OMS advierte que los pobres pueden ser "pisoteados" en estampida por la vacuna

Poblaciones pobres y marginadas enfrentan riesgo de exclusión del acceso a vacunas COVID-19 debido a desigualdades económicas globales.
Los pobres no pueden ser pisoteados por los ricos en la carrera por la vacuna
Tedros Adhanom Ghebreyesus advirtió sobre el riesgo de desigualdad en el acceso global a vacunas COVID-19.
Mark

¿Por qué Tedros usó la palabra "pisoteados" en lugar de simplemente decir que los pobres quedarían sin acceso?

Mimi

Porque "pisoteados" evoca una imagen de violencia, de gente siendo aplastada literalmente en una estampida. No es una exclusión pasiva o administrativa. Es activa, brutal. Quería que el mundo sintiera el peso de lo que estaba a punto de suceder.

Mark

¿Creía realmente que COVAX podría funcionar, o era más un gesto simbólico?

Mimi

COVAX era real, tenía estructura, financiamiento, propósito. Pero su efectividad dependía de que los países ricos participaran de verdad. Cuando Estados Unidos se negaba, el sistema perdía su músculo más importante. Era como construir un puente que los principales viajeros se negaban a cruzar.

Mark

¿Por qué mencionar cáncer, tuberculosis y VIH en ese momento? Parecía cambiar de tema.

Mimi

No era un cambio. Era el mismo tema visto desde otra altura. Tedros estaba diciendo: miren, el COVID recibe toda esta atención porque es nuevo, porque asusta, porque afecta a países ricos. Pero estas otras enfermedades matan más gente cada año y nadie moviliza recursos así. La pandemia reveló que nuestra compasión es selectiva.

Mark

¿Qué pasó después con COVAX?

Mimi

Funcionó, pero de manera imperfecta. Algunos países ricos acumularon dosis mientras otros esperaban meses. La predicción de Tedros no fue completamente equivocada. La estampida sucedió, solo que de formas más complejas de lo que nadie imaginó.

  • Las primeras vacunas aprobadas en Occidente desataron una carrera silenciosa pero feroz entre naciones ricas para asegurar dosis, dejando a los países pobres sin acceso garantizado.
  • Tedros advirtió públicamente que los marginados serían 'dejados atrás', usando un lenguaje inusualmente directo para un funcionario de organismos multilaterales.
  • La plataforma COVAX fue diseñada como mecanismo de solidaridad global, pero su legitimidad quedó herida desde el inicio por la negativa de Estados Unidos bajo Trump a participar.
  • La tensión se extendió más allá del COVID-19: Tedros cuestionó por qué enfermedades como el cáncer, la tuberculosis o el VIH no recibían el mismo esfuerzo colectivo, exponiendo una desigualdad estructural preexistente.
  • Con Gran Bretaña aprobando la primera vacuna occidental y campañas de inmunización masiva en marcha en países ricos, la pregunta brutal permanecía sin respuesta: ¿quién recibiría protección primero y quién esperaría?

En los últimos días de 2020, mientras el mundo celebraba la llegada de las primeras vacunas contra el COVID-19, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pronunció una advertencia que trascendía la euforia del momento: sin una distribución equitativa, los países ricos pisotearían a los pobres en la carrera por las dosis. Su llamado no era solo sobre logística sanitaria, sino sobre una pregunta más antigua y más difícil — si la salud humana es un derecho compartido o una mercancía que se distribuye según el poder.

A finales de 2020, cuando las primeras vacunas comenzaban a recibir aprobación en países occidentales, Tedros Adhanom Ghebreyesus se dirigió a una cumbre virtual de la ONU con un mensaje que contrastaba con el optimismo dominante. Mientras el mundo veía el fin del túnel, él nombraba una realidad incómoda: los países pobres corrían el riesgo de ser literalmente pisoteados en la carrera de las naciones ricas por asegurar dosis.

La OMS había creado COVAX precisamente para evitar ese escenario — una plataforma de distribución equitativa que buscaba garantizar acceso universal sin importar la riqueza de cada nación. Sin embargo, Estados Unidos, bajo la administración Trump, rechazaba participar. El presidente no solo resistía la iniciativa, sino que atacaba públicamente a Tedros y amenazaba con retirar a su país de la OMS. Aunque el presidente electo Biden había señalado que revertería esa decisión, la resistencia estadounidense revelaba una fragmentación más profunda en la solidaridad global.

