Astrónomos detectan por primera vez viento activo en Sagitario A*, el agujero negro central

El viento sigue activo, tallando el espacio durante milenios
Los astrónomos descubrieron que la cavidad cónica de gas alrededor de Sagitario A* muestra bordes demasiado nítidos para ser antiguos.

Durante más de medio siglo, la ciencia contempló el centro de nuestra galaxia como un enigma silencioso. En junio de 2026, los astrónomos Mark D. Gorski y Lena Murchikova confirmaron lo que la teoría intuía desde 1971: Sagitario A*, el agujero negro supermasivo de la Vía Láctea, exhala un viento activo que esculpe el espacio a su alrededor. Este hallazgo, logrado gracias al radiotelescopio ALMA, no solo revela la naturaleza viva de nuestro centro galáctico, sino que ofrece un espejo para comprender cómo millones de galaxias en el universo han forjado su propia historia.

  • Una teoría de 1971 esperaba confirmación durante más de cincuenta años, y ningún instrumento había sido lo suficientemente preciso para zanjar el debate sobre si Sagitario A* emitía un viento activo.
  • El viento detectado posee una potencia equivalente a cien veces la luminosidad total del agujero negro, y ha estado tallando una cavidad cónica de más de tres años luz durante al menos veinte mil años.
  • Combinando observaciones de 2016, 2017 y 2019, los investigadores construyeron mapas cien veces más detallados que cualquier trabajo anterior, eliminando la emisión variable del agujero negro para aislar la estructura del gas circundante.
  • El descubrimiento sitúa a Sagitario A* como un modelo universal: al encontrarse en fase quiescente —el estado más común entre los agujeros negros supermasivos—, sus mecanismos de retroalimentación probablemente se replican en millones de galaxias del cosmos.

Después de más de cincuenta años de especulación, los astrónomos Mark D. Gorski y Lena Murchikova, de la Universidad Northwestern y el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, anunciaron en junio de 2026 el primer descubrimiento directo de un viento activo en Sagitario A*, el agujero negro supermasivo en el corazón de la Vía Láctea. Sus hallazgos fueron publicados en The Astrophysical Journal Letters, cerrando un interrogante abierto desde 1971.

Este viento es un flujo de materia extremadamente caliente que barre el gas molecular frío circundante, dejando a su paso una cavidad cónica de aproximadamente un pársec de longitud —poco más de tres años luz— con una apertura de 45 grados orientada hacia el sur-suroeste del centro galáctico. Su potencia equivale a cien veces la luminosidad total de Sagitario A*, y los datos indican que esta actividad lleva al menos veinte mil años en curso.

El logro fue posible gracias al radiotelescopio ALMA, cuyos datos de tres campañas de observación permitieron construir el mapa más profundo jamás realizado de esa región: cien veces más detallado y ochenta veces más nítido que cualquier trabajo previo. La clave técnica fue eliminar la emisión variable del propio agujero negro, lo que dejó al descubierto con claridad la cavidad que el viento ha ido esculpiendo durante milenios.

Más allá de la Vía Láctea, el hallazgo adquiere una dimensión universal. Sagitario A* se encuentra en fase quiescente, el estado en que vive la mayoría de los agujeros negros supermasivos del universo. Los investigadores sostienen que los mecanismos de retroalimentación observados aquí probablemente se repiten en millones de otras galaxias, convirtiendo a nuestro vecino cósmico más cercano en una ventana privilegiada para entender cómo el universo se ha dado forma a sí mismo.

Después de más de cincuenta años de especulación, los astrónomos finalmente han visto lo que siempre sospecharon: un viento activo brotando del agujero negro supermasivo en el corazón de nuestra galaxia. Mark D. Gorski y Lena Murchikova, investigadores de la Universidad Northwestern y del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, anunciaron en junio de 2026 el primer descubrimiento directo de este fenómeno en Sagitario A*, publicando sus hallazgos en The Astrophysical Journal Letters. La teoría de que tal viento existía se remontaba a 1971, pero hasta ahora ningún instrumento había logrado confirmarlo.

