La alegría descontrolada es más caótica que la rabia
Cuando el fútbol se convierte en el espejo de las emociones colectivas de una nación, el orden público se vuelve tan frágil como la esperanza misma. Este domingo, México y England se enfrentarán en un partido que las autoridades capitalinas no contemplan únicamente como un evento deportivo, sino como una encrucijada emocional capaz de desbordarse en cualquier dirección. Más de 55.000 efectivos de seguridad serán desplegados en la Ciudad de México para contener tanto la euforia de una clasificación como el dolor de una eliminación, mientras prácticas virales como el 'quiere volar' y el 'nadaremos' recuerdan que la alegría descontrolada también puede costar vidas.
- Las autoridades mexicanas temen que el partido contra Inglaterra desencadene festejos o reacciones de una intensidad sin precedentes, sin importar el resultado final.
- Prácticas virales como lanzar personas al aire o provocar avalanchas humanas en la multitud han convertido las celebraciones futbolísticas en escenarios de riesgo mortal.
- El gobierno británico ya advirtió a sus ciudadanos que eviten concentraciones de aficionados y oculten sus camisetas, mientras la delegación inglesa guarda en secreto su lugar de concentración tras lo ocurrido con Ecuador.
- Un operativo sin precedentes de más de 55.000 efectivos, cinturones de seguridad alrededor del Azteca y pantallas en el Paseo de la Reforma buscan canalizar la emoción colectiva sin que se convierta en caos.
- El verdadero desafío no es logístico sino humano: permitir que una ciudad entera celebre o llore sin que la intensidad emocional supere la capacidad de contención del Estado.
El domingo por la noche, México se enfrenta a Inglaterra en un partido que las autoridades de seguridad consideran peligroso sin importar el resultado. Una clasificación podría desatar festejos de intensidad histórica; una eliminación, una reacción igualmente impredecible. Esa incertidumbre emocional tiene en alerta máxima a los responsables del orden en la capital.
El gobierno británico ya advirtió a sus ciudadanos que eviten grandes concentraciones y no luzcan sus camisetas en público. La delegación inglesa mantiene en secreto absoluto su lugar de concentración, una medida que responde directamente a lo ocurrido con Ecuador: aficionados mexicanos llegaron al hotel del equipo rival en la madrugada para sabotear su descanso con ruido y música. En redes sociales, ya circulan convocatorias para repetir la hazaña con los ingleses.
Para contener cualquier escenario de caos, el gobierno ha anunciado un despliegue sin precedentes: más de 55.000 efectivos en toda la ciudad, con 4.000 policías y militares adicionales dedicados específicamente al partido. El operativo incluye cinturones de seguridad alrededor del Azteca, en avenidas principales, campos de entrenamiento y zonas hoteleras. Las células federales llevan días en ejercicios de adiestramiento y deberán estar completamente integradas en sus posiciones el sábado.
El foco más urgente de preocupación son las prácticas virales entre aficionados. Las secretarías de seguridad emitieron un llamado conjunto para que la gente evite el 'quiere volar' —lanzar personas al aire en grupo— y el 'nadaremos', que provoca avalanchas humanas dentro de la multitud. También advierten contra arrojarse desde estructuras elevadas, escalar mobiliario urbano o protagonizar peleas simuladas. Todas estas conductas, señalan las autoridades, pueden causar lesiones graves o la muerte.
Lo que está en juego este domingo no es solo un resultado deportivo, sino la capacidad del Estado para acompañar —y contener— la emoción colectiva de una ciudad entera.
El domingo por la noche, México enfrentará a Inglaterra en un partido que las autoridades de seguridad ven como una encrucijada peligrosa sin importar cuál sea el resultado. Si la selección mexicana avanza, los festejos podrían alcanzar una intensidad sin precedentes en la historia del país. Pero si cae eliminada, la reacción de la hinchada también podría descontrolarse. Es esta incertidumbre emocional la que tiene en alerta máxima a los responsables de mantener el orden en la capital.
El gobierno británico ya ha advertido a sus ciudadanos que tomen precauciones extremas si viajan a la Ciudad de México, instándolos a mantenerse alejados de grandes concentraciones de aficionados y a no lucir sus camisetas inglesas en espacios públicos. Mientras tanto, la delegación inglesa guarda con secreto absoluto el paradero de su concentración previa al partido. La medida responde a lo que sucedió con Ecuador: aficionados mexicanos llegaron al hotel de la selección ecuatoriana en la madrugada, haciendo ruido y reproduciendo música para sabotear el descanso de sus rivales. En redes sociales, fanáticos mexicanos ya publican mensajes convocando a otros a encontrar dónde dormirá el equipo inglés.
