En las paredes de cuevas prehistóricas ibéricas, investigadores españoles y portugueses han hallado algo que trasciende la arqueología convencional: el ADN de quienes las tocaron hace milenios, preservado en la piedra misma. El simple gesto humano de apoyar una mano, soplar pigmento o rozar la roca ha dejado una huella biológica que el tiempo no ha borrado. Este descubrimiento, fruto del proyecto First Art, inaugura una forma de escuchar el pasado sin perturbarlo, convirtiendo cada caverna en un archivo genético vivo.
Las cuevas preservan ADN humano milenario en sus paredes rocosas
Las paredes de las cuevas son archivos biológicos excepcionales
¿Por qué es tan importante que el ADN se haya conservado en la roca en lugar de en huesos?
Porque muchas cuevas con arte rupestre no tienen restos óseos, o están tan bien preservadas que no se pueden excavar sin destruir el patrimonio. Ahora podemos obtener información genética sin tocar nada.
Pero espera, ¿cuánto ADN realmente recuperaron? El texto dice que Maltravieso fue insuficiente. ¿Cuántas muestras de las once cuevas dieron resultados concluyentes?
Eso es lo que el estudio no especifica claramente. Sabemos que Escoural funcionó, y que encontraron material en Covarón también, pero no tenemos cifras exactas de cuántas de las once cuevas produjeron datos útiles.
¿Y qué nos dice ese predominio de perfiles femeninos en Escoural?
Sugiere que las mujeres participaban activamente en la creación de arte rupestre, no solo los hombres. Eso contradice lo que la historiografía tradicional asumía.
Pero eso es una sola cueva. ¿Ven el mismo patrón en las otras? ¿O es Escoural la excepción?
El texto no lo aclara. Es un resultado inicial, y Collado dice que el proyecto acaba de empezar. Probablemente habrá más datos conforme amplíen el estudio.
¿Cuál es el siguiente paso lógico?
Aplicar esta técnica a más cavidades, especialmente en esos nuevos lugares donde ya están trabajando: Croacia, Sudáfrica, Colombia. Ver si el método funciona en contextos geográficos y climáticos diferentes.
Y eso es importante porque el ADN se degrada de formas distintas según el ambiente. Una cueva en Sudáfrica no es lo mismo que una en Asturias.
Il Polso
- El hallazgo sacude los cimientos de la arqueogenética: por primera vez se confirma que el ADN humano antiguo sobrevive milenios en superficies rocosas, incluso sin huesos ni sedimentos que excavar.
- La tensión metodológica era real: las primeras muestras de Maltravieso no bastaron, pero once cuevas entre España y Portugal y tres años de trabajo confirmaron la hipótesis con material de más de 2.000 años de antigüedad.
- Lo más perturbador fue encontrar ADN humano en zonas sin pigmento, revelando que el mero contacto físico con la roca —tocar, apoyarse, crear— deja una firma genética duradera.
- Los primeros datos ya reescriben la historia: los perfiles genéticos femeninos predominan en Escoural, desafiando décadas de interpretaciones que relegaban a las mujeres en la autoría del arte rupestre.
- La metodología se expande ahora a cuevas de Cantabria, Andalucía, Croacia, Sudáfrica y Colombia, prometiendo convertir cada cavidad en un archivo biológico capaz de revelar parentesco, sexo y movimientos poblacionales sin dañar el patrimonio.
En las paredes de cuevas prehistóricas ibéricas, investigadores españoles y portugueses han hallado algo que trasciende la arqueología convencional: el ADN de quienes las tocaron hace milenios, preservado en la piedra misma. El simple gesto humano de apoyar una mano, soplar pigmento o rozar la roca ha dejado una huella biológica que el tiempo no ha borrado. Este descubrimiento, fruto del proyecto First Art, inaugura una forma de escuchar el pasado sin perturbarlo, convirtiendo cada caverna en un archivo genético vivo.
Las paredes de las cuevas prehistóricas guardan algo más que pinturas: guardan ADN. Investigadores españoles y portugueses, coordinados bajo el proyecto First Art, han demostrado por primera vez que el material genético humano puede preservarse durante milenios en superficies rocosas, abriendo una vía inédita para estudiar poblaciones antiguas sin excavar ni comprometer el patrimonio artístico.
La investigación partió de una sospecha razonable: los artistas paleolíticos mezclaban pigmento con saliva antes de soplarlo contra la roca, lo que habría dejado rastros biológicos atrapados en la superficie. Entre 2022 y 2025, el equipo tomó muestras en once cuevas de España y Portugal, con especial atención a paneles de manos y figuras en pigmento rojo. El resultado más sólido llegó de la cueva portuguesa de Escoural, donde se identificó ADN humano con más de dos mil años de antigüedad en costras calcíticas pigmentadas.
Pero la sorpresa mayor fue otra: también apareció material genético en zonas de pared sin pigmento, tanto en Escoural como en la cueva asturiana del Covarón. El simple contacto físico —tocar la roca, apoyarse en ella— dejaba una huella genética capaz de sobrevivir milenios. El trabajo contó con la colaboración del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig y de la Universidad de Extremadura.
Las consecuencias científicas son de largo alcance. Muchas cuevas con arte rupestre carecen de restos óseos o no pueden excavarse sin dañar su valor patrimonial. Esta metodología permite obtener información genética sin alterar nada. Ya los primeros datos cuestionan interpretaciones clásicas: en Escoural predominan perfiles femeninos, lo que refuerza la hipótesis de que las mujeres tuvieron un papel mucho más activo en la creación del arte rupestre del que la historiografía tradicional les reconoció.
