Moria Casán a los 80: «Estoy en la adultez extrema» y regresa a la TV con energía sin límites

Moria Casán revela haber sufrido abuso sexual por parte de su abuelo paterno en la infancia, aunque aclara que no hubo penetración y ha logrado no vivir resentida ni traumatizada por el evento.
Estoy en la adultez extrema, aspiro a la inmortalidad
Moria Casán describe su momento vital a los 79 años, rechazando la idea del retiro y afirmando su búsqueda de evolución constante.
Mark

¿Cómo es posible que a los 79 años tengas más energía que muchas personas de 40?

Mimi

Nunca me relacioné con la edad. La edad es lo único que no elegí. Tengo una temporalidad única y eso se nota en que no tengo cerebro cansino ni camino lento.

Mark

¿El abuso que sufriste en la infancia no te marcó de una manera que te impidiera vivir plenamente?

Mimi

Me transformó en una mujer gozosa total. Nunca me puse en papel de víctima, nunca odié a los hombres ni a nadie. Eso es mi modo de autogestión. No lo recuerdo en mi vida diaria.

Mark

¿Qué significa para ti que tu propia hija te interprete en la serie de Netflix?

Mimi

Fue como entrar a mi útero y al mismo tiempo ser testigo de una suerte de realismo mágico. Es muy loco que tu hija te haga, estando vos viva, y sea un calco. Siento que estoy titiriteada por el universo.

Mark

¿Por qué la comunidad LGBTIQ+ te quiere tanto?

Mimi

Siempre estuve al lado de los marginales sin sentido oportunista. Cuando era niña jugaba con la única mariquita que había en el barrio. Entiendo el dolor, la discriminación. Cómo no voy a estar para ellos.

Mark

¿Qué te atrae de volver a la televisión a esta altura?

Mimi

Me llamaron y les dije que si no era diaria no quería. Y cuando me dijeron que era de mañana, dije que mejor. Voy a atravesar la realidad con mi ojo. No me voy a callar nada, voy a ser yo.

Mark

¿Sos feliz?

Mimi

La felicidad del ja ja ja ja me parece cursi. Yo siento que tengo una vida plena y muy tomada por lo artístico. Tengo una aura que imanta.

  • Debuta en "La mañana con Moria" el lunes 10 de noviembre a las 9 de la mañana por El Trece
  • Netflix produce una serie biográfica con Sofía Gala (su hija) interpretándola en la juventud
  • Cumplirá 80 años el próximo año, nacida el 16 de agosto de 1946
  • Sufrió abuso sexual por su abuelo paterno, Antonio Bautista, en la infancia

Moria regresa a la TV en vivo con un magazine matutino de lunes a viernes a las 9 de la mañana, buscando ofrecer entretenimiento con su impronta personal sin ser un noticiero. Netflix está produciendo una serie biográfica sobre su vida con tres actrices interpretándola, incluyendo a su hija Sofía Gala, quien la representa en su juventud.

Moria Casán debuta en "La mañana con Moria" por El Trece mientras Netflix prepara una serie biográfica sobre su vida. En entrevista, la actriz habla sin filtros sobre su infancia, abuso infantil, carrera y vida a los 80 años.

El lunes 10 de noviembre, Moria Casán vuelve a la televisión en vivo. A las 9 de la mañana, cuando la mayoría de los argentinos apenas abre los ojos, ella estará frente a las cámaras de El Trece con un magazine matutino que lleva su nombre. No es un regreso discreto. A los 79 años, a meses de cumplir 80, Casán sigue moviéndose con la energía de alguien que nunca se permitió envejecer en serio.

Pero antes de hablar del programa, hay que entender quién es la mujer que lo conducirá. En una oficina del canal, días antes del estreno, Casán describe su momento vital con una frase que resume su filosofía: está viviendo "la adultez extrema". No es una edad, es un estado. Ha recorrido un camino largo en el espectáculo argentino —más de 50 años en televisión, décadas en teatro— y dice que aspira a la inmortalidad, "con inteligencia artificial, superficial, genética, plástica, con lo que sea". Mientras habla, menciona que Netflix está filmando una serie sobre su vida. Tres actrices la interpretan en diferentes etapas: su hija Sofía Gala en la juventud, además de Griselda Siciliani y Cecilia Roth. Cuando fue a ver a su hija en el set, el impacto fue visceral. "Fue como entrar a mi útero y al mismo tiempo ser testigo de una suerte de realismo mágico", dice. Ver a su propia hija encarnándola, viva ella misma, fue "recontra fuerte".

