En los mercados financieros globales, el oro inicia la semana suspendido en una calma engañosa: cotiza en US$ 1,750.51 la onza, pero lo sostiene un equilibrio frágil entre la presión de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense —en su nivel más alto en tres meses— y la fortaleza del dólar. El metal precioso, que no genera intereses, se vuelve menos atractivo cada vez que los activos con rendimiento garantizado ofrecen más. Lo que definirá su rumbo no es lo que ocurre hoy, sino lo que dirán esta semana los funcionarios de la Reserva Federal, con Jerome Powell a la cabeza.
Oro se mantiene estable pero presionado por alza de rendimientos de bonos estadounidenses
El oro parece atrapado en un estancamiento prolongado
¿Por qué el oro está tan atrapado? Parece que debería estar subiendo si hay incertidumbre global.
Porque los bonos del Tesoro ahora ofrecen algo que el oro no puede: intereses. Si puedes ganar dinero seguro en bonos, ¿por qué sostener un metal que no te paga nada?
Pero espera—¿cuán seguros son esos bonos? Si la inflación sigue subiendo, esos rendimientos podrían ser negativos en términos reales.
Ese es exactamente el argumento que los inversores están esperando que Powell aborde esta semana. Si la Fed señala que subirá tasas, el oro cae más. Si dice que esperará, el oro podría recuperarse.
¿Y qué pasa con el dólar fuerte? ¿Eso no debería ayudar a los inversores estadounidenses?
Ayuda a los estadounidenses, pero perjudica la demanda global. El oro se vuelve más caro en euros, libras, pesos. Es un arma de doble filo.
Y luego está Evergrande. Nadie sabe realmente cuáles serán las consecuencias. Eso mantiene a los inversores nerviosos, pero no necesariamente comprando oro.
Entonces, ¿el oro está perdiendo su brújula?
No está perdiendo su brújula. Está esperando que alguien le diga hacia dónde ir. Y ese alguien es Jerome Powell.
Exacto. El mercado está en pausa. Todo depende de lo que diga la Fed esta semana.
El Pulso
- Los rendimientos de los bonos del Tesoro a diez años alcanzan su nivel más alto en casi tres meses, elevando el costo de oportunidad de mantener oro y poniendo al metal en una posición defensiva.
- Un dólar más fuerte encarece el oro para compradores internacionales, erosionando la demanda global y añadiendo otro viento en contra al metal.
- El analista Ross Norman describe al oro como atrapado en un estancamiento prolongado: tiene compradores —incluidos bancos centrales—, pero no los flujos institucionales de calidad que históricamente lo han sostenido.
- La crisis de China Evergrande, que incumplió un pago de bonos la semana anterior, agrega incertidumbre geopolítica y financiera a un mercado ya frágil.
- Los testimonios de Jerome Powell ante el Congreso y los discursos de otros funcionarios de la Fed esta semana serán el factor decisivo: cualquier señal sobre el retiro de estímulos podría romper el equilibrio actual.
En los mercados financieros globales, el oro inicia la semana suspendido en una calma engañosa: cotiza en US$ 1,750.51 la onza, pero lo sostiene un equilibrio frágil entre la presión de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense —en su nivel más alto en tres meses— y la fortaleza del dólar. El metal precioso, que no genera intereses, se vuelve menos atractivo cada vez que los activos con rendimiento garantizado ofrecen más. Lo que definirá su rumbo no es lo que ocurre hoy, sino lo que dirán esta semana los funcionarios de la Reserva Federal, con Jerome Powell a la cabeza.
El oro comenzó la semana con una calma que ocultaba tensión. A las 9:12 GMT, la onza se cotizaba en US$ 1,750.51, casi sin cambios respecto al cierre anterior, mientras los futuros estadounidenses caían apenas un 0.1%. Pero bajo esa superficie quieta, dos fuerzas empujaban en su contra: los rendimientos de los bonos del Tesoro a diez años habían subido a su nivel más alto en casi tres meses, y el dólar se fortalecía con cada transacción.
Esta combinación creaba un entorno hostil. Cuando los bonos ofrecen mayores retornos, los inversores deben elegir entre un metal sin intereses y activos con rendimiento garantizado. Un dólar más fuerte, además, encarece el oro para quienes compran en otras monedas. El analista independiente Ross Norman lo resumió con precisión: el oro parecía sofocado, incapaz de moverse en ninguna dirección.
