El acuerdo va más allá de Gaza: reconfigura la influencia iraní, debilita a Hamas y reposiciona a las monarquías del Golfo como actores centrales en la región. Netanyahu enfrentó aislamiento sin precedentes tras bombardeos a Qatar y declaraciones extremistas, dando a Trump presión extraordinaria para imponer el plan de paz.
Oriente Medio se reconfigura: las monarquías árabes emergen como grandes ganadoras
Las monarquías supieron aprovechar las debilidades de Israel e Irán
¿Por qué las monarquías del Golfo emergen como ganadoras si el acuerdo es sobre Gaza?
Porque el acuerdo no es realmente sobre Gaza. Es sobre reposicionar el poder regional. Las monarquías logran acercarse a Israel y Estados Unidos sin que sus poblaciones se rebelen, y simultáneamente debilitan a Irán, su rival histórico.
¿Qué pasó con Netanyahu para que perdiera tanto poder de negociación?
Cometió un error estratégico monumental. Bombardeó Qatar, hizo declaraciones extremistas, demolió Gaza sin límite. Eso lo aisló de sus antiguos aliados occidentales, que comenzaron a reconocer a la Autoridad Palestina. Trump encontró en esa debilidad la presión que necesitaba.
¿Hamas simplemente desaparece?
Prácticamente. El acuerdo lo coloca en una posición terminal sin importar qué camino tome. Irán, su principal patrocinador, avaló el acuerdo, lo que significa que reconoce su fracaso. Hamas gobernó mal la Franja desde 2007 y nunca tuvo una salida honorable.
¿Qué significa esto para los palestinos?
El acuerdo cierra la puerta a su expulsión, eso es importante. Pero sesenta y siete mil muertos, veinte mil niños, población desplazada repetidamente en miseria absoluta. El desafío real es generar futuro, no solo paz.
¿Por qué Trump fue clave en esto?
Porque viajó al Golfo en mayo, capturó inversiones, y desde entonces negoció en silencio. Cuando Netanyahu se aisló, Trump tenía la presión perfecta para ordenarle que aceptara. El instructivo era claro: que los árabes se ocupen de Hamas, no Israel.
Der Puls
- Acuerdo negociado desde gira de Trump por Qatar, Emiratos y Arabia Saudita en mayo de 2025
- 67 mil víctimas fatales en dos años de conflicto, aproximadamente 20 mil niños
- Netanyahu enfrentó aislamiento sin precedentes tras bombardeos a Qatar y declaraciones extremistas
- Irán avaló el acuerdo, reconociendo implícitamente su fracaso estratégico
- Acuerdo cierra posibilidad de expulsión de palestinos y fulmina sueño del Gran Israel
El acuerdo va más allá de Gaza: reconfigura la influencia iraní, debilita a Hamas y reposiciona a las monarquías del Golfo como actores centrales en la región. Netanyahu enfrentó aislamiento sin precedentes tras bombardeos a Qatar y declaraciones extremistas, dando a Trump presión extraordinaria para imponer el plan de paz.
Un histórico acuerdo en Gaza transforma la geopolítica regional, debilitando a Irán y Hamas mientras posiciona a potencias árabes como grandes ganadoras, iniciativa negociada desde la gira de Trump por el Golfo en mayo.
La geopolítica de Oriente Medio está siendo reconfigurada por un acuerdo histórico que emerge como ganador principal a las monarquías del Golfo Pérsico. Lo que comenzó como una iniciativa silenciosa durante la gira de Donald Trump por Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita en mayo de este año ha cristalizado en un pacto que va mucho más allá de resolver el conflicto de Gaza. El tamaño de esta transformación radica en que reposiciona actores regionales, debilita la influencia iraní en la zona y prácticamente asegura la desaparición de Hamas como fuerza política.
Este acuerdo representa un punto de quiebre porque los intereses que lo demandan superan ampliamente a quienes querían mantener el status quo del conflicto. Las monarquías árabes, que fueron corresponsables de la propuesta estadounidense, aparecen como las grandes beneficiarias de una arquitectura que les permite acercarse a Israel y Estados Unidos sin provocar rebeliones internas en sus poblaciones. El régimen de Teherán, al avalar el acuerdo, reconoce implícitamente su fracaso estratégico. Hamas, por su parte, se encontraba en un callejón sin salida: tanto la paz como la continuación del combate reservaban el mismo destino terminal para una organización que gobernó mal la Franja desde que arrebató el control a la Autoridad Palestina en 2007.
La presión que permitió llegar a este punto fue extraordinaria. Netanyahu enfrentó un aislamiento sin precedentes tras ordenar bombardeos a Qatar, hacer declaraciones extremistas a través de sus ministros y demoler Gaza de manera inclemente. Esa erosión de su reputación, combinada con el reconocimiento de la Autoridad Palestina por parte de capitales occidentales, creó el punto de presión que Trump necesitaba. El mandatario estadounidense encontró en esa debilidad la palanca para ordenar al líder israelí que aceptara el plan y retirara sus tropas. El instructivo era claro: que los aliados árabes se ocuparan de Hamas, no Israel.
Lo que sorprende es que Netanyahu no advirtió estos abismos en el camino. En su discurso ante la Asamblea de las Naciones Unidas, describió a Israel como una "super Esparta" lista para defenderse sola, combatiendo en Gaza y atacando capitales árabes a voluntad. Esa visión autárquica desnudaba un error trágico, según advertencias de medios como The Economist. El semanario británico señalaba que tal postura podría desvanecerse al protector irremplazable de Israel: Estados Unidos. Para cualquier nación, ningún error estratégico podría ser más peligroso.
El acuerdo también cierra la puerta a cualquier posibilidad de expulsión de palestinos de sus territorios. Fulmina el sueño imperialista del extremismo de la partidocracia israelí que aspiraba a un Gran Israel que se extendiera del Mediterráneo al Jordán. Ese era el objetivo no tan oculto de la guerra. El gabinete israelí votó dividido a favor del acuerdo, pero los ministros que lo rechazaron debieron anunciar que no renunciarían al Ejecutivo, un paso políticamente imposible justo cuando la población espera el regreso de los rehenes y festeja el fin de la guerra. Una virtud del acuerdo es que atrapó a todos los participantes, y esa característica posiblemente asegure su vigencia y avances.
Pero quedan incógnitas profundas. Gideon Levy, columnista de Haaretz, señalaba la importancia de la liberación de los rehenes que aún estarían con vida, pero remarcaba que Israel ha provocado veinte muertos por minuto, en su mayoría civiles no combatientes. Suman sesenta y siete mil las víctimas fatales en dos años de conflicto, de los cuales aproximadamente veinte mil eran niños. La población ha sido desplazada repetidamente, atrapada en miseria absoluta. El desafío ahora es generar perspectiva de futuro para contener los extremismos. Pero también del lado de Israel vale la misma pregunta: qué alternativa de moderación puede prevalecer después de la barbarie del ataque terrorista de hace dos años que abrió una grieta como nunca antes entre los dos pueblos. La respuesta la dará la historia.
Bemerkenswerte Zitate
Estamos analizando Gaza. Y vamos a solucionarlo. Mucha gente muere de hambre— Donald Trump, declaraciones en Abu Dabi durante gira por el Golfo en mayo
Podría acabar desvaneciendo a su protector irremplazable, EE.UU. Para Israel, ningún error estratégico podría ser más peligroso— The Economist, sobre la visión autárquica de Netanyahu