Brasil enfrenta ola de calor extremo: sensación térmica podría superar los 60° en Río

Las autoridades suspendieron clases en 2.320 escuelas de Río Grande do Sul debido a la falta de ventilación adecuada y agua suficiente para estudiantes y personal.
Río se convierte en una caldera que hay que estudiar
Un meteorólogo explica cómo la geografía y el cambio climático crean condiciones extremas en la ciudad.

En el corazón del verano austral, Brasil se enfrenta a una de sus pruebas climáticas más severas: una ola de calor que amenaza con superar los registros históricos justo cuando millones celebran el carnaval. Río de Janeiro, atrapada entre montañas, asfalto y un océano inusualmente cálido, podría alcanzar una sensación térmica de 62,7 grados, un número que ya no es solo una estadística sino una señal de que el planeta ha cruzado umbrales que el Acuerdo de París intentó evitar. Lo que ocurre en Brasil no es un episodio aislado, sino el rostro más reciente de una transformación climática global que enero de 2025 confirmó con su propio récord de temperatura.

  • La sensación térmica en Río de Janeiro podría superar los 62,7°C el lunes, amenazando con batir el récord registrado apenas en marzo de 2024.
  • Seis estados brasileños están en alerta simultánea, y más de 2.300 escuelas han suspendido clases porque sus aulas carecen de ventilación y agua suficiente para soportar el calor.
  • La geografía, el urbanismo y el océano Atlántico se combinan en una trampa térmica: Río actúa como una caldera donde el aire caliente queda atrapado sin escape posible.
  • La sequía paralela agrava la crisis: partes de Río de Janeiro llevan hasta 71 días sin lluvia, y cuando las precipitaciones lleguen, podrían desencadenar desastres por su concentración.
  • El fenómeno se inscribe en una tendencia global alarmante: enero de 2025 fue el mes más cálido jamás registrado, superando en 1,75°C los niveles preindustriales y rebasando el límite del Acuerdo de París.

Brasil atraviesa una ola de calor sin precedentes en pleno carnaval. El Instituto Nacional de Meteorología proyecta que Río de Janeiro alcanzará 40 grados reales el próximo lunes, pero con una humedad del 80 por ciento, la sensación térmica podría llegar a 62,7 grados, superando el récord de 62,3 grados registrado en el barrio de Guaratiba en marzo de 2024.

El fenómeno no es casual. Según el meteorólogo Wallace Menezes, de la Universidad Federal de Río de Janeiro, la ciudad funciona como una isla de calor urbana: el asfalto, los vehículos, las industrias y los edificios generan un efecto invernadero a ras del suelo. La geografía montañosa atrapa el aire caliente, un anticiclón de alta presión lo comprime e impide la formación de nubes, y el océano Atlántico, con temperaturas anormalmente altas, envía brisas cálidas en lugar de vientos frescos. El resultado, en palabras del propio Menezes, es una caldera.

La crisis se extenderá durante toda la semana. Seis estados están en alerta: Río de Janeiro, Río Grande do Sul, Minas Gerais, Bahía, Pernambuco y Piauí. En Río Grande do Sul, las autoridades suspendieron clases en las 2.320 escuelas estatales, citando la falta de ventilación y agua en las aulas. No se esperan lluvias hasta al menos el 21 de febrero, y la sequía acumulada es severa: algunas zonas de Río llevan 71 días sin precipitaciones.

Los riesgos para la salud son escalonados y reales. Cuando la temperatura supera los 36,5 grados y la humedad impide la evaporación del sudor, el organismo activa mecanismos de defensa que pueden comprometer el suministro de sangre a órganos vitales. Los ancianos y quienes tienen enfermedades previas son los más vulnerables, aunque el estrés térmico puede afectar a cualquier persona.

Este episodio no ocurre en el vacío. La ONU confirmó que enero de 2025 fue el mes más cálido jamás registrado, con una temperatura global 1,75 grados por encima de los niveles preindustriales, superando el umbral de 1,5 grados fijado en el Acuerdo de París. Lo que vive Brasil hoy es, también, el termómetro de un planeta que sigue calentándose.

Brasil está atravesando una ola de calor sin precedentes que amenaza con romper récords históricos justo cuando el país celebra sus carnavales. El Instituto Nacional de Meteorología proyecta que el próximo lunes, Río de Janeiro alcanzará los 40 grados de temperatura real, pero con una humedad del 80 por ciento, la sensación térmica podría llegar a 62,7 grados. Esa cifra superaría el máximo registrado en la ciudad desde marzo de 2024, cuando en el barrio de Guaratiba se midieron 62,3 grados.

