Argentinos en Belfast viven con temor tras ola de violencia antiinmigrante

Múltiples familias inmigrantes fueron desplazadas temporalmente de sus hogares por temor a ataques; viviendas incendiadas y personas de color e inmigrantes sufrieron agresiones y discriminación.
Hago las cosas bien, pero termino siendo una extranjera
Una argentina reflexiona sobre cómo la violencia antiinmigrante la marca sin importar sus acciones personales.

Un incidente de violencia de un refugiado sudanés desencadenó protestas masivas en Belfast con casas incendiadas, colectivos quemados y amenazas contra extranjeros. Los argentinos residentes reportan miedo constante, evitan salir a la calle y temen ser discriminados junto con otros inmigrantes por acciones de individuos.

  • Un refugiado sudanés fue acusado de intentar asesinar a un irlandés el 8 de junio, quien perdió un ojo
  • Las protestas incluyeron casas incendiadas, autobuses quemados y amenazas contra extranjeros
  • Circularon listas en redes sociales con direcciones de casas de inmigrantes para atacar
  • Múltiples familias argentinas abandonaron temporalmente sus hogares por temor

Tras un intento de homicidio por un refugiado sudanés, Belfast experimentó violencia extrema contra inmigrantes con incendios y agresiones. Los argentinos radicados allí viven en alerta por discriminación y temor a represalias.

Belfast ardió la semana pasada. Casas consumidas por las llamas, autobuses destrozados, ventanas rotas, extranjeros amenazados en las calles. Todo comenzó el 8 de junio cuando un hombre con estatus de refugiado, originario de Sudán, fue acusado de intentar asesinar a un irlandés que perdió un ojo en la agresión. La ciudad se convirtió en un polvorín de violencia antiinmigrante que dejó a miles de personas, entre ellas cientos de argentinos, viviendo en un estado de pánico que persiste hasta hoy.

Juliett Gómez, una cordobesa de 34 años que vive en Belfast con su familia, describe esos días con una mezcla de horror y perplejidad. "Fue muy duro, muy difícil. Sentimos mucho miedo", recuerda. Vio casas incendiarse no en su propia calle pero sí lo suficientemente cerca como para oír el ruido constante de helicópteros sobrevolando la ciudad. Lo que más la golpeó fue la contradicción: "La gente en Belfast es muy amable, muy afectuosa. Por eso, que haya sucedido esto acá es muy fuerte". Con hijos pequeños, el miedo la paralizaba. No sabía cómo reaccionarían los vecinos si salía a la calle.

No está sola en esa angustia. David Cariaga, un gastronómico de 33 años de San Francisco Solano que vive en Belfast desde 2020, pasó esos días confinado en su casa a partir de las cuatro o cinco de la tarde. East Belfast, su zona, fue una de las más afectadas. Desde su ventana escuchaba las sirenas de la policía, veía el humo elevarse. Los incendios estuvieron a cinco minutos de su puerta. Federico Micheletti, hotelero de 35 años de Almirante Brown que lleva más de una década en la ciudad, vio los restos carbonizados del Glider, el autobús que fue incendiado en una calle muy transitada. A la vuelta del gimnasio, cuenta, quemaron autos, rompieron ventanas e incendiaron casas.

Pero el miedo físico es solo una parte de la historia. Lo que realmente aterroriza a la comunidad argentina es la posibilidad de ser marcada, de convertirse en chivo expiatorio. William Cariaga, dueño de una pizzería en Newtownards a 16 kilómetros de Belfast, llegó a Irlanda del Norte en 2013, antes del Brexit, huyendo de Argentina por razones económicas y de seguridad. Ahora enfrenta un nuevo tipo de inseguridad. "Lo que más me preocupa es el día a día: salir a la calle y que mucha gente te vea como 'el inmigrante'", dice. La única vez que sintió algo parecido fue durante el Brexit, cuando los extranjeros comenzaron a ser mirados con recelo.

