En el primer aniversario del ataque al hospital Nasser que costó la vida a cinco periodistas, un oficial militar israelí ha articulado abiertamente la lógica que subyace a los ataques contra la prensa en Gaza: toda cámara es considerada un instrumento al servicio de Hamás. Esta declaración no es una anomalía sino la expresión de una política que ha operado en silencio durante meses, y que hasta ahora no ha encontrado ninguna forma de rendición de cuentas. En el espacio donde debería existir justicia, solo hay ausencia.
Militar israelí justifica ataques a prensa en Gaza: "Las cámaras ayudan a Hamás"
Todas las cámaras ayudan a Hamás, según la lógica de los soldados
¿Cómo se justifica exactamente esta posición? ¿Qué evidencia presentan de que las cámaras ayudan operativamente a Hamás?
No hay evidencia presentada. Es una afirmación de percepción táctica: que la documentación visual de operaciones militares, aunque sea pasiva, proporciona inteligencia útil al enemigo. Es una lógica que convierte el acto de registrar en un acto de participación.
Pero eso significaría que cualquier testigo, cualquier persona con un teléfono, sería también un objetivo legítimo.
Exactamente. Y de hecho, civiles han sido atacados por grabar. La diferencia es que los periodistas son identificables, están en lugares predecibles, y su muerte puede ser justificada públicamente de una manera que la de un civil anónimo no puede.
¿Por qué importa que haya pasado un año sin rendición de cuentas? ¿No es eso normal en conflictos?
No debería serlo. El derecho internacional protege específicamente a los periodistas. Cuando mueren cinco en un ataque documentado, la investigación no es opcional. La ausencia de rendición de cuentas después de un año no es negligencia; es una señal de que no hay intención de investigar.
¿Qué significa esto para los periodistas que aún están en Gaza?
Significa que trabajan bajo una amenaza que ha sido legitimada oficialmente. Cuando un militar declara públicamente que ve todas las cámaras como enemigas, está dando cobertura ideológica a futuros ataques. Los reporteros saben que si son atacados, habrá una justificación lista.
¿Hay algún mecanismo para que esto cambie?
Solo si hay presión internacional sostenida y si se establece que hay un costo político o legal por atacar a periodistas. Hasta ahora, el costo ha sido cero. Un año después, el silencio es ensordecedor.
Il Polso
- Un oficial israelí confirma públicamente que los soldados tratan cualquier cámara como una amenaza táctica, convirtiendo a todo periodista en un objetivo potencial.
- Cinco reporteros murieron hace un año en el hospital Nasser durante un doble ataque; ningún responsable ha sido identificado ni investigado formalmente.
- La justificación militar invierte el principio fundamental del derecho internacional que protege a la prensa en zonas de conflicto armado.
- Los periodistas que permanecen en Gaza trabajan bajo un miedo calculado, sabiendo que su presencia puede ser interpretada como colaboración con una organización terrorista.
- La impunidad acumulada establece un precedente global: atacar a reporteros en Gaza no tiene consecuencias, y esa ausencia es ahora parte del paisaje informativo.
En el primer aniversario del ataque al hospital Nasser que costó la vida a cinco periodistas, un oficial militar israelí ha articulado abiertamente la lógica que subyace a los ataques contra la prensa en Gaza: toda cámara es considerada un instrumento al servicio de Hamás. Esta declaración no es una anomalía sino la expresión de una política que ha operado en silencio durante meses, y que hasta ahora no ha encontrado ninguna forma de rendición de cuentas. En el espacio donde debería existir justicia, solo hay ausencia.
Un oficial militar israelí ha puesto en palabras lo que durante meses ha operado como práctica no declarada: para los soldados desplegados en Gaza, toda cámara es un instrumento al servicio de Hamás. La declaración no pretende ser una disculpa ni un error reconocido, sino la articulación de una política que trata la presencia de periodistas como una amenaza táctica equiparable a la de un combatiente.
