Durante cinco años, la inflación estadounidense ha resistido los esfuerzos del banco central por devolverla a su cauce natural, y este miércoles la Reserva Federal se dispone a responder una vez más con el único instrumento que tiene a mano: subir los tipos de interés 25 puntos básicos. Kevin Warsh, al frente de la institución desde hace apenas cinco meses, hereda una tensión que va más allá de los números —entre la independencia del banco central y la presión política de la Casa Blanca, entre el mandato de estabilizar precios y el de preservar el empleo. Lo que los mercados esperan no es ya l
Los mercados dan por segura una subida de tipos de la Fed del 25% por la persistente inflación
La inflación lleva cinco años por encima del objetivo
¿Por qué la Fed tiene que subir tipos si el mercado ya lo espera? ¿No debería sorprender al mercado para ser efectiva?
La Fed no busca sorprender. Busca ser creíble. Si dice que va a controlar la inflación y luego no lo hace, pierde autoridad. El mercado ya descuenta la subida porque Warsh fue muy claro en Jackson Hole sobre su preocupación.
Pero espera. El mercado descuenta la subida, pero ¿qué descuenta exactamente? ¿Solo los 25 puntos básicos de esta semana, o también subidas futuras? Porque si el mercado ya espera más subidas después, entonces la sorpresa real sería que Warsh diga que no habrá más.
¿Qué tan grave es que la inflación lleve cinco años por encima del 2%? ¿Es realmente un problema o es normal?
Es un problema. El 2% es el objetivo porque permite que la economía crezca sin que los ahorros se erosionen demasiado. Cinco años por encima significa que la Fed ha perdido control de la narrativa sobre precios. Eso afecta las expectativas de inflación futura.
Aunque hay que notar que la inflación bajó mucho desde los máximos de 2022. Estamos en 3,4%, no en 9%. La pregunta es si eso es suficientemente bueno o si tiene que bajar más. El artículo no dice claramente cuál es la expectativa de la Fed para dónde debería estar.
¿Qué pasa con Trump presionando para que bajen tipos? ¿Puede realmente influir en la Fed?
Formalmente, no. La Fed es independiente. Pero políticamente, la presión es real. Si Trump sigue atacando a Warsh públicamente, puede erosionar la confianza en el banco central. Eso afecta cómo el mercado reacciona a las decisiones de la Fed.
Cierto, pero también hay que ser honesto: Trump presionó a Powell durante años y Powell subió tipos de todas formas. La independencia de la Fed se ha mantenido. Lo que sí es nuevo es que Warsh acaba de llegar al cargo hace cinco meses. Eso lo hace más vulnerable a la presión política que Powell, que tenía más antigüedad.
¿Qué significa que el bono a 10 años esté en máximos desde 2007? ¿Eso es malo?
Significa que los inversores esperan tipos más altos durante más tiempo. Es una señal de que el mercado cree que la inflación será persistente. Eso preocupa a la Fed porque tipos más altos encarecen el crédito para empresas y familias.
Pero aquí hay un detalle importante: el artículo dice que los rendimientos de los bonos preocupan a la Fed, pero no explica si la Fed puede hacer algo al respecto. Subir tipos podría, en realidad, empujar los rendimientos aún más altos en el corto plazo. Es un dilema que el artículo no resuelve claramente.
El Pulso
- La inflación estadounidense lleva cinco años por encima del objetivo del 2% y se estancó en el 3,4% en agosto, sin mostrar señales de ceder.
- Los rendimientos del bono del Tesoro a 10 años alcanzaron esta semana máximos no vistos desde 2007, añadiendo presión sobre la Fed para actuar con firmeza.
- Trump exigió públicamente en redes sociales que la Fed reduzca los tipos, poniendo a Warsh en una posición políticamente incómoda apenas cinco meses después de asumir el cargo.
- El mercado ya descuenta la subida de 25 puntos básicos y dirige su atención hacia las proyecciones de inflación futura que el comité publicará tras el anuncio.
- Dentro del Comité Federal de Mercado Abierto crece el apoyo a un endurecimiento más agresivo, aunque analistas como Afonso Borges anticipan que el mercado puede estar sobreestimando las subidas venideras.
Durante cinco años, la inflación estadounidense ha resistido los esfuerzos del banco central por devolverla a su cauce natural, y este miércoles la Reserva Federal se dispone a responder una vez más con el único instrumento que tiene a mano: subir los tipos de interés 25 puntos básicos. Kevin Warsh, al frente de la institución desde hace apenas cinco meses, hereda una tensión que va más allá de los números —entre la independencia del banco central y la presión política de la Casa Blanca, entre el mandato de estabilizar precios y el de preservar el empleo. Lo que los mercados esperan no es ya la decisión en sí, sino las palabras que vendrán después, porque en ellas se leerá el verdadero rumbo de la economía más grande del mundo.
La Reserva Federal llega a su reunión de este miércoles con una decisión que los analistas consideran inevitable: elevar los tipos de interés 25 puntos básicos, situándolos en el rango del 3,75% al 4%. La inflación se ha estancado en el 3,4% en agosto —igual que en julio— y acumula cinco años por encima del objetivo del 2%, sin mostrar señales de moderación.
Kevin Warsh, presidente de la Fed desde hace apenas cinco meses, endureció su discurso en el simposio de Jackson Hole: reconoció que los datos de verano fueron mejores de lo esperado, pero advirtió que las tendencias profundas no han mejorado y que el banco central tiene «trabajo por hacer». Ese tono más severo fue suficiente para que los mercados descartaran cualquier pausa. Dos factores externos complican el panorama: la guerra en Irán ha encarecido la energía, y un mercado laboral todavía robusto mantiene alta la demanda interna.
