Lagarde no convence a mercados sobre política monetaria ultraflexible del BCE

Los mercados no creían que el BCE pudiera resistirse a la presión inflacionaria
Incluso mientras Lagarde aseguraba que las tasas se mantendrían bajas, los inversores apostaban a alzas para septiembre de 2022.
Mark

¿Por qué los mercados no creyeron a Lagarde cuando dijo que las tasas no subirían pronto?

Mimi

Porque el contexto había cambiado. El BCE acababa de admitir que la inflación no era temporal, que duraría más tiempo. Eso normalmente señala que los bancos centrales están considerando subir tasas. Los inversores conectaron los puntos.

Luke

Pero espera—¿cuánto tiempo más? ¿El BCE cuantificó eso? Porque "más de lo previsto" podría significar muchas cosas.

Mimi

No, el comunicado no especifica. Solo dice que la inflación durará más. Es vago a propósito.

Mark

¿Y por qué Lagarde rechazó comparar al BCE con otros bancos centrales?

Mimi

Porque otros bancos—Reino Unido, Nueva Zelanda—ya estaban subiendo tasas. Si el BCE se comparaba con ellos, parecería que también debería estar subiendo. Así que dijo que las circunstancias eran diferentes.

Luke

¿Y lo eran? ¿Realmente eran tan diferentes?

Mimi

Lagarde argumentó que sí, que algunos bancos centrales ya estaban en o por encima de sus metas de inflación, mientras que Europa no. Pero los mercados no estaban convencidos.

Mark

¿Qué significa que los mercados "duplicaran sus apuestas"?

Mimi

Significa que los inversores aumentaron significativamente sus expectativas de que el BCE subiría tasas en septiembre de 2022. Pasaron de una apuesta más pequeña a una mucho más grande.

Luke

¿Cuánto más grande? El artículo dice que después de Lagarde hablar, las apuestas bajaron de 21 a 17 puntos básicos. Eso es una caída de 4 puntos, no es nada.

Mimi

Exacto. Su discurso casi no movió el mercado. Los inversores siguieron apostando contra ella.

Mark

¿Qué sucede en diciembre?

Mimi

El BCE decide si continúa con el programa PEPP de 1.85 billones de euros o lo termina. Es la verdadera batalla.

Luke

¿Y si lo termina?

Mimi

Sería una señal de que el banco está preparándose para un cambio más amplio en la política monetaria, posiblemente incluyendo alzas de tasas.

  • Lagarde llegó a la conferencia de prensa con un mensaje de calma, pero los mercados respondieron duplicando sus apuestas de alzas de tasas para septiembre de 2022, en tiempo real y mientras ella hablaba.
  • Al admitir que la inflación durará más de lo previsto, el BCE socavó su propio argumento de mantener condiciones ultraflexibles, creando una contradicción difícil de sostener ante los inversores.
  • Lagarde calificó de 'odiosas' las comparaciones con bancos centrales que ya están ajustando su política, insistiendo en que el contexto europeo es distinto, pero los mercados apenas cedieron.
  • La reunión de diciembre se perfila como el verdadero campo de batalla: el BCE deberá decidir el destino del programa PEPP de 1.85 billones de euros, con su credibilidad ya en entredicho.

En Fráncfort, Christine Lagarde intentó convencer a los mercados de que el Banco Central Europeo no tiene prisa por subir las tasas de interés, pero sus palabras chocaron contra una realidad que ella misma contribuyó a revelar: la inflación ya no es temporal. En ese instante, la autoridad monetaria más poderosa de Europa quedó atrapada entre lo que quería comunicar y lo que los inversores decidieron escuchar, recordándonos que la credibilidad de un banco central no se declara, se gana.

El jueves, Christine Lagarde se presentó ante la prensa desde Fráncfort con un propósito preciso: convencer a los mercados de que el BCE no tenía intención de subir las tasas de interés en el corto plazo. El problema fue que, mientras hablaba, los inversores hacían exactamente lo contrario de lo que ella pedía.

El giro más revelador de la jornada no fue lo que Lagarde intentó decir, sino lo que se vio obligada a admitir: la inflación, que el BCE había descrito durante meses como un fenómeno pasajero, ya no podía tratarse como tal. Los precios seguirían subiendo más tiempo del previsto. Fue una concesión significativa, y aunque Lagarde leyó un comentario cuidadosamente preparado para evitar que esa admisión se interpretara como señal de cambio de rumbo, los mercados monetarios ya estaban apostando a al menos una subida de tasas antes de septiembre de 2022.

