A trece días del balotaje que podría definir el rumbo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva ha convertido la seguridad pública en el eje de su campaña, prometiendo orden y firmeza contra el crimen organizado. Pero su promesa lleva una condición: depende de una reforma constitucional atrapada en el Senado desde hace meses. En un país donde su rival, Flávio Bolsonaro, ganó la primera vuelta y mantiene ventaja en las encuestas, Lula busca recuperar terreno en el mismo campo donde el adversario ha plantado bandera. Es la vieja tensión entre la promesa de transformación y la urgencia del tiempo que
Lula endurece discurso de seguridad a 13 días del balotaje contra Bolsonaro
Tranquilidad para los trabajadores, cárcel para los bandidos
¿Por qué Lula vincula la seguridad a una reforma constitucional que aún no está aprobada? ¿No es arriesgado prometer algo que depende del Senado?
Porque sin esa reforma, el Gobierno federal tiene las manos atadas. Toda la lucha contra el crimen recae en los estados. La PEC le permitiría actuar directamente, integrar fuerzas, crear un sistema único. Es su forma de decir: tengo un plan, pero necesito herramientas.
Pero la reforma lleva meses atrapada en el Senado. La comisión la aprobó el 2 de septiembre, pero hay votaciones separadas pendientes. ¿Cuál es la probabilidad real de que se apruebe antes de las elecciones o después?
Eso es lo que Lula está tratando de acelerar. Necesita 49 de 81 senadores en dos rondas. Su relación con Alcolumbre mejoró en agosto, pero no hay garantía.
¿Y Bolsonaro qué ofrece en seguridad?
Medidas más duras. Declarar narcoterroristas a las principales bandas criminales, como Estados Unidos ya hizo con el PCC y el CV. Es un enfoque de mano dura versus reforma institucional.
Aunque el Senado brasileño rechazó esa clasificación de terroristas hace poco. Así que incluso la propuesta de Bolsonaro enfrenta resistencia legislativa.
¿Cuánto pesa la seguridad en esta elección?
Es el tema central para ambos candidatos. Pero Bolsonaro ganó la primera vuelta y lidera en las encuestas. Lula está en desventaja y necesita cambiar la narrativa.
O necesita que la reforma se apruebe rápido para poder decir: mira, tengo un plan concreto. Sin eso, es solo una promesa más.
Le Pouls
- Lula llega al balotaje en desventaja real: Flávio Bolsonaro lo superó en la primera vuelta y las encuestas más recientes le dan hasta seis puntos de ventaja al senador.
- La apuesta del presidente es arriesgada: vincula su credibilidad en seguridad a una reforma constitucional, la PEC 18/2025, que lleva meses bloqueada en el Senado por tensiones políticas internas.
- Bolsonaro ocupa el mismo terreno con propuestas más duras, como declarar narcoterroristas al PCC y al Comando Vermelho, y ya cuenta con el respaldo de dos excandidatos de derecha.
- La reforma necesita 49 de 81 senadores en dos rondas de votación, y su trámite quedó inconcluso tras disputas en comisión, lo que convierte su aprobación en una carrera contra el reloj electoral.
- Lula declara convicción pública de que ganará, pero los números le exigen cerrar en trece días una brecha que las encuestas muestran cada vez más difícil de remontar.
A trece días del balotaje que podría definir el rumbo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva ha convertido la seguridad pública en el eje de su campaña, prometiendo orden y firmeza contra el crimen organizado. Pero su promesa lleva una condición: depende de una reforma constitucional atrapada en el Senado desde hace meses. En un país donde su rival, Flávio Bolsonaro, ganó la primera vuelta y mantiene ventaja en las encuestas, Lula busca recuperar terreno en el mismo campo donde el adversario ha plantado bandera. Es la vieja tensión entre la promesa de transformación y la urgencia del tiempo que se agota.
El lunes, tras asistir a la misa por la Virgen de Aparecida, Lula salió con un mensaje preciso: la seguridad pública será el corazón de su campaña hasta el balotaje del 25 de octubre. El presidente de 80 años prometió tranquilidad para los trabajadores y cárcel para los criminales, pero condicionó esa promesa a algo que aún no existe: la aprobación de la PEC 18/2025, una reforma constitucional que integraría fuerzas federales y estatales bajo un Sistema Único de Seguridad Pública.
La reforma tiene historia propia. La Cámara la aprobó en marzo y llegó al Senado seis días después, donde quedó atrapada durante meses por el deterioro de la relación entre Lula y el presidente del Senado, Davi Alcolumbre. El diálogo se retomó en agosto, la comisión aprobó el texto base en septiembre, pero un senador del Partido Liberal pidió votaciones separadas sobre varios puntos y el trámite quedó sin cerrar. El relator planeaba resolverlo tras la primera vuelta. Para avanzar, se necesitan 49 de 81 senadores en dos rondas.
Lo que vuelve urgente este movimiento es la realidad electoral. Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta con 47,03% frente al 45,16% de Lula. Las encuestas posteriores profundizan la brecha: Datafolha da a Bolsonaro cuatro puntos de ventaja; AtlasIntel, en un sondeo para Bloomberg sobre más de 5.000 personas, le asigna 51,1% frente al 45,7% de Lula. Dos excandidatos de derecha ya anunciaron su apoyo al senador.
