Durante 139 años, Varta fue en Ellwangen lo que el roble es para el bosque: raíz, sombra y promesa de permanencia. En julio de 2026, esa promesa se quebró cuando la legendaria fabricante alemana de baterías se declaró insolvente, incapaz de sobrevivir a la pérdida de su principal cliente, Apple, que trasladó sus pedidos a proveedores asiáticos más baratos. Lo que ocurre en este pueblo de Baden-Württemberg no es solo la historia de una empresa que cae, sino el reflejo de una Europa industrial que busca, sin encontrar aún, su lugar en un mundo que ha cambiado las reglas del juego.
Las pilas de Varta se apagan tras 139 años de historia
Tenemos que mantener la calidad alemana y los valores europeos
¿Por qué Varta no pudo simplemente bajar sus precios para competir con los productores chinos?
Porque el problema de base no es solo el precio. Un puesto de trabajo en Alemania es estructuralmente más caro que en China. Varta recibió 300 millones de euros en fondos públicos en 2020 para poder competir, pero Apple fue contratando progresivamente a más proveedores asiáticos. No es que Varta no lo intentara.
Pero hay que ser precisos: Apple fue quien tomó la decisión de cambiar de proveedor. Varta no perdió un cliente por ineficiencia; perdió a su cliente más importante porque ese cliente eligió ahorrar dinero. Eso es diferente.
¿Qué significa exactamente que la división de pilas de gran consumo en Ellwangen quedó "separada del proceso de insolvencia"?
Significa que esa parte de la empresa no entró en quiebra junto con el resto. Es la única división que tiene alguna posibilidad de continuar operando. Por eso Ellwangen está menos afectada que Nördlingen, donde la fábrica de baterías para Apple cerrará completamente en octubre.
Pero no sabemos si eso significa que está verdaderamente protegida o si es solo un tecnicismo legal. El administrador dice que hay "un gran número de ofertas", pero la empresa no ha respondido a las preguntas de los medios. No sabemos realmente qué está pasando.
¿Cuántos empleos están realmente en riesgo?
Mil personas trabajan directamente en Varta en Ellwangen. Trescientos cincuenta más en la fábrica de Nördlingen que cierra en octubre. Pero el sindicato IG Metall habla de "miles de puestos de trabajo directos e indirectos" porque hay empresas locales que suministran componentes a Varta.
Exacto. El número total es difícil de precisar. Sabemos que hay mil empleados directos en Ellwangen y 350 en Nördlingen. Pero cuántos empleos indirectos desaparecerán depende de cuántas de esas empresas proveedoras sobrevivan o no. Eso aún no está claro.
¿Por qué los vecinos tienen tanto miedo de que un inversor chino compre Varta?
Porque ven lo que pasó con KUKA, la empresa de robots industriales. Fue comprada por la china Midea en 2016, y según los trabajadores locales, la tecnología se trasladó a China y las grandes inversiones se hicieron allí. Temen que Varta corra la misma suerte.
Ese es el relato que circula. Pero es importante notar que es un relato basado en lo que dicen los trabajadores locales, no en un análisis detallado de qué sucedió realmente con KUKA. El miedo es comprensible, pero está basado en una narrativa, no necesariamente en hechos verificados.
¿Qué tan probable es que un inversor chino compre Varta?
Las inversiones chinas en Alemania crecieron un 51% en 2025, pero todavía son "marginales" según el Instituto de la Economía Alemana. Así que no es lo más probable, pero es posible.
Y aquí hay que ser claros: los acreedores, Deutsche Bank y Blantyre, decidirán quién compra Varta. Ellos querrán recuperar su dinero. Si un inversor chino ofrece el mejor precio, eso podría ser lo que suceda, sin importar lo que los vecinos quieran.
Il Polso
- Apple retiró sus pedidos de baterías de litio a Varta y los entregó a fabricantes chinos, cortando de golpe el oxígeno financiero de la empresa y precipitando su insolvencia en julio de 2026.
- Mil trabajadores en Ellwangen y 350 en Nördlingen enfrentan la pérdida de sus empleos, mientras miles más en empresas proveedoras de la región sienten temblar el suelo bajo sus pies.
- El Estado alemán inyectó 300 millones de euros en Varta en 2020 para que compitiera con Asia; seis años después, ese dinero público no logró evitar el colapso, y la pregunta de para qué sirvió resuena en los bares del pueblo.