Lo verdaderamente decisivo, sin embargo, estaba por venir. Los mercados mantenían la vista fija en los discursos de funcionarios de la Reserva Federal durante la semana, con Jerome Powell testificando ante el Congreso sobre la política monetaria post-pandemia. Cada palabra sería escrutinizada en busca de señales sobre el inicio del retiro de estímulos —una decisión que podría reconfigurar el atractivo del metal por completo.
Norman señaló además un problema estructural: aunque las compras de bancos centrales seguían siendo alentadoras, el oro carecía de los flujos institucionales de calidad que lo sostenían en el pasado, especialmente desde América del Norte. A eso se sumaba la incertidumbre generada por la crisis de China Evergrande, que había incumplido un pago de bonos la semana anterior.
Mientras el oro permanecía en suspenso, otros metales mostraban movimientos más decididos: la plata subía un 0.4% a US$ 22.50, el platino ganaba un 0.1% y el paladio sumaba otro 0.4%. Eran ganancias modestas, pero en un mercado donde el oro apenas respiraba, cualquier avance parecía un acto de resistencia.
El oro comenzaba la semana sin movimiento aparente, pero bajo un peso invisible. A las 9:12 de la mañana, hora de Greenwich, la onza se cotizaba en US$ 1,750.51, prácticamente donde había cerrado. Los futuros estadounidenses caían apenas un 0.1%, a US$ 1,750.20. La calma en la superficie, sin embargo, ocultaba una tensión creciente en los mercados: los rendimientos de los bonos del Tesoro a diez años habían subido a su nivel más alto en casi tres meses, y el dólar se fortalecía con cada transacción.
Esta combinación de fuerzas creaba un entorno hostil para el oro. Cuando los bonos estadounidenses ofrecen mayores retornos, los inversores enfrentan una decisión: mantener un metal que no genera intereses, o buscar esos rendimientos garantizados. El costo de oportunidad se vuelve más evidente, más doloroso. Simultáneamente, un dólar más fuerte hace que el oro sea más caro para quienes compran en otras monedas, reduciendo la demanda global. Ross Norman, analista independiente, capturó la sensación del momento: el oro parecía atrapado en un estancamiento prolongado, incapaz de moverse en ninguna dirección, sofocado por esos dos vientos en contra.
Lo que realmente importaba, sin embargo, no estaba sucediendo en los mercados ese lunes. Estaba por venir. Los inversores mantenían la vista fija en los discursos que funcionarios de la Reserva Federal pronunciarían durante la semana, con Jerome Powell, el presidente del banco central, testificando ante el Congreso sobre la respuesta de política monetaria a la pandemia. Cada palabra sería escrutinizada en busca de señales sobre cuándo la Fed comenzaría a reducir sus estímulos económicos. Esa decisión podría reconfigurar todo: si la Fed comienza a subir tasas, el atractivo del oro se desmorona aún más; si espera, el metal podría recuperar terreno.
Norman señaló un problema más profundo. Aunque las compras de bancos centrales seguían siendo "alentadoras" para el mercado del oro, el metal carecía de los flujos institucionales de "calidad" que lo sostenían en el pasado, particularmente de América del Norte. Era como si el oro tuviera compradores, pero no los compradores que importaban. Los inversores también vigilaban de cerca los problemas de China Evergrande, el gigante inmobiliario que había incumplido un plazo de pago de bonos la semana anterior. La incertidumbre geopolítica y financiera global añadía otra capa de complejidad a un mercado ya frágil.
Mientras el oro se mantenía en suspenso, otros metales preciosos mostraban movimientos más decididos. La plata subía un 0.4%, alcanzando US$ 22.50 la onza. El platino ganaba un 0.1%, llegando a US$ 982.82. El paladio sumaba un 0.4%, cerrando en US$ 1,978.93. Eran movimientos modestos, pero en un mercado donde el oro apenas se movía, cualquier ganancia parecía un acto de resistencia. La pregunta que flotaba sobre los mercados era simple pero urgente: ¿cuánto tiempo más podría el oro permanecer en este limbo antes de que los discursos de la Fed rompieran el equilibrio?
Citas Notables
El oro parece estar en un período prolongado de estancamiento y no puede salir en ninguna dirección, con la firmeza de los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años y la fortaleza del dólar actuando como vientos en contra— Ross Norman, analista independiente