Líbano denuncia 11 violaciones israelíes del alto el fuego durante negociaciones en Roma

Según el Ministerio de Salud libanés, la ofensiva iniciada el 2 de marzo ha causado 4.333 muertos y 12.250 heridos.
Los tanques avanzaban mientras los negociadores hablaban de paz
Refleja la contradicción fundamental entre las conversaciones diplomáticas en Roma y la actividad militar israelí continua en territorio libanés.
Mark

¿Por qué Líbano denuncia estas violaciones específicamente ahora, durante las negociaciones?

Mimi

Porque el contraste es insostenible. Si estás negociando la retirada de fuerzas, no puedes permitir que esas mismas fuerzas avancen simultáneamente. Es una forma de decir: esto no es creíble.

Mark

¿Cuánto tiempo lleva el acuerdo de alto el fuego en vigor?

Mimi

Desde abril. Apenas cuatro meses. Y en ese tiempo, Israel ha mantenido sus ocupaciones, incluso profundizado su presencia. Para Líbano, es como si el alto el fuego nunca hubiera comenzado realmente.

Mark

¿Qué esperaba Líbano que sucediera después de abril?

Mimi

Una retirada gradual. Despliegue de su propio ejército en las zonas liberadas. Desarmamiento de grupos armados. Pero nada de eso ha ocurrido a la escala que el acuerdo contemplaba.

Mark

¿Hay algún patrón en dónde ocurren estos ataques?

Mimi

Sí. El sur, donde Israel ha ocupado territorio durante décadas. El este, cerca de la frontera siria. Y Beirut mismo, con drones permanentemente sobre los suburbios. No son aleatorios; son territorios de importancia estratégica.

Mark

¿Qué significa para las negociaciones que esto continúe?

Mimi

Que una de las partes está negociando de mala fe, o al menos está usando las negociaciones como cobertura para mantener lo que ya tiene. Es difícil confiar en un proceso cuando el otro lado sigue disparando.

Mark

¿Cuál es el costo humano de esta situación?

Mimi

Cuatro mil muertos, doce mil heridos desde marzo. Eso es una guerra, no un alto el fuego. Y esos números no incluyen los desplazados, las ciudades vaciadas, la infraestructura destruida. Es un país que intenta negociar su propia supervivencia.

  • Mientras los negociadores hablaban en Roma, tanques Merkava avanzaban hacia Haddatha y Aita al-Jabal, con al menos uno disparando directamente contra una vivienda.
  • Drones israelíes sobrevolaban Beirut y sus suburbios del sur; cazas volaban a baja altura sobre Baalbek y el valle de la Bekaa, extendiendo la presión militar por todo el territorio libanés.
  • Beirut documentó once violaciones en una sola jornada, un patrón que lleva meses denunciando y que contradice los términos del acuerdo del 16 de abril, el cual exigía retirada gradual israelí.
  • La ofensiva iniciada el 2 de marzo ha dejado 4.333 muertos y 12.250 heridos según el Ministerio de Salud libanés, cifras que pesan sobre cada sesión negociadora como una acusación.
  • La séptima ronda en Roma, prevista para tres días, enfrenta la pregunta central que ningún acuerdo ha resuelto: Israel mantiene ocupaciones en el sur libanés, algunas de décadas, que simplemente continúan mientras se negocia su fin.

Mientras delegaciones de Líbano e Israel se reunían en Roma para una séptima ronda de negociaciones de paz, las fuerzas militares israelíes llevaban a cabo, según Beirut, once violaciones distintas del acuerdo de alto el fuego firmado en abril. Bombardeos, drones, artillería y movimientos de tanques Merkava afectaron localidades del sur y el este libanés en la misma jornada en que los diplomáticos buscaban marcos para la retirada. Este contraste —la mesa de paz y el avance de los blindados operando en paralelo— no es una anomalía sino un patrón que plantea una pregunta sin respuesta: ¿puede la diplomacia alcanzar alguna vez a la realidad militar, o simplemente le otorga cobertura?

Mientras las delegaciones libanesa e israelí se sentaban a la mesa en Roma para una nueva ronda de conversaciones de paz, las fuerzas militares israelíes llevaban a cabo lo que Beirut denunció como once violaciones distintas del acuerdo de alto el fuego. La jornada fue particularmente intensa: bombardeos en Al-Mashaa y entre Al-Mansouri y Majdal Zoun, ataques con drones sobre el barrio de Al-Ruwais, fuego de artillería en Zawtar al-Sharqiya. Tanques Merkava y maquinaria pesada avanzaron hacia Haddatha y Aita al-Jabal, con al menos un blindado disparando directamente contra una vivienda.

La actividad se extendía por todo el territorio: vehículos blindados moviéndose bajo cobertura de artillería y vigilancia aérea, cazas volando a baja altura sobre Baalbek y el valle de la Bekaa, drones estacionados sobre Beirut y sus suburbios, aviones de reconocimiento sobrevolando las zonas montañosas de Akkar y Hermel. El contraste con las conversaciones diplomáticas era imposible de ignorar: mientras los negociadores hablaban, los tanques avanzaban.

