Las regiones pobres de Europa sufren el doble de muertes por contaminación del aire

El estudio analiza 88,8 millones de muertes entre 2003-2019 en 653 regiones europeas, demostrando que la vulnerabilidad socioeconómica amplifica significativamente la mortalidad atribuible a la contaminación del aire.
La vulnerabilidad socioeconómica amplifica la mortalidad del aire sucio
Las regiones pobres enfrentan riesgos de muerte por contaminación que duplican los de las zonas ricas, incluso con niveles similares de polución.

Un equipo del Instituto de Salud Global de Barcelona ha confirmado lo que la desigualdad lleva décadas insinuando: el aire sucio no mata a todos por igual. Analizando casi 89 millones de muertes en 653 regiones europeas entre 2003 y 2019, los investigadores documentaron que las comunidades más pobres del sur y el este del continente enfrentan el doble de riesgo de mortalidad por contaminación que las regiones más prósperas del norte y el oeste. La transición hacia energías renovables emerge no solo como una respuesta climática, sino como una medida de justicia sanitaria capaz de salvar vidas donde más se necesita.

  • Durante dieciséis años y en más de seiscientas regiones, la contaminación del aire ha cobrado vidas de forma radicalmente distinta según la riqueza del territorio, duplicando el riesgo de muerte en las zonas más desfavorecidas.
  • Las regiones pobres no solo respiran aire más sucio: carecen de los sistemas de salud, las regulaciones ambientales y la conciencia institucional necesarios para proteger a sus habitantes del daño que esa contaminación provoca.
  • Mientras el norte de Europa redujo significativamente su mortalidad asociada a contaminantes clave entre 2003 y 2019, el sur y el este apenas registraron mejoras, ensanchando una brecha que ya era profunda.
  • La adopción de energías renovables demuestra ser un antídoto medible: reduce el material particulado hasta en un 54% y la mortalidad asociada en proporciones similares, aunque su expansión sigue siendo profundamente desigual entre países.
  • Los investigadores advierten que este patrón europeo anticipa una crisis global: en países de ingresos bajos y medios, la urbanización avanza más rápido que las inversiones en energía limpia, exponiendo a cientos de millones a riesgos crecientes.

Investigadores del Instituto de Salud Global de Barcelona, trabajando junto al Barcelona Supercomputing Center, han revelado una fractura profunda en cómo la contaminación del aire mata en Europa. Su análisis de casi 89 millones de muertes registradas entre 2003 y 2019 en 653 regiones de 31 países demuestra que dos territorios con niveles idénticos de polución pueden experimentar consecuencias radicalmente distintas según su nivel de riqueza. En las regiones del norte y oeste europeo, con mayor PIB per cápita y esperanza de vida más larga, los riesgos de mortalidad son significativamente menores. En el sur y el este, más desfavorecidos, esos riesgos llegan a duplicarse.

La explicación no es solo la cantidad de contaminación, sino la capacidad de cada territorio para protegerse de ella. Las diferencias en sistemas de salud, regulación ambiental e infraestructura pública determinan quién sobrevive y quién no. El investigador principal Zhaoyue Chen subraya que las zonas pobres carecen de las herramientas institucionales para blindar a sus poblaciones frente al daño que el aire contaminado provoca. Y esa brecha, lejos de cerrarse, se ha ensanchado: entre 2003 y 2019, las regiones más ricas redujeron notablemente su mortalidad asociada a contaminantes clave, mientras las más pobres apenas registraron mejoras.

El estudio identifica en la transición energética una palanca concreta de cambio. Cuando las regiones aumentan su consumo de energía limpia, la contaminación cae de forma medible —el material particulado grueso se reduce hasta un 54%, el dióxido de nitrógeno un 20%, las partículas finas un 15%— y la mortalidad asociada disminuye en proporciones similares. Sin embargo, países como Malta, Chipre, Italia y Polonia siguen dependiendo fuertemente de combustibles fósiles, mientras el norte de Europa avanza con rapidez hacia las renovables.

Los investigadores advierten que estas conclusiones trascienden el continente. En todo el mundo, el crecimiento urbano y la expansión industrial en países de ingresos bajos y medios superan en velocidad a las inversiones en energía limpia y salud pública. Sin políticas deliberadas que integren la equidad sanitaria en la agenda ambiental, esa brecha podría exponer a cientos de millones de personas a riesgos de mortalidad crecientes. El análisis ya alimenta Forecaster.Health, un sistema de alerta temprana que advierte sobre riesgos de mortalidad por temperatura y contaminación para poblaciones vulnerables.

Un equipo de investigadores del Instituto de Salud Global de Barcelona ha documentado una brecha profunda en cómo la contaminación del aire mata en Europa: en las regiones más pobres, el riesgo de muerte asociado a la mala calidad del aire es aproximadamente el doble que en las zonas más prósperas. El hallazgo emerge de un análisis exhaustivo de casi 89 millones de muertes registradas entre 2003 y 2019 en 653 regiones de 31 países europeos, una población combinada de 521 millones de personas. Los investigadores, trabajando junto con el Barcelona Supercomputing Center, examinaron cómo factores como la riqueza regional, la esperanza de vida y la adopción de energías limpias modifican el impacto letal de contaminantes como las partículas finas, el dióxido de nitrógeno y el ozono.

