Investigación de tres años con 800 especialistas analizó vulnerabilidades en 20 países, priorizando escuchar directamente a comunidades excluidas tradicionalmente de evaluaciones de preparación sanitaria. Hallazgos revelan que exclusiones administrativas, inseguridad de subsistencia, hacinamiento y pérdida de confianza institucional fueron dificultades comunes entre poblaciones vulnerables identificadas en cada nación.
Megaestudio en 20 países revela quiénes sufrieron más en la pandemia de Covid
Los sistemas vulnerables desplazan hacia las personas esas vulnerabilidades
¿Por qué fue tan importante que esta comisión escuchara directamente a las comunidades vulnerables en lugar de solo analizar datos de arriba hacia abajo?
Porque descubrieron que el problema no es que las personas sean intrínsecamente vulnerables, sino que los sistemas las hacen vulnerables. Una persona en situación de calle no puede aislarse en una casa que no tiene. Un trabajador informal no puede dejar de trabajar porque no tiene ingresos garantizados. Eso no es debilidad personal, es un fallo del sistema.
Pero ¿cómo se traduce eso en política pública concreta? El informe identifica los problemas, pero ¿hay evidencia de que los gobiernos realmente cambien sus sistemas basándose en este tipo de recomendaciones?
Mencionaste que Argentina no fue incluida. ¿Eso significa que las recomendaciones no aplican aquí?
No necesariamente. Los patrones que encontraron —exclusiones administrativas, hacinamiento, pérdida de confianza institucional— son problemas que existen en muchos países. Lo que falta es que Argentina tenga su propio análisis profundo de quiénes fueron sus poblaciones más afectadas y qué sistemas específicos las dejaron vulnerables.
Aunque es justo notar que sin datos locales específicos, es difícil saber si las recomendaciones de otros contextos se adaptan bien aquí. Cada país tiene estructuras diferentes.
Los números sobre vidas que se podrían salvar con distribución equitativa de vacunas son impresionantes. ¿Realmente cree que los países cooperarían así?
El informe no dice que sea probable. Dice que es posible si se elige hacerlo. Muestra que hay una razón moral y práctica para cooperar: salvar millones de vidas. Pero requiere que los gobiernos actúen contra sus intereses inmediatos.
Y eso es el punto débil del informe, ¿no? Puede demostrar matemáticamente que la cooperación salva vidas, pero no tiene herramientas para hacer que los gobiernos cooperen. Eso es política, no ciencia.
Der Puls
- Comisión PRIME coordinada durante tres años con 800 especialistas en 20 países
- Estudio escuchó directamente a comunidades excluidas: personas mayores, migrantes, indígenas, trabajadores informales, personas en situación de calle
- Modelos muestran que distribución equitativa de vacunas en próxima pandemia podría salvar 4,6 millones de vidas adicionales comparado con distribución por capacidad adquisitiva
Investigación de tres años con 800 especialistas analizó vulnerabilidades en 20 países, priorizando escuchar directamente a comunidades excluidas tradicionalmente de evaluaciones de preparación sanitaria. Hallazgos revelan que exclusiones administrativas, inseguridad de subsistencia, hacinamiento y pérdida de confianza institucional fueron dificultades comunes entre poblaciones vulnerables identificadas en cada nación.
Comisión PRIME coordinada por Helen Legido Quigley estudió en 20 países qué poblaciones sufrieron más durante COVID-19, enfocándose en vulnerabilidades sistémicas y recomendaciones para futuras pandemias.
Helen Legido Quigley presentó esta semana en Nueva York el resultado de tres años de trabajo coordinando una investigación sin precedentes en salud pública. La comisión PRIME —Preparación ante pandemias mediante instituciones, movilización de comunidades y equidad— reunió a más de 800 especialistas de distintas disciplinas para estudiar quiénes sufrieron más durante la pandemia de Covid-19 en 20 países y cómo prepararse mejor si una crisis sanitaria de esa magnitud vuelve a ocurrir.
Legido Quigley, catedrática de Ciencias de los Sistemas de Salud en el Imperial College London y el George Institute for Global Health, es una figura poco común en esos espacios académicos: hija de padre español e madre inglesa, con formación en Sociología en una institución orientada a las ciencias duras, y con un acento que no disimula sus raíces. Pero fue precisamente su experiencia viviendo en Singapur durante la pandemia y trabajando años en países asiáticos lo que la posicionó para coordinar este esfuerzo desde la Universidad Nacional de Singapur junto con la revista médica The Lancet. A diferencia de comisiones previas lideradas típicamente desde Europa o Estados Unidos, esta buscó deliberadamente perspectivas de otras regiones del mundo.
