Milicias proiraníes iraquíes inician disolución bajo presión de Washington

Grupos designados terroristas ceden ante presión de Washington
Las Brigadas Imam Ali y Asaib Ahl al-Haq anuncian su separación de la estructura paramilitar iraquí.
Mark

¿Por qué ahora? ¿Qué cambió para que estas milicias acepten entregar sus armas?

Mimi

La presión estadounidense fue directa. Petraeus no fue a Bagdad a charlar. Vino a decir que Washington no toleraría grupos terroristas designados operando dentro del Estado iraquí. Pero también hay algo interno: el primer ministro Ali al Zaidi tiene respaldo parlamentario real, y eso es nuevo.

Mark

¿Y Irán? Estos grupos son sus brazos en Irak. ¿Simplemente aceptan perder esa influencia?

Mimi

No es tan simple. Irán ha invertido años construyendo estas estructuras. Pero también ve que el juego cambió. Si se resisten abiertamente, enfrentan sanciones estadounidenses más duras. Es un cálculo de daño menor.

Mark

¿Qué pasa con los 180.000 combatientes? ¿Se disuelven, se integran al ejército regular, desaparecen?

Mimi

Eso es lo que nadie sabe todavía. El proceso incluye un inventario de personal, pero la realidad será más complicada. Algunos se integrarán formalmente. Otros probablemente desaparecerán en la burocracia. Algunos podrían resistir.

Mark

¿Cuál es el riesgo real aquí?

Mimi

Que esto sea teatro. Que las milicias entreguen armas en papel pero mantengan arsenales ocultos. O que el Estado iraquí, débil como es, no pueda realmente controlar lo que reciba. El monopolio estatal de armas solo funciona si el Estado es lo suficientemente fuerte para hacerlo cumplir.

Mark

¿Y si funciona?

Mimi

Entonces Irak da un paso hacia la estabilidad real. Menos estructuras paralelas, menos influencia iraní directa, más control civil. Pero eso requiere que el Estado iraquí sea capaz de gobernar, y ese es el verdadero desafío.

  • Washington intensificó su presión sobre Bagdad enviando al general retirado David Petraeus en mayo, exigiendo que grupos designados como terroristas no sigan operando dentro del aparato ejecutivo iraquí.
  • Las Brigadas Imam Ali y Asaib Ahl al-Haq —clasificadas como organizaciones terroristas por Estados Unidos— anunciaron su ruptura formal con las Fuerzas de Movilización Popular, un conglomerado de unas cincuenta milicias con cerca de 180.000 combatientes.
  • El respaldo del Marco de Coordinación chií, del clérigo Muqtada al Sadr y del gran ayatolá Sistani al plan del primer ministro Ali al Zaidi creó una convergencia política interna sin precedentes a favor del monopolio estatal de las armas.
  • Las facciones comprometieron la entrega de arsenal, personal, vehículos y suministros a la cadena de mando presidencial, aunque el proceso real de desmantelamiento aún no ha comenzado.
  • Irán, que financió y orientó estas estructuras durante años, permanece como el factor geopolítico más incierto en el horizonte del proceso.

En el corazón de Bagdad, dos de las milicias proiraníes más poderosas de Irak anunciaron su separación de las Fuerzas de Movilización Popular, comprometiéndose a entregar sus armas al Estado bajo la presión combinada de Washington y el respaldo de las más altas autoridades religiosas y parlamentarias chiíes. Lo que nació en 2014 como una respuesta de emergencia ante el avance del Estado Islámico se convirtió con el tiempo en una arquitectura paralela de poder financiada por Teherán; hoy, esa arquitectura comienza a resquebrajarse. El momento plantea una pregunta que trasciende la geopolítica: si un Estado puede recuperar el monopolio legítimo de la fuerza sin que el vacío sea llenado por nuevas formas de violencia.

El martes, las Brigadas Imam Ali y Asaib Ahl al-Haq —dos de las facciones más influyentes del entramado paramilitar proiraní en Irak— anunciaron su separación de las Fuerzas de Movilización Popular y su disposición a entregar armas, personal y vehículos a la cadena de mando del Estado. Ambas organizaciones están clasificadas como terroristas por Estados Unidos. El anuncio llegó horas después de que el Marco de Coordinación, la principal coalición parlamentaria chií, respaldara formalmente el plan del primer ministro Ali al Zaidi de concentrar el monopolio de las armas en manos del gobierno central.