El proyecto First Art ha expandido su alcance a Cantabria, Andalucía, Reino Unido, Croacia, Sudáfrica y Colombia. Si cada caverna puede convertirse en un archivo biológico, lugares como Maltravieso —famosa por sus manos en negativo atribuidas a los primeros humanos en Europa— podrían revelar no solo arte milenario, sino el rastro genético de sus propios autores. Un patrimonio invisible que la tecnología comienza, por fin, a hacer legible.
Las paredes de las cuevas no son solo lienzos de piedra donde nuestros antepasados dejaron sus manos en negativo y sus figuras ocres. Son, según descubrieron investigadores españoles y portugueses, depósitos biológicos que guardan el material genético de quienes las tocaron hace miles de años. El hallazgo, resultado de un trabajo interdisciplinar coordinado bajo el proyecto First Art, demuestra por primera vez que el ADN humano antiguo puede preservarse durante milenios en superficies rocosas, incluso cuando no quedan huesos ni otros restos convencionales que los arqueólogos suelen excavar.
La investigación partió de una observación sobre las técnicas artísticas paleolíticas. Los investigadores sospechaban que los artistas de la Prehistoria mezclaban pigmento con saliva antes de soplarlo contra la roca, un método que habría dejado rastros biológicos atrapados en la superficie. Aunque las primeras muestras extraídas de la cueva de Maltravieso, en el casco urbano de Cáceres, no proporcionaron material genético suficiente para conclusiones definitivas, la expansión del estudio a otras cavidades confirmó la hipótesis. Entre 2022 y 2025, el equipo tomó muestras en once cuevas distribuidas entre España y Portugal, enfocándose especialmente en paneles con representaciones de manos y figuras realizadas con pigmentos rojos, entre las manifestaciones artísticas más antiguas de la Península Ibérica.
El resultado más concreto llegó de la cueva portuguesa de Escoural, donde los investigadores identificaron ADN humano con una antigüedad mínima superior a dos mil años en costras calcíticas pigmentadas. Pero lo que sorprendió más al equipo fue descubrir material genético humano antiguo también en zonas de paredes sin pigmento, tanto en Escoural como en la cueva del Covarón, en Asturias. Esto revelaba que el simple contacto físico —tocar la roca, apoyarse en ella, manipular pigmentos durante la creación de las pinturas— dejaba una huella genética capaz de sobrevivir durante milenios. El trabajo contó con la colaboración del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, uno de los principales centros mundiales en el estudio del ADN antiguo, así como investigadores de la Universidad de Extremadura y de la administración regional extremeña.
Las implicaciones científicas son profundas. Muchas cuevas con arte rupestre carecen de restos humanos o no pueden excavarse sin comprometer su valor patrimonial excepcional. Esta nueva metodología permite obtener información genética sin alterar los depósitos arqueológicos ni poner en riesgo las pinturas. José Julio García Arranz, uno de los investigadores principales, subraya que hasta ahora la información sobre poblaciones prehistóricas provenía principalmente de huesos, sedimentos y herramientas de materiales orgánicos. La posibilidad de recuperar ADN directamente de las paredes abre una fuente de información completamente nueva para reconstruir la presencia y el comportamiento humano en el pasado.
Los primeros resultados ya cuestionan interpretaciones tradicionales. En las muestras secuenciadas de Escoural predominan perfiles genéticos femeninos, un dato que refuerza la hipótesis de que las mujeres desempeñaron un papel mucho más activo en la creación y uso de espacios con arte rupestre del que la historiografía les atribuyó durante décadas. Las posibilidades que abre la técnica incluyen la identificación del sexo biológico de quienes frecuentaron estas cavidades, el estudio de sus relaciones de parentesco, movimientos poblacionales y ascendencia genética. El arqueólogo Hipólito Collado, quien impulsó el proyecto junto con García Arranz, señala que el trabajo acaba de comenzar y que la metodología desarrollada servirá de referencia para equipos internacionales interesados en aplicarla a otras cavidades.
First Art ya ha expandido su alcance más allá de la Península Ibérica. Desarrolla investigaciones en cuevas de Asturias, Cantabria y Andalucía, pero también en Reino Unido, Croacia, Sudáfrica y Colombia. Los investigadores consideran que el hallazgo marca el inicio de una nueva etapa para la arqueogenética. Si las paredes de las cuevas conservan información genética de quienes las ocuparon hace decenas de miles de años, cada cavidad puede convertirse en un archivo biológico excepcional, capaz de responder preguntas que hasta ahora parecían inalcanzables. En lugares emblemáticos como Maltravieso, famosa por sus manos en negativo atribuidas a algunos de los primeros grupos humanos que habitaron Europa, las paredes podrían revelar no solo una de las expresiones artísticas más antiguas del continente, sino también el rastro genético de sus propios autores. Un patrimonio invisible que, gracias a los avances tecnológicos, comienza ahora a iluminar una parte desconocida de la historia humana.
Citazioni salienti
La posibilidad de recuperar ADN directamente de las paredes permite incorporar una fuente de información completamente nueva para reconstruir la presencia y el comportamiento humano en el pasado— José Julio García Arranz, investigador del proyecto
Si las paredes de las cuevas conservan información genética de quienes las ocuparon hace decenas de miles de años, cada una de estas cavidades puede convertirse en un archivo biológico excepcional— Hipólito Collado, arqueólogo y coordinador del proyecto First Art