Lo que el estudio revela es que la contaminación del aire no mata de manera uniforme. Dos regiones pueden tener niveles idénticos de polución atmosférica, pero las consecuencias para la salud varían dramáticamente según quién vive allí. Las áreas del norte y oeste de Europa, donde el producto interior bruto per cápita es más alto, las tasas de pobreza más bajas y la esperanza de vida más larga, experimentan riesgos de mortalidad significativamente menores. En contraste, las regiones del sur y este europeo, más desfavorecidas económicamente, cargan con riesgos que duplican o superan los de sus vecinos más ricos. Esta disparidad no es accidental: refleja diferencias en la calidad de los sistemas de salud, la sofisticación de los programas de salud pública, la capacidad para implementar regulaciones ambientales estrictas y, simplemente, la conciencia social sobre los peligros de respirar aire contaminado.

Lo más inquietante es cómo estas desigualdades han evolucionado a lo largo de dos décadas. Las regiones más ricas experimentaron caídas significativas en los riesgos de mortalidad asociados a contaminantes clave entre 2003 y 2019. Las regiones con menores ingresos y esperanza de vida, en cambio, vieron apenas mejoras modestas, o en algunos casos ninguna mejora en absoluto. Zhaoyue Chen, investigador principal del estudio, subraya que no se trata simplemente de que las zonas pobres estén más contaminadas, sino de que carecen de las herramientas institucionales y de infraestructura para proteger a sus poblaciones del daño que la contaminación causa.

El estudio también examina un factor que podría cerrar esta brecha: la transición hacia energías renovables. Los datos muestran que cuando las regiones aumentan su consumo de energía limpia, la contaminación del aire cae de manera medible. El material particulado grueso se reduce en un 54 por ciento, el dióxido de nitrógeno en un 20 por ciento, y las partículas finas en un 15 por ciento. Estas reducciones en la contaminación se traducen directamente en vidas salvadas: la mortalidad asociada a esos contaminantes disminuye en proporciones similares. Pero la adopción de energía renovable hace más que limpiar el aire. Las regiones que invierten en transiciones energéticas limpias típicamente también invierten en transporte público sostenible, espacios verdes urbanos, diseño de ciudades más caminables y tecnologías más limpias en general. Todo esto reduce la vulnerabilidad de las comunidades a los efectos de la contaminación.

Sin embargo, el progreso ha sido profundamente desigual. Los países del norte de Europa han mostrado un crecimiento rápido y sostenido en energía renovable. Varios países del sur y este, como Malta, Chipre, Italia y Polonia, siguen dependiendo fuertemente de combustibles fósiles. Joan Ballester Claramunt, investigador principal del proyecto que sustenta este análisis, señala que Europa occidental ha invertido históricamente más recursos en infraestructura verde y controles de emisiones rigurosos, mientras que Europa del este a menudo ha dependido de financiación externa y permanece en etapas iniciales de integración de energía limpia.

Los investigadores enfatizan que estos hallazgos tienen implicaciones que van mucho más allá de Europa. En países de ingresos bajos y medios en todo el mundo, el crecimiento urbano y la expansión industrial avanzan más rápido que las inversiones en energía limpia y protección ambiental. Sin intervención deliberada, esa brecha entre contaminación y capacidad de protección podría ampliarse, exponiendo a cientos de millones de personas a riesgos de mortalidad cada vez mayores. Los investigadores subrayan la urgencia de integrar la equidad en salud en las políticas ambientales, priorizando la reducción de contaminación en las áreas más afectadas y fortaleciendo la infraestructura de salud pública donde más se necesita. El análisis ya está siendo utilizado en un sistema de alerta temprana llamado Forecaster.Health, que emite advertencias sobre riesgos de mortalidad por temperatura y contaminación del aire para poblaciones vulnerables.

No se trata solo de que las regiones más pobres estén más contaminadas. Las regiones más ricas suelen contar con sistemas de salud mejor equipados, programas de salud pública más completos y mayor conciencia social sobre los efectos de la contaminación del aire.
— Zhaoyue Chen, investigador de ISGlobal y primer autor del estudio
Es urgente ampliar la monitorización ambiental y sanitaria para identificar disparidades, orientar estrategias equitativas y garantizar que los recursos lleguen a quienes más los necesitan.
— Carlos Pérez García-Pando, profesor ICREA y AXA en el BSC
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué dos regiones con el mismo nivel de contaminación pueden tener resultados de salud tan diferentes?

Model

Porque la vulnerabilidad no es solo química. Una región rica tiene hospitales mejor equipados, médicos especializados, programas de prevención, y ciudadanos que saben cuándo protegerse. Una región pobre tiene menos de todo eso. El aire sucio golpea a poblaciones que ya están debilitadas.

Inventor

Entonces, ¿la solución es simplemente hacer que las regiones pobres sean más ricas?

Model

Eso ayudaría, pero es lento. La energía renovable funciona más rápido. Cuando una región invierte en energía limpia, no solo reduce la contaminación directamente. Construye infraestructura mejor, transporte público, espacios verdes. Todo eso protege a la gente.

Inventor

¿Cuánto impacto tiene realmente la energía renovable en la mortalidad?

Model

Dramático. Reducir el material particulado grueso en un 54 por ciento significa reducir la mortalidad por ese contaminante en un 54 por ciento. No es una correlación débil. Es casi uno a uno.

Inventor

¿Por qué entonces no todos los países están haciendo esto?

Model

Dinero, principalmente. Y dependencia histórica de combustibles fósiles. Europa del este a menudo no tuvo los recursos que Europa occidental tuvo después de la Guerra Fría. Ahora están atrapados en una carrera: la contaminación crece más rápido que su capacidad de limpiarla.

Inventor

¿Qué pasa en el resto del mundo?

Model

Es peor. En países pobres, las ciudades crecen exponencialmente. La industria se expande. Pero la inversión en energía limpia no sigue el ritmo. Eso significa que millones de personas están siendo expuestas a riesgos de mortalidad que podrían evitarse.

Quer a matéria completa? Leia o original em LA RAZÓN ↗
Fale Conosco FAQ