Dos de los arquitectos más poderosos del mundo digital han convergido en un pronóstico que resuena como un cambio de era: el smartphone, ese rectángulo de cristal que redefinió la vida moderna, tiene los días contados. Elon Musk y Mark Zuckerberg, desde trincheras distintas y con visiones divergentes, coinciden en que antes de 2035 la humanidad habrá adoptado una relación radicalmente nueva con la tecnología. Lo que los separa no es el destino, sino el camino: uno imagina que la inteligencia migra hacia lo invisible, el otro que se funde con nuestra propia mirada.
Musk y Zuckerberg predicen el fin del smartphone antes de 2035
Lo que llamaremos teléfono será un nodo periférico para la IA
¿En serio crees que en cinco años nadie llevará un smartphone en el bolsillo?
Bueno, Musk no dice que desaparezcan completamente. Dice que serán obsoletos en su forma actual. Lo que propone es que el dispositivo físico se reduzca a algo mínimo, casi un accesorio.
Pero Zuckerberg habla de gafas. ¿No es eso también un dispositivo que llevarías contigo?
Sí, pero la diferencia es fundamental. Las gafas no te aíslan del mundo. Con un smartphone, estás mirando hacia abajo, desconectado. Con las gafas de realidad aumentada, la información se superpone a tu visión normal. Es una experiencia completamente distinta.
Entonces, ¿cuál de los dos tiene más probabilidades de acertar?
Probablemente ambos. Musk habla de la infraestructura de IA que necesitamos construir. Zuckerberg habla del dispositivo que el usuario verá y usará. Podrían ser dos caras de la misma moneda. La IA remota alimentando gafas inteligentes.
¿Y qué pasa con todos los que invierten en aplicaciones móviles ahora?
Ese es el verdadero riesgo. Si estos dos tienen razón, toda una industria de desarrolladores tendrá que reinventarse. Pero eso también ha pasado antes. La web mató a muchas cosas, y luego llegaron las aplicaciones móviles.
Le Pouls
- Musk fija un plazo concreto y perturbador: en apenas cinco o seis años, el teléfono tal como lo conocemos será tan irrelevante como el teléfono de disco.
- Zuckerberg responde con su propia apuesta existencial: Meta lleva años y miles de millones de dólares construyendo las gafas que, según él, reemplazarán al smartphone antes de que termine la década.
- La tensión entre ambas visiones revela una fractura profunda en la industria: ¿debe la tecnología volverse invisible o integrarse físicamente en el cuerpo humano?
- Los prototipos ya existen — la línea Orión de Meta y los nodos de IA periféricos que imagina Musk — pero ninguno ha conquistado aún al consumidor masivo.
- La próxima década se perfila como una carrera donde el ganador no solo venderá un dispositivo, sino que redefinirá cómo la humanidad percibe y habita el mundo digital.
Dos de los arquitectos más poderosos del mundo digital han convergido en un pronóstico que resuena como un cambio de era: el smartphone, ese rectángulo de cristal que redefinió la vida moderna, tiene los días contados. Elon Musk y Mark Zuckerberg, desde trincheras distintas y con visiones divergentes, coinciden en que antes de 2035 la humanidad habrá adoptado una relación radicalmente nueva con la tecnología. Lo que los separa no es el destino, sino el camino: uno imagina que la inteligencia migra hacia lo invisible, el otro que se funde con nuestra propia mirada.
Dos de los empresarios más influyentes del planeta han llegado a la misma conclusión inquietante: el smartphone está condenado. Elon Musk y Mark Zuckerberg, pese a sus diferencias públicas, coinciden en que antes de 2035 el teléfono inteligente habrá desaparecido del paisaje tecnológico, reemplazado por algo que hoy apenas podemos imaginar.
Musk fue el más preciso en su diagnóstico. En una aparición en The Joe Rogan Experience, el fundador de Tesla y propietario de X declaró que los teléfonos tradicionales serán 'completamente obsoletos' en cinco o seis años. Su visión descarta las pantallas repletas de aplicaciones y los sistemas operativos convencionales. En su lugar, proyecta un mundo donde la inteligencia artificial genera interfaces en tiempo real, adaptándose a lo que el usuario necesita antes incluso de que lo pida. El dispositivo físico se reduciría a un terminal mínimo — apenas capaz de capturar sonido e imágenes — mientras el peso computacional recaería en servidores remotos e invisibles.
Zuckerberg llega a la misma conclusión por un camino diferente. El CEO de Meta apuesta por las gafas de realidad aumentada como herederas del smartphone: en menos de diez años, según él, las personas dejarán de cargar teléfonos en los bolsillos e integrarán sus tareas digitales directamente en su campo visual. Los prototipos de la línea Orión y los dispositivos Quest ya apuntan en esa dirección, permitiendo llamadas, mensajes y trabajo en entornos virtuales sin perder el contacto con el mundo físico.
