Los hutíes amenazan a aerolíneas para que abandonen espacio aéreo saudí

Tres civiles extranjeros murieron en ataques contra aeropuertos saudíes: un sudanés en Riad, una marroquí y una argelina en Abha; al menos 38 personas resultaron heridas.
Los cielos saudíes son ahora escenario de operaciones militares
La amenaza hutí a las aerolíneas marca una escalada en el conflicto reactivado hace tres meses en Yemen.
Mark

¿Por qué esta amenaza a las aerolíneas es diferente de las amenazas anteriores de los hutíes?

Mimi

Porque viene después de que demostraron que pueden hacerlo. Hace tres semanas alcanzaron el aeropuerto de Riad con un misil. Ahora dicen que van a seguir haciéndolo. Las aerolíneas tienen que tomar eso en serio.

Luke

Pero ¿cuántos ataques reales ha habido? Tres muertos en tres días. Eso es grave, pero ¿es suficiente para que las aerolíneas abandonen Arabia Saudí completamente?

Mimi

No necesita ser suficiente en términos de números. Una sola aeronave derribada cambiaría todo. Las compañías aéreas no pueden permitirse ese riesgo.

Mark

¿Y por qué ahora? ¿Por qué los hutíes deciden hacer esto esta semana?

Mimi

Porque acaban de capturar territorio estratégico en el mar Rojo. Controlan el estrecho de Bab el Mandeb. Tienen poder real, no solo retórica.

Luke

Aunque hay que notar que Arabia Saudí dice que ya ha recuperado parte de ese territorio. El gobierno yemení afirma haber retomado la ciudad portuaria de Mocha.

Mark

¿Quién controla realmente esas aguas ahora?

Luke

Eso no está claro en los reportes disponibles. Ambos bandos reclaman victorias. Lo que sí sabemos es que los hutíes tienen misiles que pueden alcanzar objetivos saudíes.

Mimi

Y eso es lo que importa para las aerolíneas. No necesitan saber quién controla Mocha. Necesitan saber si sus aviones van a ser atacados.

  • Los hutíes han atacado los aeropuertos internacionales de Abha y Riad en setenta y dos horas, matando a tres civiles extranjeros y heriendo a casi cuarenta personas.
  • La amenaza a las aerolíneas no requiere derribar ningún avión para ser efectiva: la sola posibilidad de un ataque podría vaciar el espacio aéreo saudí sin disparar un misil más.
  • El control hutí del estrecho de Bab el Mandeb —conquistado en semanas tras la reanudación del conflicto en julio— convierte esta amenaza aérea en la extensión lógica de un dominio estratégico ya consolidado sobre el mar Rojo.
  • Arabia Saudí ha respondido con cien aviones de combate en apoyo continuo a las fuerzas yemeníes y fuerzas navales frente a Hodeidah, prometiendo que los ataques contra civiles 'no quedarán impunes'.
  • Los precios del petróleo han subido y el comercio global observa con inquietud cómo una milicia regional demuestra su capacidad de alterar rutas vitales simplemente anunciando que puede hacerlo.

En el cruce entre la guerra civil yemení y las grandes rutas del comercio mundial, la milicia hutí ha declarado esta semana que los cielos de Arabia Saudí son zona de combate, amenazando a todas las aerolíneas del planeta con consecuencias si continúan volando sobre el reino. Tres civiles extranjeros han muerto en ataques contra aeropuertos comerciales saudíes en menos de tres días, una escalada que reactiva un conflicto congelado desde 2022 y que revela hasta qué punto una milicia regional puede, con precisión y audacia, rediseñar los límites del orden global.

El jueves, la milicia yemení Ansar Allah lanzó una advertencia sin precedentes a todas las compañías aéreas del mundo: el espacio aéreo de Arabia Saudí es, desde ahora, escenario de operaciones militares. La única excepción reconocida fueron los cielos sobre La Meca y Medina. La amenaza no era retórica: venía precedida de tres días de ataques contra aeropuertos comerciales saudíes que dejaron tres civiles extranjeros muertos —una marroquí y una argelina en Abha, un sudanés en Riad— y casi cuarenta heridos.

Esta escalada reactiva un conflicto que llevaba cuatro años en pausa. El alto el fuego de 2022 había suspendido una guerra iniciada en 2014, cuando los hutíes tomaron Saná. La ruptura llegó en julio, cuando fuerzas gubernamentales bombardearon la pista del aeropuerto de Saná para impedir el aterrizaje de la delegación hutí que regresaba del funeral de Alí Jameneí. La respuesta fue fulminante: en pocas semanas, los insurgentes capturaron más de ciento sesenta kilómetros de costa en el mar Rojo y tomaron el control del estrecho de Bab el Mandeb, puerta meridional al Canal de Suez.

Ese dominio estratégico es lo que da peso real a la amenaza aérea. El estrecho concentra en tiempos normales el treinta por ciento del tránsito mundial de contenedores y cerca del ocho por ciento del petróleo global. Con los hutíes controlando también Bab el Mandeb —aliados del Irán que ya domina el estrecho de Ormuz—, Arabia Saudí ve cerradas sus dos grandes salidas marítimas. La amenaza a las aerolíneas es la extensión natural de esa ventaja: una milicia que puede intimidar el tráfico marítimo puede intentar lo mismo con el aéreo.

