Un tercio de las familias no tiene ni dos mil dólares ahorrados
En el Día de la Independencia, el gobierno federal de Estados Unidos lanzó las Cuentas Trump, un nuevo vehículo de inversión diseñado para que los menores acumulen riqueza a lo largo de su infancia con impuestos diferidos. En sus primeras horas, más de seis millones de cuentas fueron abiertas, y 1,4 millones de recién nacidos recibirán un aporte inicial de mil dólares del erario público. Como tantos instrumentos financieros que prometen igualdad de oportunidades, este también enfrenta la pregunta perenne: ¿a quién beneficia realmente cuando la capacidad de ahorrar no está distribuida por igual?
- El gobierno federal activó el programa el 4 de julio con una velocidad inusitada: seis millones de cuentas abiertas en cuestión de horas revelan tanto entusiasmo como una maquinaria de inscripción masiva.
- El aporte federal de US$1.000 para bebés nacidos entre 2025 y 2028 es el anzuelo central del programa, pero solo alcanzará a 1,4 millones de los millones de niños elegibles.
- Empresarios como Michael Dell y Ray Dalio se han sumado con compromisos filantrópicos, pero expertos del Urban Institute advierten que sin contribuciones familiares sostenidas, las cuentas de hogares pobres quedarán estancadas.
- Preguntas regulatorias sin respuesta —¿afectará el saldo de estas cuentas la elegibilidad para becas Pell o el Seguro de Ingreso Suplementario?— dejan a las familias más vulnerables navegando en la oscuridad.
- El programa se expande mientras persiste una paradoja estructural: aproximadamente un tercio de las familias estadounidenses no tiene ni dos mil dólares en ahorros de emergencia, el mismo umbral mínimo que haría viable participar activamente.
El 4 de julio, el gobierno federal estadounidense puso en marcha las Cuentas Trump, instrumentos de inversión para menores de 18 años que funcionan de manera similar a una IRA tradicional: el dinero crece sin tributación durante los primeros dieciocho años de vida del beneficiario. En sus primeras horas, más de seis millones de cuentas fueron abiertas, y 1,4 millones de niños recibirán el aporte inicial federal de mil dólares, destinado a bebés nacidos entre enero de 2025 y diciembre de 2028.
La cuenta la abre un adulto autorizado —padre, madre, tutor, abuelo o hermano mayor— en nombre de un menor ciudadano estadounidense con número de Seguro Social. Solo se permite una cuenta por niño. Las contribuciones de particulares provienen de dinero ya gravado y crecen libres de impuestos; las de empleadores, gobiernos y fundaciones se hacen antes de impuestos y tributan al momento del retiro. El límite anual combinado para familiares, amigos y empleadores es de cinco mil dólares, aunque los aportes gubernamentales y filantrópicos no computan dentro de ese techo.
Las inversiones están restringidas a fondos indexados de bajo costo: las comisiones no pueden superar el 0,10% anual, y el fondo predeterminado es el SPDR S&P 500 ETF de State Street, con una comisión de apenas 0,02%. Las cuentas serán administradas por Robinhood y el Bank of New York. Figuras como Michael Dell y Ray Dalio se han comprometido a depositar doscientos cincuenta dólares en cuentas de familias de ingresos medios y bajos, y al menos ochenta y cuatro entidades externas han anunciado aportes.
Sin embargo, analistas del Urban Institute advierten que el programa podría profundizar la desigualdad existente. Una vez que concluya el aporte federal inicial, las familias de bajos ingresos —muchas de las cuales no tienen ni dos mil dólares en ahorros de emergencia— difícilmente podrán realizar contribuciones adicionales. A ello se suma una incertidumbre regulatoria crítica: nadie sabe aún si el dinero acumulado en estas cuentas afectará la elegibilidad de los jóvenes para becas Pell o la de sus familias para recibir beneficios del Seguro de Ingreso Suplementario. Mientras el programa se expande, esas preguntas permanecen sin respuesta.
El 4 de julio, el gobierno federal puso en marcha un nuevo instrumento de ahorro diseñado para los menores de Estados Unidos: las Cuentas Trump. Se trata de vehículos de inversión que funcionan de manera similar a las cuentas individuales de jubilación tradicionales, permitiendo que el dinero crezca sin tributación hasta que el beneficiario cumpla 18 años. En apenas las primeras horas de disponibilidad, más de 6 millones de cuentas fueron abiertas para menores de edad, según reportó el Departamento del Tesoro. De ese total, 1,4 millones de niños recibirán el aporte inicial federal de mil dólares que el gobierno ha promocionado ampliamente para recién nacidos.
La estructura de estas cuentas es relativamente sencilla. Un adulto autorizado —padre, madre, tutor legal, hermano mayor o abuelo— abre la cuenta en nombre del menor, quien debe ser ciudadano estadounidense y poseer un número válido de Seguro Social. Solo pueden tener una cuenta por niño. El dinero depositado por particulares debe provenir de fondos ya gravados, pero una vez invertido, crece sin tributación durante esos primeros dieciocho años. Cuando el beneficiario alcanza la mayoría de edad, la cuenta funciona esencialmente como una IRA tradicional, sujeta a las reglas de retiro y tributación que rigen esos instrumentos.
