Pruebas de sangre revolucionarias detectan proteínas del Alzheimer sin necesidad de punción lumbar o PET, permitiendo diagnóstico en fases presintomáticas. Lecanemab y donanemab son anticuerpos que eliminan proteínas beta-amiloide y tau, logrando retrasar deterioro cognitivo en etapas iniciales de la enfermedad.
Neurólogo: análisis de sangre revoluciona diagnóstico temprano del Alzheimer
El Alzheimer es una enfermedad de gente joven que tarda veinte años en manifestarse
¿Por qué insiste tanto en que el Alzheimer es una enfermedad de gente joven si se manifiesta a los 60 o 70 años?
Porque la enfermedad comienza a acumularse en el cerebro alrededor de los 40 años, incluso antes. Veinte años de silencio antes de que aparezca el primer síntoma. Si esperamos a los 70 para empezar a cuidar el cerebro, ya es demasiado tarde.
Entonces, ¿si me hago un análisis de sangre hoy y aparecen esas proteínas, definitivamente voy a desarrollar Alzheimer?
No necesariamente. Algunos cerebros tienen más resiliencia. Pueden convivir con esas proteínas sin que la enfermedad se manifieste nunca. Pero sí es el momento ideal para intervenir, para usar esos nuevos medicamentos antes de que aparezcan los síntomas.
¿Y cómo sé si mi cerebro es resiliente o frágil?
Eso es lo que aún no sabemos bien. Probablemente tenga que ver con cómo educaste tu cerebro, cuánto lo estimulaste, cuánta actividad mental y social tuviste. El conocimiento da músculo. Pero también hay factores que no controlamos, como la genética.
Menciona que el 40 por ciento de los casos son prevenibles. ¿Eso significa que podría evitar la enfermedad completamente?
Sí, si hicieras todo bien: estimulación cognitiva desde niño, ejercicio físico, buena alimentación, sueño, vida social activa, control de la presión arterial, no fumar. Pero el sistema sanitario no está preparado para eso. Está centrado en tratar la enfermedad, no en prevenirla.
¿Y los que ya tienen síntomas? ¿Qué esperanza hay para ellos?
Estos dos medicamentos nuevos retrasan el deterioro cognitivo un 30 por ciento. No es una cura, pero es la primera vez en dos décadas que tenemos algo que funciona. Y si se administran en fases muy iniciales, el efecto podría ser mayor.
¿Habrá cura alguna vez?
Esa es la pregunta que todos hacen. Con lo que estamos aprendiendo sobre los biomarcadores, sobre la inflamación, sobre la resiliencia del cerebro, creo que el futuro es más esperanzador que hace diez años. Pero el cerebro es el órgano más sofisticado que existe. No hay respuestas simples.
O Pulso
- Más de 50 millones de personas padecen Alzheimer en el mundo; la cifra se triplicará en 2050
- Análisis de sangre detecta proteína p-tau217 sin necesidad de punción lumbar o PET
- Lecanemab y donanemab retrasan deterioro cognitivo un 30 por ciento en etapas iniciales
- El 40 por ciento de los casos de demencia son prevenibles
- La enfermedad comienza a acumularse en el cerebro alrededor de los 40 años, veinte años antes de los síntomas
Pruebas de sangre revolucionarias detectan proteínas del Alzheimer sin necesidad de punción lumbar o PET, permitiendo diagnóstico en fases presintomáticas. Lecanemab y donanemab son anticuerpos que eliminan proteínas beta-amiloide y tau, logrando retrasar deterioro cognitivo en etapas iniciales de la enfermedad.
El neurólogo Pascual Sánchez Juan destaca que nuevos análisis de sangre permiten detectar proteínas del Alzheimer décadas antes de síntomas, mientras dos fármacos recientemente aprobados retrasan el deterioro cognitivo un 30 por ciento.
El Alzheimer no es una enfermedad de ancianos. Es una enfermedad de gente joven que tarda veinte años en manifestarse. Así lo explica el doctor Pascual Sánchez Juan, neurólogo español y director científico de la Fundación CIEN, un centro de investigación ubicado en Vallecas, a las afueras de Madrid, que se ha convertido en referencia mundial en el estudio de las demencias. Mientras más de 50 millones de personas en el mundo padecen esta enfermedad hoy, los cálculos proyectan que esa cifra se triplicará para 2050. Pero en los últimos años, algo ha cambiado en el panorama del tratamiento y el diagnóstico.
La Fundación CIEN, que depende del Instituto Carlos III, combina investigación de punta con atención clínica directa. Funciona en un espacio abierto rodeado de árboles donde opera el Centro Alzheimer de la Fundación Reina Sofía, que alberga la residencia para personas con demencia más grande de la Comunidad de Madrid: 150 internados más 50 que asisten a un programa de hospital de día. Pero lo que hace verdaderamente singular a este lugar es su banco de tejidos, el más importante de España. Ochocientos cerebros donados por enfermos de distintos puntos del país que murieron con demencia. Esta combinación única —laboratorio, clínica y tejido post mortem— permite a Sánchez Juan desentrañar los misterios del cerebro con una precisión que pocos centros en el mundo pueden igualar. Hace poco, la revista Nature dedicó un artículo a este hub de investigación bajo el título "Madrid's unique Alzheimer's research hub reaches a pivotal moment".