El acuerdo de alto el fuego, alcanzado el 16 de abril, contemplaba una retirada israelí gradual, el despliegue del Ejército libanés en las zonas liberadas y el desarme de grupos armados. Pero la realidad sobre el terreno contradecía el papel. Israel mantenía ocupadas varias zonas del sur, algunas desde hace décadas, y durante la ofensiva actual sus fuerzas habían penetrado más de diez kilómetros en territorio libanés. Esas ocupaciones simplemente continuaban mientras se negociaba su fin.

La ofensiva iniciada el 2 de marzo ha dejado, según el Ministerio de Salud libanés, 4.333 muertos y 12.250 heridos: familias desplazadas, ciudades parcialmente vaciadas, un país que intenta reconstruirse mientras sigue siendo bombardeado. Las violaciones del martes no eran incidentes aislados sino parte de una continuidad de violencia que el acuerdo supuestamente había detenido. La pregunta que las negociaciones en Roma no han respondido es si la diplomacia puede alguna vez alcanzar a la realidad militar, o si simplemente le proporciona cobertura.

Mientras delegaciones libanesas e israelíes se sentaban a la mesa en Roma para iniciar una nueva ronda de conversaciones de paz, las fuerzas militares israelíes llevaban a cabo lo que Beirut denunció como once violaciones distintas del acuerdo de alto el fuego que supuestamente las vinculaba. La jornada del martes fue particularmente intensa: bombardeos en Al-Mashaa, entre Al-Mansouri y Majdal Zoun en el sur; ataques con drones sobre el barrio de Al-Ruwais; fuego de artillería en Zawtar al-Sharqiya. Los reportes de la Agencia Nacional de Noticias libanesa documentaron también el movimiento de tanques Merkava y maquinaria pesada hacia Haddatha y Aita al-Jabal, con al menos uno de los blindados disparando directamente contra una vivienda.

La actividad militar se extendía por todo el territorio. Vehículos blindados israelíes se desplazaban desde Haddatha hacia las afueras de Aita al-Jabal bajo cobertura de artillería y vigilancia aérea constante. Operaciones de rastreo con ametralladoras apuntaban hacia Haddatha mientras otros vehículos se movían en dirección a Haris. En el este, cazas israelíes volaban a baja altura sobre Baalbek y el valle de la Bekaa. Drones permanecían estacionados sobre Beirut y sus suburbios del sur. Aviones de reconocimiento sobrevolaban las zonas montañosas de Akkar y Hermel, cerca de la frontera siria.

Esta séptima ronda de negociaciones en Roma representaba un momento que se suponía debería marcar progreso hacia la paz. Las conversaciones anteriores se habían celebrado en Washington bajo patrocinio estadounidense, y esta nueva sesión estaba prevista para extenderse durante tres días. Pero la cronología era imposible de ignorar: mientras los negociadores hablaban, los tanques avanzaban. El contraste no era accidental ni pasajero, sino un patrón que Beirut llevaba meses denunciando.

El acuerdo de alto el fuego había sido alcanzado el 16 de abril, hace apenas meses. Según sus términos, Israel debería retirarse gradualmente de los territorios ocupados, el Ejército libanés desplegaría sus fuerzas en las zonas liberadas, y los grupos armados serían desarmados. Pero la realidad sobre el terreno contradecía el papel. Israel mantenía ocupadas varias zonas del sur de Líbano, algunas desde hace décadas. Durante la ofensiva actual, sus fuerzas habían penetrado más de diez kilómetros en territorio libanés. Esas ocupaciones no se habían revertido; simplemente continuaban mientras se negociaba su fin.

La ofensiva que había generado esta crisis había comenzado el 2 de marzo. Según el Ministerio de Salud libanés, los números eran devastadores: cuatro mil trescientos treinta y tres muertos, doce mil doscientos cincuenta heridos. Esas cifras no eran abstractas. Representaban familias desplazadas, ciudades parcialmente vaciadas, un país que intentaba reconstruir mientras seguía siendo bombardeado. Las violaciones del alto el fuego que Beirut denunciaba el martes no eran incidentes aislados sino parte de una continuidad de violencia que el acuerdo supuestamente había detenido.

Lo que quedaba claro era que el proceso de negociación y la actividad militar operaban en dos velocidades diferentes. En Roma, los diplomáticos buscaban marcos para la retirada y la reconciliación. En el sur de Líbano, los tanques seguían avanzando, los drones seguían volando, la artillería seguía disparando. Las autoridades libanesas no tenían ilusiones sobre lo que esto significaba: el acuerdo estaba siendo socavado incluso mientras se intentaba profundizarlo. La pregunta que quedaba sin respuesta era si las negociaciones podrían alguna vez alcanzar a la realidad militar, o si simplemente proporcionaban una cobertura diplomática para una ocupación que continuaba bajo otros términos.

Israel cometió 11 violaciones del acuerdo de alto el fuego con Líbano durante la jornada de este martes, mientras Beirut y Tel Aviv iniciaban en Roma una nueva ronda de negociaciones directas
— Fuente oficial libanesa citada por la Agencia Nacional de Noticias
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