Madre del caso Liceo Naval: entrenador y chofer no eran trabajadores del colegio

Un adolescente denunció una presunta agresión sexual durante una actividad deportiva en el Liceo Naval.
No los conocía. No los había visto antes en el colegio
La madre describe la reacción de su hijo al preguntarle sobre los adultos que lo acompañaban durante el traslado.
Mark

¿Por qué es importante que estos adultos no fueran empleados del colegio?

Mimi

Porque significa que el colegio contrató a personas externas sin que las familias supieran quiénes eran. La madre ni siquiera los reconocía como parte del personal habitual.

Luke

Pero ¿sabemos si el colegio verificó sus antecedentes? ¿Tenemos confirmación de que no hubo un proceso de selección?

Mimi

La madre no menciona eso. Solo dice que no los conocía y que su hijo tampoco.

Mark

¿Y la supervisión durante el viaje? ¿Qué tan grave es que estuvieran de espaldas a los estudiantes?

Mimi

Según la madre, eso impidió que vieran lo que pasaba. Ella cree que un adulto responsable debería tener una vista completa del grupo.

Luke

Eso es su opinión como madre. ¿Hay algún protocolo oficial del colegio que diga cómo deben posicionarse los supervisores?

Mimi

No aparece en lo que ella contó. Solo su perspectiva sobre lo que debería haber pasado.

Mark

¿Qué sabemos del incidente en sí?

Mimi

Un adolescente denunció una presunta agresión sexual durante la actividad deportiva. Eso es lo que originó todo esto.

Luke

¿Y dónde ocurrió exactamente? ¿Durante el viaje o en el lugar de la actividad?

Mimi

La madre no especifica eso en la entrevista. Solo habla de quiénes lo acompañaban durante el traslado.

Mark

Entonces, ¿lo que ella está diciendo es que la falta de supervisión adecuada pudo haber permitido que algo sucediera?

Mimi

Eso parece ser su argumento. Que si hubieran estado vigilando correctamente, quizás esto no habría pasado.

  • Un adolescente denunció una presunta agresión sexual durante un traslado a una actividad deportiva del Liceo Naval, y su madre ahora revela que ninguno de los adultos presentes ese día pertenecía al personal habitual del colegio.
  • El entrenador titular no se presentó y fue reemplazado por un adulto que ni la familia ni el propio estudiante habían visto antes, generando una cadena de custodia rota desde el inicio.
  • El vehículo utilizado no era el bus institucional amarillo del colegio, sino una cúster turística blanca contratada externamente, con un chofer ajeno a la institución al volante.
  • Durante el viaje, el entrenador suplente y el chofer viajaron sentados de espaldas a los menores, en los asientos delanteros, sin mantener visión directa sobre el grupo que debían supervisar.
  • La madre exige identificar a cada adulto presente ese día y obtener respuestas sobre los protocolos de verificación de antecedentes para personas contratadas externamente por el colegio.
  • El caso sigue bajo investigación y las nuevas revelaciones profundizan las preguntas sobre la responsabilidad institucional del Liceo Naval en la protección de sus estudiantes.

En el corazón de una institución que porta el peso de la confianza pública, una madre ha alzado la voz para señalar que el día en que su hijo fue presuntamente agredido, los adultos encargados de su cuidado eran desconocidos para la familia y para el propio menor. El caso del Liceo Naval Almirante Guise no es solo una denuncia de agresión sexual: es una pregunta más antigua y más honda sobre qué significa realmente proteger a los niños que se nos confían. Las revelaciones sobre el entrenador suplente, el vehículo contratado y la disposición de espaldas de los supervisores dibujan un vacío institucional donde debía haber presencia y responsabilidad.

La madre del adolescente que denunció una presunta agresión sexual en el Liceo Naval Almirante Guise concedió una entrevista a la periodista Milagros Leiva en Panamericana, donde reveló que ninguno de los adultos que acompañaron a los estudiantes durante el traslado a una actividad deportiva era empleado regular del colegio. Tanto el entrenador como el chofer del vehículo habían sido contratados externamente para esa jornada específica.

