En Arequipa, el alza del precio del gas no es solo un dato económico: es la amenaza silenciosa que se cierne sobre 89 ollas comunes y las más de 600 personas vulnerables que dependen de ellas para comer cada día. Lo que comenzó como un problema de infraestructura en el gasoducto de Camisea se ha convertido en una crisis de sostenibilidad para organizaciones que ya operaban al límite de sus posibilidades. La fragilidad de los sistemas de cuidado comunitario queda expuesta cuando una sola variable —el precio del combustible— puede apagar el fuego bajo las ollas que alimentan a los más desprotegi
Ollas comunes de Arequipa en crisis por alza del gas que sube hasta 10 soles
Doscientos soles diarios para alimentar a quienes no tienen nada
¿Por qué el aumento de diez soles en el precio del gas es tan crítico para estas ollas comunes?
Porque operan con márgenes muy ajustados. Gastan doscientos soles diarios en total, y el gas es un costo fijo que no pueden evitar. Cuando sube, no pueden simplemente servir menos comida; tienen que absorber el golpe o cerrar.
¿Cuál es la diferencia entre los balones del programa FISE y los del mercado?
El FISE vende a cuarenta y tres soles, pero solo cubre cuatro de los ocho o nueve balones mensuales que necesita cada olla. El resto lo compran a cincuenta y dos soles, o setenta y cinco a ochenta si es a domicilio. Es la diferencia entre lo que pueden pagar y lo que realmente cuesta.
¿Qué significa que tres plantas envasadoras cerraran por desabastecimiento?
Que el problema no es solo de precio, es de disponibilidad. Si no hay gas para envasar, no hay nada que vender. Eso asusta más que el aumento de tarifa, porque sugiere que el sistema está bajo presión real.
¿Cocinar con leña es una solución viable?
Es un parche. Funciona en emergencias, pero no es sostenible para operaciones diarias que alimentan a cientos de personas. Además, requiere espacio, manejo de humo, y no es más barato a largo plazo.
¿Qué pasa con las más de seiscientas personas que dependen de estas ollas?
Pierden acceso a su comida diaria si cierran. No es un lujo; es supervivencia. La Municipalidad solo aporta lo básico, así que estas ollas son el colchón que sostiene a poblaciones vulnerables.
¿Las reparaciones del gasoducto de Camisea van a resolver esto?
Podrían ayudar. Si aumenta el suministro de gas natural, podría haber más disponibilidad de GLP en el mercado y presión a la baja en precios. Pero eso toma tiempo, y las ollas necesitan soluciones ahora.
The Pulse
- El precio del balón de gas subió hasta diez soles adicionales, elevando el costo diario de operación de una olla común a doscientos soles, una cifra insostenible para organizaciones que se financian con recursos propios y aportes municipales escasos.
- Tres plantas envasadoras en Cerro Colorado cerraron por desabastecimiento total de GLP, dejando a ciudadanos y organizaciones sin acceso al combustible básico para cocinar.
- Más de 600 personas vulnerables —incluyendo las 174 que dependen diariamente de la Olla Común San Pablo en Cayma— enfrentan el riesgo concreto de perder su única comida del día si las ollas suspenden operaciones.
- Ante la crisis, algunas ollas comunes evalúan regresar a cocinar con leña como medida de emergencia, mientras agotan los últimos balones en stock.
- La Transportadora de Gas del Perú avanza reparaciones en el gasoducto de Camisea y ha incrementado el despacho de gas natural en un catorce por ciento, aunque el alivio real para las ollas comunes aún no se siente en el terreno.
En Arequipa, el alza del precio del gas no es solo un dato económico: es la amenaza silenciosa que se cierne sobre 89 ollas comunes y las más de 600 personas vulnerables que dependen de ellas para comer cada día. Lo que comenzó como un problema de infraestructura en el gasoducto de Camisea se ha convertido en una crisis de sostenibilidad para organizaciones que ya operaban al límite de sus posibilidades. La fragilidad de los sistemas de cuidado comunitario queda expuesta cuando una sola variable —el precio del combustible— puede apagar el fuego bajo las ollas que alimentan a los más desprotegidos.
En Arequipa, el precio del balón de gas subió hasta diez soles en pocas semanas, y ese incremento aparentemente técnico ha puesto en riesgo la supervivencia de 89 ollas comunes que alimentan a poblaciones vulnerables en toda la ciudad. Estas organizaciones, sostenidas con recursos autogestionados y aportes municipales limitados, enfrentan ahora una ecuación económica que ya no cierra.
Abel Capira, presidente de la Olla Común 54 en Cerro Colorado, explica que cada olla consume entre ocho y nueve balones mensuales. Cuatro llegan subsidiados a través del programa FISE a cuarenta y tres soles cada uno; el resto debe comprarse a precio de mercado, donde el balón puede costar hasta ochenta soles mediante delivery. El costo diario total —alimentos, insumos y combustible— ronda los doscientos soles, aproximadamente mil soles semanales, una carga que la municipalidad no cubre. Capira teme que los balones en stock se agoten en días, y varias organizaciones ya evalúan cocinar con leña si la situación no mejora.
