OMS advierte que la pandemia de coronavirus está lejos de terminar

La pandemia ha causado más de medio millón de muertes confirmadas en India, con hospitalizaciones en aumento y creciente número de personas con COVID prolongado.
El virus corre libremente y los países no están gestionando la carga de enfermedad
Advertencia del director de la OMS sobre la falta de respuesta coordinada a la pandemia en curso.
Mark

¿Por qué la OMS insiste en que la pandemia no ha terminado cuando la mayoría de los gobiernos ya levantó las restricciones?

Mimi

Porque los números no mienten. Un aumento del 30 por ciento en casos en dos semanas no es una señal de que todo está bajo control. Es una señal de que el virus sigue siendo activo y que los sistemas de salud están bajo presión nuevamente.

Mark

Pero si la gente ya tiene inmunidad de infecciones previas o vacunas, ¿por qué debería importar que haya más casos?

Mimi

Porque más casos significa más hospitalizaciones, más personas con COVID prolongado, y más riesgo de que nuevas variantes emerjan. Una variante podría ser más grave o escapar a la inmunidad existente. Sin pruebas de detección, no sabremos hasta que sea demasiado tarde.

Mark

¿Qué es exactamente el COVID prolongado y por qué es un problema?

Mimi

Es cuando los síntomas persisten semanas o meses después de la infección inicial: fatiga extrema, problemas respiratorios, dificultades cognitivas. Afecta la capacidad de las personas para trabajar y vivir normalmente. Es un costo humano que muchos gobiernos no están contabilizando.

Mark

La OMS pide mascarillas y ventilación mejorada. ¿Eso realmente funciona a esta altura?

Mimi

Sí, pero solo si se implementa. El problema es que los gobiernos no quieren imponer medidas que la población rechaza. Es más fácil declarar que la pandemia terminó que mantener vigilancia constante.

Mark

¿Qué significa que la evolución del virus sea "incierta e impredecible"?

Mimi

Significa que no sabemos qué variantes vendrán después, cuán transmisibles serán, o si nuestras vacunas seguirán siendo efectivas. Es por eso que la secuenciación genómica es crucial. Sin ella, estamos navegando a ciegas.

  • Los casos globales de COVID-19 se dispararon un 30% en dos semanas, con las subvariantes BA.4 y BA.5 de ómicron avanzando rápidamente por Europa y otras regiones.
  • Los gobiernos han desmantelado las medidas sanitarias que frenaban la transmisión, dejando al virus circular con mayor libertad y presionando sistemas de salud ya agotados.
  • La reducción masiva de pruebas de detección está cegando la vigilancia epidemiológica: sin pruebas no hay secuenciación, y sin secuenciación nadie sabe qué variantes emergen ni cómo se comportan.
  • En India, una nueva subvariante llamada BA.2.75 ya fue detectada en un país que acumula más de medio millón de muertes confirmadas, añadiendo incertidumbre al panorama global.
  • La OMS exige a los gobiernos retomar medidas probadas —mascarillas, ventilación, detección— antes de que la complacencia colectiva se convierta en una crisis sanitaria más profunda.

Desde Ginebra, la Organización Mundial de la Salud reitera una advertencia que muchos prefieren no escuchar: la pandemia de COVID-19 no ha concluido. Un aumento del 30% en casos globales en apenas dos semanas, impulsado por subvariantes de ómicron y el abandono de medidas sanitarias, obliga a replantear la complacencia colectiva. El máximo nivel de alerta internacional se mantiene, mientras el mundo enfrenta la tensión entre el deseo de normalidad y la persistencia silenciosa del virus.

El martes pasado en Ginebra, el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pronunció una advertencia que muchos no querían oír: el mundo no ha dejado atrás la pandemia de coronavirus. Los números lo confirman: en apenas dos semanas, los casos reportados a la agencia de Naciones Unidas crecieron un 30%, impulsados por las subvariantes BA.4 y BA.5 de ómicron. El problema no es solo la biología del virus, sino también las decisiones humanas: los gobiernos han levantado las medidas sanitarias que alguna vez frenaron la transmisión, abriendo espacio para que el virus circule con mayor libertad.

El comité de emergencia COVID-19 de la OMS se reunió por videoconferencia y decidió de forma unánime mantener la pandemia como emergencia de salud pública de importancia internacional, el máximo nivel de alerta posible. Tedros fue directo: las hospitalizaciones suben, los casos graves aumentan, y un número creciente de personas padece COVID prolongado con secuelas duraderas. Su llamado a los gobiernos fue claro: retomar medidas que ya se sabe que funcionan, como el uso de mascarillas, la mejora de la ventilación y los protocolos de detección.