La presión diplomática de Washington fue determinante. A mediados de mayo, David Petraeus, general retirado y arquitecto de la estrategia de contrainsurgencia estadounidense en Irak entre 2007 y 2008, visitó Bagdad y se reunió con funcionarios de alto nivel. Parlamentarios chiíes describieron la visita como parte del esfuerzo de la administración Trump para forzar el desarme de estas facciones. La postura estadounidense es inequívoca: grupos designados como terroristas no pueden mantener estructuras paralelas dentro del aparato del Estado iraquí.

El movimiento se inscribe en una convergencia política más amplia. Días antes, el clérigo Muqtada al Sadr había ordenado la integración de su propia milicia en las estructuras estatales e instado a las demás facciones a abandonar lealtades partidistas. El gran ayatolá Ali al Sistani, máxima autoridad religiosa chií en Irak, también respaldó públicamente el monopolio estatal de las armas.

Las Fuerzas de Movilización Popular nacieron en 2014, cuando Sistani emitió una fatua llamando a defender Irak frente al avance del Estado Islámico. Tras la derrota del califato en 2018, el conglomerado —unas cincuenta milicias con cerca de 180.000 combatientes— fue integrado formalmente en las estructuras de seguridad sin ser desmovilizado, creando un ejército paralelo financiado en gran medida por Teherán. Lo anunciado esta semana es el primer paso visible para desmantelar esa arquitectura, aunque la influencia iraní seguirá siendo el factor más incierto en el camino que queda por recorrer.

Dos de las milicias más influyentes vinculadas a Irán en Irak anunciaron el martes su ruptura con la estructura paramilitar que las albergaba, marcando el avance más visible hasta ahora en un esfuerzo por devolver el control exclusivo de las armas al Estado. Las Brigadas Imam Ali y Asaib Ahl al-Haq —ambas clasificadas como organizaciones terroristas por Estados Unidos— comunicaron que se desvinculaban de las Fuerzas de Movilización Popular y comenzarían los trámites para entregar su arsenal a las autoridades centrales.

El anuncio llegó horas después de que el Marco de Coordinación, la coalición parlamentaria chií más importante de Irak, respaldara formalmente el plan del primer ministro Ali al Zaidi de concentrar el monopolio de las armas en manos del Estado. En un comunicado, ambas facciones declararon su intención de "romper los lazos" con la estructura paramilitar e iniciar el proceso de transferencia de armamento, personal, vehículos y suministros a la cadena de mando presidencial. El primer ministro, por mandato constitucional, actúa como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

La decisión ocurre bajo presión diplomática intensa de Washington. A mediados de mayo, David Petraeus, general retirado y ex director de la CIA que diseñó la estrategia de contrainsurgencia estadounidense en Irak entre 2007 y 2008, visitó Bagdad y se reunió con funcionarios de alto nivel. Parlamentarios del Marco de Coordinación describieron la visita como parte de los esfuerzos de la administración Trump para forzar el desarme de estas facciones. La posición estadounidense es clara: grupos designados como terroristas no pueden mantener estructuras paralelas dentro del aparato ejecutivo iraquí.

La semana anterior, el clérigo chií Muqtada al Sadr había ordenado la integración de su propia milicia, Saraya al Salam, en las estructuras estatales, e instó a las demás facciones de las Fuerzas de Movilización Popular a abandonar lo que llamó "órdenes partidistas y sectarias". El gran ayatolá Ali al Sistani, la máxima autoridad religiosa chií en Irak, también respaldó públicamente el monopolio estatal de las armas, según reportes internacionales.

Las Fuerzas de Movilización Popular nacieron en junio de 2014, cuando Sistani emitió una fatua convocando a los iraquíes a defender el país frente al avance del Estado Islámico, que ese mes capturó Mosul. El conglomerado llegó a agrupar aproximadamente cincuenta milicias diferentes con cerca de 180.000 combatientes. Después de la derrota del califato en 2018, estas fuerzas se integraron formalmente en las estructuras de seguridad iraquíes sin ser desmovilizadas, creando una estructura paralela al ejército regular que ha sido financiada y orientada en gran medida por Teherán. El anuncio de esta semana representa el primer paso significativo para desmantelar esa arquitectura paralela, aunque las tensiones geopolíticas con Irán seguirán siendo un factor determinante en cómo se desarrolle el proceso.

Romper los lazos con las Fuerzas de Movilización Popular e iniciar los trámites para poner el armamento bajo control estatal, de conformidad con la voluntad nacional
— Brigadas Imam Ali y Asaib Ahl al-Haq, en comunicado conjunto
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