Lo más inquietante es que la amenaza no necesita materializarse para funcionar. La posibilidad de un ataque contra un avión comercial podría bastar para que las aerolíneas desvíen sus rutas. Arabia Saudí ha respondido con una contraofensiva que incluye cien aviones de combate en apoyo permanente a las fuerzas yemeníes y presencia naval frente al puerto de Hodeidah. El portavoz de la coalición anunció la destrucción de ochenta y dos objetivos hutíes, incluida la plataforma de lanzamiento usada en los ataques contra Riad. Pero la pregunta que flota sobre todo esto es más amplia: hasta dónde puede llegar una milicia regional en su capacidad de reconfigurar, con misiles y palabras, el mapa del comercio y la seguridad mundiales.

Los hutíes de Yemen han cruzado una línea esta semana. El jueves, la milicia conocida como Ansar Allah —Partidarios de Dios— emitió una amenaza directa a todas las compañías aéreas del mundo: dejen de volar sobre Arabia Saudí. Los cielos del reino, dijeron, son ahora "escenario de operaciones militares". La única excepción que ofrecieron fue el espacio aéreo sobre las ciudades santas de La Meca y Medina.

La amenaza no llegó sola. Tres días antes, los hutíes habían comenzado a demostrar que hablaban en serio. El martes, un ataque contra el aeropuerto internacional de Abha, cerca de la frontera yemení, mató a dos mujeres: una marroquí y otra argelina. Hirió a alrededor de treinta personas más. Al día siguiente, un bombardeo sobre el aeropuerto internacional Rey Jalid de Riad, la capital saudí, mató a un hombre sudanés e hirió al menos a ocho personas. El jueves, los insurgentes yemeníes reivindicaron haber impactado con un misil balístico el mismo aeropuerto de Riad. Tres civiles extranjeros muertos en setenta y dos horas. Ninguno de ellos era saudí.

Esta escalada marca un giro en un conflicto que había estado congelado durante cuatro años. En 2022, hutíes y fuerzas gubernamentales yemeníes —respaldadas por Arabia Saudí— habían acordado un alto el fuego inestable que dejó en suspenso una guerra que comenzó en 2014, cuando los insurgentes chiíes capturaron la capital, Saná. Ese conflicto se reanudó hace tres meses, en julio, cuando fuerzas gubernamentales bombardearon la pista del aeropuerto de Saná para impedir que aterrizara un avión que transportaba a la delegación hutí que había asistido al funeral del líder supremo de Irán, Ali Jameneí. Los insurgentes respondieron con una ofensiva relámpago que, en pocas semanas, les permitió capturar más de ciento sesenta kilómetros de costa en el mar Rojo y tomar el control del estrecho de Bab el Mandeb, la puerta meridional al mar Rojo y al Canal de Suez.

Ese control estratégico es lo que da peso real a la amenaza de esta semana. El estrecho de Bab el Mandeb es una de las rutas comerciales más vitales del planeta. En tiempos normales, el treinta por ciento del tránsito mundial de contenedores pasa por esas aguas, junto con alrededor del ocho por ciento del petróleo global. Para Arabia Saudí, el estrecho se había convertido en una alternativa crucial al estrecho de Ormuz, que su aliado iraní mantiene cerrado. Ahora los hutíes, aliados de Irán, controlan ambas vías. La amenaza a las aerolíneas es la extensión lógica de esa ventaja: si pueden amenazar el tráfico marítimo, pueden amenazar el aéreo.

Lo más peligroso de la advertencia es que no necesita ser completamente creíble para ser efectiva. La mera posibilidad de que los rebeldes derriben un avión comercial podría ser suficiente para que las compañías aéreas eviten el espacio aéreo saudí. Esa posibilidad cobró verosimilitud el diecinueve de septiembre, cuando los hutíes alcanzaron por primera vez con un misil el aeropuerto internacional Rey Jalid de Riad. Desde entonces, han demostrado que pueden repetirlo.

Arabia Saudí ha respondido con una contraofensiva. El lunes pasado confirmó su participación directa en los combates terrestres en Yemen, anunciando que cien aviones de combate saudíes brindan apoyo aéreo veinticuatro horas al día a las tropas del gobierno yemení. Fuerzas navales saudíes ofrecen respaldo marítimo en las aguas cercanas a Hodeidah, el puerto más importante del territorio controlado por los hutíes. El portavoz de la coalición, el general Turki al Maliki, aseguró el jueves que los ataques hutíes contra objetivos civiles "no quedarán impunes" y anunció que las fuerzas de la coalición han destruido ochenta y dos objetivos militares hutíes, centros de mando y almacenes de misiles en diversas provincias. Afirmó también haber inutilizado la plataforma de lanzamiento de misiles utilizada en los ataques contra Riad.

Los ataques hutíes contra aeropuertos e infraestructuras petrolíferas saudíes han disparado el precio del petróleo. La amenaza de esta semana, sin embargo, apunta a algo más profundo: la capacidad de una milicia regional de alterar el comercio global simplemente amenazando con hacerlo. Los hutíes han demostrado que pueden golpear objetivos saudíes con precisión. Ahora están usando esa capacidad no solo para infligir daño, sino para reconfigurar el mapa de lo que es posible en una de las regiones más estratégicas del mundo.

Los ataques hutíes contra objetivos civiles no quedarán impunes
— General Turki al Maliki, portavoz de la coalición saudí
El espacio aéreo saudí es escenario de operaciones militares
— Brigada General Yahya Sari, portavoz militar de los hutíes
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