La intensidad del fenómeno no es accidental. Wallace Menezes, profesor de meteorología de la Universidad Federal de Río de Janeiro, explica que la ciudad funciona como una isla de calor urbana, una suerte de invernadero formado por asfalto, emisiones vehiculares, industrias y edificios. A esto se suma la geografía particular de Río: terrenos bajos rodeados de montañas que atrapan el aire caliente, impidiéndolo escapar. Un anticiclón de alta presión comprime el aire hacia abajo, calentándolo y secándolo en el proceso, lo que bloquea la formación de nubes. Mientras tanto, las aguas del océano Atlántico presentan temperaturas anormalmente elevadas, generando brisas cálidas en lugar de vientos refrescantes. Como señala Menezes, es una suma de factores que convierte a Río en una caldera.

La situación se agravará durante toda la próxima semana. Las autoridades advierten que la temperatura media rondará los 36 grados, con sensación térmica por encima de los 50 grados en promedio. No se esperan lluvias al menos hasta el 21 de febrero. Seis estados están en alerta: Río de Janeiro, Río Grande do Sul, Minas Gerais, Bahía, Pernambuco y Piauí. En Río Grande do Sul, las autoridades han tomado una decisión drástica: suspendieron las clases en las 2.320 escuelas de la red estatal. La Secretaría de Educación justificó la medida citando la falta de infraestructura y recursos para que estudiantes y maestros enfrenten estas condiciones. Los docentes celebraron la decisión, señalando la ausencia de ventilación adecuada y fuentes de agua suficientes en las aulas.

La sequía que acompaña al calor extremo agrava el panorama. Según datos de Ana Paula Cunha, investigadora del Centro Nacional de Monitoramiento e Alertas de Desastres Naturales, entre el 1 de enero y el 10 de febrero, casi la mitad de Río de Janeiro recibió apenas entre el 33 y el 40 por ciento de las precipitaciones habituales. Si se extiende el período desde el 1 de noviembre hasta el 10 de febrero, la ciudad pasó 71 días sin lluvia. Cunha advierte que cuando las precipitaciones son tan concentradas, favorecen catástrofes por exceso de agua, aunque llueva por debajo de la media.

Este fenómeno local se inscribe en una tendencia global preocupante. La ONU informó que enero de 2025 fue el primer mes de año más cálido jamás registrado, con una temperatura global 1,75 grados por encima de los niveles preindustriales. Esa cifra supera el máximo de 1,5 grados establecido en 2015 en el Acuerdo de París para contener los efectos del cambio climático. Samantha Burgess, del servicio climático europeo, señaló que enero de 2025 continúa la serie de récords de temperatura observados en los últimos dos años, incluso considerando el desarrollo de condiciones de La Niña en el Pacífico tropical.

Los riesgos para la salud son reales y escalonados. El cuerpo humano comienza a sufrir estrés cuando la temperatura ambiente supera los 36,5 grados. Cuando se suma una humedad superior al 70 por ciento, que impide la evaporación del sudor, el organismo debe activar mecanismos de defensa que pueden provocar una falta de suministro de sangre a órganos vitales. Gislani Mateus, superintendente de Vigilancia de Salud, advierte que aunque esto puede suceder incluso en personas jóvenes, quienes tienen comorbilidades y los ancianos corren mayor riesgo. Los servicios de salud recomiendan aumentar la ingesta de agua, frutas y verduras, usar ropa clara, evitar bebidas alcohólicas, no exponerse al sol entre las 10 y las 16 horas, permanecer en lugares ventilados, comer cada tres horas verificando la conservación de alimentos, y usar protección solar. La próxima semana será una prueba de resistencia para millones de brasileños.

Es una suma de factores. Río se convierte en una caldera que hay que estudiar
— Wallace Menezes, profesor de meteorología de la UFRJ
Nuestro cuerpo activa mecanismos de defensa contra el calor y esto puede provocar una falta de suministro de sangre a los órganos vitales
— Gislani Mateus, superintendente de Vigilancia de Salud
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué Río de Janeiro es tan vulnerable a estos extremos de calor?

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La ciudad tiene una geografía que la atrapa. Está rodeada de montañas, con terrenos bajos en el medio. Cuando llega aire caliente, no puede escapar. Es como estar dentro de una olla.

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Pero otras ciudades también tienen montañas. ¿Qué hace que Río sea diferente?

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La combinación. Tienes el asfalto, los edificios, los autos, las industrias creando calor extra. Luego el océano, que debería refrescar, está demasiado caliente. Y ahora un anticiclón que comprime todo hacia abajo. No es un factor, son varios actuando juntos.

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¿Esto es nuevo o siempre fue así?

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Siempre tuvo potencial, pero ahora es peor. El océano más caliente, el aire global más caliente. Enero fue el mes más cálido registrado. Estamos viendo los límites de lo que la ciudad puede soportar.

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¿Por qué cerraron las escuelas?

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No tenían aire acondicionado ni agua suficiente. Imagina 30 niños en una sala sin ventilación con 40 grados afuera. Los maestros dijeron que era insostenible.

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¿Cuánto tiempo durará esto?

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La próxima semana completa, sin lluvia. Después, no se sabe. Pero la tendencia global es clara: estos eventos van a ser más frecuentes.

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