Pero hay un obstáculo que complica todo: los países están reduciendo las pruebas de detección. Michael Ryan, director de emergencias de la OMS, advirtió que esta tendencia dificulta rastrear nuevos casos y entender cómo evoluciona el virus. Sin pruebas no hay secuenciación genómica, y sin secuenciación es casi imposible identificar nuevas variantes. En India, donde el COVID-19 ha cobrado más de medio millón de vidas confirmadas, ya circula una nueva subvariante, la BA.2.75, cuyo comportamiento aún es incierto. El mundo, advierte la OMS, ha entrado en una fase peligrosa de complacencia que el virus no comparte.

En Ginebra, el martes pasado, el director de la Organización Mundial de la Salud dejó clara una verdad incómoda: el mundo no ha dejado atrás la pandemia de coronavirus. Tedros Adhanom Ghebreyesus advirtió que nuevas oleadas del virus demuestran una vez más que el COVID-19 sigue siendo una amenaza activa y presente, lejos de la conclusión que muchos gobiernos parecían haber declarado.

Los números respaldan esa advertencia. En apenas dos semanas, los casos reportados a la agencia de Naciones Unidas se dispararon un 30 por ciento. Detrás de este repunte están las subvariantes BA.4 y BA.5 de ómicron, que se propagan con rapidez en Europa y otras regiones. Pero el aumento de infecciones no es solo un asunto de variantes más contagiosas. Los gobiernos han levantado las medidas sanitarias que alguna vez frenaron la transmisión, dejando al virus con más espacio para circular. El resultado es una presión creciente sobre sistemas de salud que ya estaban exhaustos después de dos años de pandemia.

Ante esta realidad, la OMS hizo un llamado directo a los gobiernos: implementar medidas que ya se sabe que funcionan. Mascarillas en espacios públicos, ventilación mejorada en edificios, protocolos claros de detección y tratamiento. No son medidas nuevas ni complicadas, pero requieren voluntad política y coordinación. Tedros fue explícito: el virus circula libremente, y los países no están gestionando eficazmente la carga de enfermedad según su capacidad. Eso significa hospitalizaciones que suben, pacientes con infecciones graves que necesitan camas, y un número creciente de personas que sufren COVID prolongado, una condición que deja secuelas duraderas.

El viernes anterior, el comité de emergencia COVID-19 de la OMS se reunió por videoconferencia y tomó una decisión unánime: la pandemia sigue siendo una emergencia de salud pública de importancia internacional. Es el máximo nivel de alerta que la organización puede declarar. Pero hay un problema grave que complica la respuesta: los países están reduciendo las pruebas de detección. Michael Ryan, director de emergencias de la OMS, señaló que estos cambios en las políticas de pruebas están dificultando la capacidad de detectar nuevos casos y entender cómo evoluciona el virus. Sin pruebas, no hay secuenciación genómica. Sin secuenciación, es casi imposible saber qué variantes circulan, cuáles son nuevas, y cómo se comportan.

Esta ceguera epidemiológica es peligrosa. El comité advirtió que la disminución de pruebas y secuenciación hace cada vez más difícil evaluar el impacto real de las variantes que están en circulación ahora y las que puedan surgir. La evolución del virus sigue siendo incierta e impredecible. En India, donde el COVID-19 ha causado más de medio millón de muertes confirmadas, ya se ha detectado una nueva subvariante llamada BA.2.75, que los expertos están monitoreando con atención. No se sabe aún si será más transmisible, más grave, o si escapará a la inmunidad que las personas han desarrollado.

Lo que está claro es que el mundo entró en una fase peligrosa de complacencia. Los gobiernos levantaron restricciones, las personas dejaron de usar mascarillas, los sistemas de salud redujeron su vigilancia. Pero el virus no desapareció. Sigue mutando, sigue propagándose, sigue hospitalizando gente. La OMS está pidiendo que se reconozca esta realidad antes de que sea demasiado tarde.

Nuevas oleadas del virus demuestran una vez más que el covid-19 está lejos de haber terminado
— Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS
El virus corre libremente y los países no están gestionando eficazmente la carga de la enfermedad en función de su capacidad
— Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS
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