Bolsonaro también disputa el terreno de la seguridad con propuestas más contundentes. En junio presentó el plan Brasil sin Miedo, que incluye declarar narcoterroristas al PCC, al Comando Vermelho y a las milicias, una medida que el Senado rechazó como enmienda legislativa a fines de 2025. Estados Unidos, por su parte, incluyó a esas organizaciones en su lista de terroristas extranjeros días después de una visita de Bolsonaro a la Casa Blanca.
Lula se declaró convencido de que ganará, argumentando que los brasileños quieren un cambio de mano de quien ya ha demostrado capacidad de gestión. Pero esa convicción choca con los números: tiene trece días para cerrar una brecha que las encuestas muestran cada vez más profunda.
Luiz Inácio Lula da Silva salió del templo el lunes con un mensaje claro: la seguridad pública será el corazón de su campaña en estas últimas dos semanas antes de la segunda vuelta. Tras asistir a la misa por la Virgen de Aparecida, la patrona de Brasil, el presidente de 80 años prometió tranquilidad para los trabajadores y cárcel para los criminales. Pero no fue una promesa sin condiciones. Ante los periodistas, Lula vinculó esa garantía a algo que aún no existe: una reforma constitucional que le permita al Gobierno federal asumir el papel que, según él, le corresponde en la lucha contra el crimen organizado.
La reforma en cuestión es la PEC 18/2025, una propuesta que el Ejecutivo envió al Congreso hace meses. El texto busca incorporar a la Constitución el Sistema Único de Seguridad Pública, creado en 2018 pero solo como ley ordinaria. También ampliaría los poderes de la Policía Rodoviaria Federal y permitiría la creación de policías municipales. Los gobernadores seguirían controlando las policías civiles, militares y penales de sus estados. Lo que cambiaría es la integración: hasta ahora, la lucha contra el crimen recaía casi completamente en los estados, mientras el Gobierno central se limitaba a enviar dinero. La reforma busca que ambos niveles trabajen juntos bajo un sistema único.
El camino de esta reforma ha sido accidentado. La Cámara de Diputados la aprobó el 4 de marzo, y llegó al Senado seis días después. Allí se quedó atrapada durante meses, en parte porque la relación entre Lula y Davi Alcolumbre, presidente del Senado, se deterioró en abril cuando la Cámara alta rechazó la candidatura del abogado general de la Unión para una vacante en la Corte Suprema. El diálogo se reanudó en agosto. El 21 de ese mes, Alcolumbre envió la propuesta a la Comisión de Constitución y Justicia. El 2 de septiembre, la comisión aprobó el texto base, aunque eliminó una disposición que habría destinado el 30 por ciento de los ingresos de las apuestas de cuota fija a fondos nacionales de seguridad. Un senador del Partido Liberal pidió votaciones separadas sobre otros puntos, lo que dejó el trámite sin cerrar. El relator, Rogério Carvalho del Partido de los Trabajadores, planeaba resolver esos puntos y llevar el texto al pleno después de la primera vuelta. La reforma necesita el apoyo de 49 de los 81 senadores en dos rondas de votación.
Lo que hace urgente este mensaje de Lula es la realidad de las encuestas. El senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, ganó la primera vuelta el 4 de octubre con el 47,03 por ciento de los votos válidos, frente al 45,16 por ciento de Lula, según el Tribunal Superior Electoral. Los sondeos posteriores confirman la brecha. Datafolha da a Bolsonaro el 49 por ciento frente al 45 por ciento de Lula. AtlasIntel, en una encuesta para Bloomberg realizada entre el 3 y el 8 de octubre entre más de 5.000 personas, asigna a Bolsonaro el 51,1 por ciento frente al 45,7 por ciento de Lula, con un margen de error de un punto porcentual. Dos excandidatos de derecha, Ronaldo Caiado y Romeu Zema, ya anunciaron su apoyo a Bolsonaro.
La seguridad es también el terreno de Bolsonaro, y lo ha cultivado con medidas más duras. El 18 de junio presentó en São Paulo el plan Brasil sin Miedo, que incluye 12 medidas, entre ellas declarar narcoterroristas al Primer Comando de la Capital, al Comando Vermelho y a las milicias. Estados Unidos anunció el 28 de mayo, dos días después de una visita de Bolsonaro a la Casa Blanca, que incluiría al PCC y al CV en su lista de organizaciones terroristas extranjeras a partir del 5 de junio. En Brasil, el Senado rechazó a fines de 2025 una enmienda al proyecto de ley antifacciones que las calificaba como terroristas. Lula, por su parte, prometió en mayo que si la PEC se aprueba, creará un Ministerio de Seguridad Pública quince días después. El lunes se declaró convencido de que ganará, porque, según dijo, los brasileños quieren un cambio de la mano de quien ya ha hecho cosas importantes. Pero esa convicción choca con los números: tiene trece días para cerrar una brecha que las encuestas muestran cada vez más profunda.
Citations marquantes
El Gobierno federal podrá asumir el papel que le corresponde en la lucha contra el crimen organizado en la medida en que la Constitución lo permita— Luiz Inácio Lula da Silva
Estoy convencido de que ganaré las elecciones, porque los brasileños quieren un cambio de la mano de quien ya hizo cosas importantes— Luiz Inácio Lula da Silva