En el transcurso de medio siglo, mientras el mundo se transformaba a velocidad sin precedentes, algo silencioso ocurría en la biología masculina: los niveles de testosterona cayeron un 54%, según un metaanálisis presentado esta semana en Londres que reunió datos de casi 119.000 hombres de cinco países. Lo que comenzó como una señal estadística se ha convertido en una advertencia sobre obesidad, disruptores endocrinos y un entorno que parece volverse cada vez más hostil a la fisiología reproductiva del hombre. La ciencia aún debate las causas exactas, pero coincide en el diagnóstico: una crisis
Los hombres tienen la mitad de testosterona que hace 50 años: crisis reproductiva masculina
Existe una crisis grave que permanece en gran medida invisible
¿Por qué los científicos hablan de "crisis" cuando describen esto? ¿No podría ser simplemente una variación normal?
Porque el descenso es consistente, medible y acelerado. No es una fluctuación: es más del 1% cada año durante cinco décadas. Eso no es normal. Y ocurre en paralelo con el descenso de espermatozoides que ya había alarmado a los investigadores.
Entonces la obesidad explica todo esto, ¿verdad?
Explica parte. Levine calcula que tal vez entre una cuarta y la mitad del descenso. Pero eso deja un 25 a 50% sin explicación. Hay algo más en el ambiente, en los productos que usamos, en el aire que respiramos.
El estudio español sobre regiones es interesante. ¿Qué nos dice realmente?
Que cuando controlas los hábitos de vida y encuentras diferencias enormes en calidad seminal entre regiones, la culpa no es el comportamiento. Es lo que respiras, lo que comes sin saberlo, lo que está en el agua. Madrid versus Asturias: mismos hombres españoles, vidas similares, pero el aire es diferente.
¿Y si simplemente estamos midiendo mejor ahora que hace 50 años?
Los estudios originales ya ajustaban por edad. Y el análisis combina seis estudios longitudinales diferentes con metodologías similares. Si fuera un artefacto de medición, no verías la misma tendencia en múltiples cohortes independientes.
¿Qué pasa con los hombres que toman suplementos de testosterona?
Eso es lo irónico. Suben los niveles hormonales pero matan la producción de esperma. Es como intentar arreglar un motor roto echándole gasolina de mejor calidad. El sistema es más complejo que solo un número en un análisis de sangre.
O Pulso
- En cinco décadas, los hombres han perdido más de la mitad de su testosterona media, una caída que supera el 1% anual y que los investigadores califican sin rodeos como una crisis de salud reproductiva.
- La obesidad, la diabetes y los disruptores endocrinos presentes en productos cotidianos figuran entre los principales sospechosos, aunque el debate científico sobre el peso exacto de cada factor sigue abierto.
- Un estudio español añade urgencia al asunto: la calidad seminal de hombres en Asturias casi duplica la de hombres en Madrid con hábitos de vida similares, señalando directamente a la contaminación ambiental como variable determinante.
- Los tratamientos con testosterona exógena presentan una trampa cruel: elevan los niveles hormonales pero inhiben la producción de espermatozoides, dejando a médicos y pacientes sin una solución sencilla.
- La comunidad científica pide atención urgente y más investigación, advirtiendo que las implicaciones de esta tendencia van mucho más allá de la fertilidad individual y afectan la salud general de millones de hombres.
En el transcurso de medio siglo, mientras el mundo se transformaba a velocidad sin precedentes, algo silencioso ocurría en la biología masculina: los niveles de testosterona cayeron un 54%, según un metaanálisis presentado esta semana en Londres que reunió datos de casi 119.000 hombres de cinco países. Lo que comenzó como una señal estadística se ha convertido en una advertencia sobre obesidad, disruptores endocrinos y un entorno que parece volverse cada vez más hostil a la fisiología reproductiva del hombre. La ciencia aún debate las causas exactas, pero coincide en el diagnóstico: una crisis grave que permanece, en gran medida, invisible.
Cuando los astronautas pisaron la Luna por última vez, en 1972, los hombres tenían aproximadamente el doble de testosterona en sangre que hoy. Ese descenso del 54% en cinco décadas no es una anomalía estadística: está documentado en un metaanálisis de casi 119.000 hombres de Israel, Estados Unidos, Brasil, Finlandia y Dinamarca, presentado esta semana en el congreso anual de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología en Londres. Los investigadores no dudan en llamarlo por su nombre: una crisis grave de salud reproductiva masculina que permanece en gran medida invisible.
La testosterona sostiene mucho más que el deseo sexual. Regula la producción de espermatozoides, la masa muscular, la densidad ósea, el metabolismo y el estado de ánimo. El profesor Hagai Levine, de la Universidad Hebrea-Hadassah, fue directo: esta crisis no recibe la atención que merece. Entre los factores señalados destacan la obesidad y la diabetes —la grasa corporal convierte testosterona en estrógenos— junto a disruptores endocrinos y efectos del cambio climático. Levine estima que entre una cuarta parte y la mitad del descenso podría explicarse por el síndrome metabólico, aunque el ritmo de caída parece haberse acelerado desde el año 2000, sugiriendo que algo más cambió en nuestro entorno.
Un estudio realizado en España aporta una pista concreta. Al comparar la calidad seminal en cuatro regiones peninsulares con datos de casi 400 hombres, los investigadores encontraron que los hombres de Asturias tienen una calidad espermática prácticamente el doble que la de los madrileños, con hábitos de vida similares en todas las regiones. La investigadora Rocío Núñez Calonge fue categórica: si los estilos de vida son iguales, la única explicación posible es ambiental, y todo apunta a la contaminación urbana.