Esta lógica adquiere un peso particular al cumplirse un año del ataque al hospital Nasser, donde dos explosiones consecutivas mataron a cinco reporteros que documentaban la realidad de la guerra desde uno de los principales centros médicos de Gaza. No fueron víctimas colaterales de un frente difuso: estaban identificados, estaban trabajando, y murieron sin que nadie haya respondido por ello. Un año después, no existe investigación formal, no hay responsables señalados, no hay respuestas para las familias.
Lo que persiste es el vacío. Los periodistas que continúan informando desde Gaza lo hacen sabiendo que su equipo puede ser leído como armamento enemigo. Cada asignación implica un cálculo que sus colegas en otras partes del mundo nunca deben hacer. Algunos han abandonado. Otros siguen, asumiendo un nivel de riesgo que ha sido, en la práctica, legitimado por la voz de un oficial que ve sus cámaras no como instrumentos de verdad, sino como herramientas del adversario.
El derecho internacional distingue entre combatientes y prensa. Esa distinción, cuando la definición de amenaza se expande lo suficiente, desaparece. Y con ella, la posibilidad de que el mundo sepa lo que ocurre dentro de una guerra.
Un oficial militar israelí ha ofrecido una justificación explícita para los ataques contra periodistas en Gaza: desde la perspectiva de los soldados en el terreno, toda cámara es un instrumento que sirve a los intereses de Hamás. La declaración resume una lógica que ha prevalecido durante meses de conflicto, donde la presencia de reporteros y equipos de filmación ha sido tratada como una amenaza táctica más que como la actividad legítima de documentación que representa.
Esta postura cobra particular peso cuando se considera lo ocurrido hace exactamente un año en el hospital Nasser. Un ataque doble sacudió la instalación médica, dejando un saldo de cinco periodistas muertos. Los reporteros estaban en el lugar cumpliendo su función: documentar la realidad de la guerra desde uno de los principales centros de atención médica de Gaza. Sus muertes no fueron incidentes aislados sino parte de un patrón más amplio de ataques dirigidos contra la prensa que cubre el conflicto.
Lo que distingue este caso no es solo la magnitud de las pérdidas sino la ausencia de consecuencias. Un año después del ataque al Nasser, no ha habido rendición de cuentas. Nadie ha sido identificado como responsable. Nadie ha enfrentado investigación formal. El tiempo ha pasado sin que se establezca quién ordenó los ataques, quién los ejecutó, o bajo qué circunstancias se tomó la decisión de disparar contra un hospital donde trabajaban periodistas identificables.
Mientras tanto, reporteros continúan intentando informar desde Gaza. Cada uno que se presenta con una cámara o un micrófono lo hace sabiendo que su presencia puede ser interpretada no como un acto de periodismo sino como colaboración con una organización designada como terrorista. El miedo es ahora parte del oficio. Los periodistas deben calcular constantemente si el riesgo de ser atacado justifica la importancia de la historia que están persiguiendo. Algunos han decidido que no. Otros continúan, aceptando un nivel de peligro que sus colegas en otras partes del mundo nunca tendrían que considerar.
La declaración del militar israelí no es una confesión de error sino una articulación de una política. Si todas las cámaras son vistas como herramientas enemigas, entonces cualquier periodista es un objetivo legítimo. Esta lógica invierte completamente la protección que el derecho internacional intenta otorgar a la prensa en tiempos de guerra. Los periodistas no son combatientes. Sus cámaras no son armas. Pero cuando la definición de amenaza se expande lo suficiente, estas distinciones desaparecen.
Lo que queda es un vacío donde debería haber responsabilidad. Cinco familias esperan respuestas que no han llegado. La comunidad internacional de periodistas observa un precedente que sugiere que atacar a reporteros en Gaza puede ocurrir sin consecuencias. Y los periodistas que permanecen en el terreno continúan trabajando bajo una amenaza que ha sido, efectivamente, legitimada por la declaración de un oficial militar que ve sus cámaras no como instrumentos de verdad sino como armas del enemigo.
Citazioni salienti
Para los soldados, todas las cámaras ayudan a Hamás— Oficial militar israelí