Las consecuencias humanas son concretas: la Olla Común San Pablo en Cayma alimenta a 174 personas diarias; la Olla Común La Cuarentena en Cerro Colorado atiende a más de 120 personas; la Olla Común Estrellas del Misti en Miraflores sostiene a más de sesenta vecinos cada día. El cierre de cualquiera de estas operaciones significaría que cientos de personas perderían acceso a su comida.
El desabastecimiento ya dejó marca visible: tres plantas envasadoras en Cerro Colorado —Llamagas, Limagas y Primaxgas— cerraron por falta total de GLP. La empresa Solgas anunció la llegada de cargamentos importados para reforzar la oferta. Mientras tanto, la Transportadora de Gas del Perú reporta avances en las reparaciones del gasoducto de Camisea, con un incremento del catorce por ciento en el despacho de gas natural desde el siete de marzo. Las reparaciones tienen un cronograma de catorce días, aunque las condiciones climáticas han complicado las operaciones. Por ahora, las ollas comunes de Arequipa siguen evaluando cada mañana si podrán encender el fuego.
En Arequipa, el precio del balón de gas subió hasta diez soles en las últimas semanas, un incremento que ha puesto en jaque a las 89 ollas comunes que funcionan en la ciudad alimentando a poblaciones vulnerables. Estas organizaciones, que operan con recursos autogestionados y aportes municipales limitados, enfrentan ahora una crisis de sostenibilidad que amenaza con cerrar sus puertas.
Cada olla común consume entre ocho y nueve balones mensuales para cocinar. Abel Capira, presidente de la Olla Común 54 en Cerro Colorado, explica que el costo diario de operación —alimentos, insumos y combustible— ronda los doscientos soles, lo que suma aproximadamente mil soles semanales. La Municipalidad Provincial entrega solo productos básicos como arroz, aceite, atún y menestras, obligando a las ollas a cubrir el resto del gasto de su propio bolsillo. Para preparar ochenta raciones diarias se requiere combustible considerable, y el aumento ha vuelto insostenible la ecuación económica.
De los ocho o nueve balones mensuales que necesita una olla común, cuatro provienen del Fondo de Inclusión Social Energético (FISE) a un precio subsidiado de aproximadamente cuarenta y tres soles cada uno. El resto debe comprarse a precio de mercado, donde el balón ahora cuesta cincuenta y dos soles, aunque mediante servicio a domicilio puede alcanzar entre setenta y cinco y ochenta soles. Capira advierte que algunas ollas aún tienen balones en stock, pero teme que se agoten en cuestión de días. Ante la perspectiva de que los costos sigan subiendo, varias organizaciones están considerando cocinar con leña como alternativa, aunque reconoce que si la situación persiste, algunas tendrán que suspender operaciones.
Las ollas más vulnerables son aquellas que atienden a mayor cantidad de personas. La Olla Común San Pablo en Cayma alimenta a ciento setenta y cuatro personas diarias; la Olla Común La Cuarentena en Cerro Colorado atiende a más de ciento veinte personas, aproximadamente ochenta familias; y la Olla Común Estrellas del Misti en Miraflores brinda apoyo a más de sesenta vecinos cada día. El cierre de cualquiera de estas operaciones significaría que cientos de personas perderían acceso a su comida diaria.
El desabastecimiento ya está dejando marca en la infraestructura de distribución. Tres plantas envasadoras de gas en Cerro Colorado —Llamagas, Limagas y Primaxgas— cerraron sus puertas hace poco por falta total de Gas Licuado de Petróleo. Ciudadanos que llegaron desde tempranas horas para comprar combustible doméstico encontraron los establecimientos cerrados. La empresa Solgas comunicó que está priorizando el envasado de balones para uso doméstico y anunció la llegada de cargamentos importados de GLP para reforzar la oferta nacional.
La Transportadora de Gas del Perú reporta avances en las reparaciones del gasoducto de Camisea, en el kilómetro cuarenta y tres, donde ocurrió un incidente que redujo el suministro. Desde el siete de marzo, el despacho de gas natural se elevó de setenta a ochenta millones de pies cúbicos diarios, un incremento del catorce por ciento. La empresa mantiene un cronograma de catorce días para completar las reparaciones, aunque las condiciones climáticas han complicado algunas operaciones aéreas necesarias para transportar equipos a la zona del problema. Este aumento en el suministro de gas natural podría aliviar la presión sobre el mercado de GLP doméstico, pero por ahora las ollas comunes de Arequipa siguen en la incertidumbre, evaluando cada día si podrán seguir cocinando para quienes dependen de ellas.
Notable Quotes
No solo está subiendo el gas, sino también el precio de los productos, eso perjudica a la mayoría de las ollas comunes que estamos atendiendo a personas vulnerables— Abel Capira, presidente de la Olla Común 54
Para cocinar 80 raciones al día se utiliza bastante gas, a la semana se gastan dos balones, y al mes entre 8 y 9 balones— Abel Capira