Esa lógica de la culpa colectiva es lo que más duele. Gómez lo articula con claridad: "Al final uno termina quedando en la misma bolsa. Hago las cosas bien, respeto la cultura de acá, soy una persona trabajadora y no le hago mal a nadie, pero igual termino siendo una extranjera y, a los ojos de muchos, terminamos siendo todos iguales y te miran mal". Durante los días posteriores a las protestas, circularon por Facebook e Instagram listas con direcciones de casas de inmigrantes que supuestamente serían atacadas. Cariaga fue uno de los primeros en revisar si su dirección estaba en esas listas. No lo estaba, pero conoce a inmigrantes africanos cuyas direcciones sí aparecían y que tuvieron que abandonar sus hogares por unos días.

Las calles de Belfast quedaron vacías de extranjeros. Alicia Truchero De Petris, farmacéutica de San Isidro que vive en Lisburn a diez minutos de Belfast, salió a pasear con su marido ese fin de semana y no vio a ningún inmigrante. Vieron pintadas que decían "locals only" e insultos contra el islam. Los grupos más atacados fueron las personas de color y los musulmanes. El centro de la ciudad estaba totalmente vacío. "Eso me preocupa", dice Gómez, "porque la gente local salió a hablar y a defender lo suyo, pero yo me pregunto cómo van a defenderse aquellos a quienes les incendiaron las casas".

Belfast arrastra divisiones históricas profundas entre quienes quieren una Irlanda unificada y quienes desean seguir siendo parte del Reino Unido. Cariaga señala que los disturbios vienen ocurriendo durante tres veranos consecutivos, pero esta vez fue diferente. "Normalmente son dos o tres días de disturbios y termina ahí. Esta vez fue mucho más grave: quemaron un colectivo, autos y casas. Creo que esta vez puede ser más serio que en años anteriores". La tensión persiste. La comunidad argentina permanece en alerta, esperando, observando, preguntándose si lo peor ya pasó o si apenas comienza.

Fue muy duro, muy difícil. Sentimos mucho miedo. Vimos casas incendiarse, no en nuestra calle, pero sí muy cerca.
— Juliett Gómez, residente argentina en Belfast
Lo que más me preocupa es el día a día: salir a la calle y que mucha gente te vea como 'el inmigrante'
— William Cariaga, dueño de pizzería en Newtownards
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué crees que un incidente de una sola persona desencadenó tanta violencia contra toda una comunidad de inmigrantes?

Model

Porque en Belfast la tensión ya estaba ahí, bajo la superficie. Las divisiones políticas y religiosas son profundas. Un incidente es solo la chispa. La gente local lleva tiempo sintiéndose incómoda con la llegada de inmigrantes con culturas muy distintas, y eso genera un choque.

Inventor

¿Cómo es vivir en una ciudad donde de repente te ves obligado a esconderte?

Model

Es desorientador. Especialmente para alguien como Gómez, que tiene hijos. No es solo el miedo a la violencia física. Es el miedo a cómo te miran, a ser visto como "el inmigrante" en lugar de como una persona. Es volver a sentir lo que sintieron durante el Brexit.

Inventor

¿Hay algo que distinga a los argentinos de otros inmigrantes en Belfast?

Model

No mucho, en realidad. Eso es lo terrible. Cuando la gente está furiosa, no distingue. Todos somos extranjeros. Algunos argentinos tienen parejas locales, amigos de aquí, vidas establecidas, pero en esos momentos eso no importa.

Inventor

¿Crees que esto va a cambiar la forma en que los argentinos ven a Belfast?

Model

Ya lo está haciendo. Micheletti dice que siempre hay conflictos en Belfast, como en Glasgow, pero esto fue diferente. Más grave. Ahora la gente está alerta, observando, preguntándose si volverá a suceder.

Inventor

¿Qué es lo más injusto de todo esto?

Model

Que personas que emigraron buscando una vida mejor, que trabajan, que respetan las leyes, que tienen familias y amigos aquí, de repente sean culpabilizadas por las acciones de alguien más. Eso es lo que más duele.

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