadoras. Solo se permiten importaciones puntuales de países como Egipto e Israel, con protocolos de inspección rigurosos. El hemisferio sur está prácticamente cerrado.

Esto significa que España y Europa deben conservar la cosecha de este año hasta abril, cuando llegue la siguiente. Sáenz de Cámara es claro: "Con esta patata tenemos que tirar hasta finales de abril." A qué precio, es la pregunta que nadie puede responder todavía. La producción es menor, la demanda seguirá siendo la misma, y no hay válvula de escape mediante importaciones. Los próximos meses dirán si la patata española se convierte en un lujo.

La climatología ha sido muy rara y muy adversa todo el año. Las lluvias en Andalucía retrasaron la siembra y eso ya condicionó la cosecha andaluza de patata temprana
— Alfonso Sáenz de Cámara, presidente del comité de patata de Fepex
Ya no se esperan campañas normales de recogida de patata
— Alejandro Lorca, subdirector general de Frutas, Hortalizas y Vitivinicultura del MAPA
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