Uno de cada cinco adultos cumple criterios de adicción a ultraprocesados, según estudio estadounidense

Millones de adultos mayores sufren adicción a ultraprocesados con impacto en salud mental, física y calidad de vida, particularmente en mujeres y personas con aislamiento social.
Uno de cada cinco adultos cumple criterios clínicos de adicción a ultraprocesados
Hallazgo de investigadores de la Universidad de Michigan que revela la magnitud del problema en adultos de 50 a 80 años.

En el cruce entre la biología, la emoción y el entorno social, investigadores de la Universidad de Michigan han puesto nombre a algo que muchos vivían sin poder nombrarlo: uno de cada cinco adultos cumple criterios clínicos de adicción a alimentos ultraprocesados. El hallazgo, publicado en la revista Addiction, invita a reconsiderar la idea de que comer mal es simplemente una cuestión de voluntad, y sugiere que las sociedades modernas han construido, sin proponérselo del todo, entornos que funcionan como trampas neurobiológicas para millones de personas. La pregunta que queda abierta no es solo médica, sino profundamente ética: ¿qué responsabilidad tienen las instituciones frente a un hambre diseñada para no saciarse?

  • El 21% de las mujeres y el 10% de los hombres de entre 50 y 64 años presentan adicción clínica a ultraprocesados, cifras que superan las del consumo problemático de muchas otras sustancias.
  • Percibirse con sobrepeso multiplica el riesgo de adicción hasta 19 veces en hombres y 11 en mujeres, mientras que el aislamiento social y los problemas emocionales también disparan la vulnerabilidad.
  • La Sociedad Argentina de Nutrición reconoce que estos alimentos activan mecanismos cerebrales equivalentes a los de sustancias adictivas, con pérdida de control, deseo intenso y persistencia pese a consecuencias negativas.
  • Expertos proponen un abordaje multidisciplinario —nutricionistas, psicólogos y médicos— junto con políticas públicas que limiten el marketing de ultraprocesados y amplíen el acceso a alimentos frescos.

Investigadores de la Universidad de Michigan acaban de cuantificar lo que muchos intuían: aproximadamente uno de cada cinco adultos estadounidenses cumple criterios clínicos de adicción a alimentos ultraprocesados. El estudio, publicado en la revista Addiction, analizó a dos mil adultos de entre 50 y 80 años mediante una escala clínica que mide deseos intensos, fracasos repetidos al intentar reducir el consumo e impacto negativo en la vida cotidiana.

Los datos más llamativos corresponden al grupo de 50 a 64 años: el 21% de las mujeres y el 10% de los hombres presentaron adicción clínica. En el grupo de mayor edad, esas cifras descendieron al 12 y 4 por ciento. La investigadora Ashley Gearhardt señaló que estos porcentajes superan ampliamente los registrados para otras sustancias adictivas. Una hipótesis que emerge del contraste entre grupos es que quienes crecieron rodeados de ultraprocesados desde la infancia desarrollaron patrones de consumo mucho más arraigados.

El estudio también identificó factores de riesgo precisos: percibirse con sobrepeso eleva las probabilidades de adicción once veces en mujeres y diecinueve en hombres; los problemas emocionales casi cuadruplican el riesgo en hombres; el aislamiento social lo triplica. Estos hallazgos desplazan la explicación simplista de la falta de voluntad hacia una intersección compleja de biología, psicología y contexto social.

Virginia Busnelli, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición, reconoce que la evidencia muestra mecanismos cerebrales similares a los de otras adicciones, con cuadros que siguen criterios equivalentes a los usados para diagnosticar trastornos por uso de sustancias. Propone un abordaje multidisciplinario con énfasis en técnicas cognitivo-conductuales, regulación emocional y políticas públicas que limiten el marketing de estos productos y faciliten el acceso a alimentos frescos, especialmente para poblaciones vulnerables.

Investigadores de la Universidad de Michigan acaban de documentar algo que muchos sospechaban pero pocos podían cuantificar: aproximadamente uno de cada cinco adultos estadounidenses cumple criterios clínicos de adicción a alimentos ultraprocesados. El hallazgo, publicado en la revista Addiction con respaldo de la Sociedad para el Estudio de la Adicción, revela que el fenómeno es mucho más extendido de lo que se creía.

La investigación incluyó a dos mil adultos de entre 50 y 80 años. Los científicos utilizaron una escala clínica llamada mYFAS 2.0 para medir características de adicción: deseos intensos por ciertos alimentos, fracasos repetidos al intentar dejar de consumirlos, y el impacto negativo en la vida cotidiana. Los números fueron sorprendentes. Entre los 50 y 64 años, el 21 por ciento de las mujeres y el 10 por ciento de los hombres presentaban adicción clínica. En el grupo de 65 a 80 años, esas cifras bajaban al 12 y 4 por ciento respectivamente. Ashley Gearhardt, jefa del área de ciencias clínicas en la universidad, señaló que estos porcentajes superan ampliamente los registrados para el consumo problemático de otras sustancias adictivas.

