Pandemia elevó violencia escolar: casi 2 mil casos reportados desde retorno a clases

Menores han sufrido agresiones físicas graves incluyendo golpizas, cortes de cabello y pérdida de conciencia; casos documentados de discriminación sistemática y amenazas que afectan autoestima e incrementan riesgo de suicidio.
Los estudiantes salieron con frustración y emociones negativas contenidas
El psiquiatra Carlos Bromley explica el aumento de violencia escolar tras el confinamiento por pandemia.
Mark

¿Por qué la pandemia específicamente causó este aumento? ¿No es normal que haya violencia en las escuelas?

Mimi

Bromley lo explica así: los estudiantes pasaron meses en casa, muchos en hogares donde la violencia doméstica aumentó, con miedo constante a que alguien muriera de COVID. Cuando regresaron, toda esa frustración y esas emociones negativas que guardaron salieron de golpe.

Luke

Pero eso es la teoría de un psiquiatra. ¿Tenemos datos que comparen la violencia escolar antes y después de la pandemia? El artículo dice que las cifras de este año superan años anteriores, pero no da números específicos de 2019 o 2020.

Mark

Los casos que describe son muy graves. ¿Qué tan comunes son las agresiones físicas que dejan a alguien inconsciente?

Mimi

De los 1.922 casos reportados este año, 869 son agresiones físicas. El caso de Huanchaco donde la niña quedó inconsciente es uno de los más extremos documentados, pero muestra que la violencia no es solo empujones o insultos.

Luke

Aquí hay un problema: no sabemos si esos 869 casos de agresión física incluyen desde un empujón hasta golpizas que dejan inconsciente. La categoría es demasiado amplia. Y tampoco sabemos cuántos de esos casos resultaron en lesiones graves.

Mark

¿El Ministerio de Educación está haciendo algo?

Mimi

No. El artículo es claro: no se ha pronunciado de manera enfática. Bromley está pidiendo que actúen, que implementen programas conjuntos con Salud, que pongan psicólogos en las escuelas.

Luke

Eso es lo que pide Bromley. Pero no sabemos si el Minedu tiene un plan, si está considerando estas medidas, o si simplemente está ignorando el problema. El silencio del ministerio es un hecho; lo que significa es otra cosa.

Mark

¿Hay algo que indique que esto va a mejorar?

Mimi

Bromley es claro sobre lo que se necesita: cumplir la ley antibullying que ya existe, psicólogos en las escuelas, vigilancia. Pero eso depende de que el Minedu y Salud actúen.

Luke

Y ahí está el vacío. El artículo documenta el problema y propone soluciones, pero no hay confirmación de que alguien en el gobierno esté moviendo estos cambios. Es un diagnóstico sin tratamiento confirmado.

  • Desde el retorno a clases presenciales, los colegios peruanos registran 1.922 casos de violencia —física, psicológica y sexual— en una escalada que supera con creces los años anteriores.
  • En Huanchaco, una niña de doce años fue golpeada y rapada por sus compañeros dentro de su propia escuela, perdiendo el conocimiento; en San Miguel, otra estudiante soportó un año de amenazas y discriminación racial mientras el colegio miraba hacia otro lado.
  • El psiquiatra Carlos Bromley advierte que estos estallidos son la válvula de escape de emociones reprimidas durante la pandemia, agravadas por el aumento de violencia doméstica en los hogares durante el confinamiento.
  • El riesgo no se detiene en los golpes: la erosión sistemática de la autoestima de las víctimas eleva el peligro de suicidio, convirtiendo el bullying en una amenaza que puede ser letal.
  • El Ministerio de Educación guarda silencio institucional mientras expertos exigen un programa conjunto con el Ministerio de Salud, psicólogos en cada colegio y el cumplimiento efectivo de la ley antibullying ya existente.

Cuando las puertas de los colegios peruanos volvieron a abrirse tras meses de confinamiento, no solo regresaron los estudiantes: regresaron también el miedo acumulado, la frustración silenciada y las heridas invisibles que la pandemia dejó en los hogares. Con casi dos mil casos de violencia escolar documentados en lo que va del año, Perú enfrenta una crisis que no nació en las aulas, sino en el encierro prolongado y en la violencia doméstica que muchos niños vivieron puertas adentro. Lo que hoy se expresa como agresión entre pares es, en el fondo, el eco de un trauma colectivo que la sociedad aún no ha sabido cómo contener.

Casi dos mil casos de violencia escolar han sido reportados en Perú desde el regreso a las aulas presenciales. Los incidentes —869 agresiones físicas, 674 casos de violencia psicológica y 379 de naturaleza sexual— se han concentrado en Lima, Piura y Trujillo, y superan ampliamente lo registrado en años anteriores.

El psiquiatra Carlos Bromley sitúa el origen del fenómeno en el confinamiento mismo: los estudiantes volvieron a los colegios cargando una frustración contenida, emociones no procesadas y, en muchos casos, el peso de haber vivido mayor violencia doméstica durante la pandemia. El miedo constante a perder a un ser querido por COVID-19 dejó cicatrices que ahora encuentran salida en los espacios escolares.

