Lorena Gascón: cómo frenar el bucle mental y dejar de sobrepensar

El cerebro intenta protegerte, solo que a veces se pasa de rosca
Lorena Gascón explica que el sobrepensar no es un defecto personal sino un mecanismo de defensa que se descontrola.
Mark

¿Por qué el sobrepensar afecta más a las mujeres si el cerebro funciona igual en todos?

Mimi

No es que el cerebro funcione diferente. Es que culturalmente hemos aprendido que el cuidado es responsabilidad nuestra. Llevamos más carga mental porque nos toca gestionar más cosas, no porque seamos más propensas a pensar.

Luke

Pero el informe dice que el 65 por ciento de las mujeres sufre carga mental mala o muy mala. ¿Eso es una medida subjetiva o hay datos duros sobre qué constituye esa carga?

Mark

Y entonces, ¿si delegamos más, el bucle desaparece?

Mimi

Parcialmente. Gascón dice que hay que intentar delegar y criar a los hijos de manera que tanto hombres como mujeres asuman esa carga mental. Pero también reconoce que no es fácil, que puede hacer falta terapia.

Luke

Ella habla de que la solución es cultural, que la sociedad debe cambiar. Pero luego ofrece ejercicios individuales como duchas frías y mindfulness. ¿Eso no es un poco contradictorio? ¿Estamos tratando síntomas mientras el sistema sigue igual?

Mark

¿El mindfulness realmente funciona o es otra moda de autoayuda?

Mimi

Gascón es clara: no funciona para todo el mundo. Está contraindicado en casos de trauma. Pero si se practica bien, en dos semanas se notan menos pensamientos repetitivos.

Luke

Ella dice que en dos semanas se nota, pero ¿eso es su experiencia clínica o hay estudios que lo respalden? Porque el libro es de autoayuda, no un ensayo científico.

Mark

¿Entonces qué hago si tengo un bucle mental ahora mismo?

Mimi

Gascón recomienda empezar con cinco minutos diarios de atención al presente. Sensaciones, respiración, lo que está pasando ahora. Y si es muy disruptivo, ir a terapia.

Luke

Eso tiene sentido. Lo que me pregunto es si cinco minutos de mindfulness es suficiente para alguien con ansiedad severa o si eso es solo un parche mientras se espera a poder acceder a un terapeuta.

  • El 65% de las mujeres españolas arrastra una carga mental considerada mala o muy mala, cifra que sube al 78% entre las madres, revelando una crisis silenciosa de agotamiento cognitivo.
  • El bucle mental se alimenta precisamente del intento de suprimirlo: cuanto más se trata de expulsar un pensamiento, más espacio ocupa, creando una trampa paradójica que refuerza la ansiedad.
  • Gascón advierte que el sobrepensar ofrece una falsa sensación de control, como tirar de una palanca de tragaperras, y que reconocer esa ilusión es el primer paso para salir del ciclo.
  • Su programa de cuatro meses propone entrenar la atención de forma gradual, con tan solo cinco minutos diarios de mindfulness, duchas frías o ejercicios de conteo para interrumpir el bucle.
  • La psicóloga señala que el problema también es estructural: una sociedad acelerada, injusta y llena de estímulos no puede resolverse solo con técnicas individuales, aunque estas ayuden a sobrevivir el día a día.

En un tiempo marcado por la aceleración constante y la incertidumbre, la psicóloga Lorena Gascón pone nombre a algo que millones de personas experimentan en silencio: el sobrepensar, ese bucle mental que promete protección pero entrega ansiedad. Su propuesta no es silenciar la mente, sino aprender a habitarla sin quedar atrapado en ella. Es, en el fondo, una invitación antigua y urgente a la vez: volver al presente.

Lorena Gascón, conocida en redes como @lapsicologajaputa, habla sin filtros sobre algo que la mayoría calla: ese ruido mental que no cesa, esos pensamientos que giran sin llegar a ningún destino. No se trata de pensar mucho, sino de quedarse atrapado en un bucle, de convertir un mensaje breve en una serie interminable sin final. Como ella lo describe, es poner el cerebro en una rueda de hámster: la sensación de movimiento sin avance real.

El fenómeno afecta de manera desproporcionada a las mujeres. Según un informe del Instituto de las Mujeres, el 65% de ellas soporta una carga mental mala o muy mala, frente al 49% de los hombres. Entre las madres, el porcentaje alcanza el 78%. No es una cuestión de carácter, sino de contexto: más responsabilidades, más cuidados, más razones para que el cerebro no descanse.

Gascón explica que el sobrepensar no es un defecto, sino un mecanismo de protección que se descontrola. El bucle se activa ante la incertidumbre, los problemas sin solución inmediata o cuando intentamos suprimir un pensamiento, lo que paradójicamente lo refuerza. El cerebro siente que está haciendo algo útil, pero en realidad solo acumula ansiedad.

En su libro *Que se pare la mente que me bajo*, propone un programa de cuatro meses para aprender a convivir con los pensamientos sin dejarse dominar por ellos. La clave no es vaciar la mente, sino traerla de vuelta al presente. Para ello recomienda practicar mindfulness de forma gradual, aunque sean cinco minutos al día prestando atención a las sensaciones de la ducha o el aroma del café. En dos semanas, asegura, los pensamientos repetitivos pierden fuerza.

Para los momentos de mayor intensidad, ofrece recursos inmediatos: una ducha de agua fría, contar de tres en tres hacia atrás desde cien, bailar, pintar o salir a correr. Reconoce que el bucle volverá, pero el mindfulness enseña a dejar de alimentarlo. Su mantra lo resume todo: aterriza. Estar en lo que se está, prestar atención al presente, no darle tanta importancia a los pensamientos. Una práctica sencilla para un problema que, en el mundo acelerado e incierto que habitamos, se ha vuelto casi universal.