El verdadero avance, sin embargo, está en el diagnóstico. Hasta hace poco, detectar la enfermedad requería procedimientos invasivos: extraer líquido cefalorraquídeo mediante punción lumbar o realizar estudios de medicina nuclear como el PET para visualizar las placas de proteína acumuladas en el cerebro. Ahora existe una alternativa revolucionaria: un análisis de sangre simple. El test mide los niveles de p-tau217, una proteína que viene del cerebro y aumenta en la sangre desde las fases iniciales del Alzheimer. "Es revolucionario poder saber con una prueba de sangre si la gente tiene las proteínas del Alzheimer o no", dice Sánchez Juan. El análisis puede solicitarse en una clínica normal, sin necesidad de procedimientos invasivos. Cuando alguien presenta síntomas iniciales de pérdida de memoria y el marcador está elevado, la probabilidad de que esos síntomas avancen supera el 90 por ciento.
Esta capacidad de detección temprana cobra sentido gracias a dos medicamentos recientemente aprobados en Estados Unidos, Europa y otros países. Se llaman lecanemab, desarrollado por Eisai y Biogen, y donanemab, de Eli Lilly. Ambos son anticuerpos que actúan contra las proteínas beta-amiloide y tau que se acumulan en el cerebro de los pacientes con Alzheimer. Los anticuerpos se unen a estas proteínas y precipitan su eliminación. En los ensayos clínicos, estos fármacos lograron retrasar el deterioro cognitivo en un 30 por ciento. Pero hay un detalle crucial: hasta ahora se administran en las etapas iniciales de la enfermedad, cuando el paciente aún tiene lo que se llama deterioro cognitivo leve —algunos fallos de memoria, cierto deterioro cognitivo, pero capacidad de llevar una vida medianamente normal.
Lo que entusiasma a Sánchez Juan es la posibilidad de ir más allá. Si los análisis de sangre pueden detectar estas proteínas en personas sin síntomas, ¿por qué no administrar estos medicamentos antes de que aparezcan los síntomas? Ya hay ensayos clínicos en marcha con individuos cognitivamente sanos pero que tienen la patología en el cerebro. Sin embargo, aquí la ciencia debe ser cautelosa. Tener las proteínas no garantiza que la enfermedad se desarrolle. Algunos cerebros tienen mayor resiliencia, mayor capacidad de resistencia, y pueden convivir con estas proteínas sin que la enfermedad se manifieste nunca. Otros, con la misma carga de proteínas, desarrollan síntomas más rápidamente. "El cerebro es muy complejo. Es el órgano más sofisticado que existe", advierte Sánchez Juan. Aún no se entiende completamente por qué algunos cerebros logran sobreponerse a la patología mientras otros no.
Pero si el diagnóstico precoz abre una puerta, la prevención abre muchas más. Sánchez Juan es enfático: el 40 por ciento de los casos de demencia son prevenibles. Es casi la mitad de la enfermedad. El problema es que el sistema sanitario está mucho más centrado en el cuidado de patologías crónicas que en la prevención. Hace falta política, hace falta un plan. A nivel personal, sin embargo, hay mucho que hacer. El cerebro alcanza su máximo esplendor a los 27 años y a partir de ahí empieza a empeorar. Por eso hay que cuidarlo desde la infancia. Los padres deberían estimular a sus hijos a aprender idiomas y música, actividades que generan mucho crecimiento neuronal. El conocimiento da músculo y colchón para retrasar el deterioro cognitivo que llega con la edad. Luego, en la vida adulta, hay que mantener la actividad mental y social, hacer ejercicio físico, controlar la presión arterial, evitar el sobrepeso, no fumar, no beber en exceso. Dormir bien es esencial. Las limitaciones sensoriales —problemas de vista o audición— son factores de riesgo porque generan aislamiento, y el aislamiento atrofia el cerebro. La depresión y la ansiedad agravan los riesgos. Incluso la contaminación del aire es un factor de riesgo documentado.
Curiosamente, aunque el número absoluto de casos de Alzheimer está subiendo, esto se debe principalmente a que las poblaciones envejecen y la gente vive más años. Si se mira la incidencia real —el número de casos nuevos en relación con la población en riesgo— los estudios muestran una disminución comparada con principios del siglo XX. Sánchez Juan lo atribuye a los avances en sanidad, educación y control de factores de riesgo. Se fuma menos, se presta más atención a la hipertensión y la diabetes, se cuida más el cuerpo. El cerebro llega en mejores condiciones. Pero esto no detiene la acumulación de proteínas. La enfermedad sigue avanzando silenciosamente durante dos décadas antes de manifestarse. Lo que ha cambiado es que ahora, por primera vez, tenemos herramientas para detectarla antes de que sea demasiado tarde.
Citações Notáveis
Es revolucionario poder saber con una prueba de sangre si la gente tiene las proteínas del Alzheimer o no— Doctor Pascual Sánchez Juan
El cerebro alcanza su máximo esplendor a los 27 años y a partir de ahí empieza a empeorar. Por eso hay que cuidarlo desde que nacemos— Doctor Pascual Sánchez Juan