Lo que distingue a esta generación es su exposición temprana y constante a productos ultraprocesados: golosinas, comidas rápidas, snacks y bebidas azucaradas diseñadas específicamente para maximizar su atractivo. Quienes crecieron rodeados de estos alimentos desde la infancia presentan tasas de adicción mucho más altas que generaciones anteriores que tuvieron acceso más tardío. El contraste entre grupos de edad sugiere que la saturación ambiental de estos productos juega un papel determinante.

El estudio identificó factores de riesgo específicos que multiplican la vulnerabilidad. Percibirse con sobrepeso aumenta las probabilidades de adicción once veces en mujeres y diecinueve en hombres. Los problemas emocionales elevan el riesgo casi cuatro veces en hombres y casi tres en mujeres. El aislamiento social triplica las probabilidades. Estos hallazgos sugieren que la adicción a ultraprocesados no es simplemente un problema de falta de voluntad, sino una intersección compleja entre factores biológicos, psicológicos y sociales.

Virginía Busnelli, médica especialista en nutrición y presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición, reconoce que aunque aún no hay consenso total sobre la existencia de esta adicción, la evidencia científica demuestra que los ultraprocesados activan mecanismos cerebrales similares a los de sustancias adictivas. Los cuadros se presentan con pérdida de control, deseo intenso, dificultad para reducir la ingesta y persistencia pese a consecuencias negativas. Siguen criterios equivalentes a los usados para diagnosticar otros trastornos por uso de sustancias.

Los investigadores reconocen limitaciones en su trabajo: se basó en respuestas personales y no establece relaciones de causa-efecto. Sin embargo, subrayan que el problema afecta a muchas personas mayores y no debe subestimarse. Detectarlo a tiempo puede prevenir daños significativos en la salud futura. Busnelli propone un abordaje multidisciplinario que incluya nutricionistas, psicólogos y médicos, con énfasis en técnicas cognitivo-conductuales, regulación emocional y desarrollo de hábitos sostenibles. También recomienda limitar el marketing y la disponibilidad de ultraprocesados, especialmente para poblaciones vulnerables como niños y adolescentes, y promover políticas públicas que faciliten el acceso a alimentos frescos y mínimamente procesados.

Lo que emerge de este estudio es una pregunta más amplia sobre cómo las sociedades modernas han construido entornos alimentarios que, para millones de personas, funcionan como trampas neurobiológicas. No se trata simplemente de elegir mejor. Se trata de reconocer que para algunos adultos, particularmente mujeres de mediana edad con problemas emocionales o aislamiento social, estos productos generan patrones de consumo que merecen ser tratados con la seriedad que se aplica a otras adicciones.

Los porcentajes que vemos en estos datos superan ampliamente los de consumo problemático de otras sustancias adictivas
— Ashley Gearhardt, jefa del área de ciencias clínicas, Universidad de Michigan
Los productos ultraprocesados pueden activar mecanismos cerebrales similares a los de sustancias adictivas
— Virgiña Busnelli, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué el estudio se enfoca en adultos de 50 años en adelante y no en poblaciones más jóvenes?

Model

Porque estos adultos crecieron en un momento específico cuando los ultraprocesados ya estaban ampliamente disponibles. El estudio buscaba cuantificar el daño acumulado. Los más jóvenes nacieron directamente en ese entorno saturado, así que sus tasas de adicción podrían ser aún más altas.

Inventor

El dato sobre sobrepeso percibido es desconcertante. ¿Es la adicción la que causa el sobrepeso, o el sobrepeso causa la adicción?

Model

Probablemente ambas cosas. Pero lo interesante es que el estudio mide la percepción subjetiva, no el peso real. Significa que cómo te ves a ti mismo amplifica el riesgo. Es un ciclo: te sientes mal con tu cuerpo, usas la comida para lidiar con eso, y eso refuerza el ciclo.

Inventor

¿Por qué las mujeres tienen tasas más altas de adicción que los hombres?

Model

Los investigadores sugieren que el marketing de productos "diet" en los ochenta y noventa apuntó específicamente a mujeres. Pero también hay un componente de salud mental: las mujeres reportan más depresión y aislamiento, que son factores de riesgo. Y la presión social sobre la apariencia femenina intensifica todo.

Inventor

Si esto es una adicción real, ¿por qué no hay un tratamiento estándar?

Model

Porque el campo aún está debatiendo si realmente es una adicción o algo diferente. Pero Busnelli propone usar las mismas estrategias que funcionan para otras adicciones: terapia cognitivo-conductual, regulación emocional, apoyo social. Lo que falta es que los sistemas de salud lo reconozcan como un problema que requiere intervención profesional.

Inventor

¿Qué pasaría si los gobiernos limitaran realmente el marketing de ultraprocesados?

Model

Sería un cambio radical. Significaría enfrentar a industrias enormes. Pero el estudio sugiere que si hubiéramos limitado la exposición desde la infancia, estas tasas de adicción serían mucho menores. Es una pregunta sobre qué tipo de sociedad queremos construir.

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