Casán no necesita promoción. Lo que la mueve es la confesión. Y en esta charla, sin que nadie la presione, toca temas que muchos evitarían. Habla de su infancia en Coronel Granada, provincia de Buenos Aires, donde sus abuelos vivían. Gerónima, la madre de su padre, le enseñaba a cosechar en la huerta, a buscar huevos en el gallinero, le preparaba sabayón todas las tardes. Tenía "ojos celestes casi transparentes, como de perro husky". Pero luego, sin transición, cuando se le pregunta quién la marcó más, suelta: "Mi abuelo, que me abusó". El silencio en la sala es demoledor. Su abuelo paterno se llamaba Antonio Bautista. Ella aclara que no hubo penetración, pero no profundiza en eso. Lo importante para ella es que nunca se vio como víctima, nunca odió a los hombres, nunca vivió resentida. "Eso me transformó en una mujer gozosa total del sexo y de todo", dice. No romantiza su vida, insiste. Tiene "tantas oscuridades hermosas" y tanta luz que "me hago sombra yo sola".

De su madre recuerda rituales de belleza. A los 5 o 6 años, su madre le pintaba el cuerpo con barro en verano, lo dejaba secar, y luego se lo sacaba con una regadera de porcelana celeste, seguido de leche de almendras. "Yo me quedaba tipo buda y no quería ni moverme como para no agrietarme. Era como un hornero". Cree que ahí comenzó a construirse, a hacerse fuerte. Pero entre los 12 y los 17 años lloraba todas las noches. Dos cosas mojadas: su bombacha de la calentura y la almohada del llanto. No sabía qué hacer con su cuerpo adolescente que ya llamaba la atención. Su padre no podía soportar lo que le decían en la calle.

De niña, jugaba con "la única mariquita que había en el barrio". Era un chico de familia árabe con ojos hermosos. Ella veía marcas de golpes en su cuerpo y sabía que lo habían golpeado en casa. Entonces hacía que sus encuentros fueran pura diversión. Competían a ver quién movía más las caderas. "Estaba parejo, porque yo nunca quise perder a nada y la marica casi más se descadera". Eso fue en José Ingenieros, donde vivió parte de su infancia. Hoy, la comunidad LGBTIQ+ la considera un ícono. Ella dice que siempre estuvo al lado de los marginales sin oportunismo. Se siente una "margenial". Recientemente hizo un mapeo del alma y le dijeron que tiene "personalidad reflector": una entre millones que ilumina todo el tiempo y la gente se imanta sin que uno pierda su brillo.

Sobre Susana Giménez, su compañera de los '80, desmiente que haya puesto condiciones para aparecer en la serie de Netflix. "Es una mentira. Susana dio el ok para estar en la serie y no puso ningún reparo". Dice que Susana es "una estrella impresionante" y que nunca hubo nada igual a su dúo. Cuando le preguntan qué opina de que Wanda Nara sea llamada "la nueva Susana", responde con ironía: "Me parece humillante para ella". Hay millones de kilómetros de distancia entre una y otra.

Ahora, a los 79 años, Casán sigue en movimiento. Hace poco terminó de actuar en Brujas, un fenómeno teatral de 34 años, en Mar del Plata. El 30 de mayo debutó en una obra con Jorge Marrale en el Metropolitan. No para. Dice que no tiene "cerebro cansino ni camino lento". Su hija Sofía Gala tiene dos hijos: Dante, de 10 años, "un refinado, un sibarita" que ya saborea las ostras; y Helena, de 17, que va al Carlos Pellegrini y tiene "una personalidad bravísima". De Sofía dice que es "una bomba, tiene mucha verdad, es una hermosa persona y una actriz sublime".

Sobre el nuevo programa, Casán explica que no será un noticiero. La idea es buscar un momento de relax, hacer una mañana amena, con su impronta. "No me voy a callar nada, voy a ser yo, no sé ser de otra manera". Se levanta todos los días entre las 7:30 y las 8. Ahora lo hará un poco antes. En media hora de autopista estará en el canal. Cuando le preguntaron si quería hacer televisión, ella pidió que fuera diaria. Cuando le dijeron que era de mañana, respondió: "Ah, mejor". El productor no entendía nada. Ella sí. A esta altura de su vida, Moria Casán sigue sabiendo exactamente qué quiere.

Yo no romantizo mi vida, para nada. Tiene tantas oscuridades hermosas y tengo tanta luz que me hago sombra yo sola.
— Moria Casán
Siempre estuve al lado de los marginales y nunca tuve un sentido oportunista. Me siento una margenial.
— Moria Casán
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