Más de 45.000 personas marchan en Bruselas exigiendo acciones climáticas

Más de 30.000 muertes por olas de calor en Europa en los últimos meses, con impacto desproporcionado en personas en situación de pobreza.
Quienes menos contribuyen a la crisis, son los más afectados
El manifiesto de los organizadores subraya cómo la transición climática debe proteger a los más vulnerables.
Mark

¿Por qué Bruselas en este momento específico? ¿Hay algo que haya detonado esta marcha ahora?

Mimi

Está a un mes de la COP31. Es el momento en que los gobiernos empiezan a prepararse para las negociaciones, y los movimientos climáticos quieren asegurarse de que Bélgica lleve posiciones ambiciosas a la mesa. Pero también es una respuesta directa a que Bélgica no tiene una estrategia clara.

Luke

¿Cuándo dice "no tiene una estrategia clara", eso viene del manifiesto de los organizadores o es análisis de reporteros?

Mimi

Viene del manifiesto. Los organizadores lo dicen explícitamente.

Mark

¿Y la cifra de 45.000 versus 60.000? ¿Cuál es la real?

Luke

Esa es la brecha clásica. La Policía Federal dice 45.000. Los organizadores dicen 60.000. Ambas cifras están en el registro, pero no sabemos cuál es más cercana a la verdad.

Mimi

Lo que es cierto es que fue una concentración masiva. Decenas de miles de personas en las calles de una capital europea, eso no es un evento menor.

Mark

¿Y qué pasa después? ¿Estos pedidos llegan a los negociadores de Bélgica en Antalya?

Luke

El artículo no dice nada sobre eso. No sabemos si el gobierno belga está escuchando, o si esta marcha influirá en sus posiciones.

Mimi

Pero el contexto de las 30.000 muertes por calor en Europa es lo que da peso real a esto. No es solo activismo. Es gente respondiendo a una crisis que ya está matando.

  • Europa ha enterrado a más de 30.000 personas por olas de calor en los últimos meses, y Bélgica no tiene una estrategia clara para proteger a quienes más lo necesitan.
  • Entre 45.000 y 60.000 manifestantes tomaron Bruselas exigiendo impuestos directos a las empresas de combustibles fósiles y el fin de los subsidios públicos a esa industria.
  • Los organizadores advierten que la carga de la crisis climática recae de forma desproporcionada sobre las personas en situación de pobreza, quienes menos han contribuido al problema.
  • La COP31 en Antalya, a poco más de un mes de distancia, enfrenta un panorama sombrío: Estados Unidos desconectado de la agenda y el compromiso político europeo en retroceso.
  • La marcha fue también un gesto simbólico: hasta el Manneken Pis fue vestido con una camiseta que pedía 'Change', convirtiendo el ícono más querido de la ciudad en portavoz del movimiento.

En las calles de Bruselas, decenas de miles de personas alzaron la voz un domingo de octubre para recordarle al mundo que la urgencia climática no espera a los calendarios políticos. Entre 45.000 y 60.000 manifestantes exigieron impuestos a las industrias fósiles y una transición justa, mientras Europa aún contaba más de 30.000 muertos por olas de calor recientes. La marcha llegó en un momento de repliegue institucional: la COP31 en Antalya se acerca sin el respaldo de Estados Unidos y con un impulso político europeo que se debilita, como si la calle tuviera que sostener lo que los gobiernos van soltando.

El domingo por la mañana, Bruselas se llenó de voces y pancartas. La Policía Federal contó más de 45.000 personas; los organizadores hablaban de 60.000. Todos marchaban bajo el mismo llamado: que Bélgica actúe con mayor urgencia frente a la crisis climática. La Marcha por el Clima 2026 arrancó al mediodía en el bulevar Rey Alberto II y, según los convocantes, una hora después la gente seguía llegando al punto de partida.

Las demandas eran concretas: impuestos directos a las empresas del sector fósil, eliminación de los subsidios públicos que las sostienen, y una transición climática que no deje atrás a los más vulnerables. El manifiesto de los organizadores lo decía sin rodeos: quienes menos han contribuido a la crisis —especialmente quienes viven en la pobreza— son quienes más la padecen. Como gesto simbólico, el Manneken Pis apareció vestido con una camiseta que pedía 'Change', incorporando al ícono más querido de la ciudad al mensaje de la jornada.

El trasfondo es grave. En los últimos meses, Europa ha sufrido olas de calor sucesivas que dejaron más de 30.000 muertos, convirtiendo el cambio climático en una amenaza que ya cobra vidas reales, no futuras. Ese número brutal expuso el costo de la inacción.

Y sin embargo, el horizonte político no es alentador. En poco más de un mes, casi 200 países se reunirán en Antalya para la COP31, pero los analistas no esperan grandes avances. Estados Unidos se ha desvinculado por completo de la agenda climática bajo Trump, y en Europa el impulso político para enfrentar la crisis parece perder fuerza. La marcha en Bruselas fue, en ese contexto, una señal de que la presión ciudadana no ha desaparecido, aunque los gobiernos parezcan retroceder.

El domingo por la mañana en Bruselas, decenas de miles de personas tomaron las calles con pancartas y consignas. La Policía Federal contabilizó más de 45.000 manifestantes; los organizadores hablaban de 60.000. Todos convergían en un mismo punto: la exigencia de que Bélgica actuara con mayor urgencia frente a la crisis climática. La marcha, convocada por organizaciones ambientalistas bajo el nombre Marcha por el Clima 2026, comenzó alrededor de las 12:30 horas en el bulevar Rey Alberto II, y según los convocantes, una hora después seguía llegando gente al punto de partida.

Los manifestantes portaban demandas concretas. Pedían impuestos directos a las empresas del sector de combustibles fósiles, la eliminación gradual de los subsidios públicos que sostienen esa industria, y lo que llamaban una "transición climática justa". En el manifiesto de los organizadores quedaba clara la preocupación de fondo: Bélgica no tenía una estrategia coherente para gestionar esa transición de manera equitativa. "Quienes menos contribuyen a la crisis climática, como las personas que viven en la pobreza, suelen ser los más afectados por sus consecuencias", señalaban.

Hasta el Manneken Pis, el monumento más icónico de la ciudad, fue incorporado al mensaje. La estatua fue vestida con una camiseta que llevaba la palabra "Change" escrita en inglés, un gesto simbólico que resumía el llamado de la jornada.

El contexto que rodea esta marcha es grave. En los últimos meses, Europa ha experimentado olas de calor sucesivas que dejaron un saldo de más de 30.000 muertes. El calentamiento global ya no era una amenaza abstracta sino una realidad que cobraba vidas, especialmente entre los más vulnerables. Esa cifra de mortalidad excesiva había puesto de manifiesto, de manera brutal, cuál era el costo real de la inacción climática en el continente.

Sin embargo, la perspectiva para los próximos pasos en la lucha global contra el cambio climático no es alentadora. En poco más de un mes, la ONU reuniría a representantes de casi 200 países en Antalya, Turquía, para la COP31. Pero los analistas no esperaban grandes avances. Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, se había desvinculado por completo de la agenda climática. Y en numerosos países europeos, el impulso político para enfrentar la crisis parecía estar perdiendo fuerza. La marcha en Bruselas era, en ese sentido, un recordatorio de que la presión desde la calle seguía existiendo, incluso cuando los gobiernos parecían retroceder.

Bélgica carece actualmente de una estrategia clara para una transición justa. Quienes menos contribuyen a la crisis climática, como las personas que viven en la pobreza, suelen ser los más afectados por sus consecuencias.
— Manifiesto de los organizadores de la marcha
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