En julio, el comité mantuvo los tipos y solo tres de sus miembros votaron por una postura más agresiva. Ahora ese apoyo interno al endurecimiento ha crecido. Jenny Zeng, de Allianz Global Investors, advierte que incluso tras esta subida las condiciones financieras seguirán siendo laxas. Afonso Borges, de Julius Baer, apunta que sus previsiones para el bono a 10 años están por debajo de lo que el mercado monetario descuenta, sugiriendo que el endurecimiento final podría ser menor al esperado.
La decisión llega en un momento de tensión política. Trump exigió hace diez días, a través de las redes sociales, que la Fed reduzca los tipos, argumentando que Estados Unidos tiene «un crédito mucho más sólido que en los últimos tiempos» e instando a Warsh —a quien llamó «el nuevo y gran líder»— a «espabilar». Es la misma presión que soportó su predecesor Jerome Powell, y su reaparición eleva de nuevo la fricción entre la Casa Blanca y el banco central.
Lo que los mercados observarán con mayor atención no será el anuncio en sí, sino las palabras de Warsh y las proyecciones de inflación futura. Si los precios continúan mejorando, las subidas adicionales podrían no llegar. Si la inflación persiste —empujada por la geopolítica o por la fortaleza del empleo—, habrá más aumentos por delante.
La Reserva Federal estadounidense se prepara para su reunión de este miércoles con una decisión prácticamente escrita: elevar los tipos de interés 25 puntos básicos. Los analistas no ven alternativa. La inflación se ha estancado en el 3,4% durante agosto, la misma cifra que en julio, sin dar señales de que vaya a ceder. Peor aún, lleva cinco años por encima del objetivo del 2% que el banco central considera saludable para la economía.
La persistencia de estos precios altos ha obligado a Kevin Warsh, presidente de la Fed desde hace apenas cinco meses, a cambiar de tono. En el simposio de Jackson Hole hace pocas semanas, fue directo: la situación es "preocupante". Aunque reconoció que los datos de verano fueron mejores de lo esperado, dejó claro que eso no significa que las tendencias profundas hayan mejorado. El banco central, dijo, tiene "trabajo por hacer" mientras la inflación siga disparada. Este lenguaje más severo y claro sobre el control de precios ha sido determinante para que los mercados descuenten sin dudas la subida de esta semana.
Dos factores externos presionan sobre la inflación. La guerra en Irán ha elevado los precios de la energía, que repercuten en toda la economía. Al mismo tiempo, el mercado de trabajo estadounidense sigue mostrando fortaleza, lo que mantiene la demanda de bienes y servicios alta. La Fed tiene un mandato dual: controlar la inflación y mantener el máximo empleo. Con ambos objetivos en tensión, los mercados sostienen que Warsh no tiene otra opción que endurecer la política monetaria.
El Comité Federal de Mercado Abierto mantuvo los tipos en el rango del 3,50% al 3,75% en su reunión de julio. Se espera que esta semana los eleve hasta el 3,75% y 4%. Pero incluso ese nivel, según Jenny Zeng, directora financiera de Renta Fija de Allianz Global Investors, no representa un terreno restrictivo. Las condiciones financieras generales siguen siendo laxas. Dentro del comité crece el apoyo a nuevas subidas: en julio, tres miembros votaron por una postura más agresiva frente a los nueve que votaron por mantener. Michael Barr, gobernador del banco central, ya adelantó que apostaría por aumentar la tasa de referencia si la inflación continuaba al alza.
Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense añaden presión. El bono a 10 años marcó esta semana máximos desde 2007, una situación que preocupa a la Fed e inclina aún más la balanza hacia el endurecimiento. Sin embargo, los mercados ya dan por descontada la subida de 25 puntos básicos. Lo que realmente importará será lo que Warsh diga después del anuncio y, especialmente, las proyecciones de inflación futura que el comité publicará. Afonso Borges, investigador de Renta Fija de Julius Baer, señala que sus previsiones para el bono a 10 años están por debajo de lo que los tipos del mercado monetario descuentan, anticipando un endurecimiento menor al que el mercado espera.
La decisión de esta semana pone a Warsh en una posición incómoda. Apenas cinco meses después de asumir el cargo, debe endurecer la política monetaria justo cuando el presidente Trump presiona públicamente para que la Fed reduzca los tipos. Hace diez días, Trump escribió en redes sociales exigiendo que bajaran las tasas porque Estados Unidos tiene "un crédito mucho más sólido que en los últimos tiempos". Amenazó con dejar de comerciar con países con los que hay déficit si no se reducen. Instó al banco central a imponer la tasa más baja del mundo, "como en los viejos tiempos", y señaló que Warsh, el "nuevo y gran líder", tiene que "espabilar". Esta presión política es la misma que enfrentó Jerome Powell, el predecesor de Warsh. Trump parecía haber moderado su tono cuando Warsh llegó al cargo, pero estas nuevas exigencias elevan nuevamente la tensión entre la Casa Blanca y el guardián del dólar.
Los mercados ya miran hacia adelante. Si los datos de inflación continúan mejorando, es posible que las subidas adicionales de tipos no se materialicen. Pero si la inflación se mantiene o empeora, habrá más aumentos. Todo dependerá de cómo evolucionen los precios y de los conflictos geopolíticos que sigan presionando sobre la energía y otras materias primas.
Citas Notables
La inflación es preocupante y el banco central tiene trabajo por hacer mientras continúe disparada— Kevin Warsh, presidente de la Fed, en el simposio de Jackson Hole
Esperamos que la Fed suba tipos 25 puntos básicos en septiembre, con posibilidad de más subidas en el futuro, aunque si la inflación mejora, esas subidas adicionales podrían no materializarse— Tiffany Wilding, economista de PIMCO