El entrenador habitual de su hijo no asistió ese día. En su lugar apareció un adulto que ni la madre ni el adolescente reconocían ni habían visto antes en el colegio. Al preguntarle a su hijo quiénes lo acompañaban, la respuesta fue clara: no los conocía. Para la madre, que menores de edad quedaran bajo la supervisión de personas sin ningún vínculo previo con las familias representa una falla grave en los mecanismos de protección institucional.

El transporte también resultó ser externo. Los estudiantes no viajaron en los buses amarillos característicos del Liceo Naval, sino en una cúster turística blanca, un servicio que la institución contrata ocasionalmente cuando sus propios vehículos no alcanzan. El conductor, confirmó la madre de manera categórica, tampoco era trabajador del colegio.

Lo que más perturbó a la madre fue la posición que adoptaron los adultos durante el viaje: tanto el entrenador suplente como el chofer se ubicaron en los asientos delanteros, dándole la espalda al grupo de menores. Esa disposición, argumentó, hacía imposible mantener una vigilancia real sobre los estudiantes. Un adulto responsable, insistió, debe poder ver a todos los niños bajo su cuidado en todo momento.

La madre declaró que su objetivo es identificar a cada persona que estuvo presente ese día y obtener explicaciones concretas. Sus revelaciones añaden nuevas preguntas sobre los protocolos del Liceo Naval: cómo se verifica a las personas contratadas externamente, qué estándares de seguridad rigen el traslado de menores, y quién asume la responsabilidad cuando algo falla. El caso permanece abierto.

La madre del adolescente que denunció una presunta agresión sexual en el Liceo Naval Almirante Guise ha revelado detalles sobre quiénes acompañaban a los estudiantes durante el traslado a una actividad deportiva. En una entrevista con la periodista Milagros Leiva para Panamericana, explicó que tanto el entrenador como el chofer del vehículo no eran empleados del colegio, sino personas contratadas externamente para esa jornada.

El entrenador habitual de su hijo no asistió ese día, y fue reemplazado por un adulto que ni ella ni su hijo reconocían. Cuando preguntó al adolescente sobre quiénes lo acompañaban durante la actividad, él respondió que no los conocía ni los había visto antes en el colegio. La madre enfatizó su preocupación por el hecho de que menores de edad estuvieran bajo la supervisión de personas desconocidas para las familias, sin que existiera una relación previa o identificación clara como parte del personal institucional.

Respecto al transporte, la madre aclaró que los estudiantes no viajaron en uno de los buses amarillos característicos del Liceo Naval. En su lugar, el colegio contrató una cúster turística blanca, un servicio externo que la institución utiliza ocasionalmente cuando sus propios vehículos no son suficientes para cubrir todas las necesidades de traslado. Cuando se le preguntó específicamente si el conductor era trabajador del colegio, respondió de manera categórica que no, confirmando que tanto el chofer como el vehículo provenían de un servicio contratado.

Más allá de la identidad de quiénes acompañaban a los menores, la madre cuestionó la forma en que estos adultos supervisaban al grupo durante el viaje. Según su relato, el entrenador y el chofer se ubicaron en los asientos delanteros de la cúster, dándole la espalda a los estudiantes. Esta disposición, en su opinión, impedía que los adultos tuvieran una visión clara y continua del grupo de menores bajo su responsabilidad. La madre argumentó que un docente o adulto responsable debería posicionarse de manera que pudiera mantener una vista panorámica de todos los estudiantes, permitiendo detectar cualquier situación anómala o de riesgo.

La mujer insistió en que desea identificar a los adultos que estuvieron presentes durante el traslado y obtener explicaciones directas sobre lo que sucedió. Su testimonio plantea interrogantes sobre los protocolos de supervisión del colegio, la verificación de antecedentes de personas contratadas externamente, y los estándares de seguridad que debería mantener una institución educativa al trasladar menores de edad. El caso continúa bajo investigación, y las revelaciones de la madre añaden nuevas capas de complejidad a las preguntas sobre responsabilidad institucional y protección de menores.

No tengo ni idea. Porque cuando le pregunté a mi hijo me dijo: 'Mamá, no los conozco. No los conocía'
— Madre del adolescente, en entrevista con Milagros Leiva
Yo me tengo que sentar atrás como docente y yo tengo que tener la vista panorámica
— Madre del adolescente, cuestionando la supervisión durante el traslado
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