Madre de víctima del Liceo Naval: «Eso fue una violación, no una broma»

Un adolescente fue agredido sexualmente en un vehículo vinculado al Liceo Naval, viéndose obligado a interrumpir sus clases presenciales y modificar su rutina escolar.
Eso fue una violación, una agresión sexual, no una broma
La madre rechaza caracterizaciones que minimizan lo ocurrido a su hijo dentro del vehículo del Liceo Naval.
Mark

¿Qué es lo que más la preocupa en este momento como madre?

Mimi

Que su hijo pueda volver a una vida normal. No quiere que esto defina el resto de su adolescencia ni su futuro. Busca justicia, pero sin odio.

Luke

Eso es comprensible, pero ¿qué significa "volver a la normalidad" cuando cuatro investigados siguen en libertad y él no puede ir a clases presenciales? ¿Es realmente posible?

Mark

Ella rechaza que esto sea llamado una broma. ¿Por qué es importante esa distinción para ella?

Mimi

Porque minimizar lo que pasó es revictimizar a su hijo. Llamarlo broma es decir que no fue grave, que no fue real. Para ella, fue una violación.

Luke

Correcto, pero ¿hay una definición legal clara de lo que ocurrió? El reportaje dice "agresión sexual" pero no especifica exactamente qué acusación está siendo investigada.

Mark

¿Quién más debería ser responsable según ella?

Mimi

Los testigos que vieron lo que pasaba y no hicieron nada. Para ella, la responsabilidad no termina con los que actuaron directamente.

Luke

Eso plantea una pregunta incómoda: ¿cuántos testigos había? ¿Qué vieron exactamente? El reportaje no lo aclara, solo dice que ella cree que todos tienen responsabilidad.

Mark

¿Hay algo sobre el transporte que le parece sospechoso?

Mimi

Sí. El colegio contrató un autobús turístico blanco en lugar del bus amarillo habitual. Ella quiere saber por qué se cambió el procedimiento ese día.

Luke

Es un detalle válido, pero tampoco sabemos si el cambio de transporte tiene algo que ver con lo que pasó o si es solo una irregularidad administrativa.

  • Un adolescente lleva días sin asistir a clases presenciales, protegido pero apartado, mientras su vida cotidiana queda suspendida por una agresión que su madre llama sin rodeos una violación.
  • El padre de uno de los investigados describió los hechos como una broma, y esa palabra encendió la respuesta pública de la madre, quien la rechaza con firmeza y dolor.
  • Cuatro adolescentes investigados permanecen en libertad con comparecencia, lo que la madre señala como una asimetría que pesa sobre su hijo y sobre el sentido mismo de la protección.
  • La madre amplía el círculo de responsabilidad hacia quienes presenciaron los hechos sin intervenir, y exige que se investigue por qué el equipo viajó en una cúster turística contratada en lugar del transporte habitual del colegio.
  • Entre el dolor y la convicción, la madre proyecta un futuro para su hijo: terminar el colegio, sanar y convertirse en un buen profesional, como si la narrativa del caso no pudiera ser la última palabra sobre su vida.

En Lima, una madre tomó la palabra esta semana no para pedir venganza, sino para reclamar que la dignidad de su hijo sea restaurada tras la agresión sexual que este denunció dentro de un vehículo vinculado al Liceo Naval Almirante Guise. Su voz pone en el centro una pregunta que trasciende el caso: ¿por qué debe ser la víctima quien interrumpa su vida mientras los investigados permanecen en libertad? En el espacio entre la justicia y el estigma, esta madre traza una línea clara: su hijo no tiene nada de qué avergonzarse.

Esta semana, la madre del adolescente que denunció una agresión sexual en un vehículo vinculado al Liceo Naval Almirante Guise habló públicamente por primera vez. En una entrevista con Panamericana, dejó claro que no actúa movida por el odio ni la venganza: quiere justicia, y quiere que su hijo recupere la vida que tenía hace apenas unos días.