Para contener cualquier escenario de caos, el gobierno ha anunciado un despliegue sin precedentes. Más de doce mil miembros de las fuerzas de seguridad estarán dedicados específicamente al partido del domingo: cuatro mil policías y militares adicionales a los que ya custodian regularmente el Estadio Azteca. En toda la ciudad, el operativo superará los cincuenta y cinco mil efectivos. El plan incluye cinturones de seguridad alrededor del estadio, en las principales avenidas, en los campos de entrenamiento y en las zonas hoteleras donde se alojarán ambas selecciones.
Desde el jueves, las células federales comenzaron ejercicios de adiestramiento en sus centros de entrenamiento. El viernes está previsto que realicen ensayos en el estadio y sus áreas asignadas. El sábado deberán estar completamente integrados en sus posiciones, listos para el domingo. Las autoridades también han anunciado medidas para canalizar los festejos de forma más segura: instalarán pantallas adicionales en el Paseo de la Reforma, la principal avenida de la capital, y aumentarán la presencia de cuerpos de seguridad y personal de orientación para evitar muertes durante las celebraciones.
Pero el verdadero foco de preocupación son las prácticas virales que se han popularizado entre los aficionados durante los torneos. La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México han emitido un llamado conjunto pidiendo a los aficionados que eviten participar en dinámicas de alto riesgo. Una de ellas es el "quiere volar": una persona es lanzada al aire por un grupo de asistentes, una práctica que ha dejado lesiones graves. Otra es el "nadaremos" o "nado" colectivo, que consiste en provocar desplazamientos masivos dentro de la multitud, generando avalanchas humanas. Las autoridades también advierten contra arrojarse desde autobuses o estructuras elevadas, realizar peleas simuladas y escalar mobiliario urbano para grabar videos. Todas estas conductas, advierten, pueden provocar lesiones graves o incluso la muerte.
Lo que las autoridades enfrentan es un dilema sin salida fácil: cómo permitir que una ciudad celebre o procese una emoción colectiva de esa magnitud sin que se desate el caos. El partido de este domingo será la prueba de fuego de esa estrategia.
Notable Quotes
Las autoridades pidieron a los aficionados abstenerse de participar en dinámicas como el 'quiere volar' y el 'nadaremos', que pueden provocar lesiones graves o incluso la muerte— Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué el gobierno británico pide a sus ciudadanos que eviten mostrar sus camisetas en la calle? ¿Hay un riesgo real de violencia?
No necesariamente violencia directa. Es más sobre la intensidad emocional. Cuando hay decenas de miles de personas en las calles celebrando o procesando una derrota, alguien con una camiseta del equipo rival se convierte en un símbolo visible. El riesgo no es tanto un ataque planificado como quedar atrapado en una multitud furiosa.
Entiendo. Pero entonces, ¿por qué el secreto sobre dónde duerme el equipo inglés? ¿Realmente creen que aficionados irán a perturbar su descanso?
Ya pasó con Ecuador. No es paranoia. Es que cuando hay cientos de miles de personas en la calle, algunos grupos organizados ven una oportunidad de sabotaje psicológico. Mantener el equipo despierto, estresado, es una forma de interferir en su rendimiento.
Las prácticas que mencionan—el "quiere volar", el "nadaremos"—suenan como cosas que la gente hace sin pensar en las consecuencias. ¿Cómo se previene eso?
Eso es lo difícil. No puedes prohibir la alegría. Lo que haces es advertir, desplegar personal médico, instalar pantallas para que la gente celebre en espacios más controlados. Pero si hay cincuenta y cinco mil efectivos de seguridad y aún así la gente se lanza desde autobuses, el problema es más profundo que la seguridad.
¿Cuál es el escenario que más preocupa a las autoridades?
Probablemente una victoria mexicana. No porque sea malo que ganen, sino porque la euforia es impredecible. Cuando ganas, la gente pierde la noción del peligro. Cuando pierdes, hay rabia, pero al menos hay cierto orden en el dolor. La alegría descontrolada es más caótica.
¿Y si pierden?
Entonces el riesgo es diferente. No es celebración, es frustración. Pueden haber disturbios, vandalismo, enfrentamientos. Por eso el despliegue es tan masivo: necesitan estar preparados para cualquier resultado.