Pacientes con VIH denuncian desabastecimiento crítico de medicamentos en Perú

Pacientes con VIH abandonan tratamientos por desabastecimiento, exponiendo sus vidas a riesgo de muerte y deterioro de salud; grupos vulnerables como HSH, población trans y comunidades nativas son los más afectados.
Me están dando un medicamento que va a vencer
Luz describe el momento en que recibió medicinas próximas a su fecha de expiración en el hospital Arzobispo Loayza.
Mark

¿Por qué un cambio de medicamento es tan peligroso si al final todos tratan lo mismo?

Mimi

Porque el cuerpo se adapta a cada esquema específico. Cuando cambias, no solo cambias la medicina, cambias cómo tu sistema inmunológico responde. Luz pasó catorce años con un esquema y perdió masa muscular. Cuando lo cambiaron, desarrolló osteoporosis. Cada cambio es un experimento con tu propio cuerpo.

Mark

¿Y si simplemente dejan de tomar el medicamento por un tiempo? ¿Qué pasa?

Mimi

El virus se reactiva. Tus defensas caen. Eres vulnerable a infecciones que una persona sana combatiría sin problema. Es la diferencia entre estar controlado y estar en riesgo de muerte.

Mark

¿Por qué es tan difícil entregar medicamentos en la selva?

Mimi

No es solo la distancia. Es que los medicamentos llegan por carretera desde Lima, y hay retrasos constantes. Para lugares como Purús o Atalaya solo se puede ir en avión. Mientras esperas, la gente se va al monte para no ser discriminada y simplemente deja de tomar la medicina.

Mark

¿El Ministerio de Salud realmente no sabe que esto está pasando?

Mimi

Lo sabe. Hay una orden judicial. Pero niega que incumpla. Lo que pasó es que el sistema se debilitó: los profesionales que sabían cómo funciona el abastecimiento fueron desplazados, y quedó gente sin la capacidad técnica para resolver esto.

Mark

¿Quién sufre más?

Mimi

Los que ya están marginados. Hombres que tienen sexo con hombres, personas trans, comunidades indígenas. Son los grupos donde el VIH sigue activo. Y son también los que menos recursos tienen para comprar medicinas por su cuenta si el Estado falla.

  • Pacientes como Luz reciben medicamentos a punto de vencer y se ven forzados a cambiar esquemas que desencadenan efectos secundarios graves como osteoporosis, artrosis y riesgo de diabetes.
  • En Amazonas se prescribieron 32 millones de unidades de medicamentos, pero solo se entregó el 10%; en Loreto, algunos establecimientos reportan desabastecimiento de hasta el 90%.
  • La organización Givar registró 395 denuncias de desabastecimiento entre 2023 y lo que va de 2025, con una concentración alarmante en regiones amazónicas y establecimientos estatales.
  • Una jueza de la Corte Superior de Lima ordenó al Minsa garantizar el abastecimiento gratuito de Tenofovir, Lamivudina y Dolutegravir, pero el ministerio niega cualquier incumplimiento.
  • Expertos advierten que retirar medicamentos que prolongan la vida equivale a condenar a los pacientes a la muerte y la pobreza, especialmente a los grupos más vulnerables: HSH, población trans y comunidades nativas.

En Perú, miles de personas que viven con VIH enfrentan una crisis silenciosa de desabastecimiento de medicamentos antirretrovirales que las obliga a interrumpir tratamientos, cambiar esquemas con consecuencias graves para su salud, o consumir fármacos próximos a vencer. Una jueza de Lima ordenó al Ministerio de Salud garantizar el suministro gratuito de los medicamentos esenciales, pero el Estado niega el incumplimiento mientras los números y los testimonios cuentan una historia distinta. En las regiones más remotas de la Amazonía, donde la discriminación ya empuja a los pacientes al aislamiento, el abandono del tratamiento no es una elección sino una consecuencia inevitable del olvido institucional.

Luz tiene 56 años y vive con VIH. Cuando fue al hospital Arzobispo Loayza a recoger sus medicamentos, le entregaron un frasco que vencería en cuestión de semanas. La enfermera fue clara: no había otra opción. Luz eligió tomarlo, sabiendo que eso la obligaría a cambiar de esquema en poco tiempo, un proceso que no es simple. Lleva años acumulando las consecuencias de esos cambios: pérdida de masa muscular, osteoporosis, artrosis, y ahora la vigilancia constante de sus niveles de glucosa por antecedentes familiares de diabetes.

En regiones como Ucayali, la situación es aún más grave. Félix, psicólogo y activista de 38 años, describe cómo en el hospital Amazónico de Yarinacocha los medicamentos llegan con retrasos crónicos y el stock de emergencia apenas dura un mes. En zonas como Purús o Atalaya, accesibles solo por avión, muchos pacientes son pescadores o trabajadores del monte que ya viven al margen para evitar la discriminación. Cuando los medicamentos no llegan, simplemente dejan de tomarlos. El propio Félix consume medicinas sobrantes de la pandemia mientras espera el lote del cuarto trimestre.

En septiembre de 2025, la jueza Sara Meza Soria declaró fundada una demanda de cumplimiento y ordenó al Ministerio de Salud garantizar el abastecimiento gratuito de los tres antirretrovirales de primera línea. Susana Chávez, una de las denunciantes, señala que el problema tiene raíces claras: programación de compras deficiente, desinterés institucional y rotación constante en la dirección del Cenares. Los números lo confirman: 179 denuncias de desabastecimiento en 2023, 98 en 2024 y 118 en lo que va de 2025, según la organización Givar.