Tedros fue más lejos que la vacuna. Preguntó por qué el mundo movilizaba recursos sin precedentes contra el COVID-19 mientras enfermedades igualmente mortales — cáncer, tuberculosis, VIH/SIDA — seguían sin recibir atención comparable. La pandemia, argumentó, no había creado la desigualdad sanitaria global: la había expuesto.

Mientras Gran Bretaña se convertía en la primera nación occidental en aprobar una vacuna y otros países preparaban campañas masivas de inmunización, la exigencia de Tedros era clara: las vacunas debían ser tratadas como bienes públicos mundiales, no como mercancías privadas que amplificaran las brechas ya existentes. En los meses siguientes, esa advertencia se haría realidad de formas que superarían incluso sus previsiones más sombrías.

A finales de 2020, cuando las primeras vacunas contra el COVID-19 comenzaban a recibir aprobación en países occidentales, el director general de la Organización Mundial de la Salud pronunció una advertencia que resonaría en las salas de poder global. Tedros Adhanom Ghebreyesus, médico y diplomático etíope, se dirigió a una cumbre virtual de la ONU con un mensaje que iba más allá del optimismo que muchos querían escuchar en ese momento.

El tono de Tedros fue directo. Mientras el mundo celebraba lo que parecía ser el final del túnel en la pandemia que llevaba casi un año devastando economías y vidas, él insistió en nombrar una realidad incómoda: los pobres corría el riesgo de ser literalmente pisoteados en la carrera de los países ricos por asegurar dosis de vacuna. No era una metáfora suave. Era una advertencia sobre lo que sucedería si la distribución de estas herramientas de salvación se convertía en un bien de mercado en lugar de un derecho compartido.

La OMS había creado COVAX, una plataforma diseñada específicamente para garantizar que las vacunas llegaran de manera equitativa a todas las naciones, ricas y pobres por igual. Era un mecanismo de solidaridad global en un momento en que la solidaridad parecía escasear. Sin embargo, Estados Unidos, bajo la administración Trump, se negaba a participar. El presidente estadounidense no solo rechazaba la iniciativa, sino que además atacaba públicamente a Tedros y anunciaba que su país se retiraría de la OMS. Aunque el presidente electo Joe Biden ya había señalado que esto no sucedería, la resistencia estadounidense era un síntoma de una fragmentación más profunda.

Tedros fue más allá de la vacuna. Cuestionó por qué el mundo movilizaba recursos sin precedentes para combatir el COVID-19 cuando otras enfermedades igualmente mortales—cáncer, tuberculosis, VIH/SIDA—no recibían el mismo nivel de atención o financiamiento. ¿Por qué no había campañas masivas de tratamiento gratuito para estas condiciones? ¿Por qué los cuidados maternales seguían siendo un lujo en muchas partes del mundo? La pandemia, argumentó, había expuesto una verdad que ya existía: la cobertura de salud universal no era un lujo, era una necesidad fundamental.

Mientras Gran Bretaña se convertía en la primera nación occidental en aprobar una vacuna, y Estados Unidos y otros países se preparaban para lanzar campañas masivas de inmunización, la pregunta que quedaba en el aire era brutal: ¿quién recibiría estas vacunas primero? ¿Los ancianos de Nueva York o los trabajadores de la salud de Uganda? ¿Los ciudadanos de países ricos o los habitantes de naciones donde la pobreza era la norma? Tedros no ofrecía respuestas reconfortantes. Ofrecía una exigencia: que las vacunas fueran tratadas como bienes públicos mundiales, no como materias primas privadas que amplificaran las desigualdades existentes y dejaran atrás a quienes ya estaban marginados.

La advertencia de Tedros apuntaba a algo más profundo que la distribución de vacunas. Señalaba un sistema global donde la salud de los pobres era negociable, donde la equidad era un lujo que solo los países ricos podían permitirse. En los meses siguientes, esa predicción se haría realidad de formas que superarían incluso las preocupaciones más oscuras expresadas en esa cumbre virtual.

Simplemente no podemos aceptar un mundo en el cual los pobres y quienes están marginados son pisoteados por los ricos y poderosos en la estampida por la vacuna
— Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS
Esta es una crisis mundial y las soluciones deben ser compartidas de manera equitativa como bienes públicos mundiales, no como materias primas privadas que amplíen las desigualdades
— Tedros Adhanom Ghebreyesus
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