Lo que detectaron es un flujo de materia extremadamente caliente que emana del agujero negro y barre el gas molecular frío que lo rodea. La evidencia de este viento toma forma de una cavidad cónica de aproximadamente un pársec de longitud —poco más de tres años luz— con una apertura de 45 grados, orientada hacia el sur-suroeste del centro galáctico. La potencia de este viento es colosal: equivale a cien veces la luminosidad total de Sagitario A*. Los datos sugieren que esta actividad ha estado ocurriendo durante al menos veinte mil años, y el gas circundante muestra un flujo ordenado con regiones que se alejan de la Tierra y otras que se acercan. En la zona inmediata alrededor del agujero negro, el equipo midió aproximadamente trescientas masas solares de gas molecular dentro de un radio de medio pársec, con una densidad promedio de alrededor de diez mil partículas por centímetro cúbico.

El descubrimiento fue posible gracias a una combinación de datos del radiotelescopio ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) recopilados durante tres campañas de observación en 2016, 2017 y 2019. Con estos datos, Gorski y Murchikova construyeron el mapa más profundo y preciso jamás realizado de la región central de la Vía Láctea: cien veces más detallado y ochenta veces más nítido que cualquier mapa anterior de esa zona. El paso técnico crucial fue eliminar la emisión variable de Sagitario A* del análisis, lo que permitió aislar claramente la estructura del gas circundante y revelar la cavidad que el viento ha estado tallando durante milenios. Como señalaron los autores, para que los bordes de la cavidad cónica sean tan pronunciados como son, el viento debe estar activo en este preciso momento.

Lo que hace que este descubrimiento sea particularmente significativo es su alcance más allá de nuestra galaxia. Toda gran galaxia alberga un agujero negro supermasivo en su centro, y la interacción entre ese agujero negro y su galaxia anfitriona moldea profundamente cómo evoluciona esa galaxia. Sagitario A* se encuentra en lo que los astrónomos llaman una fase quiescente, el estado en que se encuentran la mayoría de los agujeros negros supermasivos del universo. Los investigadores sugieren que los fenómenos observados aquí —esa retroalimentación débil y errante sobre la región central de la galaxia— no son únicos. Probablemente se aplican a la mayoría de las demás galaxias quiescentes. El viento detectado en la Vía Láctea se convierte así en un modelo para entender cómo millones de galaxias regulan su propia evolución, ofreciendo una ventana a uno de los procesos más fundamentales que moldean el universo.

La morfología y la energética de esta estructura son compatibles con el despeje activo del gas por parte de un viento caliente
— Mark D. Gorski y Lena Murchikova
Toda gran galaxia tiene un agujero negro en su centro. La interacción entre el agujero negro y su galaxia huésped moldea profundamente la evolución galáctica
— Los investigadores
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué tardó tanto en detectarse algo que los astrónomos sospechaban desde 1971?

Model

Porque el viento es débil comparado con la emisión variable del agujero negro mismo. Era como intentar ver una vela junto a un faro. Necesitaban datos lo suficientemente precisos para filtrar el ruido y revelar la estructura subyacente.

Inventor

¿Qué significa que el viento sea "activo en este momento"?

Model

Significa que no es un fósil del pasado. Los bordes de esa cavidad cónica son demasiado nítidos para haber sido formados hace milenios y luego dejados intactos. El viento sigue soplando, sigue despejando gas, sigue moldeando el espacio alrededor del agujero negro.

Inventor

¿Por qué importa esto para galaxias que están a millones de años luz de distancia?

Model

Porque todos los agujeros negros supermasivos hacen esto. Si entiendes cómo Sagitario A* regula el gas y la energía en el corazón de nuestra galaxia, entiendes un mecanismo fundamental que controla cómo evolucionan prácticamente todas las galaxias grandes del universo.

Inventor

¿Qué tan sorprendente fue encontrar exactamente lo que esperaban?

Model

Sorprendente en el sentido de que la confirmación siempre lo es. Pero también tranquilizador: significa que la teoría funciona, que nuestro modelo de cómo funcionan estas cosas es correcto. Eso es lo que permite construir sobre ello.

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