Lorena Gascón tiene un nombre que circula por las redes sociales con una mezcla de admiración y alivio: @lapsicologajaputa. Es psicóloga, y lo que hace es hablar sin filtro sobre lo que la mayoría de nosotros experimentamos en silencio: ese ruido mental que no para, esos pensamientos que dan vueltas y vueltas sin llegar a ningún lado. No es simplemente pensar mucho. Es quedarse atrapado en un bucle, convertir un mensaje de tres líneas en una serie de televisión de diez temporadas con final abierto. Es, como ella lo describe, poner el cerebro en una rueda de hámster: parece que avanzas, pero en realidad te estás agotando.

Este fenómeno no es raro ni extraño. Es, de hecho, el pan nuestro de cada día, especialmente para las mujeres españolas. Según un informe del Instituto de las Mujeres presentado en marzo, el 65 por ciento de las mujeres soporta una carga mental considerada mala o muy mala, frente al 49 por ciento de los hombres. Cuando se es madre, esa cifra sube hasta el 78 por ciento. No es que los hombres no sobrepiensen; lo que ocurre es que por crianza, cultura y contexto, a las mujeres les tocan más responsabilidades, especialmente en cuanto al cuidado. Por eso se rayan más.

Gascón explica que el sobrepensar no es un defecto personal ni una señal de que algo anda mal contigo. Es tu cerebro intentando protegerte, aunque a veces se pase de rosca. El bucle mental suele dispararse en situaciones de incertidumbre, ante problemas sin solución inmediata, cuando sentimos que nuestra imagen está en peligro, cuando se activan heridas del pasado o, paradójicamente, cuando intentamos por todos los medios no pensar. Cuanto más tratamos de expulsar un pensamiento, más sitio ocupa. El sobrepensar da una falsa sensación de seguridad porque el cerebro siente que está haciendo algo, por eso cuesta tanto dejarlo. Pero en realidad acaba reforzando el problema: es como tirar de la palanca de una tragaperras, parece que tienes el control pero el premio casi siempre es la ansiedad.

En su nuevo libro, Que se pare la mente que me bajo, Gascón propone un programa de cuatro meses para aprender a convivir con los pensamientos sin dejar que nos dominen. No es una fórmula mágica ni un protocolo científico cerrado, sino una guía práctica. La clave no es dejar la mente en blanco, sino traerla de vuelta. Ella reconoce que vivimos en una sociedad acelerada donde los ritmos dependen mucho del contexto y la cultura. Estamos habituados a un entorno que no para, con un estímulo detrás de otro, las redes sociales, la incertidumbre sobre el empleo y la vivienda. No podemos evitar los pensamientos negativos porque gracias a ellos sobrevivimos. Lo que deberíamos hacer, como sociedad, es luchar para que nuestros derechos lo sean de verdad, porque el mundo donde vivimos no es nada justo.

A nivel personal, una manera de lidiar con la incertidumbre es leer libros y ver películas o documentales sobre cómo funciona la mente. Y si es algo muy disruptivo que hace pasarlo muy mal, ir a terapia. Las señales de que estamos pensando de más son claras: acabar muchas veces en el mismo punto, tener la sensación de que no se avanza ni se resuelve nada. Si lo pensaste anteayer, ayer, por la mañana, por la tarde otra vez, y no has llegado a ninguna parte, es señal de que estás dándole vueltas de más.

Para frenar ese bucle, Gascón recomienda entrenar la mente y la capacidad de atención para estar en el aquí y ahora. Hay que hacerlo poco a poco cada día, aunque sea durante cinco minutos. Se trata de atender a algo que está pasando en ese momento: las sensaciones de la ducha, el aroma del café, la respiración. Solo con ese tiempo diario se notará que cada vez los pensamientos tienen menos poder. El mindfulness no lo puede todo, advierte. Se ha puesto de moda como solución a cualquier dificultad, incluso se usa en las empresas para aumentar la productividad, pero no sirve a todo el mundo y a veces está contraindicado, como en caso de trauma. Si se usa bien y se empieza a practicar poco a poco, nada de media hora al día, puede ayudar: en dos semanas habrá menos pensamientos repetitivos, se será más consciente de cómo se está, se hará más caso a las propias necesidades.

Gascón ofrece dos ejercicios rápidos para salir de la rayada: el primero es practicar mindfulness, apuntarse a un curso y aprender, porque es la única manera útil. El segundo es una ducha de agua fría, porque vacía la mente. También sirven contar de tres en tres de cien hasta uno, hacer un sudoku, escuchar una canción, bailar, pintar, hacer cosas con las manos o ir a correr o a escalar. Aunque luego la rayada volverá, porque el problema del bucle es que es un pensamiento que se alimenta todo el rato. Lo bueno del mindfulness es que enseña a dejar de darle de comer. Su mantra personal es simple: aterriza. O incluso, aterriza, coño. Se podría resumir en estáte en lo que estás. Aterriza en el aquí y ahora, presta atención al presente para no dar tanta importancia a los pensamientos, para no rayarte tanto.

Sobrepensar es quedarse atrapado en pensamientos repetitivos que no llevan a conclusión, generan malestar y acaban interfiriendo en la vida diaria
— Lorena Gascón
Lo bueno del mindfulness es que te enseña a dejar de darle de comer al pensamiento que alimentas todo el rato
— Lorena Gascón
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