Cuando los bancos centrales elevan sus tasas, el dinero busca rendimiento y abandona lo que no lo ofrece. El oro, refugio milenario contra la incertidumbre, cerró enero con su peor mes desde septiembre al cotizarse en US$ 1,788.77 la onza, presionado por la señal inequívoca de la Reserva Federal de subir tasas en marzo. En un mundo que recupera su pulso económico, el metal precioso pierde su razón de ser más inmediata: proteger del miedo.
Oro enfrenta su peor mes desde septiembre por expectativa de alza de tasas de la Fed
El oro no rinde intereses. Cuando suben las tasas, mantenerlo cuesta.
¿Por qué exactamente una subida de tasas de la Fed hace que el oro caiga? Parece contraintuitivo si la inflación sigue siendo un problema.
Porque el oro no paga intereses. Si puedes poner tu dinero en un bono del Tesoro que rinde 2% o 3%, mantener oro que no rinde nada se vuelve menos atractivo. Es un costo de oportunidad puro.
Pero espera. El artículo dice que el oro es una cobertura contra la inflación. Si la inflación sigue alta, ¿no debería subir el oro incluso si suben las tasas?
Eso es lo que pasó a principios de enero. Pero la Fed envió un mensaje más fuerte: que la economía está lo suficientemente fuerte como para que no necesitemos refugio seguro. Eso cambió el cálculo.
¿Y el dólar? ¿Cómo entra en esto?
El oro se cotiza en dólares. Cuando el dólar se fortalece, el oro se vuelve más caro para cualquiera que tenga euros, libras o yenes. Eso reduce la demanda global.
El artículo dice que el índice dólar "caía levemente" pero aún así acumulaba ganancias mensuales. Eso es importante: no es que el dólar esté subiendo fuerte ahora, es que ya subió durante enero.
Exacto. El daño ya está hecho. El mes fue malo para el oro desde el principio.
¿Entonces esto es temporal? ¿Si la economía se desacelera, el oro vuelve a subir?
Posiblemente, pero Menke dice que el escenario base es que la economía sigue recuperándose. Eso significa que el oro podría seguir bajo presión.
Aunque Menke también dice que no ve una "gran tendencia bajista". Así que hay un piso, pero no hay mucho que esperar al alza en el corto plazo.
¿Y los otros metales? ¿Por qué el paladio sube casi 28% en el mes?
El artículo no lo explica. Eso es un agujero en la historia. Pero probablemente tiene que ver con la demanda industrial, no con dinámicas de tasas de interés.
Le Pouls
- El oro acumula una caída de 2.1% en enero, su peor desempeño mensual en cuatro meses, perforando el soporte psicológico de los US$ 1,800 la onza.
- La Fed anuncia alzas de tasas para marzo, fortaleciendo el dólar y encareciendo el oro para inversores que operan con otras divisas.
- El costo de oportunidad golpea al metal: sin rendimiento propio, el oro pierde atractivo frente a activos que sí generan intereses en un entorno de tasas al alza.
- Analistas como Carsten Menke de Julius Baer descartan una caída pronunciada, pero proyectan presión bajista sostenida mientras la economía global siga en modo de recuperación.
- Otros metales preciosos muestran un panorama mixto: el paladio sube casi 28% en el mes, mientras la plata y el platino avanzan modestamente, dejando al oro como el gran rezagado.
Cuando los bancos centrales elevan sus tasas, el dinero busca rendimiento y abandona lo que no lo ofrece. El oro, refugio milenario contra la incertidumbre, cerró enero con su peor mes desde septiembre al cotizarse en US$ 1,788.77 la onza, presionado por la señal inequívoca de la Reserva Federal de subir tasas en marzo. En un mundo que recupera su pulso económico, el metal precioso pierde su razón de ser más inmediata: proteger del miedo.
El oro cerró enero en rojo, acumulando una caída de 2.1% que lo situó en US$ 1,788.77 la onza y marcó su peor mes desde septiembre. La causa era directa: la Reserva Federal había señalado con claridad su intención de elevar las tasas de interés en marzo, apostando por una economía estadounidense lo suficientemente robusta como para soportar el ajuste. Esa señal fortaleció al dólar y encareció el metal para quienes operan con otras monedas, alejando a los inversores.
