Menores de 12 años: el nuevo foco de la pandemia sin vacuna aprobada

Los niños menores de 12 años enfrentan mayor riesgo de contagio sin acceso a vacunas aprobadas, afectando su regreso seguro a las escuelas y actividades normales.
Nadie tiene una receta milagrosa para resolver esto
Un epidemiólogo francés resume la incertidumbre que rodea la vacunación pediátrica mientras las escuelas reabrían.
Mark

¿Por qué los menores de 12 años se convirtieron de repente en el foco principal si antes los adultos eran el problema?

Mimi

No fue de repente. A medida que los adultos se vacunaban, su protección dejaba a los niños como el único grupo sin inmunidad. Con el regreso a las escuelas y variantes más contagiosas, el virus encontró un reservorio nuevo.

Luke

Pero hay que ser precisos: no sabemos si son el "foco" en el sentido de que generan más transmisión que otros grupos, o simplemente que tienen más casos porque no están vacunados. Son cosas diferentes.

Mark

¿Y por qué Pfizer tardó tanto en probar la vacuna en niños si ya la tenía para adultos?

Mimi

Los ensayos pediátricos requieren más cuidado. El metabolismo y el sistema inmunitario de los niños son distintos. Pfizer incluso tuvo que ampliar sus estudios para garantizar seguridad y tolerancia en dosis bajas.

Luke

Eso es cierto, pero también es importante notar que los resultados fueron positivos. La pregunta real es por qué los padres no confiaban en vacunar a sus hijos incluso cuando había datos de eficacia.

Mark

¿Qué tan grave es realmente la COVID en niños menores de 12 años?

Mimi

Muy rara vez causa enfermedad grave o muerte. Eso es un hecho. Pero pueden transmitir el virus a adultos vulnerables, y pueden perder días de escuela por infección.

Luke

Exacto, y eso es lo que genera la tensión real del debate. Si el riesgo individual para el niño es bajo, ¿se justifica vacunar masivamente? Algunos dicen que sí por beneficio colectivo, otros dicen que no porque la vacuna no detiene la transmisión.

Mark

¿Entonces los países que ya aprobaron la vacuna en niños, como Chile y China, estaban adelantándose?

Mimi

Tomaron decisiones basadas en sus propios datos y contextos. China reportó buena tolerancia. Chile ya tenía altas tasas de vacunación adulta, así que podía permitirse enfocarse en niños.

Luke

Pero hay que notar que esos países usaban vacunas diferentes a Pfizer. Sinopharm, Sinovac, Soberana 2. Los datos de seguridad y eficacia no son idénticos. No es lo mismo aprobar una cosa que otra.

Mark

¿Qué pasó finalmente con la aprobación en Estados Unidos y Europa?

Mimi

El artículo sugiere que llegaría a finales de 2021, pero Fontanet advertía que podría no concretarse hasta 2022 por los debates regulatorios en cada país.

Luke

Y aún si se aprobaba, el artículo deja claro que la aceptación parental era baja. El 30 por ciento de padres de menores de 5 años decía que no vacunaría. Eso es un obstáculo real que ningún regulador podía resolver solo.

  • En España, menores de 12 años registraban 123,3 casos por 100.000 personas, vs. 83,4 de media nacional
  • Solo 40% de adolescentes de 12-15 años en EE.UU. completamente vacunados, vs. 66% de adultos
  • 30% de padres de menores de 5 años decía que no planeaba vacunar a sus hijos
  • Pfizer y BioNTech confirmaron eficacia y seguridad en dosis bajas para niños de 5-11 años
  • Chile aprobó Sinovac para niños de 6 años en adelante, primero en Sudamérica

En España, los menores de 12 años tienen la tasa más alta de contagios (123,3 casos por 100.000) comparada con la media poblacional de 83,4 casos. Pfizer y BioNTech confirmaron eficacia y seguridad de su vacuna en dosis bajas para niños de 5 a 11 años, pero la aceptación parental es menor que en otros grupos.

Los menores de 12 años, único grupo sin vacunar, registran la mayor tasa de circulación del COVID-19 en España mientras los expertos debaten la urgencia de la vacunación pediátrica tras resultados positivos de Pfizer.

A finales de septiembre de 2021, mientras el otoño llegaba al hemisferio norte, un grupo de población quedaba rezagado en la carrera de la vacunación: los menores de 12 años. En España, estos niños se habían convertido en el segmento con mayor circulación del virus, registrando 123,3 casos por cada 100.000 personas en los 14 días previos, muy por encima de la media nacional de 83,4 casos. Era una inversión preocupante de la tendencia que había caracterizado meses anteriores, cuando los adultos vacunados veían descender sus contagios mientras los niños sin protección comenzaban a concentrar la propagación.