El tratamiento no ofrece salida fácil. Los suplementos de testosterona elevan los niveles hormonales pero inhiben la producción de espermatozoides, una paradoja biológica que el profesor Allan Pacey, de la Universidad de Manchester, observa con frecuencia en su clínica. Los investigadores reconocen que aún quedan preguntas sin responder sobre qué factores ambientales específicos impulsan esta tendencia y en qué proporción. Lo que no está en duda es que algo fundamental ha cambiado en la fisiología masculina, con consecuencias que trascienden la fertilidad individual.
Hace cincuenta años, cuando los astronautas pisaban la Luna por última vez, los hombres tenían aproximadamente el doble de testosterona en la sangre que hoy. Desde 1972 hasta 2019, esa hormona fundamental ha caído de forma sostenida y dramática: un descenso del 54% en cinco décadas, lo que equivale a una pérdida superior al 1% cada año. No es una fluctuación estadística ni un error de medición. Es una tendencia marcada, documentada en un metaanálisis que reunió información de casi 119.000 hombres procedentes de Israel, Estados Unidos, Brasil, Finlandia y Dinamarca. Los resultados fueron presentados esta semana en el congreso anual de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología en Londres, y los investigadores no dudan en calificar lo que observan: una crisis grave de salud reproductiva masculina que permanece en gran medida invisible.
La testosterona no es solo la hormona del deseo. Sostiene la producción de espermatozoides, mantiene la masa muscular y la densidad ósea, regula el metabolismo, influye en el estado de ánimo y los niveles de energía. Su caída tiene consecuencias que se extienden por todo el cuerpo. El profesor Hagai Levine, de la Universidad Hebrea-Hadassah en Israel, fue directo en su evaluación: existe una crisis seria en la salud reproductiva masculina que actualmente no recibe la atención que merece. Su colega Channa Jayasena, endocrinólogo del Imperial College de Londres, coincide en que los estudios realizados a lo largo de varios períodos históricos demuestran que la salud reproductiva masculina está disminuyendo y ha estado disminuyendo con el tiempo.
Los científicos señalan a varios culpables. El aumento de la obesidad y la diabetes juegan un papel importante: la grasa corporal acelera la conversión de testosterona en estrógenos, reduciendo los niveles circulantes. Levine estima que entre una cuarta parte y la mitad del descenso total podría explicarse por la obesidad y el síndrome metabólico. Pero hay más. Los investigadores mencionan la exposición a disruptores endocrinos presentes en productos cotidianos, los efectos del cambio climático, y factores ambientales aún no completamente identificados. El ritmo de caída parece haberse acelerado a partir del año 2000, lo que sugiere que algo cambió en nuestro entorno o en nuestras vidas en las últimas dos décadas.
Esta investigación se suma a alertas previas del mismo grupo sobre el descenso en el recuento de espermatozoides durante las últimas cuatro décadas, un hallazgo que generó impacto internacional. Recientemente, el secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., describió la disminución de la fertilidad masculina como un problema existencial. Sin embargo, los expertos no están completamente de acuerdo sobre cómo interpretar estos datos. Algunos señalan que faltan pruebas suficientes para atribuir parte del fenómeno a factores ambientales específicos. Jayasena argumenta que necesitamos esclarecer, más allá de la obesidad y la diabetes, si existen elementos ambientales provocando esta tendencia.
Un estudio reciente realizado en España ofrece pistas sobre ese componente ambiental. Investigadores compararon la calidad del semen en cuatro regiones peninsulares usando datos de casi 400 hombres evaluados entre junio de 2024 y diciembre de 2025. Los resultados fueron reveladores: los hombres de Asturias tienen esperma cuya calidad es prácticamente el doble que la de los hombres de Madrid, y significativamente superior a la de habitantes del sur y sureste. Lo notable es que los hábitos de vida fueron similares en todas las regiones. Rocío Núñez Calonge, investigadora principal del estudio, fue clara: si los estilos de vida son iguales, la única explicación para las diferencias en calidad seminal debe ser ambiental. Todo apunta a la contaminación, que es mayor en el centro urbano que en el norte.
Hay una paradoja incómoda en el tratamiento de este problema. Los suplementos de testosterona elevan los niveles hormonales, pero pueden inhibir la producción de espermatozoides. El profesor Allan Pacey, de la Universidad de Manchester, lo ha visto en su clínica: cuando administras testosterona a un hombre, desactivas su producción de esperma. Es una trampa biológica que subraya la complejidad del sistema reproductivo masculino.
Los investigadores reconocen limitaciones en su análisis. Los estudios originales ajustaban los resultados según la edad, pero podrían existir otros factores de confusión, como diferencias entre las cohortes analizadas. La obesidad no fue controlada específicamente en todos los casos. Aún no está claro exactamente qué elementos ambientales están detrás de este descenso, ni cuánto contribuye cada factor a la caída total. Lo que sí está claro es que algo fundamental ha cambiado en la fisiología masculina en los últimos cincuenta años, y que ese cambio tiene implicaciones que van mucho más allá de la fertilidad individual.
Citações Notáveis
Creo que tenemos una grave crisis en la salud reproductiva masculina y actualmente no se le presta la atención suficiente— Profesor Hagai Levine, Universidad Hebrea-Hadassah
Si le administras testosterona a un hombre, desactivas su producción de esperma— Profesor Allan Pacey, Universidad de Manchester