El problema de fondo es estructural. El oro no genera intereses, y cuando las tasas suben, mantenerlo frente a activos que sí rinden se vuelve una decisión cada vez más costosa. Ricardo Evangelista, de ActivTrades, señaló que la postura de la Fed no tenía comparación con la de otros grandes bancos centrales, y esa dureza relativa respaldaba al dólar mientras se convertía en un obstáculo para el metal precioso.
Enero fue un mes de contrastes. El oro comenzó con impulso positivo alimentado por temores inflacionarios, pero el mensaje de la Fed sobre una economía sólida revirtió la tendencia. Carsten Menke, de Julius Baer, descartó una caída pronunciada, pero mantuvo un escenario bajista moderado: si la recuperación global continúa sin generar necesidad de refugio seguro, los precios deberían seguir cediendo terreno. Los futuros ofrecían un pequeño respiro al subir 0.2%, aunque el horizonte seguía nublado para el metal que históricamente brilla en tiempos de incertidumbre.
El oro cerró enero en territorio negativo, acumulando una caída de 2.1% que marcó su peor mes desde septiembre del año anterior. A primeras horas del lunes 31 de enero, la onza se cotizaba en US$ 1,788.77, apenas un 0.1% por debajo del cierre anterior, pero la trayectoria del mes dejaba poco lugar a dudas: los inversores estaban abandonando el metal precioso.
La razón era directa y mecánica. La Reserva Federal de Estados Unidos había señalado con claridad su intención de elevar las tasas de interés a partir de marzo, asumiendo que la economía estadounidense seguiría creciendo a ritmo saludable a pesar de la variante ómicron del coronavirus. Esa señal había fortalecido al dólar, haciendo que el oro —que se cotiza en dólares en los mercados globales— se volviera más caro para cualquiera que operara con otras monedas. El índice dólar, aunque caía levemente en el día, acumulaba ganancias mensuales que limitaban la demanda por el metal.
Ricardo Evangelista, analista de ActivTrades, lo expresó sin rodeos: la postura de la Fed no tenía comparación con la de otros grandes bancos centrales, y esa dureza relativa ofrecía un respaldo formidable al dólar mientras se convertía en un obstáculo considerable para el oro. El metal enfrentaba un problema de costo de oportunidad. Aunque históricamente se lo considera una cobertura contra la inflación, los lingotes no generan intereses. Cuando las tasas suben, el costo de mantener oro en lugar de activos que sí rinden se vuelve más evidente, y los inversores se retiran.
Janero había sido un mes de giros abruptos. Carsten Menke, analista de Julius Baer, observó que el mes comenzó con un desempeño positivo impulsado por temores inflacionarios, pero la Fed y su mensaje de una economía robusta revirtieron la tendencia. Los precios cayeron por debajo de los US$ 1,800, nivel que había funcionado como soporte psicológico. Menke mantenía un escenario base en el que la economía global seguía en modo de recuperación, lo que significaba que no había argumentos sólidos para una demanda de refugio seguro. Bajo esa lógica, los precios deberían tender hacia abajo, aunque sin caer en una tendencia bajista pronunciada.
Los futuros del oro en Estados Unidos subían un 0.2% a US$ 1,789.60 en la sesión del lunes, ofreciendo un pequeño respiro. Pero el contexto más amplio era claro: mientras la Fed mantuviera su trayectoria de alzas de tasas y la economía global continuara recuperándose sin necesidad de refugio, el oro seguiría enfrentando vientos en contra. Entre otros metales preciosos, el paladio ganaba 1.7% y se encaminaba a un alza mensual de casi 28%, la plata subía 0.4% a US$ 22.50 la onza, y el platino sumaba 0.2% a US$ 1,009.41. Pero el oro, el metal que históricamente captura la atención de los inversores en tiempos de incertidumbre, seguía perdiendo terreno.
Citations marquantes
La postura de la Fed no tiene comparación con la de otros grandes bancos centrales, lo que fortalece al dólar y representa un obstáculo considerable para el oro— Ricardo Evangelista, ActivTrades
La economía global está en modo de recuperación, lo que significa que no hay argumentos sólidos para una demanda de refugio seguro, por lo que los precios deberían moverse hacia abajo— Carsten Menke, Julius Baer