Lagarde rechazó las comparaciones con otros bancos centrales que ya están ajustando su política, calificándolas de 'odiosas' y subrayando que cada economía enfrenta circunstancias distintas. Pero el efecto fue mínimo: las apuestas de alza apenas se recortaron de 21 a 17 puntos básicos esperados para finales de 2022, un movimiento casi simbólico.

El verdadero momento de decisión quedó aplazado para diciembre, cuando el BCE deberá definir el futuro del programa de estímulos PEPP, que ha inyectado 1.85 billones de euros en la economía europea. Lagarde anticipó que el programa concluiría en marzo, pero dejó abiertas varias puertas. En los mercados, sin embargo, esa apertura fue leída en una sola dirección: hacia alzas de tasas que el BCE todavía no está dispuesto a reconocer.

Christine Lagarde se presentó ante los periodistas el jueves con un mensaje claro: el Banco Central Europeo no tenía prisa por subir las tasas de interés. Pero los mercados no le creyeron. Incluso mientras la presidenta del BCE hablaba desde Fráncfort, los inversores duplicaban sus apuestas de que los tipos subirían antes de lo que el banco central estaba dispuesto a admitir, específicamente en septiembre del próximo año. Era un momento incómodo: la autoridad monetaria más importante de Europa intentaba mantener el control de las expectativas y estaba perdiendo.

Lagarde había llegado a la conferencia de prensa con una evaluación económica que marcaba un giro importante. La inflación, que el BCE había descrito durante meses como un fenómeno temporal, ya no podía caracterizarse de esa manera. El banco reconocía ahora que los precios seguirían subiendo más tiempo del que originalmente había pronosticado. Era una admisión significativa, el tipo de corrección que normalmente prepara el terreno para cambios en la política monetaria. Así que Lagarde leyó cuidadosamente un comentario preparado, diseñado específicamente para contrarrestar exactamente esa conclusión. "Nuestro análisis ciertamente no respalda que las condiciones de nuestra orientación futura se cumplan en el momento en que los mercados esperan el alza", dijo a los reporteros. Agregó, con una nota de resignación, que si los mercados se estaban adelantando a sí mismos, eso no era asunto suyo.

Pero los números contaban una historia diferente. Los mercados monetarios estaban apostando a que el BCE habría subido las tasas al menos una vez para septiembre del próximo año. Eso representaría un cambio drástico respecto al compromiso que el banco central había hecho de mantener condiciones de emergencia ultraflexibles hasta marzo. Los inversores, en otras palabras, no creían que el BCE pudiera resistirse a la presión inflacionaria durante tanto tiempo. Y tenían razones para pensarlo: bancos centrales de todo el mundo, desde el Reino Unido hasta Nueva Zelanda, ya estaban girando hacia el ajuste monetario.

Lagarde rechazó esas comparaciones. Dijo que eran "odiosas", que cada economía enfrentaba circunstancias diferentes, que algunos bancos centrales ya estaban en o por encima de sus metas de inflación. El contexto europeo, insistió, no era el mismo. Pero incluso después de que ella terminó de hablar, los mercados apenas cedieron. Recortaron ligeramente sus apuestas de alza de tasas, pasando de 21 puntos básicos de ajuste esperado para fines de 2022 a 17 puntos básicos. Era un movimiento menor, casi simbólico. Los inversores seguían apostando contra el banco central.

La decisión del jueves de mantener el ritmo actual de compra de bonos de emergencia fue presentada como un preludio menor a la reunión verdaderamente importante que vendría en diciembre. Ese es cuando el BCE tendrá que decidir qué hacer con su programa de estímulos de emergencia, conocido como PEPP, que ha inyectado 1.85 billones de euros en la economía europea. Lagarde dijo que esperaba que el programa terminara a fines de marzo, pero dejó abierta la posibilidad de que el banco no gastara todos los recursos disponibles. Era una forma de mantener opciones abiertas, de no cerrar puertas. Pero en los mercados, donde los inversores toman decisiones basadas en lo que creen que sucederá, la puerta ya estaba abierta de par en par hacia alzas de tasas que el BCE aún no estaba listo para reconocer.

Nuestro análisis ciertamente no respalda que las condiciones de nuestra orientación futura se cumplan en el momento en que los mercados esperan el alza
— Christine Lagarde, presidenta del BCE
En este momento, espero que PEPP termine a fines de marzo
— Christine Lagarde
Contact Us FAQ