El Ministerio de Salud negó incumplimiento y destacó que distribuye una nueva formulación de pastilla única. Sin embargo, el exministro Víctor Zamora fue contundente: el problema es estructural, resultado de la descapitalización técnica del sistema y la falta de liderazgo frente a las regiones. La orden judicial existe, pero la pregunta que persiste es si llegará a tiempo a quienes ya están dejando de tomar sus medicinas en los rincones más olvidados del país.

Luz tiene 56 años y vive con VIH. En agosto pasado, cuando fue al hospital Arzobispo Loayza a recoger sus medicamentos, le entregaron un frasco que vencería en cuestión de semanas. La enfermera le explicó sin rodeos: tenía que tomarlo de todas formas, porque no había otra opción. Luz se encontró en una posición imposible: tomar un medicamento que estaba a punto de expirar o quedarse sin tratamiento. Eligió tomarlo, pero eso significó que para mediados de septiembre necesitaría cambiar completamente su esquema de medicinas, un cambio que no es simple ni sin consecuencias.

Este es el problema que enfrentan miles de pacientes con VIH en Perú. El desabastecimiento de medicamentos antirretrovirales se ha convertido en una crisis silenciosa que obliga a los enfermos a tomar decisiones que comprometen su salud. Luz lo sabe bien. Pasó catorce años tomando un esquema que le causó pérdida severa de masa muscular en la cintura para abajo. Cuando finalmente le cambiaron el tratamiento, tres años después desarrolló osteoporosis y artrosis. Ahora, con un nuevo esquema que le funciona mejor, debe vigilar constantemente su alimentación porque el medicamento puede elevar sus niveles de glucosa, algo particularmente delicado en su caso porque tiene antecedentes familiares de diabetes. Cada cambio de esquema es un riesgo nuevo, un efecto secundario impredecible, una batalla adicional contra su propio cuerpo.

En las regiones más alejadas, la situación es aún más desesperada. Félix es un psicólogo y activista de 38 años que vive en Ucayali. En el hospital Amazónico de Yarinacocha, donde atienden a pacientes con VIH, los medicamentos llegan con retrasos crónicos. Las entregas para el cuarto trimestre deberían haber llegado hace semanas, pero los envíos desde Lima se retrasan constantemente. Mientras tanto, el Ministerio de Salud envía un stock de emergencia que apenas dura un mes. Para zonas aún más remotas como Purús o Atalaya, donde solo se puede llegar en avión, la situación es crítica. Muchos de los pacientes son pescadores o trabajan en el monte, lugares donde se retiran precisamente para evitar la discriminación. Cuando los medicamentos no llegan, simplemente dejan de tomar el tratamiento. Félix mismo está esperando el lote del cuarto trimestre mientras consume medicinas que le sobraron de la pandemia.

En septiembre de este año, una jueza de la Corte Superior de Lima, Sara Meza Soria, declaró fundada una demanda de cumplimiento presentada por ciudadanos y ordenó al Ministerio de Salud garantizar el abastecimiento y entrega gratuita de los medicamentos de primera línea: Tenofovir, Lamivudina y Dolutegravir. Susana Chávez, una de las denunciantes, explicó que el problema es recurrente y tiene raíces claras: una programación de compras deficiente, poco interés del Minsa en asegurar recursos, y cambios constantes en la dirección del Cenares, el centro encargado del abastecimiento. Los números son alarmantes. La organización Givar, que vela por los derechos de medicación de pacientes con VIH, registró 179 denuncias de desabastecimiento en 2023, 98 en 2024, y 118 en lo que va de 2025. La mayoría ocurren en establecimientos estatales de Lima, La Libertad y Lambayeque, pero las regiones amazónicas sufren lo peor. En Amazonas, se prescribieron 32 millones de unidades de medicamentos pero solo se entregó el 10 por ciento. En Loreto, 125 establecimientos reportaban desabastecimiento superior al 20 por ciento, y algunos alcanzaban casi el 90 por ciento.

El impacto en los pacientes es inmediato y grave. Cuando alguien no recibe su medicamento en el momento que lo necesita, sus defensas bajan, su capacidad de respuesta inmunológica disminuye, y queda expuesto a infecciones oportunistas. Algunos simplemente abandonan el tratamiento, lo que acelera el deterioro de su salud. Los grupos más vulnerables son hombres que tienen sexo con hombres, la población trans y las comunidades nativas, donde la epidemia permanece activa y concentrada. Víctor Zamora, exministro de Salud, fue directo en su crítica: cuando el Estado retira un medicamento que prolonga la vida, está condenando a las personas a la muerte y a la pobreza, porque muchos no tienen recursos para comprarlo por su cuenta.

El Ministerio de Salud respondió a la demanda negando que incumpla sus obligaciones. Afirmó que ofrece tratamiento gratuito desde 2004 y que ahora distribuye una nueva formulación de una sola pastilla que combina los tres medicamentos principales. Sin embargo, Zamora señaló que el incumplimiento es resultado de la descapitalización técnica del sistema, el desplazamiento de profesionales competentes por personal incapaz, y la falta de liderazgo frente a las regiones. La orden judicial está dada, pero la pregunta que queda en el aire es si el Ministerio realmente la cumplirá, y si lo hace, cuánto tiempo tardará en llegar a las zonas más remotas donde los pacientes ya están dejando de tomar sus medicinas.

Cuando se les retira el medicamento de probada eficacia y que les prolonga la vida a estas personas lo que se les está condenando es a la muerte y a la pobreza
— Víctor Zamora, exministro de Salud
El problema de desabastecimiento es recurrente y tiene que ver con una deficiente programación de compras y con el poco interés que le pone el Minsa con la disponibilidad de recursos
— Susana Chávez, denunciante
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