OMS alerta: África ha administrado solo el 2% de vacunas COVID-19 pese a tener 17% de población mundial

África ha registrado 4,3 millones de casos de COVID-19 con más de 114.300 fallecimientos hasta la fecha.
Solo el 2% de las vacunas llegó a un continente con el 17% de la población
La OMS expone la disparidad brutal en el acceso global a vacunas contra la COVID-19 en abril de 2021.
Mark

¿Por qué el porcentaje es tan bajo? ¿Fue un problema de producción o de distribución?

Mimi

Ambos. Había menos dosis producidas de las que el mundo necesitaba, pero además, los países ricos las compraron primero. Los fabricantes priorizaban sus contratos con naciones de altos ingresos.

Mark

¿Sabían los gobiernos africanos que esto iba a pasar?

Mimi

Algunos lo anticipaban. Pero no tenían el poder de compra ni la influencia política para asegurar su propio suministro. Cuando empezó la carrera por las vacunas, África llegó tarde.

Mark

¿Qué significa que pidan a los países ricos "compartir dosis"? ¿Es realista?

Mimi

Es una petición formal, pero sí, fue optimista. Los países ricos estaban vacunando a sus poblaciones completas. Pedir que donaran dosis era pedir que ralentizaran su propio programa.

Mark

¿Cuál era el riesgo real si África no se vacunaba rápido?

Mimi

Que el virus siguiera circulando, mutando, y que nuevas variantes surgieran en un continente con sistemas de salud débiles. El riesgo no era solo para África, era global.

Mark

¿Cambió algo después de este comunicado?

Mimi

Lentamente. Algunos países comenzaron a donar dosis meses después, pero el daño ya estaba hecho. La brecha se cerró, pero tardó.

  • De 548 millones de dosis repartidas en el mundo, solo 11 millones llegaron a África, una proporción que desafía cualquier noción de equidad global.
  • La escasez no era nueva: los países africanos ya arrastraban déficits de kits de prueba, equipos de protección y suministros básicos desde el inicio de la pandemia.
  • Con 4,3 millones de casos confirmados y más de 114.300 muertos, el virus avanzaba en un continente que carecía de la herramienta más urgente para frenarlo.
  • La directora regional de la OMS para África exigió a las farmacéuticas aumentar producción y apeló directamente a los países ricos a compartir sus dosis excedentes.
  • La crisis expuso también fracturas internas: Moeti llamó a los líderes africanos a actuar con mayor coordinación y a reclamar con una sola voz en las negociaciones globales.

En el Día Mundial de la Salud de 2021, la OMS reveló que África, hogar del 17% de la humanidad, había recibido apenas el 2% de las vacunas contra la COVID-19 distribuidas en el mundo. Esta cifra no era solo una estadística: era el retrato de una desigualdad estructural que la pandemia no creó, pero sí hizo imposible ignorar. Mientras los países ricos acumulaban dosis, un continente de 1.300 millones de personas esperaba su turno en una fila que nadie parecía tener prisa en mover.

En abril de 2021, cuando el mundo llevaba meses en plena campaña de vacunación, los números revelaron una fractura profunda. África, con casi el 17% de la población mundial, había recibido apenas 11 millones de las 548 millones de dosis distribuidas globalmente: el 2% del total, para 1.300 millones de personas.

Fue Matshidiso Moeti, directora regional de la OMS para África, quien puso voz a esa disparidad en el Día Mundial de la Salud. La médica botsuanesa señaló que la pandemia no había creado estas desigualdades, sino que las había hecho visibles con una claridad brutal. El problema era más amplio que las vacunas: el continente ya enfrentaba escasez de insumos básicos, pruebas diagnósticas insuficientes y equipos de protección limitados.

Moeti no se limitó a describir la crisis. Exigió a las empresas farmacéuticas que ampliaran su producción y lanzó un llamado incómodo a las naciones más ricas: compartir sus dosis para proteger a los grupos vulnerables más allá de sus propias fronteras. Era una apelación a la solidaridad internacional en un momento en que esa solidaridad brillaba por su ausencia.

El peso de la enfermedad era ya considerable: 4,3 millones de casos confirmados y más de 114.300 fallecidos. Pero Moeti también miró hacia adentro, instando a los líderes africanos a actuar con mayor coordinación entre sí, a fortalecer sus sistemas de salud y a reclamar con una voz unida en las negociaciones globales. La pandemia había dejado al descubierto no solo la brecha entre países ricos y pobres, sino la fragilidad de un continente cuya salud dependía, en demasiados aspectos, de decisiones tomadas en otros lugares.

En abril de 2021, cuando el mundo llevaba meses vacunando contra la COVID-19, un desequilibrio brutal se hizo evidente. De los 548 millones de dosis administradas globalmente, apenas 11 millones habían llegado a África, un continente de 1.300 millones de habitantes. Eso representaba el 2 por ciento de las vacunas distribuidas en el planeta, para una región que albergaba casi el 17 por ciento de la población mundial.

Matshidiso Moeti, directora regional de la Organización Mundial de la Salud para África, fue quien puso números a esta disparidad. Lo hizo en un comunicado coincidiendo con el Día Mundial de la Salud, subrayando que la pandemia había expuesto las desigualdades profundas entre naciones. No era solo un problema de vacunas. Los países africanos enfrentaban escasez de suministros básicos, kits de prueba insuficientes, equipos de protección personal limitados. Ahora, cuando la vacunación era la herramienta más urgente, el acceso se había convertido en un lujo que el continente no podía permitirse.

La médica botsuanesa fue directa en sus demandas. Pidió a las empresas farmacéuticas que aumentaran la producción para romper el cuello de botella de la escasez. Pero también hizo un llamado más incómodo: instó a los países ricos a compartir sus dosis, a desprenderse de lo que tenían para proteger a los grupos más vulnerables en todas partes, no solo en sus propias fronteras. Era una apelación a la solidaridad internacional en un momento en que esa solidaridad parecía escasear.

La carga de enfermedad en el continente era ya considerable. Hasta ese momento, África había registrado aproximadamente 4,3 millones de casos confirmados de COVID-19. De esos, más de 114.300 personas habían muerto. Otros 3,8 millones se habían recuperado. Eran cifras que, aunque menores que las de otras regiones, reflejaban una realidad: el virus circulaba, enfermaba y mataba, y la población africana estaba siendo vacunada a un ritmo que no guardaba proporción con su tamaño ni con su necesidad.

Moeti también enfatizó que los líderes africanos debían trabajar con mayor sinergia, con un espíritu de solidaridad entre ellos mismos, para cerrar las brechas que existían dentro del continente y entre sus países. No era suficiente esperar ayuda externa. El continente necesitaba también fortalecer su propia capacidad, su propia coordinación, su propia voz en las negociaciones globales por acceso a medicamentos y vacunas. La crisis sanitaria había puesto al descubierto no solo la desigualdad entre ricos y pobres, sino también la fragilidad de los sistemas de salud africanos y su dependencia de decisiones tomadas en otros lugares.

Los países africanos, enfrentados a la escasez de suministros esenciales, están rezagados en el acceso a kits de prueba, equipos de protección personal y ahora al acceso a las vacunas
— Matshidiso Moeti, directora de la OMS para África
Insto a las empresas farmacéuticas a aumentar la producción y a los países ricos a compartir sus dosis para proteger a los grupos más vulnerables de todos los países
— Matshidiso Moeti
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