Lo que hace notable este acuerdo es la profundidad del disenso que esconde. Musk imagina tecnología que se vuelve casi etérea, delegando la inteligencia a sistemas remotos. Zuckerberg propone un hardware que se integra en el cuerpo y la percepción, pero que sigue siendo tangible. Ambas visiones, sin embargo, comparten un rechazo a la pantalla rectangular que ha dominado los últimos quince años: ese objeto que exige atención total y nos aisla del entorno.
La pregunta que la próxima década deberá responder es cuál de estas dos apuestas capturará la imaginación y el dinero de los consumidores: si un mundo donde la tecnología se vuelve invisible, o uno donde se funde tan profundamente con nosotros que dejamos de percibirla como algo separado.
Dos de los empresarios más influyentes de la tecnología mundial están de acuerdo en algo que suena casi como ciencia ficción: el teléfono inteligente que llevas en el bolsillo está condenado. No en décadas. En años. Elon Musk y Mark Zuckerberg, a pesar de sus diferencias públicas, coinciden en que antes de 2035 el smartphone habrá desaparecido del panorama tecnológico, reemplazado por algo radicalmente distinto.
Musk fue más específico en su predicción. Durante una aparición en The Joe Rogan Experience, el fundador de Tesla y propietario de X afirmó que los teléfonos tradicionales serán "completamente obsoletos" en cinco o seis años. Su visión del futuro rechaza las pantallas llenas de aplicaciones y los sistemas operativos convencionales que hoy dominan nuestras vidas digitales. En su lugar, imagina un mundo donde la inteligencia artificial genera interfaces y videos en tiempo real, adaptándose instantáneamente a lo que el usuario necesita o anticipa que necesitará. El dispositivo físico en sí sería apenas un terminal mínimo, enfocado únicamente en capturar sonido e imágenes. El verdadero trabajo computacional pesado ocurriría en servidores externos, invisibles al usuario. "Lo que llamaremos teléfono será en realidad un nodo periférico para la inferencia de IA con conexiones inalámbricas", explicó Musk, reduciendo el dispositivo a su función más esencial.
Zuckerberg ve el futuro de manera diferente, aunque llega a la misma conclusión sobre el fin del smartphone. El CEO de Meta apuesta por las gafas de realidad aumentada como el dispositivo que ocupará el lugar del teléfono móvil. En menos de diez años, según su perspectiva, las personas dejarán de cargar smartphones en los bolsillos. En su lugar, integrarán todas sus tareas digitales directamente en su visión cotidiana a través de gafas inteligentes. Los prototipos de la línea Orión de Meta y los dispositivos Quest ya apuntan en esta dirección, permitiendo a los usuarios hacer llamadas, gestionar mensajes y trabajar en entornos virtuales sin perder contacto con el mundo físico que los rodea. A diferencia de la visión de Musk, donde el dispositivo se vuelve casi invisible, la propuesta de Zuckerberg mantiene un hardware visible pero lo integra de manera más natural en la experiencia humana.
Lo que hace notable este acuerdo es que ambos magnates ven la misma transformación inevitable, pero por caminos completamente distintos. Musk imagina un futuro donde el dispositivo físico se reduce a su mínima expresión, delegando casi toda la inteligencia a sistemas remotos. Zuckerberg, por el contrario, propone un dispositivo que se vuelve más integrado en nuestro cuerpo y percepción, pero que sigue siendo un objeto tangible que usamos. Ambas visiones, sin embargo, comparten un rechazo fundamental a la forma que los smartphones han tomado durante los últimos quince años: pantallas rectangulares que demandan nuestra atención completa, aislándonos del mundo que nos rodea.
La próxima década será decisiva. Si alguno de estos dos empresarios tiene razón, o si ambos lo tienen en partes iguales, el dispositivo que hoy consideramos indispensable será tan obsoleto como los teléfonos de disco. La pregunta que queda abierta es cuál de estas dos visiones logrará capturar la imaginación y el dinero de los consumidores: ¿un mundo donde la tecnología se vuelve invisible, o uno donde se vuelve tan integrada en nosotros que dejamos de verla como un objeto separado?
Citations marquantes
Lo que llamaremos teléfono será en realidad un nodo periférico para la inferencia de IA con conexiones inalámbricas— Elon Musk
Las personas dejarán de llevar smartphones en el bolsillo para integrar las tareas digitales en su visión diaria mediante gafas de realidad aumentada— Mark Zuckerberg