- Un administrador judicial gestiona ahora la empresa y declara que hay múltiples ofertas de compra, pero los acreedores —Deutsche Bank y la financiera Blantyre— son quienes tienen la última palabra sobre el destino de Varta.
- El mayor temor en las calles de Ellwangen y Nördlingen no es el cierre, sino que un inversor chino adquiera la empresa, se lleve la tecnología y repita lo que ocurrió con la robotera KUKA hace una década.
Durante 139 años, Varta fue en Ellwangen lo que el roble es para el bosque: raíz, sombra y promesa de permanencia. En julio de 2026, esa promesa se quebró cuando la legendaria fabricante alemana de baterías se declaró insolvente, incapaz de sobrevivir a la pérdida de su principal cliente, Apple, que trasladó sus pedidos a proveedores asiáticos más baratos. Lo que ocurre en este pueblo de Baden-Württemberg no es solo la historia de una empresa que cae, sino el reflejo de una Europa industrial que busca, sin encontrar aún, su lugar en un mundo que ha cambiado las reglas del juego.
Judit Ebert tiene 66 años y acaba de jubilarse. Este verano, mientras ayudaba a organizar el festival de flores de Ellwangen, vio cerrarse la puerta que durante décadas había dado trabajo seguro y bien pagado a sus vecinos. Varta, la mítica fabricante de baterías fundada en 1904, se declaró insolvente en julio tras 139 años de historia. "En este pueblo siempre se dijo que para tener un trabajo de por vida tenías que entrar en Varta", recuerda. "Pero ya lo ve, todo cambia".
El golpe definitivo llegó cuando Apple anunció que trasladaría sus pedidos de baterías de litio para auriculares a proveedores chinos más baratos. La fábrica de Nördlingen, que producía exclusivamente para la multinacional estadounidense, cerrará en octubre y dejará sin empleo a 350 personas. En Ellwangen, otros mil trabajadores directos de Varta esperan su suerte, sin contar los miles de empleos indirectos en empresas proveedoras de la región. El sindicato IG Metall advierte que lo que está en juego supera con creces los muros de la fábrica.
La ironía es difícil de digerir. En 2020, el Estado alemán entregó 300 millones de euros a Varta para que pudiera competir con Asia. No fue suficiente. Los ingresos cayeron, las pérdidas se acumularon y en 2025 la empresa tuvo que vender su filial de baterías para automóviles a Porsche para ganar tiempo. Tampoco funcionó. Ahora un administrador judicial gestiona la empresa y los acreedores —Deutsche Bank y la financiera británica Blantyre— decidirán quién la compra.
En las calles de Ellwangen y Nördlingen hay un miedo que supera a todos los demás: que el comprador sea chino. El recuerdo de KUKA, la empresa de robots industriales adquirida por la china Midea en 2016, pesa como una advertencia. Según testimonios locales, la tecnología viajó a China y las grandes inversiones se hicieron allí. Varta carga con un legado tecnológico que va desde las expediciones árticas del siglo XIX hasta las misiones lunares de 1969. Perderlo, dice IG Metall, sería un golpe no solo para estos pueblos, sino para el futuro de Alemania como potencia industrial.
Judit Ebert tiene 66 años y acaba de jubilarse. Este verano, mientras se ofrecía como voluntaria para organizar el festival de flores de Ellwangen, en Baden-Württemberg, vio cerrarse la puerta que durante décadas había mantenido abierta a sus vecinos. Varta, la legendaria fabricante de baterías que había sido sinónimo de empleo seguro y bien remunerado en este pueblo de 24.500 habitantes, se declaró insolvente en julio tras 139 años de historia. "En este pueblo siempre se dijo que para tener un trabajo de por vida, un buen sueldo y buenas condiciones, tenías que entrar en Varta", recuerda Ebert. "Pero ya lo ve, todo cambia".
La quiebra de Varta no es un acontecimiento aislado en la geografía económica alemana, sino un síntoma de una enfermedad más profunda: la incapacidad de la industria tradicional europea para competir con los productores asiáticos. El golpe definitivo llegó cuando Apple, el principal cliente de Varta, anunció este año que trasladaría sus pedidos de baterías de litio para auriculares a proveedores chinos más baratos. La fábrica de Nördlingen, a treinta kilómetros de Ellwangen, que producía exclusivamente para la multinacional estadounidense, cerrará en octubre y dejará sin empleo a 350 personas. Ese cierre ha dejado a la empresa sin acceso al crédito, sin una entidad financiera dispuesta a respaldarla.