La situación ganaba urgencia con el regreso a las aulas. Las autoridades sanitarias europeas y estadounidenses observaban cómo las variantes altamente contagiosas encontraban en las escuelas un terreno fértil. Los expertos advertían que la educación presencial sería el escenario más complejo del otoño: según los modelos epidemiológicos, la mitad de las nuevas infecciones se producirían en niños no vacunados. Arnaud Fontanet, epidemiólogo del Consejo Científico de Francia, lo expresaba sin ambages: nadie tenía una receta milagrosa para resolver el dilema.

La esperanza había llegado en forma de anuncio de Pfizer y BioNTech. Los laboratorios confirmaron que su vacuna demostraba ser efectiva y segura en dosis bajas para niños de 5 a 11 años. El resultado era alentador, pero apenas un paso inicial. Las autoridades regulatorias de Estados Unidos y Europa debían revisar los datos completos antes de otorgar la aprobación, un proceso que podría extenderse hasta finales de año o incluso más allá. La pregunta que nadie podía responder era más simple pero más inquietante: ¿cuántos padres vacunarían a sus hijos una vez que la vacuna estuviera disponible?

Los números sugerían una respuesta desalentadora. En Estados Unidos, apenas el 40 por ciento de los adolescentes de 12 a 15 años había completado su esquema de vacunación, comparado con el 66 por ciento de los adultos. La aceptación parental disminuía conforme bajaba la edad del niño. Según la Kaiser Family Foundation, alrededor del 20 por ciento de los padres con hijos entre 12 y 17 años declaraba que no planeaba vacunarlos. Esa cifra ascendía al 25 por ciento entre padres de niños de 5 a 11 años, y llegaba al 30 por ciento entre quienes tenían menores de 5 años. La desconfianza crecía inversamente a la edad de los pequeños.

Otros países ya habían avanzado. China autorizó en agosto el uso de la vacuna Sinovac en niños de 3 a 12 años, reportando que el 96,1 por ciento de los vacunados con dos dosis había desarrollado anticuerpos sin efectos secundarios graves. Emiratos Árabes Unidos siguió el mismo camino con la misma vacuna. Cuba lanzó en septiembre una campaña de inmunización para bebés a partir de los 2 años con su desarrollo Soberana 2. Chile, a principios de septiembre, aprobó la Sinovac para niños de 6 años en adelante, convirtiéndose en el primer país sudamericano en hacerlo.

Pero el debate científico permanecía abierto. Algunos expertos cuestionaban si la vacunación pediátrica era realmente urgente. Las vacunas no impedían la transmisión del virus, lo que significaba que incluso niños inmunizados podrían seguir siendo vectores de contagio. El beneficio principal sería proteger contra infecciones graves, algo que ocurría raramente en menores de 12 años. Otros especialistas señalaban diferencias en el metabolismo y el sistema inmunitario infantil que hacían necesario determinar con precisión las dosis adecuadas, algo que los ensayos clínicos debían esclarecer.

Fontanet, el epidemiólogo francés, veía la vacunación como una herramienta para garantizar a los niños el regreso a la vida normal, pero advertía que la aprobación regulatoria no llegaría antes de 2022. Mientras tanto, España ofrecía un caso de estudio peculiar. A pesar de tener una de las tasas de vacunación más altas del mundo, con más del 75 por ciento de su población completamente inmunizada, los contagios en menores de 12 años seguían siendo el punto débil. La curva descendía en todas las edades, pero más lentamente en los niños. La incidencia bajaba conforme aumentaba la edad: 87,7 casos en jóvenes de 20 años, 87,1 en los de 30, 82,6 en los de 40, y continuaba disminuyendo hasta llegar a 63,6 en sexagenarios. Los menores de 12 años, sin embargo, permanecían como la brecha abierta en el escudo de protección colectiva.

Los expertos pedían medidas inmediatas mientras se resolvía el debate sobre la vacunación. Solicitaban incrementar las pruebas rápidas de antígenos y los rastreos de contagios para contener posibles rebrotes otoñales. Era una estrategia de contención en espera de que las autoridades regulatorias y los gobiernos nacionales resolvieran si, cuándo y cómo vacunar a los niños que, por el momento, seguían siendo el eslabón más vulnerable de la cadena epidemiológica.

La vacuna es una de las formas de garantizarles a los chicos la vuelta a la vida normal
— Arnaud Fontanet, epidemiólogo del Consejo Científico de Francia
La escuela es la situación más compleja que nos espera este otoño. Según nuestros modelos, la mitad de las nuevas infecciones se producirán en niños, ya que no están vacunados
— Arnaud Fontanet
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