Lo que distingue al informe PRIME es su enfoque de 360 grados. No se limitó a evaluar planes de emergencia, capacidades técnicas o cumplimiento de normas —aspectos que, aunque importantes, no garantizan la protección real de la población. En cambio, el trabajo partió de escuchar directamente a las comunidades que tradicionalmente quedan excluidas de estas evaluaciones: personas mayores, migrantes, comunidades indígenas y racializadas, personas con discapacidad, mujeres, personas de género diverso, trabajadores informales y quienes viven en zonas rurales, remotas o desatendidas. El equipo identificó en cada país cuáles fueron los grupos más vulnerables. En China, residentes ancianos en zonas frías. En Inglaterra, familias que perdieron integrantes. En Etiopía, desplazados y comunidades afectadas por sequías. En India, personas expuestas tanto al virus como a fenómenos climáticos extremos. En Indonesia, personas en situación de calle. En Japón, mujeres que atienden bares de conversación. En Eslovenia, jóvenes de 18 a 24 años. En Líbano, profesionales de la salud en crisis. En México, comunidades indígenas. En Mozambique, mujeres de distintas edades. En Noruega, poblaciones LGBTIQ+. En Perú, trabajadoras domésticas. En Singapur, personas mayores. En España, trabajadores agrícolas migrantes. En Tanzania, trabajadores de la salud y personas mayores. En Tailandia, personas con discapacidad. En Turquía, trabajadores de salud. En Uruguay, personas en situación de calle. En Estados Unidos, trabajadores agrícolas migrantes y grupos étnicamente minorizados.
Las dificultades que estos grupos reportaron fueron notablemente consistentes. Las exclusiones administrativas aparecieron una y otra vez: personas que no podían cumplir las normas de aislamiento porque necesitaban salir a comprar comida o trabajar para subsistir. El hacinamiento impedía que alguien enfermo se aislara en viviendas con muchos ocupantes. Muchos carecían de conexión a internet o estaban lejos de servicios sanitarios. Pero quizás lo más grave fue la pérdida de confianza en gobiernos, instituciones e información. Legido Quigley subraya que la confianza es un aspecto principal a recuperar.
El equipo multidisciplinario incluyó no solo especialistas en enfermedades infecciosas y emergencias sanitarias, sino también expertos en sistemas de salud, cambio climático, ciencias sociales, gobernanza y protección social. Cada país tuvo su coordinador y el trabajo se llevó adelante en contacto directo con líderes comunitarios, organizaciones no gubernamentales, mutuales y bibliotecas. Argentina no fue incluida, aunque Legido Quigley expresó su deseo de haberlo hecho. La decisión fue práctica: México, Perú y Uruguay respondieron antes, y el objetivo era representar todas las regiones de la Organización Mundial de la Salud con diversidad de culturas e idiomas.
Los modelos desarrollados por la comisión muestran escenarios contrastantes. Si una hipotética pandemia de gripe A ocurriera, acelerar la producción de vacunas podría reducir la mortalidad en un 59 por ciento, de 58,5 millones a 23,9 millones de personas, incluso si los países más ricos las recibieran primero. Distribuirlas de manera equitativa sin que dependiera de la capacidad adquisitiva salvaría otros 2,7 millones de vidas. Recuperar la confianza pública en las vacunas salvaría 1,9 millones más. El número total de víctimas en una próxima pandemia dependerá no solo de la velocidad de los avances científicos, sino de quiénes y en qué orden reciban las vacunas.
Legido Quigley reconoce que otra pandemia de magnitud comparable al Covid-19 es probable. Modelos citados por otra comisión de The Lancet estiman aproximadamente un 3 por ciento de probabilidad anual de una pandemia que cause al menos 25 millones de muertes, con una probabilidad a diez años del 23 por ciento. Aunque estas estimaciones tienen incertidumbre considerable, sirven para entender la magnitud del riesgo. El primer paso después de presentar el informe PRIME es conectar a miembros de comunidades que forman parte de instituciones de la sociedad civil con quienes diseñan políticas públicas. La comisión creó el PRIME test, una herramienta para que funcionarios se hagan preguntas antes de decidir una política: ¿Protege a toda la población? ¿Asegura equidad para los vulnerables? ¿Creará confianza porque realmente involucra a las personas? ¿Qué efecto tendrá en el trabajo, la vivienda, la educación? No se puede determinar si una nueva pandemia es inevitable, pero sí se puede elegir de qué manera prepararse mejor.
Bemerkenswerte Zitate
Una sociedad solo está preparada cuando puede protegerse en la práctica. Y esto supone tomar en cuenta los determinantes sociales.— Helen Legido Quigley
Más que personas vulnerables existen sistemas vulnerables, que desplazan hacia las personas esas vulnerabilidades.— Helen Legido Quigley