Los casos concretos ilustran la gravedad del problema. En Huanchaco, Trujillo, un grupo de escolares golpeó y cortó el cabello a una niña de doce años dentro de su institución educativa, dejándola inconsciente. En San Miguel, una estudiante de primer año de secundaria soportó un año de insultos y amenazas motivados por el color de su cabello, con una apuesta de dinero de por medio entre sus agresores; solo la intervención de la Demuna logró que el colegio revisara sus protocolos. En Surco, la madre de un menor agredido presentó una queja formal respaldada por video, pero las autoridades del colegio postergaron cualquier acción, obligándola a recurrir a la comisaría.

Bromley subraya que las señales de alerta —rechazo a ir al colegio, aislamiento, irritabilidad— no deben ignorarse, pues la violencia sostenida erosiona la autoestima y puede derivar en suicidio. Ante la ausencia de pronunciamientos firmes del Ministerio de Educación, el especialista propone un programa conjunto con el Ministerio de Salud que incluya dos horas semanales de diálogo sobre violencia, la presencia obligatoria de psicólogos en los colegios y el cumplimiento real de la ley antibullying vigente. Sin estas medidas, advierte, la violencia que emergió del encierro seguirá encontrando expresión en las aulas.

Casi dos mil casos de violencia escolar han sido reportados en Perú desde que los estudiantes regresaron a las aulas presenciales. Solo en junio, las agresiones se han registrado en Lima, Piura y Trujillo, marcando un patrón que expertos vinculan directamente con los efectos psicológicos del confinamiento prolongado.

En lo que va del año, los colegios públicos y privados han documentado 1.922 incidentes de violencia. De estos, 869 corresponden a agresiones físicas, 674 a violencia psicológica y 379 de naturaleza sexual. Las cifras superan significativamente lo registrado en años anteriores, señalando un cambio abrupto en el comportamiento de los menores tras meses de aislamiento.

El psiquiatra Carlos Bromley ofrece una explicación que va más allá de los números. Según su análisis, los estudiantes han regresado a las escuelas cargando una frustración acumulada y emociones negativas que permanecieron contenidas durante la pandemia. El confinamiento no solo interrumpió la educación presencial; en muchos hogares intensificó la violencia doméstica, y el miedo constante a perder a alguien cercano por COVID-19 dejó cicatrices emocionales profundas en los menores. Estos factores combinados crean un ambiente donde la agresión encuentra salida en los espacios escolares.

Los casos específicos revelan la brutalidad de lo que ocurre dentro de las aulas. En San Miguel, una estudiante de primer año de secundaria del colegio Virgen del Carmen fue agredida por compañeros que habían hecho una apuesta de veinte a treinta soles para insultarla por el color de su cabello. Su madre reportó que las amenazas y la discriminación no eran nuevas; llevaban un año ocurriendo. La Demuna de San Miguel tuvo que intervenir para verificar los protocolos de protección del colegio. En Trujillo, un grupo de escolares golpeó y cortó el cabello a una niña de doce años dentro de una institución educativa en Huanchaco, dejándola inconsciente como resultado de la violencia. En Surco, adolescentes de quinto de secundaria agredieron a un menor de doce años en el colegio Jorge Chávez. A pesar de que existía video de lo ocurrido y la madre presentó una queja formal, las autoridades del colegio no actuaron de inmediato, ofreciendo solo una conversación para el lunes siguiente. La madre terminó denunciando el caso en la comisaría del distrito.

Bromley advierte sobre las señales que indican que un escolar está siendo víctima de bullying: negarse a asistir al colegio, aislamiento, irritabilidad constante. Estos actos violentos erosionan la autoestima del menor y, en casos extremos, pueden llevar al suicidio. La advertencia no es abstracta; es una evaluación clínica de dónde puede conducir la violencia escolar sin intervención.

A pesar de la magnitud del problema, el Ministerio de Educación no ha emitido pronunciamientos enfáticos para combatir el fenómeno. Bromley propone un programa conjunto entre los ministerios de Salud y Educación, con dos horas semanales dedicadas a conversaciones sobre violencia con los estudiantes. Además, insiste en la necesidad de cumplir la ley antibullying existente, lo que requiere la presencia de psicólogos dentro de los colegios para implementar acciones de intervención y vigilancia constante en los espacios escolares. Sin estas medidas, la violencia que emergió del confinamiento seguirá encontrando expresión en las aulas.

Los escolares han salido de sus hogares con mucha frustración, con muchas emociones negativas contenidas, agravado por el incremento de violencia doméstica en muchos hogares
— Psiquiatra Carlos Bromley
Si se niegan a asistir al colegio, paran aislados o molestos, estos actos violentos afectan la autoestima del menor e incluso podrían provocar el suicidio
— Psiquiatra Carlos Bromley
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