Lo que distingue a las Cuentas Trump es la multiplicidad de fuentes de financiamiento. Además del aporte federal inicial de mil dólares para bebés nacidos entre enero de 2025 y diciembre de 2028, pueden contribuir padres, abuelos y amigos sin límite de deducibilidad fiscal. Los empleadores pueden hacer aportes antes de impuestos, hasta dos mil quinientos dólares anuales por empleado. Estados, fundaciones y filántropos también pueden contribuir, dirigiendo sus aportes a grupos específicos de niños. Líderes empresariales como Michael Dell y Ray Dalio se han comprometido a través de sus fundaciones a depositar doscientos cincuenta dólares en cuentas de menores de hogares de ingresos medios y bajos. Hasta ahora, al menos ochenta y cuatro entidades externas se han comprometido a aportar. El límite combinado de contribuciones de familiares, amigos y empleadores es de cinco mil dólares anuales por cuenta, aunque los aportes gubernamentales y de organizaciones sin fines de lucro no cuentan dentro de ese techo.
Las inversiones están restringidas a fondos indexados de acciones estadounidenses de bajo costo y amplia diversificación, o fondos cotizados en bolsa. Las comisiones anuales no pueden superar el 0,10 por ciento, lo que significa que por cada mil dólares invertidos, la tarifa máxima es de un dólar al año. El Departamento del Tesoro designó al State Street SPDR Portfolio S&P 500 ETF como la inversión predeterminada, que replica el desempeño del índice S&P 500 y cobra apenas 0,02 por ciento anual. En los próximos meses, los padres y tutores podrán elegir entre cuatro fondos adicionales. Las cuentas estarán alojadas en Robinhood, la plataforma de inversión sin comisiones, y en el Bank of New York, ambas seleccionadas por el Tesoro para administrar el programa en su fase inicial.
La tributación de los retiros depende del origen de las contribuciones. Los aportes de particulares, hechos con dinero ya gravado, no volverán a tributar cuando se retiren, aunque sí lo harán las ganancias generadas. En cambio, las contribuciones de gobiernos, fundaciones y empleadores, realizadas antes de impuestos, estarán sujetas a tributación tanto en el monto original como en las ganancias. Los retiros antes de que el beneficiario cumpla 59 años y medio pueden estar sujetos a un impuesto adicional del 10 por ciento por retiro anticipado, aunque existen excepciones para gastos calificados como educación superior, compra de primera vivienda o gastos médicos.
Sin embargo, expertos advierten que estas cuentas podrían beneficiar de manera desproporcionada a familias con mayores recursos económicos. Madeline Brown, asociada senior de políticas públicas del Urban Institute, señala que una vez que finalice el programa piloto del aporte federal de mil dólares, muchas familias de bajos ingresos no tendrán la capacidad de realizar contribuciones adicionales. Aproximadamente un tercio de las familias estadounidenses no dispone ni siquiera de dos mil dólares en ahorros para emergencias, lo que hace poco probable que puedan invertir en planes de ahorro para el futuro de sus hijos. Brown también observa que estos hogares ya muestran bajos niveles de participación en otros planes de ahorro con ventajas tributarias, como los planes 529 o las cuentas Roth IRA.
Otra incertidumbre importante rodea el impacto que el dinero acumulado en una Cuenta Trump podría tener en la elegibilidad de menores y sus familias para recibir beneficios federales. Elaine Maag, investigadora senior del Urban Institute, subraya que las autoridades federales y estatales aún no han emitido orientaciones claras sobre cuestiones críticas: si un joven de dieciocho años retira fondos de su Cuenta Trump, ¿afectará su elegibilidad para recibir una beca Pell? ¿Tener dinero en una Cuenta Trump reducirá la elegibilidad de la familia para recibir pagos del programa de Seguridad de Ingreso Suplementario? Estas preguntas permanecen sin respuesta, dejando a las familias navegando una incertidumbre regulatoria mientras el programa se expande.
Citas Notables
Cerca de un tercio de las familias no dispone de US$2.000 en ahorros para emergencias, por lo que no sorprende que tampoco tengan los recursos para comenzar a ahorrar en otros planes para el futuro de sus hijos— Madeline Brown, Urban Institute
Será necesario que las autoridades federales y estatales emitan más orientaciones para responder preguntas como si retirar dinero de una Cuenta Trump afectará la elegibilidad para recibir una beca Pell o beneficios del programa SSI— Elaine Maag, Urban Institute
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué el gobierno decidió crear estas cuentas ahora, precisamente?
La idea es simple: comenzar a invertir en el futuro financiero de los niños desde el nacimiento. Si el dinero crece durante dieciocho años en el mercado de valores, incluso con contribuciones modestas, podría acumular una suma significativa para la educación, la vivienda o la jubilación.
Pero seis millones de cuentas abiertas en un día parece mucho. ¿Quién está realmente participando?
Eso es lo interesante. El aporte federal de mil dólares es lo que atrae a la mayoría. Pero si miras más allá de eso, la participación real depende de si las familias pueden permitirse hacer aportes adicionales. Muchas no pueden.
¿Entonces esto beneficia principalmente a familias ricas?
Exactamente. Una familia con recursos puede aportar cinco mil dólares anuales, su empleador otros dos mil quinientos, y una fundación filántropa podría agregar más. Eso compuesto durante dieciocho años es una diferencia enorme. Una familia pobre recibe los mil dólares iniciales y poco más.
¿Y qué pasa cuando el niño cumple dieciocho años y retira el dinero?
Ahí es donde las cosas se vuelven complicadas. Nadie sabe realmente si ese dinero afectará su elegibilidad para becas, ayuda federal o beneficios de seguridad social. El gobierno aún no ha respondido esas preguntas.
Entonces, ¿es un buen instrumento o no?
Depende completamente de tu situación. Si puedes aportar dinero cada año y tu empleador también contribuye, y el mercado funciona bien, podría ser excelente. Pero para muchas familias, es simplemente mil dólares que desaparece en el sistema sin que sepan realmente qué sucederá después.