La ironía es brutal. En 2020, Varta recibió 300 millones de euros en fondos públicos para poder competir por la producción de Apple. El dinero llegó, pero no fue suficiente. Los ingresos del grupo cayeron de 828 millones de euros en 2022 a 790 millones en 2024, mientras las pérdidas se acumulaban hasta los 64,5 millones. Un plan de reestructuración respaldado por los gobiernos federal y regional logró mantener la empresa a flote en 2024, pero el tiempo se agotaba. En 2025, Varta tuvo que vender V4Smart, su filial de baterías para automóviles, a Porsche para sobrevivir. No fue suficiente.
En Ellwangen trabajan directamente mil personas en Varta. A eso hay que sumar los empleos indirectos en las empresas locales que suministran componentes a la fábrica. El sindicato IG Metall, el mayor de Alemania, cuantifica en "miles de puestos de trabajo directos e indirectos" los que están en juego en toda la región. El grupo tiene 2.300 empleados en Alemania y más de 3.000 en el mundo. Un administrador designado por el tribunal gestiona ahora la empresa. En agosto, Tobias Wall, el administrador, declaró que había "un gran número de ofertas" para comprar Varta, pero la empresa no ha respondido a las solicitudes de información de los medios. Los principales acreedores, Deutsche Bank y la financiera británica Blantyre, serán quienes decidan el futuro.
Lo que suceda con Varta dependerá también de quién sea el nuevo propietario. El mayor accionista ha sido desde 2007 el inversor austríaco Michael Tojner. Porsche es el segundo accionista. Pero en las conversaciones de los bares y las calles de Ellwangen y Nördlingen hay un temor que supera a todos los demás: que un inversor chino compre la empresa. Otto Schiller, empleado en un fabricante local de componentes de automóviles, lo expresa sin rodeos: "Tenemos que mantener la calidad alemana y los valores europeos, la globalización ha ido demasiado lejos". El matrimonio Durz, propietarios de una empresa de pintura, comparte la preocupación. "Es una lástima en el caso de Varta porque recibieron cientos de millones públicos, ¿y para qué?", pregunta Uppert Durz.
El miedo a los inversores chinos no es infundado. Hace una década, la empresa de robots industriales KUKA fue adquirida por la china Midea en 2016. Según relatos de trabajadores locales, lo que sucedió fue que la tecnología se trasladó a China y las grandes inversiones se hicieron allí. Varta tiene un legado tecnológico que hace que la amenaza sea especialmente grave. La expedición al Polo Norte del noruego Fridtjof Nansen en 1888 fue equipada con acumuladores y linternas de Afa, la empresa predecesora de Varta, que funcionaban a menos 50 grados centígrados. Los primeros astronautas en pisar la Luna en 1969 llevaban pilas de Varta. Los submarinos alemanes en ambas guerras mundiales navegaban con sus baterías. Perder esa capacidad de innovación sería, según IG Metall, un golpe no solo para Ellwangen o Nördlingen, sino para el futuro de Alemania como potencia industrial.
La crisis de Varta refleja una transformación más amplia en la economía alemana. Según un informe del Instituto de la Economía Alemana de Colonia publicado el 31 de agosto, las inversiones extranjeras en Alemania crecieron un 50% en 2025, hasta alcanzar 86.000 millones de euros. La principal razón es la retirada del capital estadounidense por la guerra comercial abierta por la administración Trump. Las operaciones de inversores chinos han crecido un 51%, aunque todavía son "marginales" en Alemania. Pero en el mundo de Varta muchos temen que la empresa sea una de las excepciones. Bettina Walter, funcionaria del Ayuntamiento de Nördlingen, confirma que la prioridad del consistorio es buscar una nueva vida para la fábrica. Las opciones de que sea un accionista extranjero son elevadas. Lo que nadie quiere es que sea un accionista chino.
Citazioni salienti
En este pueblo siempre se dijo que para tener un trabajo de por vida, un buen sueldo y buenas condiciones, tenías que entrar en Varta, pero ya lo ve, todo cambia— Judit Ebert, jubilada de 66 años en Ellwangen
El problema de base es que un puesto de trabajo en Alemania es demasiado caro para la globalización— Otto Schiller, empleado en un fabricante local de componentes de automóviles