Desde que se presentó la denuncia, el muchacho no ha regresado a clases presenciales y permanece bajo medidas de protección. Su madre señaló que los cuatro adolescentes investigados, quienes siguen en libertad con comparecencia, tampoco asistirían de manera presencial al colegio. Aun así, la asimetría le pesa: es su hijo quien carga con la interrupción, no quienes lo agredieron.

Lo que más la indignó fue escuchar al padre de uno de los investigados referirse a lo ocurrido como una broma. Ella respondió con precisión y firmeza: lo que vivió su hijo no fue una broma ni una agresión física menor, sino una violación. Y subrayó que su hijo no tiene nada de qué avergonzarse. 'Él se merece vivir tranquilamente el resto de su vida', dijo.

La madre también extendió su cuestionamiento más allá de los agresores directos. Para ella, quienes presenciaron los hechos sin intervenir también tienen responsabilidad. Además, pidió que se investigue un detalle que su hijo le contó: ese día, el equipo de futsal no viajó en el bus amarillo habitual del colegio, sino en una cúster turística blanca contratada para la ocasión. Ese cambio, en su visión, forma parte de lo que aún debe ser esclarecido.

Una madre se presentó públicamente esta semana para hablar de lo que su familia enfrenta desde que su hijo denunció una agresión sexual dentro de un vehículo vinculado al Liceo Naval Almirante Guise. Durante una entrevista con Panamericana, explicó que su preocupación central es que el adolescente pueda recuperar la vida que tenía hace apenas una semana.

"Yo soy una madre que vengo movida por el amor, no por el odio ni por la venganza. Yo solo quiero justicia sin odio para mi hijo", dijo. Su objetivo es que el muchacho regrese gradualmente a sus actividades cotidianas y continúe con su educación. Hasta ahora, el adolescente no ha asistido a clases presenciales y permanece bajo medidas de protección. Según relató su madre, se le informó que los cuatro adolescentes investigados que siguen en libertad con comparecencia tampoco irán al colegio de manera presencial.

La madre rechazó categóricamente que lo ocurrido sea caracterizado como un juego o una broma, postura que adoptó después de escuchar las declaraciones de César Betocchi Bustamante, padre de uno de los menores investigados, quien utilizó esos términos. "Mi hijo, mi tesoro, mi bebé, que fue violentado, porque eso no fue agresión física ni broma. Eso fue una violación, una agresión sexual", afirmó con firmeza. Para ella, es fundamental que su hijo no cargue con la vergüenza de lo que le sucedió. "Él se merece vivir, tiene años y se merece el resto de su vida vivir tranquilamente, porque no tiene nada de qué avergonzarse", expresó.

La madre insistió en que la denuncia no debería alterar permanentemente la trayectoria escolar de su hijo. Espera que pueda terminar la secundaria en condiciones similares a las que tenía antes de los hechos denunciados. "Lo único que le queda a mi hijo es su vida, es su vida joven, que la siga desenvolviendo como si nada, al menos en lo que pueda", señaló. Agregó con convicción: "Mi hijo va a terminar su colegio y va a pasar y va a sanar y va a ser un buen profesional".

Más allá de los adolescentes que participaron directamente en los hechos, la madre amplió el círculo de responsabilidad. Cuestionó a quienes, desde su perspectiva, presenciaron lo ocurrido sin intervenir para auxiliar a su hijo. "Todos, todos tienen responsabilidad", señaló. También pidió que se esclarezcan las circunstancias del traslado del equipo de futsal. Según lo que su hijo le contó, los estudiantes viajaron en una cúster turística de color blanco contratada por el colegio, no en el tradicional bus amarillo que utiliza habitualmente el plantel. Este detalle, para la madre, forma parte de lo que aún necesita ser investigado y aclarado en el caso.

Yo soy una madre que vengo movida por el amor, no por el odio ni por la venganza. Yo solo quiero justicia sin odio para mi hijo
— Madre del adolescente agredido
Eso no fue agresión física ni broma. Eso fue una violación, una agresión sexual
— Madre del adolescente agredido
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